Cómo la esclavitud construyó naciones y fortunas

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El Rijksmuseum era muy consciente de que se metía en un campo de minas cuando decidió dedicar una gran exposición a la cuestión polémica, ingrata, de la esclavitud como parte inseparable de la historia del país. El Rijksmuseum es el museo nacional de los Países Bajos, nacido, como sus hermanos el British o el Louvre, a finales del XVIII o principios del XIX para albergar las colecciones reales, pero también para exhibir la grandeza de sus imperios, unos imperios que se nutrieron de la esclavitud, crecieron, prosperaron y se modernizaron a la sombra de una práctica inhumana. Y ese pasado había que afrontarlo con algo más que una sucesión de cuadros y objetos.

Cuatro años se invirtieron en preparar una muestra histórica cuya apertura la pandemia ha retrasado varias veces y cuyo catálogo, en el que se basa este reportaje, es una fuente de documentación extraordinaria. El punto de partida es que la esclavitud no fue un fenómeno que se producía a miles de kilómetros y del que participaban únicamente los traficantes y los propietarios de las plantaciones, sino que formaba parte de la vida de las metrópolis a través de los productos que se consumían y producían, que dejó su huella en las ciudades en calles y edificios y que enriqueció no sólo a los directamente involucrados.

En los Países Bajos, un estudio demuestra que en el año 1770 el 5,2 por ciento del PIB del país y el 10,3 por ciento de la provincia más rica, Holanda, estaban directamente relacionados con la esclavitud en la región atlántica, sin contar con la asiática. Lo mismo sucedía en otros países europeos y sería ya el momento de investigarlo, como ha hecho el Rijksmuseum, para hacer justicia y curar heridas, porque como subrayan los comisarios, buena parte del racismo y de las desigualdades actuales proceden de entonces: “el pasado de la esclavitud está entretejido con el presente de todos nosotros”.

En un momento de revisión con todo lo que ello tiene de aciertos y excesos, el equipo curatorial se planteó también nuevas preguntas que no son metodológicas, sino que afectan al fondo de la relación de la sociedad neerlandesa (nombre que sustituye actualmente a holandesa) de todas las europeas, con la esclavitud: ¿debemos sentirnos culpables los ciudadanos de hoy por las atrocidades pasadas? ¿están legitimadas para estudiar la esclavitud personas cuyos antepasados no la sufrieron? Gloria Wekker, nacida en Paramaribo, capital de Surinam, territorio al que los traficantes neerlandeses trasladaron a miles de esclavos, y primera mujer negra profesora en la universidad de Utrecht, zanja la cuestión: “cualquiera debe poder estudiar cualquier cosa, de lo contrario estaríamos tratando con un apartheid epistemológico”.

La esclavitud ha existido desde tiempo inmemorial; se han encontrado collares de la antigua Roma con el nombre del propietario del esclavo grabado, en Asia y África la esclavitud también adoptaba diferentes formas, podía prolongarse toda la vida o ser temporal, algo que sucedía igualmente en la antigüedad, uno podía acabar como esclavo como consecuencia de una guerra o un castigo, es decir, le podía suceder a cualquier persona, ni que fuera teóricamente. El colonialismo europeo introdujo un factor diferente a través del comercio de esclavos capturados en África, transportados a América y forzados a trabajar durante generaciones: el color de la piel.

La condición de esclavo se asociaba a la piel oscura, servía para identificarlos y evitar su huida. En Asia, donde miles de personas fueron capturadas en el subcontinente indio y transportadas a las plantaciones de Batavia, actual Yakarta, el color no era tan indicativo, por lo que se añadían prohibiciones, como la de llevar zapatos, o se imponían salvoconductos o collares identificativos, como se aprecia en pinturas de la época, entre las que el Rijksmuseum ha buceado para encontrar claves del pasado.

Porque la exposición quiere recuperar la individualidad, humanidad de los esclavos, a los que tal condición les era negada al convertirse en posesión; ni siquiera eran dueños de su cuerpo, al extremo de que en el sistema colonial holandés no se les podía considerar víctimas de malos tratos, asesinato o violación porque no eran legalmente más que una propiedad; en el proceso de cosificación los esclavos eran marcados como las reses, y cuando eran vendidos de nuevo, algo que ocurría frecuentemente, volvían a ser marcados. 

Con un sentido de la justicia hacia los seres víctimas de esta lacra, la exposición reconstruye las vidas de diez personas reales que estuvieron vinculadas a la esclavitud. No ha sido fácil, porque el esclavo, como individuo, no ha sido objeto de la historiografía. Los testimonios directos de esclavos son raros en las fuentes escritas, y las memorias de los que consiguieron la libertad son posteriores.

Tampoco tuvieron fácil los esclavos construir vínculos en un principio: capturados en territorios distantes entre sí, hablaban lenguas diferentes y les resultaba difícil comunicarse, además del régimen del terror a que los sometían los propietarios, mediante castigos inhumanos. Asentados tras varias generaciones, crearon nuevas culturas y son las tradiciones orales las que han proporcionado información valiosa, la música, las canciones, y su representación en objetos y pinturas. 

