Peligran los 750 puestos de trabajo de Lindorff en Valladolid

telemarketing

Nada menos que 750 puestos de trabajo que Lindorff España tiene en La Cistérniga están en peligro, según la alerta lanzada por la Confederación General del Trabajo (CGT), que ha iniciado las movilizaciones con concentraciones, mañana y tarde, a las puertas de la sede en el Polígono de La Mora.

El grupo Lindorff ha llevado a cabo recientemente un proceso de fusión con Aktua e Intrum Justitia, a resultas del cual se han deslocalizado distintos puestos de trabajo hacia una nueva filial y una subcontrata en Colombia y se han anunciado despidos en todos los países donde la empresa resultante tiene presencia, informa CGT.

Lindorff España, antes Reintegra, lleva 9 años en Valladolid y está considerada en el sector del telemarketing la empresa más grandes a nivel de cobro en España y una de las primeras de Europa. Hoy, de 12 horas a 13 horas y de 17 horas a 18 horas, han tenido lugar concentraciones ante la empresa, en el paseo de los Álamos, 18.

“Con estas concentraciones iniciamos las movilizaciones de los trabajadores contra la empresa por los numerosos despidos que se vienen produciendo desde hace semanas”, según CGT.

“La concentración”, añade el sindicato, “pretende también denunciar las prácticas de acoso que está llevando a cabo la nueva mutua, Umivale, sobre los trabajadores en situación de baja por enfermedad común, que reciben continuas llamadas y comunicaciones hostigándoles para que se reincorporen, en contra del dictamen de la Seguridad Social en muchos casos”.

La improcedencia de los despidos de los trabajadores -con muy diferente antigüedad- no ha sido recurrida por la empresa y el hecho de que 80 contratos que tenían que ser convertidos en indefinidos no lo hayan sido, han hecho aumentar las sospechas de CGT, que denuncia el silencio de Lindorff España, que “no quiere reunirse con el Comité de Empresa”.

“La reciente fusión llevará aparejado un cambio de nombre y, muy previsiblemente, la deslocalización de la empresa en Valladolid. Lo que sí es seguro es que la de hoy ha sido la primera movilización a la que seguirán otras”, manifestó una sindicalista de CGT.

La concentración de la mañana estuvo vigilada por 8 guardias civiles; en la de la tarde la presencia fue móvil.

Fuente:

http://ultimocero.com/noticias/2017/09/13/peligran-los-750-puestos-de-trabajo-de-lindorff-en-valladolid/

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El señuelo de la RBU: cómplice necesario para el remate del neoliberalismo

Esta herramienta niega la naturaleza del ser humano como criatura social e innatamente solidaria; es un subsidio que causa anomia y reduce a sus perceptores a la minoría de edad
STUART MEDINA MILTIMORE / ANDRÉS VILLENA OLIVER.
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La década de los años 70 del siglo XX marcó el inicio de la era de la supremacía ideológica neoliberal asumida por las élites dominantes. El ataque al factor trabajo para recuperar los beneficios se agazapó detrás de una doctrina con fundamentos teóricos acientíficos como la “tasa natural de desempleo” o el “crowding out” (desplazamiento de la inversión privada por el gasto público). El neoliberalismo ha determinado unas políticas públicas que han generado una crisis del empleo. El resultado ha sido un vendaval de destrucción de trabajo agudizado a partir de la crisis financiera global que ha llevado a niveles sin precedentes de pobreza y desigualdad en la distribución de las rentas y de la riqueza.

En el caso de España, el desempleo ha sido calificado como lacra “estructural”. En la jerga de los técnicos de los organismos multilaterales y los economistas de la escuela dominante, “estructural” es una palabra polisémica que se utiliza como justificación de todo tipo de desmanes. Estructural puede significar que hay “rigideces” en un mercado de trabajo que se equipara al de los rábanos –un frecuente e interesado error. Estructural también puede significar que hay poca competencia y que es necesario liberalizar un sector para destruir todo el tejido de PYMES y sustituirlas por oligopolios que optimizan sus costes destruyendo cuanto empleo sea posible. Ademas, estructural, es un problema de ineficiencia del sector público que se resuelve vendiendo todas las empresas públicas y hasta las joyas de la corona a los amiguetes.