La genealogía de los esclavos hay que trazarla a través de los nombres de sus propietarios, y así es como se ha podido documentar la existencia de João Mina, capturado en algún lugar de África, vendido en el mercado de Elmina, costa de Ghana (de ahí el apellido), vendido de nuevo en Recife y huido de la plantación portuguesa a una holandesa. O de Calistra Van Bengalen, apellido compartido por muchas personas capturadas en la bahía de Bengala.

Al contrario de la mayoría de exposiciones sobre la esclavitud, la del Rijksmuseum no se inicia en las nuevas tierras, sino que rastrea en África y en Asia las vidas de quienes fueron capturados y sus consecuencias, en ellos y en sus sociedades, como en la costa oeste africana, donde las casas se empezaron a construir con varias entradas, laberintos y pequeños sótanos para disponer de vías de huida de los traficantes. Todo lo contrario de la mansión de Ámsterdam en la que vivía el matrimonio formado por Marten Soolmans y Oopjen Coppit, retratados por Rembrandt en 1634. La documentación reconstruye sus vidas adineradas. 

La fortuna de Soolmans procedía de la refinería de azúcar de su padre, Los fuegos del purgatorio, fundada en 1607, y que se nutría de la producción de las plantaciones de Brasil, en las que el trabajo de los esclavos era extremadamente duro. En 1621 se fundó la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (WIC), que jugaría un papel muy importante en el transporte de esclavos y productos, como el azúcar de los Soolmans. En la República de Holanda, Europa, no estaba permitida la importación de esclavos, pero sí era legal en sus territorios de ultramar. Si las sociedades de aquel momento eran conscientes del horror que implicaba la esclavitud en la que reposaba su prosperidad es tema de largo debate.

SOBRE LA ESTATUA DE ANTONIO LÓPEZ

Lluís Permanyer

El 4 de marzo de 2018 fue descabalgada de su monumento la figura de Antonio López, marqués de Comillas. Estaba previsto y demandado desde hacía tiempo por un determinado sector político. La primera exigencia ya fue hecha pública en 1999 por Antoni Luchetti, político de Esquerra Unida.

Denunciaba su pasado negrero en Cuba. Y tal información se fundaba sólo en lo que había contado Francisco Bru. Era cuñado del aristócrata y por tal motivo se le concedía el crédito de que sabía muy bien cuanto relataba. Lo había puesto por escrito en el libro que publicó en 1885: La verdadera vida de Antonio López y López. Era su arreglo de cuentas por disputas familiares de reivindicación económica. No se había atrevido, empero, a proclamarlo en vida, pues no salió a la luz pública hasta 1885, dos años después de la muerte del marqués.

Le acusó de “comerciante negrero” que “traficaba con carne humana”. Cierto. Cuando aseguraba que “Santiago de Cuba no había visto jamás a un negrero más duro, más empedernido, feroz y bárbaro”, ya resulta más difícil otorgarle igual credibilidad, pues a buen seguro respondía a la exageración propia del ajuste de cuentas, mediante adjetivación superlativa sin ningún dato comprobable.

Así transcurrió un tiempo, en el que se sabía, se comentaba que los Xifré, Vidal Quadras, Samá, Vidal Ribas, habían practicado el “comercio del ébano”, eufemismo significativo al estar referido a familias ya encumbradas socialmente y poderosas económicamente. Cuando se referían a mercaderes, capitanes de barco o simples marineros no se empleaban, por supuesto, metáforas tan afinadas. Todo era tradición oral, hasta ser publicados estudios académicos sobre la actividad esclavista, como por ejemplo Traficants d’ànimes, de Gustau Nerin o Negreros y esclavos. Barcelona y la esclavitud atlántica, de Martín Rodrigo y Lizbeth Chaviano (eds.). Antonio López no era destacado.

Acaba de aparecer, por fin, no sólo un estudio sobre el pasado colonial de tan importante y controvertido personaje, sino también lo que ya constituye una biografía completa: Un hombre de negocios. La controvertida historia de Antonio López, marqués de Comillas, de Martín Rodrigo y Alharilla. Es un trabajo impecable que aporta una abrumadora documentación exhaustiva. De las 326 páginas, 27 están consagradas a su comercio esclavista.

El joven López vivió en Cuba entre 1844 y 1856. Pronto se dedicó a la intermediación aún legal entre la llegada oceánica y su destino cubano. Compraba los esclavos criollos arribados a puerto para venderlos luego en diversos puntos de la isla. También era consignatario de expediciones ilegales llegadas de forma clandestina a Cuba.

El comercio de esclavos era ilegal para los españoles desde 1821 y la esclavitud no fue abolida en Cuba hasta 1886.

No fue de extrañar y es significativo que en 1872 se organizara en España la Liga Nacional para impedir la abolición de la esclavitud en Cuba. El 19 de diciembre de 1872 tuvo efecto en la Llotja de Barcelona el acto fundacional con 3.000 asistentes. Fue elegida una Junta Directiva de cien socios. Entre ellos figuraban dos obispos, cinco alcaldes, dos presidentes de Diputación, diez catedráticos de la Universidad, veinte diputados y senadores, diversos directores de grandes diarios, numerosos comerciantes, armadores y banqueros.

A este respecto también es indicativo que en 1908 fuera enriquecida sin rubor la fachada de la casa Berenguer (Diputació, 246) con un gran relieve sobre el trabajo de una joven y chiquillos a pie de telar.

Así pues, conviene reflexionar sobre la necesidad de juzgar el pasado con la óptica y principios actuales amén de valorar la trayectoria completa de cada personaje. Veremos cómo será abordada la cuestión a propósito del monumento a Colom.

Martín Rodrigo

Un hombre de negocios. La controvertida historia de Antonio López, marqués de Comillas. ARIEL. 424 PAGINAS. 19,90 EUROS

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20210313/6361813/esclavitud-rijksmuseum-exposicion.html

Ultraderecha en nuestras Fuerzas Armadas: medidas urgentes. Ciudadanos de Uniforme

La ultraderecha intenta apropiarse del ejército y la monarquía | ctxt.es

En los debates constituyentes en torno a la configuración constitucional de las Fuerzas Armadas estuvo presente, entre otros, el recuerdo del papel protagonista que estas tuvieron en el quebrantamiento del sistema constitucional de 1931, tal y como se desprende de la lectura del diario de sesiones. Esta es una de las razones por las que se las configuró con la finalidad principal de defender el orden constitucional (art. 8 CE) de un Estado social y democrático de derecho (art. 1.1 CE), en el que el reconocimiento y la garantía de los derechos fundamentales o el sometimiento de los poderes públicos a la ley, entre otras, son características definitorias.

Sin embargo, la oleada de noticias relativas a las Fuerzas Armadas a la que estamos asistiendo en los últimos meses, hace que, como mínimo, nos preguntemos por el estado democrático de las mismas. Primero fueron las distintas cartas firmadas por militares retirados y dirigidas al jefe del Estado en las que se ofrecen abiertamente para actuar contra el poder ejecutivo y atentar, así, contra la separación de poderes. A estas le sucedieron los mensajes del chat de militares retirados alentando a fusilamientos y a dar un golpe de Estado. En ambas ocasiones, desde el Ministerio de Defensa se insistió en la inexistencia de un riesgo real para la democracia al tratarse de militares ya retirados.

No obstante, unos días después se publican los mensajes de otro chat, ahora integrado por oficiales y suboficiales en activo, en la que muestran su respaldo a los mensajes de golpismo. A esto se suma la publicación de un vídeo en el que se ven a varios soldados en activo haciendo el saludo nazi y cantando una canción de la División Azul. Y continuando con esta sucesión de escándalos, hace tan solo unos días conocíamos la existencia de un informe enviado al Ministerio de Defensa que denuncia la presencia de, al menos, cuatro militares en activo relacionados con organizaciones neonazis y de extrema derecha.

Existen razones fácticas, motivos democráticos y herramientas jurídicas suficientes para adoptar medidas y reformas normativas tendentes a garantizar que el principal aparato armado del Estado esté libre de sujetos infiltrados que sirven a una ideología de odio y violenta, enemigos de los valores constitucionales de la pluralidad política y la diversidad, ya que esto supone un verdadero y progresivo riesgo para los derechos y libertades y el Estado de Derecho en España. Sobre estas últimas nos pronunciamos a continuación.

¿Qué dice el derecho español ante esta situación?

De manera general, nuestro ordenamiento jurídico tipifica la pertenencia a organizaciones que promuevan o inciten el odio, la discriminación o la violencia contra las personas. En este sentido, el Tribunal Supremo ha declarado ilícitas a varias organizaciones por difundir ideas que violan los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico y que expanden discursos de odio y violencia homófoba, xenófoba y antisemita (entre otras, las sentencias del Tribunal Supremo 3380/2011 y 9336/2011). Asimismo, nuestros tribunales han insistido en que la libertad de expresión contenida en el art. 20 de la Constitución debe respetar la dignidad humana sin que puedan protegerse, al amparo de esta, expresiones humillantes o vejatorias que animen al odio, violencia o discriminación.

Todos estos límites se ven necesariamente intensificados cuando nos situamos en el ámbito de las fuerzas armadas. Por un lado, en el ámbito internacional, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia ha insistido en que cualquier acto discriminatorio cometido en el seno de la policía y del ejército debe ser investigado. A su vez, el Convenio Europeo de Derechos Humanos permite limitar el ejercicio de algunos de los derechos de los militares para que estos no sean utilizados con el fin de destruir las libertades que se reconocen en él (arts. 11 y 17 CEDH, sentencia TEDH caso Ayoub y otros c. Francia, octubre 2020).

Por otro lado, en el ámbito estatal, la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas reconoce que la libertad de expresión de estos se encuentra limitada por “la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, el deber de reserva y el respeto a la dignidad de las personas y de las instituciones y poderes públicos” y el deber de neutralidad política. Por su parte, la Ley Orgánica 8/2014, de 4 de diciembre, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas considera que tanto la emisión o realización de actos irrespetuosos con la Constitución, como las manifestaciones de desprecio por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género, sexo, orientación e identidad sexual, religión, convicciones, opinión, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, deben ser consideradas faltas disciplinarias leves o graves.