Es probable que España sea el país donde el neoliberalismo se haya aplicado de forma más implacable gracias a su legitimación por asociación al proyecto europeo. En términos orteguianos “España es el problema (estructural), Europa es la solución (neoliberal)”. Varios factores concomitantes como la coincidencia de la incorporación al mercado de trabajo de las cohortes nacidas en el baby boom, el proceso de desindustrialización impuesto por la incorporación a la CEE, el empeño en aplicar una política económica monetarista que desalentaba la inversión, la represión de la demanda como herramienta para luchar contra la inflación importada en barriles de petróleo o la crónica insuficiencia de empleo y gasto público contribuyeron a acentuar los efectos del ataque al factor trabajo.

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http://ctxt.es/es/20170830/Firmas/14631/RBU-neoliberalismo-trabajo-garantizado-ctxt-empleo.htm

PODER Y “EMPODERAMIENTO”: SOBRE PODEMOS EN EL NUEVO CURSO, J. ROMERO

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Et propter vitam, vivendi perdere causas (Y, por vivir la vida, perder la razón de vivir).

«Los marxistas, a diferencia de los anarquistas, admiten la lucha por las reformas… pero a la vez sostienen la lucha más enérgica contra los reformistas que directa o indirectamente circunscriben a las reformas los anhelos y la actividad de la clase obrera… La burguesía liberal concede con una mano reformas, pero siempre las anula con la otra mano… las utiliza para subyugar a los obreros, para desunirlos por grupos… Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero se transforma de hecho en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia…» (V.I. Lenin, Marxismo y reformismo).

No se puede negar que los principales ideólogos y dirigentes de Podemos tuvieron audacia para rentabilizar un ambiente de movilización general que distaban mucho de dirigir. Bien es verdad que los medios de un sector de la oligarquía fueron puestos a su servicio, también que las movilizaciones no tenían un objetivo político definido más allá de desalojar al PP del Gobierno, y que el propio proyecto que dio origen a Podemos no era sino la consumación de un larguísimo proceso de degradación ideológica y política de la izquierda (incluida una buena parte de la autodenominada comunista) que había renunciado desde hacía años a cualquier objetivo realmente transformador, por lo que su mera aparición contribuyó a acelerar el proceso, dinamitando literalmente el panorama político: su único objetivo desde el principio era ganar “el poder” (entiéndase ganar las elecciones) y a él sacrificaron cualquier otro objetivo verdaderamente transformador.

Con todo, insistimos, es innegable la habilidad de los dirigentes de Podemos para hacerse con el control político del campo popular. Otra cuestión es que hayan intentado desde el principio pasar de matute su ideología oportunista y reformista como una actualización de la ideología revolucionaria; Pablo Iglesias llegó a señalar con su ambigüedad característica en una entrevista: «…me considero marxista. Digamos que tras los presupuestos teóricos y de comunicación de Podemos hay una lectura muy específica (sic) de Gramsci».

Ya hemos tratado en otras ocasiones el largo proceso de degeneración de las corrientes “marxistas” burguesas hasta llegar al postmarxismo y el populismo de Laclau. El podemismo nada tiene que ver con una concepción dialéctica de la lucha política. Si hay algo que ha caracterizado la teoría y la práctica de revolucionarios como Gramsci, ha sido precisamente la determinación del Estado burgués desde un punto de vista de clase y la identificación de la clase obrera como la única interesada objetivamente en superarlo.

De ahí que, como señalara Lenin en la cita que encabeza este artículo, los marxistas aceptamos la lucha por las reformas, pero en ningún caso supeditamos a ellas los objetivos generales, por cuanto tenemos claro que sin superar el Estado liberal es imposible mantener en el tiempo las conquistas. Decir lo contrario, pretender que desde dentro de las instituciones burguesas, aceptando un modelo de Estado determinado, en el caso de España por un proceso de transición que ha dejado intactos gran parte de los elementos de la dictadura franquista, es lisa y llanamente engañar a las clases populares.