No obstante, nuestra democracia necesita una posición más comprometida por parte los poderes públicos con la lucha contra este tipo de manifestaciones. Esto mismo ha sido observado por la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia en su último informe sobre nuestro país (2018), en el que alentaba al legislador español a penalizar el apoyo a grupos con fines discriminatorios y la violencia racial que se cometiese en el ejercicio de un cargo público o de una ocupación de carácter público (recomendación 10).

Alemania persigue contundentemente a los nazis en su Ejército

Comportamientos de características similares son, sin embargo, perseguidos con más determinación en ordenamientos jurídicos de nuestro entorno. En el caso alemán, el artículo 55.5 de la Ley sobre el Estatuto Jurídico de los Soldados permite que un militar pueda ser despedido sin previo aviso durante los primeros cuatro años de su servicio si pone en peligro el orden militar y la reputación del Ejército o si incumple las obligaciones oficiales. Entre estas últimas se encuentra, según el artículo 8 de la misma ley, el reconocimiento y la defensa del orden constitucional a través de una conducta del militar que debe ser íntegra y ejemplar. Entre las amenazas al orden constitucional destacan, de acuerdo al artículo 86 del Código Penal alemán, la existencia de organizaciones y discursos nacionalsocialistas, así como el empleo de símbolos relacionados con estos. Por ello, la pertenencia de un militar alemán a organizaciones de extrema derecha o la difusión de ideología nacionalsocialista es motivo para que sea expulsado del ejército.

Gracias a este marco jurídico, acompañado de organismos y políticas públicas encaminadas a su efectivo cumplimiento, Alemania ha demostrado, con ciertas intervenciones impulsadas recientemente, su capacidad y decisión tanto para impedir el ingreso en las Fuerzas Armadas de sujetos que se identifican con esta ideología, como para apartarlos de su servicio si se demuestra su vinculación con organizaciones de extrema derecha o con sus discursos.

Medidas que no se deben postergar

Estas son tan solo unas breves pinceladas de todas las herramientas jurídicas nacionales e internacionales que no solo permiten, sino que incitan e incluso obligan a los poderes públicos a adoptar medidas legislativas orientadas a garantizar la defensa de los valores democráticos y constitucionales dentro de las filas de nuestras Fuerzas Armadas.

Uno de los principales aprendizajes que la experiencia de estos poco más de 40 años de democracia nos ha dejado es que mirar hacia otro lado ante cualquier amenaza a nuestras instituciones democráticas y sistema constitucional es la peor defensa que podemos realizar. Las evidencias no desaparecen por negarlas. Los mensajes golpistas o de extrema derecha no solo están viniendo desde fuera de los Ejércitos. Ya han aparecido casos que emanan de su seno. Y, en todo caso, no pueden justificarse en el posible carácter residual de las mismas.

El sometimiento a la legalidad y el carácter democrático de los aparatos armados de nuestro Estado son una base fundamental para la continuidad de nuestra sociedad democrática. La mínima manifestación contraria hay que extirparla antes de que devenga en metástasis. Ante esta situación se hace acuciante poner en marcha una serie de medidas:

Necesitamos investigaciones internas sobre la infiltración de miembros de grupos de odio y violentos y el estado de difusión de sus ideologías dentro de las Fuerzas Armadas españolas; que se detecten, si las hay, las carencias formativas de los militares en materias como derechos humanos y Constitución española en sus escuelas y academias de formación; y que se adopten las reformas legislativas y normativas necesarias para que en nuestras Fuerzas Armadas ni accedan ni puedan permanecer militares que pertenezcan a estos grupos de odio o que defiendan entre sus compañeros ideas y prácticas que constituyen verdaderos riesgos para el orden político y la paz social reconocidas en nuestra Constitución.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/47447/ultraderecha-en-nuestras-fuerzas-armadas-medidas-urgentes/

Los españolistas en crisis: vigilen a Felipe VI. Domingo Sanz

Tiempo habrá para hablar de las elecciones madrileñas, pues el lío que se ha formado solo es para decidir quien mandará en la Puerta del Sol el día de las urnas, sea el que sea. Bien sabía Sánchez el plus que significa estar en el gobierno durante la campaña electoral, que para eso montó su moción de censura.

Pero no quiero que queden en el tintero las primeras reflexiones.

  1. La crisis se podría haber limitado a Murcia y, por tanto, Díaz Ayuso y el PP son los únicos responsables de los efectos políticos colaterales, mucho más desestabilizadores. Y, lo más grave, la irresponsabilidad de convocar elecciones en medio de la pandemia. Aunque unos y otros están interesados en ocultarlo, en breve publicaré un informe que demuestra que los jueces que forzaron las elecciones catalanas el 14F, en contra de un acuerdo de todos los partidos excepto el PSOE, pueden ser los responsables de cientos de nuevos contagios y quizás de algunas muertes.
  2. Si el mismo Sánchez que mandó al ministro de Sanidad a batirse contra los independentistas el 14F no envía a la ministra de Defensa contra la presidenta en funciones, y puede que también censurable, Pedro estará demostrando que ante “socialismo o libertad” ha elegido Isabel. El sabrá, pues cada día que pasa hace más de aprendiz de brujo que de cualquier otra cosa.
  3. Si, además de lo de Sánchez, el jarrón chino Felipe González no se define inmediatamente contra el lema de precampaña de Díaz Ayuso, tocará pensar que ambos políticos se parecen cada día más. Cuan lejos quedan los tiempos en que parecían distintos y enfrentados.
  4. Si Arrimadas no traza una estrategia para ir rompiendo todos los pactos con el PP tras escuchar a García Egea convocando a los afiliados de Ciudadanos para que se integren en el partido más corrupto de Europa, y además arruinado, Inés estará demostrando que a su partido le quedan dos telediarios.
  5. Si Errejón e Iglesias no forman una coalición electoral ante las elecciones que sí o sí se celebrarán, Íñigo y Pablo demostrarán que tampoco ellos se atreven con Madrid.

Entrando en materia, todo Madrid y media España están discutiendo si es antes el huevo o la gallina o, con otras palabras, la disolución o la moción, pero no quieren darse cuenta de que el peligro para la democracia siempre vuelve a La Zarzuela cuando los españolismos que se baten el cobre fracasan o comienzan a matarse entre ellos. Y cuando nadie vigilaba el Reino desde ese palacio, a solo 18 kilómetros se mantenía encendida, día y noche, la “lucecita de El Pardo”.

¿Decidieron, quienes se disfrazaron de demócratas en 1977, mantener al nuevo jefe del Estado tan cerca del fantasma del anterior porque sabían que algún bocazas con máster de papel higiénico tendría la tentación de decir algún día que “Felipe VI fue elegido por todos los españoles en diciembre de 1978, y no Iglesias ni Garzón”?

Inolvidable este Pablo Casado a quien Isabel Díaz Ayuso reduce a escombros cada vez que le conviene.

Puestos a especular a partir de cotilleos en torno a quien dijo qué a quién y cuándo sobre algo que terminarán decidiendo los jueces, yo prefiero recordar otros momentos de crisis que demuestran que el peligro nace de la mezcla de miedos y odios contra el pueblo respondón que se adueñan de cualquier borbón que se precie. Se trata de esas ocasiones en las que el rey ha tenido que contemplar desde su palacio el fracaso de los políticos de su misma cuerda, aquellos que están dispuestos a defender la unidad de su Reino al precio que sea, sea cual sea y sin complejos.

Recientemente hemos recordado el 23 de febrero de 1981, una fecha sobre la que las opiniones de usted, las mías, las de Pedro Sánchez y las del Papa de Roma valdrán exactamente lo mismo mientras el gobierno no abra la caja de los secretos de Estado. Todo el mundo sabe que allí se guardan las pruebas de lo muy implicado que estuvo el PSOE en las intrigas del hoy emérito y huido para acabar con un Suárez que, tras ganar dos urnas consecutivas, se creyó que había conseguido el derecho a sostenerle la mirada.

El padre del rey de ahora se dio cuenta de que el abulense conocía sus puntos débiles y optó por un golpe blando que se convirtió en asalto al Congreso y tanques por Valencia para conseguir su objetivo: consolidar su monarquía.

El siguiente fracaso, y mundial, de los partidarios de la unidad del Reino fue protagonizado por Rajoy, con Sánchez dando tumbos, y también terminó costando el puesto al presidente, esta vez gallego.

Nueve minutos por TV un 3 de octubre le sirvieron a Felipe VI para desautorizar a Rajoy en toda regla y convertir a Sánchez en su marioneta.

El 2 de octubre anunciaba el del PSOE una moción contra la vicepresidenta Soraya por las patadas y los porrazos que las fuerzas represivas del Reino habían arreado a personas de todas las edades que solo pretendían votar en las urnas más valientes de la historia reciente.

Pero llegó el día 3 y, como jefe de la oposición con 89 escaños, “si he visto violencia del Estado no me acuerdo” porque debió sentirse muy importante cuando le hicieron llegar el texto que Felipe VI leería durante los nueve minutos a las nueve de ese día. Entonces Sánchez decidió ser mucho más ambicioso que valiente y ahora deja circular la especie de que intentó que el rey dijera también “consenso”, o algo parecido, pero que no le hicieron caso.

Mentira podrida del socialista, porque lo que todos recordamos, y esto es lo que vale, es que Sánchez salió la misma noche a defender el discurso del rey con más convicción que un tal “M. Rajoy”, de quien por fin sabemos su identidad gracias a las buenas artes de un abogado llamado Gonzalo Boye.

Tanto de las intrigas de Juan Carlos I contra Suárez, como de la declaración unilateral de su hijo contra millones de catalanes, el PSOE salió beneficiado.

No podría entenderse la crisis que ha estallado en los españolismos de izquierdas y de derechas sin aquel 3 de octubre de Felipe VI.

Felipe VI destrozó a Rajoy hasta el punto de que, tras el referéndum prohibido pero celebrado, ni se atrevió a convocar elecciones generales anticipadas para dar prioridad a la reconstrucción de la política a nivel estatal, también con unos catalanes que no habrían dejado de acudir a la renovación del Congreso, ni tampoco para disolvió para bloquear la posibilidad de que un gobierno apoyado por 159 escaños fuera derrotado por una moción de censura liderada por un grupo parlamentario con 89.