Juan Carlos Monedero, quien en la “sombra” orienta el debate interno de Podemos, tratando con desparpajo de lo divino y de lo humano, explicaba así, el concepto marxista (de Groucho) de su organización, en un artículo de mayo de 2016: «Podemos nacía de la certeza de que la clase obrera existe pero ya no se deja representar de manera simplista (sic). Las tesis marxistas que otorgan a la clase obrera un significado existencialista…ya no tiene fuerza explicativa. Otras realidades han nacido con mucha fuerza –el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, la defensa de la democracia directa, la lucha contra el capitalismo financiero, el precariado, la economía colaborativa, un nuevo internacionalismo apegado a la nación… La defensa del individualismo comprometido socialmente…Un mundo diferente necesita hipótesis diferentes. Con las armas melladas de la vieja teoría no se podía salir del resistencialismo»(Táctica y estrategia de Podemos).

Con esa concepción interclasista que concibe el sujeto revolucionario como algo disgregado, disperso, sin intereses ni objetivos comunes, solo queda “reconducir el enfado”1 con el único objetivo de ganar el Gobierno (sin alterar la estructura del Estado) y realizar las reformas necesarias para “purificarlo” y reconducir la situación de alarma social. Eso lleva inevitablemente a la derrota y la frustración. Semejante política equivale a aplicar lo que señalaba Juvenal en la cita que da título a este artículo.

reformismo revolucionarioDe hecho, el supeditar todo a ganar las elecciones, ha sido un obstáculo objetivo estos tres años para avanzar en la Unidad Popular en torno a objetivos transformadores. Desde un principio, el núcleo dirigente de Podemos ha adaptado continuamente su “táctica” a esa idea, renunciando siempre a una transformación de raíz del Estado: la lucha por la República como marco de ese cambio no era el momento de plantearla, las grandes directrices en materia de política exterior del Estado monárquico tampoco eran parte del problema. «Somos absolutamente respetuosos con los compromisos adquiridos por nuestro país y los vamos a respetar hasta la última coma» (Sergio Pascual).«Seguiremos respetando los acuerdos de las organizaciones a las que pertenecemos, como son la OTAN y la UE, pero apostamos por una defensa integral europea, que creo que es el futuro» (Julio Rodríguez, ex JUJEM), etc.

El resultado de las elecciones de 2015 enfrió sus expectativas provocando un cambio táctico; tras rechazar el apoyo a Pedro Sánchez en su investidura2, los dirigentes de Podemos miraron hacia el núcleo de dirección de Izquierda Unida, que comparte prácticamente íntegros los postulados ciudadanistas en contra de una parte sustancial de su propia militancia, y radicalizaron el discurso, aunque manteniendo siempre el respeto al marco institucional del régimen3.

Quien dijera: «…no quiero que dirigentes políticos de IU, y yo he trabajo para ella, que son incapaces de leer la situación política del país, se acerquen a nosotros… Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar», se preparaba en junio de 2016 para el sorpasso, de la mano de Alberto Garzón y su gente.

Esto decía J.C. Monedero en un artículo de mayo de ese año, para justificar el cambio de táctica: «La solución pasaba (antes de las elecciones de diciembre) por reconducir el enfado…En la fase destituyente es donde aparece con fuerza la virtud de la “hipótesis populista”: la construcción de un “ellos” y un “nosotros”…unido a los demás por las demandas insatisfechas diluidas hasta ser simplemente un malestar difuso, un “nosotros” enfadado, con ganas de encontrar un culpable…Cuando falla la operación relámpago toca replantear la estrategia…Y esa es la situación en la que estamos ahora…Por eso, Podemos tiene que regresar a lo que se planteó al comienzo: lograr la unidad popular…Algo nuevo ha sucedido en la política española: la presión popular (sic) sobre Podemos e IU ha forzado un encuentro que estaba muy lejos hace cinco meses…Esa fuerza es precisamente la que asusta al PSOE y al PP y su muletilla naranja».