Aquel discurso de Felipe VI si ayudó, en cambio, a que Rajoy tomara dos decisiones que contribuyeron a su fracaso. Por una parte, la política de “tierra quemada” que implicaba el decreto para facilitar la huida de grandes empresas de Catalunya y que contó con la participación activa de Felipe VI. Por otra, el 155 y la convocatoria de elecciones autonómicas en diciembre de 2017, que se saldó con más escaños y más votos para los independentistas en el Parlament de Catalunya.

Alguien, y solo puede ser el gobierno de coalición progresista, debe vigilar a Felipe VI. Esta vez no se trata de acabar con un Suárez a quien, a fin de cuentas, él mismo rey había nombrado, ni de reanimar el “A por ellos” que acababa de ser derrotado en toda regla en una jornada gloriosa para la democracia de verdad, la que convoca a la voluntad popular como resultado de un compromiso electoral que debe cumplirse.

Felipe VI sabe, porque es de cajón, que la crisis del españolismo proporciona nuevas fuerzas a los independentistas, y eso no está dispuesto a consentirlo, sea cual sea el precio.

Si. El gobierno debería redoblar la vigilancia sobre los movimientos de Felipe VI, de muchos ex militares y de otros que siguen en activo y que a duras penas pueden disimular sus deseos de regreso al peor pasado.

Pero no es verdad que en España exista un gobierno que sea capaz de vigilar al rey, el mayor peligro para la democracia.

Me temo que solo podemos confiar en que el destino vuelva a confundir a los perdedores, y que el máximo perdedor sea el rey, porque saldría ganando la inmensa mayoría.

LA PESADA HERENCIA DE UNA FAMILIA REAL ROTA, POR M. GONZÁLEZ

Cuando Juan Carlos I abdicó, el 2 de junio de 2014, le dejó a su hijo Felipe dos títulos: el de jefe del Estado; y el de jefe de la Casa Real española, la dinastía de los Borbones. Por su primer cargo, el Rey debió lidiar con la ruptura del bipartidismo, que se había iniciado en las elecciones europeas del mes anterior y se prolongaría en un largo periodo de inestabilidad con cuatro elecciones generales en cinco años (2015-2019). Además, tuvo que enfrentarse al desafío independentista catalán e intervenir personalmente con su discurso del 3 de octubre de 2017.

Como cabeza de la dinastía, Felipe VI quiso pasar página a los escándalos que habían empañado la última etapa del reinado de su padre (especialmente el caso Nóos, por el que ya estaban imputados su cuñado Iñaki Urdangarin y su hermana Cristina de Borbón) con un paquete de medidas ejemplarizadoras: un severo régimen de incompatibilidades para los miembros de su familia; mayor transparencia en las cuentas de La Zarzuela, y la prohibición de aceptar regalos que excedan la pura cortesía. La más drástica fue recortar la Familia Real, que quedó reducida a los Reyes, sus dos hijas y los padres de Felipe VI, expulsando de su seno a las hermanas, cuñados y sobrinos del Rey.

Sin embargo, cuando el pasado martesEl Confidencial publicó que las infantas Elena y Cristina se habían vacunado de la covid aprovechando una visita a su padre, expatriado en Abu Dabi desde agosto, todas las miradas se volvieron hacia La Zarzuela. De nada sirvió que esta recordara que las hermanas de Felipe VI ya no forman parte de la Familia Real y que los Reyes y sus hijas no se han vacunado aún y solo lo harán cuando les corresponda por indicación de Sanidad.

La diferencia entre Familia Real (Reyes, padres e hijas) y familia del Rey (todos sus demás parientes) es demasiado sutil para que la asuman los españoles, que siguen asociando a las infantas Elena y Cristina con la Corona. Para colmo, la hermana mayor del Rey fue vista al día siguiente acudiendo a La Zarzuela. La Casa del Rey se apresuró a recordar que allí reside la madre de Elena, la reina Sofía, sin aclarar el motivo de la visita.

José Antonio Zarzalejos, autor del libro Felipe VI. Un Rey en la adversidadsubraya que “en el imaginario colectivo, las hermanas del Rey son miembros de la Familia Real y eso es muy difícil de cambiar”. Además, aunque estrictamente ya no formen parte de la misma, sí que están en el orden sucesorio de la Corona, ellas y sus hijos. “La única forma de que se desvinculen por completo es que renuncien a sus derechos dinásticos, por improbable que resulte que un día pudieran llegar a ejercerlos”, agrega.

En su opinión, la vacunación de las infantas ha sido una nueva “zancadilla”, voluntaria o no, a los esfuerzos del Rey por recuperar el prestigio de la institución por parte de personas que “no parecen tener conciencia de quiénes son”. Todo ello, concluye, con la dificultad añadida que supone la falta de comunicación en una “familia rota, desestructurada”, algunos de cuyos integrantes no se hablan y mantienen diferencias “que se han ido enquistando con los años”.