Pero de nuevo falló el cálculo: las renuncias, la ambigüedad, la soberbia y la falta de credibilidad del discurso ciudadanista terminaron haciendo perder a la coalición Unidos Podemos un millón de votos. Aquellos votos no los enajenó su radicalidad, sino, bien al contrario, la evidente diferencia entre práctica y discurso, la inconsistencia de su propuesta, que básicamente consistía en cambiar un régimen cuyas instituciones están podridas, desde dentro, con reformas que no afectan a su estructura, ni alteran la relación de poder interno, y son por tanto simplemente inaplicables4.

Empezamos un nuevo curso político; el mandato en municipios y comunidades ha sobrepasado su ecuador; el PP, ha conseguido consolidar (bien que precariamente) su gobierno a pesar de los continuos escándalos de corrupción. Y el núcleo dirigente de Podemos vuelve su mirada al PSOE. Consciente de la inconsistencia política y orgánica de las plataformas surgidas durante la erupción ciudadanista, necesita acercarse al social-liberalismo, reforzado tras la pelea interna entre Susana Díaz y Pedro Sánchez.

El Gobierno, entre tanto, no ha cambiado ni una coma de sus leyes reaccionarias: la reforma laboral, la ley mordaza, la LOMCE, la reforma de la Ley de Bases de Régimen Local (mal llamada ley de racionalización, que condiciona la gestión en ayuntamientos y CCAA, sujetándola al control del gobierno y de la UE), la reforma de 2013 de la ley de arrendamientos, etc. siguen plenamente vigentes, pese a las bravuconadas parlamentarias de la leal oposición. Sin embargo, la movilización dispersa ha cesado prácticamente.

La cuestión es que el panorama político ha cambiado radicalmente como consecuencia en gran parte del equívoco ciudadanista, que desvió la tensión política al pantano del parlamentarismo más ramplón, vaciando las movilizaciones y separándolas de los objetivos que las enfrentaban al régimen. Y, como conclusión, asistimos a un lento acercamiento entre Podemos, a quien su secretario general definía como la “nueva socialdemocracia”, y el social-liberalismo. Para este viaje no se necesitaban alforjas.

Ahora bien, está por ver si fructifica esa confluencia; al fin y al cabo los dirigentes socioliberales no olvidan fácilmente el acoso de Podemos a su cuerpo electoral ni la negativa a apoyar la investidura de Sánchez; no olvidan, ni necesitan tanto de Podemos como hace un año. Pero, sobre todo, está por ver si los dirigentes de Podemos no dan un nuevo giro táctico, porque saben que para mantenerse políticamente vivos tienen que evitar “desdibujarse” en un pacto incondicional con el PSOE. Por esa misma razón en el curso político que comienza intentarán probablemente liquidar toda oposición verdaderamente de clase, presentándose como la única alternativa de izquierda, capaz de “tutelar” la labor del PSOE.

En esta coyuntura, la pregunta es: ¿qué Podemos, (debemos) hacer quienes somos conscientes de que solo una transformación de raíz de la estructura económica, política y social del Estado puede permitir encarar una mejora sustancial de las condiciones de vida de la mayoría trabajadora?

En una cosa tienen razón los dirigentes de Podemos, cuando señalan que Izquierda Unida, se había adocenado. Los distintos intentos que hubo de “actualizar” su mensaje, lejos de proponer avances reales hacia la unidad popular (en particular asumiendo medidas verdaderamente transformadoras) iban preparando el terreno para la posterior erupción ciudadanista. Muchos de los impulsores de aquellas Mesas de Convergencia que se celebraron meses antes de ésta, (Enrique de Santiago, Manuel Monereo, Inés Sabanés, etc.) están hoy en las filas de Podemos y las fuerzas afines, o bien comparten su ideario

De hecho, a lo largo de muchos años (realmente ha sido una de las características del proceso de transición) la izquierda ha ido renunciando a un programa político general y disgregando la lucha por la emancipación en parcelas de interés sectorial y limitado; la vanguardia consentía (y en muchos casos fomentaba) la dispersión, ya no buscaba la unificación de las luchas parciales en un caudal común, porque no comprendía que por encima de identidades particulares, la clase obrera tiene un interés común contra el estado liberal, un interés a cuya expresión política no puede renunciar si no quiere hacer inviables también sus conquistas parciales.

El desengaño que ha provocado el ciudadanismo va a tener como consecuencia la frustración de sectores de masas que se habían acercado a la lucha política; pero también puede servir para intentar avanzar hacia la Unidad Popular. A condición de que se tenga la altura de miras suficiente para no ver en esta nueva coyuntura una oportunidad de volver al estado de cosas anterior, caracterizado, como digo, por una izquierda y un movimiento popular dispersos, no solo orgánicamente, sino (y esto es lo determinante) en sus objetivos políticos.

Es por este motivo de vital importancia que avancemos en la confluencia y recuperemos las organizaciones de clase (sindicatos, asociaciones de vecinos, etc.) para articular la lucha en el futuro (que va a ser muy dura, que nadie se engañe). Pero lo determinante va a ser que seamos capaces de articular un programa político común de ruptura radical con el régimen monárquico. El programa del Movimiento Republicano resume, a nuestro juicio, los objetivos más importantes: se trata de avanzar en su desarrollo.

[1] La confusión entre el Estado-clase y la sociedad regulada es propia de las clases medias y de los pequeños intelectuales que acogerían con gusto cualquier regulación que impidiese las luchas agudas y las catástrofes: es una concepción típicamente reaccionaria…en realidad, solo el grupo social que se plantea como objetivo a conseguir la desaparición del estado y de sí mismo puede crear un Estado ético, un Estado que atienda a poner fin a las divisiones internas de dominados, etc. y a crear un organismo social unitario técnico-moral» (A Gramsci, El Estado).
[2] «Soy consciente de que muchos socialistas votaron a Podemos porque pensaban que con usted se podía revitalizar la izquierda y que juntos podíamos cambiar España», replicaba Sánchez a Iglesias en el debate de investidura de febrero, «Muchos de ellos no entienden su comportamiento, por qué va a votar en contra de un candidato socialista para que siga Rajoy. No es que no se pueda. Es que ustedes, sencillamente, no quieren».
[3]Una decisión, por lo demás arbitraria, ilustra perfectamente esta aceptación real del marco jurídico institucional del régimen continuista por parte de Podemos: su dirección estatal cooptaba de nuevo como candidato para las elecciones de junio de 2016 al JUJEM José Julio Rodríguez, esta vez por Almería, al no salir elegido en diciembre como candidato por Zaragoza (tampoco consiguió el acta en esa ocasión).
[4] Gramsci, una vez más, responde al moralismo político propio del oportunismo pequeño burgués: “…lo que se debe valorar en un conflicto no es, precisamente, las cosas tal como están sino el fin que las partes en lucha se proponen con el conflicto mismo…No se puede juzgar, pues, al hombre político por el hecho de que sea más o menos honesto, sino por el hecho de que mantenga o no sus compromisos…» (A. Gramsci, Notas sobre la política y el Estado moderno).