Fue la negativa de la infanta Cristina a renunciar a sus derechos dinásticos lo que llevó a Felipe VI a adoptar, en junio de 2015, la decisión más traumática tomada hasta entonces: retirarle el título de duquesa de Palma que le había otorgado su padre. Por su parte, la infanta Elena se distanció de Felipe VI por su decisión de excluirla de la Familia Real, lo que implicaba que ya no podría representar a la Corona en actos institucionales, y por el trato dispensado al rey emérito, de quien ella siempre fue la hija más cercana. Según personas que han trabajado en La Zarzuela, a ello se añade la separación de hecho desde hace décadas entre Juan Carlos I y la reina Sofía, y la más reciente de Felipe VI con su padre, a quien primero retiró la asignación anual de casi 200.000 euros que recibía del Estado y luego invitó a marcharse de España.

El comunicado de La Zarzuela del 15 de marzo de 2020 no solo sellaba la ruptura entre padre e hijo, con la renuncia a una hipotética herencia y el reconocimiento de que el rey emérito había montado una estructura financiera opaca en el extranjero a espaldas de Felipe VI, sino que dejaba al jefe del Estado fuera de juego. Solo 24 horas después de que se decretara el estado de alarma, el Rey tenía que salir al paso de sus problemas familiares en vez de dirigirse a un país confinado y acogotado por la pandemia, lo que haría tres días más tarde, el 18 de marzo.

En la carta en la que anunció su salida de España, Juan Carlos I alegaba que lo hacía para que su hijo pudiera ejercer como jefe del Estado “desde la tranquilidad y el sosiego”. Sin embargo, la sombra del rey emérito ha eclipsado desde entonces las actividades de Felipe VI y las noticias desde Abu Dabi arruinan todos los esfuerzos por restaurar el prestigio de la Monarquía.

Para Zarzalejos, las dos regularizaciones fiscales del rey emérito (por más de cinco millones de euros en conjunto) son un “arma de doble filo”; ya que pueden neutralizar una eventual querella por delito fiscal, pero suponen una confesión de plano de haber cometido fraude fiscal.

Frente a la idea de que alejar a Juan Carlos I de España era lo mejor para salvaguardar a la Monarquía, siete meses después empieza a calar el convencimiento de que su vuelta es el mal menor. Un regreso temporal, limitado a unos días, que desmintiera con hechos la especie de que Juan Carlos I está exiliado, según las fuentes consultadas. Para ello hace falta que miembros de la Familia Real o de la familia del Rey dejen de ser motivo de escándalo cada semana.

El País

En defensa de la ciencia. Juan Manuel Beltrán

En defensa de la ciencia

Desde que gigantes como Kepler, Galileo o Newton pusieron de manifiesto que una mente libre podía cambiar la concepción del mundo, al margen de las trabas de la religión y otros mitos, la humanidad ha recorrido un camino que, visto con la actual perspectiva, parece imposible.

El 5 de Julio de 1686, en las postrimerías del Siglo XVII, un gigante nos puso frente a un mundo desconocido y desde entonces hemos sido capaces de realizaciones que antes eran impensables. No hay una sola rama de la ciencia que no avance, se desarrolle y florezca para darnos la oportunidad de mejorar nuestras vidas. No se han dejado caminos sin explorar o puertas que no hayamos abierto, muchas veces aceptando enormes riesgos.

La última gran demostración de lo que la ciencia puede aportarnos la estamos experimentando ahora mismo, justo cuando estamos poniendo las primeras dosis de las vacunas del Covid-19. En un año, en tan solo un año, la ciencia nos ha dado la herramienta para solucionarnos la papeleta de una enfermedad que nos hubiera costado años de muertos hasta poder adaptarnos a su azote. Y al lado de las vacunas, la praxis médica también ha sido capaz de aprender y atajar caminos para que el virus no pueda destrozar nuestro organismo como solía. 12 meses de furia que nos han permitido constatar que la ciencia funciona y que la humanidad puede contar con ella para mejorar nuestras vidas.

Pero la ciencia necesita apoyo y necesita que todos, sin excepción, seamos conscientes de que debemos ser activos y exigentes con ese objetivo. A los políticos debemos pedirles dinero, estrategia, planificación y consenso para que el panorama de España en este campo cambie de forma radical y para siempre. Investigar en España es llorar y eso debe terminarse YA. Sin excusas. No podemos permitir que la ciencia siga como está en este momento: trabajadores en precario, sin recursos, sin planificación y sin el apoyo firme y decidido de todos los partidos. Hay que crear un plan que defina nuestra postura en los próximos 20 años y que sea aceptado y apoyado por todos los partidos sin excepción. No debe haber opción.

Y con respecto a los medios de comunicación: ¿De verdad no hay otra opción que dejar que imbecilidades como las que nos ha regalado Victoria Abril en la semana pasada, o Miguel Bosé antes que ella, ocupen páginas y minutos de atención? ¿Tan poca autoestima tienen sobre su importancia social? ¿Tan poco aprecio tienen por la capacidad de sus lectores, usuarios o espectadores? ¿No sería mejor dedicar ese tiempo, ese precioso espacio, a algo más ejemplarizante que los desvaríos de estos descerebrados? Personalmente, creo que un denso y espeso silencio sobre sus incontinentes bocazas sería mucho mejor para todos.