Poder y “empoderamiento”: sobre Podemos en el nuevo curso, J. Romero

Abolir la constitución borbónica, por Lorenzo Peña

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La vigente constitución borbónica fue elaborada por unas cortes bicamerales constituidas en el marco jurídico del régimen franquista, incrementado por la octava «Ley fundamental del Reino», la Ley para la Reforma Política de enero de 1977, que venía agregada a la Ley de principios del Movimiento Nacional y demás parafernalia normativa del caudillaje.
Sin embargo, el hecho político decisivo no fue la promulgación de ninguna de esas leyes, sino la reentronización de la dinastía borbónica y, en su seno, la selección como monarca reinante del hijo varón del tercer hijo del último rey, Alfonso XIII. Esa doble decisión no se seguía en absoluto de las siete Leyes fundamentales del Reino vigentes en el momento sucesorio, del 20 al 22 de noviembre de 1975. Lejos de eso, incumbió a una ley ordinaria –aprobada por las Cortes estamentales de procuradores a iniciativa del autoproclamado «Jefe del Estado»– de 22 de julio de 1969 seleccionar a la casa de Borbón como la única estirpe regia y, en su seno, al infante D. Juan Alfonso de Borbón y Borbón-Dos Sicilias como sucesor a título de rey por reunir, a juicio del designador, las cuatro condiciones requeridas: ser varón, católico, identificado con los ideales de la cruzada y compenetrado con las fuerzas armadas. Fue, dijo el testador, el mejor modo de dejarlo todo atado y bien atado para evitar el retorno de la «decadencia liberal».
Le LRP (Ley para la Reforma Política) de 1977 venía así sancionada y promulgada por un individuo cuya potestad no se deducía de las leyes fundamentales, sino de un Acto de naturaleza sucesoria, de una decisión testamentaria. Lo peor es que, lejos de convocar cortes constituyentes, la LRP instituye unas cortes bicamerales sin confiarles el poder de hacer una constitución, aunque permitiéndoles –como a cualesquiera otras cortes ordinarias– promover una reforma constitucional (o sea, en aquel marco, una reforma del sistema de las ocho Leyes Fundamentales del Reino), que debería ser sancionada y promulgada por el Trono.
De esas Cortes el Senado tenía un quinto de designación regia. Eso será decisivo para que el texto constitucional resultante sea tan reaccionario y otorgue tan amplísimos poderes a la Corona. A tal fin concurrieron otros factores: el mantenimiento de la prohibición de los partidos republicanos o simplemente no-dinásticos hasta que se hubieron celebrado las elecciones de 1977; la obsoleta representación provincial; las listas cerradas; la exclusión del censo de los españoles residentes en el extranjero (emigrantes y exiliados).
La constitución sancionada y promulgada por el Monarca Reinante el 27 de diciembre de 1978 es una norma que, bajo una apariencia y terminología democráticas, en realidad establece la supremacía de la prerrogativa regia, con una amplia potestad arbitral y moderadora del Trono, cuyos privilegios quedan protegidos por la cláusula de intangibilidad del art. 168 del citado texto.
Muchos pueden considerar venturoso que a menudo el Soberano opte por hacer dejación de ese poder arbitral y moderador de que está investido por el art. 56.1 de la constitución, limitándose a un simulacro que da la impresión de una función meramente protocolaria. Otros, en el error, van más lejos, creyendo que en rigor el citado artículo 56 es retórico y sólo otorga al Rey un papel decorativo o figurativo.
Tales poderes siguen vigentes y en cualquier momento pueden entrar en acción, ejérzanse o no –según los supremos intereses de la dinastía. Contra su explícito reconocimiento constitucional no vale invocar el desuso.
Más bien, llevan razón quienes critican la omisión de tales funciones arbitrales y moderadoras. Y es que, si la Carta Magna las concede al titular de la jefatura del Estado, también se las impone.
Una de las muchas diferencias entre Monarquía y República estriba precisamente en el ejercicio del poder moderador. En una República, un Presidente goza de una legitimidad institucional que le otorga una genuina autoridad, por lo cual, en situaciones de crisis, puede atreverse a ejercer su potestad arbitral y moderadora. Ejemplos los ha dado en Italia en varias ocasiones la Presidencia de la República. En las monarquías la pseudolegitimidad es vergonzante y vergonzosa, al entrar en conflicto con todos los valores esenciales de la democracia, el principal de los cuales es la exclusión de la arbitrariedad, mientras que el dominio de una dinastía reinante sólo puede ser fruto de la pura arbitrariedad. En una monarquía como la española actual ese defecto está agravado, al haberse seleccionado la figura del soberano, no por las reglas tradicionales de transmisión dinástica, sino por la decisión de un tirano. En ese panorama, no cabe depositar esperanza alguna en que se ejercite el poder moderador, salvo cuando se trate de salvaguardar los intereses dinásticos.
Luchar por la República implica, por consiguiente, combatir por un ordenamiento jurídico en el que exista un genuino Poder Moderador plenamente legítimo y no arbitrario, que, encarnando la máxima autoridad del Estado, sirva de equilibrio y contrapeso frente a los poderes legislativo y ejecutivo y entre ellos. Algo que buena falta haría en las actuales circunstancias y que atemperaría los vaivenes y turnos partitocráticos.
 
* Lorenzo Peña y Gonzalo, es Doctor en Derecho (Univ. Autónoma de Madrid, 2015) y Doctor en Filosofía (Univ. de Lieja 1979).
Fuente: Blog autor

Esto sí es una “vergüenza democrática”: 41.000 millones perdidos por el rescate bancario que podrían ser 120.000

RESCATEBANCOS

El rescate bancario ha supuesto la pérdida de 82.000 puestos de trabajo, el cierre de más de 16.000 oficinas y 40.078 millones de euros que el Estado, es decir, el conjunto de la sociedad española no va a recuperar, según señala el Sector Financiero, Seguros y Oficinas de FeSMC-UGT. Tras la cifras, hay familias que ha sufrido las consecuencias de los “errores de previsión” de los reguladores, eufemismo con que se ha despachado el ex subgobernador del Banco de España, para no decir que fueron consentidores de las decisiones indebidas e irresponsables de los altos directivos. Además, son más de 40.000 millones de mentiras por parte del Gobierno, pues conviene no olvidar las afirmaciones de Rajoy y del ministro de Guindos cuando acordaron el rescate bancario: “El rescate no costará ni un euro a los españoles“.

La cifra económica real, sin embargo, supera los 120.000 millones, si se tiene en cuenta que el Fondo de Garantía de Depósitos puso otros 9.745 millones de euros y si al montante en cash se le suman otros riesgos asumidos por el Estado en concepto de avales, entre otros.

A fecha de hoy, por tanto, no se ha recuperado el 92,9% de lo desembolsado directamente por el erario público, mientras el Banco de España afirma  que espera  recuperar 10.416 millones, una expectativa totalmente incierta.

Además del despilfarro de dinero público que el rescate bancario ha supuesto -y lo que está por llegar todavía-, para lo que realmente ha servido es para engordar todavía más a la gran banca (BBVA, Santander, La Caixa…) y al puñado de grandes fortunas que están detrás de ella. Una operación de regalo multimillonario de dinero público para el gran capital hecha a costa de recortes en derechos sociales y laborales (sanidad; educación; dependencia; servicios sociales; salarios; derechos y personal del sector público…) y de una deuda ilegítima. Una auténtica “vergüenza democrática” de la que se vanaglorian sus hacedores.

Fuente: 

http://kaosenlared.net/esto-si-es-una-verguenza-democratica-41-000-millones-perdidos-por-el-rescate-bancario-que-podrian-ser-120-000/

AISHA HERNÁNDEZ: “ENTRARÉ EN LA CÁRCEL CON LA CABEZA MUY ALTA, LA LUCHA CONTINÚA” (VÍDEO)

CANARIAS

Un nutrido grupo de militantes de diversas organizaciones políticas y sociales de la izquierda canaria, así como otros ciudadanos sin filiación, participaron este miércoles 6 de septiembre en la concentración convocada en Las Palmas G.C. para reclamar libertad para la joven independentista Aisha Hernández, condenada a cuatro meses de prisión tras ser detenida por realizar una pintada contra el paro juvenil.

Hernández, militante de ANC, tendrá que ingresar en prisión el próximo lunes 11 de septiembre, después de que el Gobierno central denegase una petición de indulto apoyada por más de una treintena de organizaciones sociales.

Durante el transcurso de la concentración fue leído un manifiesto de apoyo a la joven militante de ANC suscrito hasta el momento por cerca de 40 organizaciones sindicales, sociales y políticas.

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http://canarias-semanal.org/not/20944/aisha-hernandez-entrare-en-la-carcel-con-la-cabeza-muy-alta-la-lucha-continua-video-/