EL 8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA, LEVANTEMOS LA BANDERA DE LA EMANCIPACIÓN

La lucha de la mujer forma parte de la lucha de clases y así, cuando la correlación de fuerzas ha sido favorable a las capas populares, el feminismo ha conseguido derechos y avances en las condiciones materiales de vida de las mujeres. En el ciclo revolucionario de la primera parte del siglo pasado, que corresponde a la primera ola feminista se consiguió el derecho al aborto, el derecho al divorcio, al trabajo remunerado, al acceso a la educación, a la representación, al voto y un largo etcétera… en las épocas de retroceso de la lucha de clases, los esfuerzos y la lucha han de redoblarse para no perder lo conseguido y para seguir avanzando.

Este  8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora,  vivimos  una  crisis económica, profundizada por la crisis sanitaria del Covid-19 que golpea a la clase trabajadora  y con mayor dureza a la mujer trabajadora, su impacto en el empleo, en la salud, en la pobreza, en la migración y en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, es demoledor.

Esta situación nos empuja a prepararnos y organizarnos para luchar contra un sistema  que no solo nos explota y oprime  sino que también atenta contra nuestra vida, en sus ansias por un mayor beneficio. Las reflexiones de las feministas socialistas tienen vigencia en las democracias capitalistas del siglo XXI, cuando llamaban al movimiento de liberación de la mujer a no caer en la trampa de querer cambiar solamente su “pequeño mundo”, porque el movimiento de mujeres necesita reconstruir sus alianzas estratégicas y recuperar la bandera de la transformación social, para conquistar su emancipación y el fin de toda opresión.

Espreciso  que acabar con la tendencia, auspiciada por la ONU y los Organismos Internacionales, a considerar los problemas a los que se enfrentan las mujeres como un asunto de “derechos humanos” y a intentar priorizar las reformas legales como las herramientas básicas de la intervención de los gobiernos.  Esta tendencia nos impide desafiar el orden económico mundial que es la raíz de las nuevas formas de explotación que sufren las mujeres. La denuncia de la violencia contra las mujeres, no debe centrarse únicamente en la violencia física y la violación en el entorno doméstico…Porque el feminismo no puede ignorar la violencia inherente al proceso de acumulación capitalista, la violencia de las hambrunas, las guerras. El feminismo no se puede centrar únicamente en alcanzar la representación de las mujeres en todas  las esferas del capitalismo como forma de alcanzar la igualdad… El feminismo tiene que centrar su lucha en los problemas que tienen las mas explotadas y oprimidas, las mujeres de las capas populares que trabajan sin contrato o con contratos temporales por un salario que no cubre sus necesidades vitales, como consecuencia de las sucesivas reformas laborales que han precarizado el mercado laboral. Las inmigrantes que tienen que ganarse la vida en el sector informal de la economía por la injusta Ley de Extranjería que las considera ilegales. Las que lucha por una vivienda para construir su proyecto vital, por una educación publica y de calidad para que sus hijos puedan acceder a todos los recursos en igualdad de condiciones, y por una Sanidad Universal y gratuita….

Las organizaciones de base van creciendo y van coordinándose para construir una alternativa fuerte y numerosa   de lucha  por  las condiciones materiales enfrentándose  de manera decidida y combativa contra el sistema que las oprime y explota, tejiendo alianzas con el conjunto de su clase para conseguir avanzar hacia la emancipación

VIVA EL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Comisión Permanente de Federación de Republicanos (RPS)

Tres monarquías y cero repúblicas en un Glosario de 4º de ESO de Santillana. Domingo Sanz

Muchas personas de las que cursamos hasta “Preu” durante la dictadura supimos poco después que aquellos libros de texto, especialmente los de Historia, estaban tan llenos de mentiras que, si se celebrara un campeonato mundial de “fakes” del pasado, el Reino de España ganaría por goleada.

Supimos también que, si aquellos libros de texto hubieran intentado respetar la verdad, tal como les obligaba la pedagogía, habrían tenido que denunciar al DEMAEHE (1) y demás asesinos que gobernaban, pero ningún mortal tira piedras sobre su tejado de manera consciente. Ni tampoco ignora que está mintiendo cuando miente.

Y quienes solo buscaban sobrevivir escribiendo educativos tampoco podían colar ni micro verdades que molestaran arriba, pues la censura, además de borrarlas, terminaría abriendo ficha fatal a los autores de tales valentías.

¿Se imagina usted a alguien incluyendo en un libro de texto del franquismo algo parecido a lo de la nieta que se va al extranjero “como su abuelo”, ese pie de pantalla en TVE que tanto revuelo ocasionó hace unos días? Seguro que aquel sería despedido de su trabajo. Entre paréntesis, haga usted como si no hubiera leído esto, o le acusarán de no creer en las virtudes de la Transición.

Continuó la vida hasta conseguir la muerte natural de quien nunca debería haber nacido, pero a nadie le preocuparon las consecuencias a largo plazo de aquellas décadas de mentiras en las aulas porque, con el cambio de titular en la Jefatura del Estado, es decir, sin ruptura que limpiara la basura acumulada, a la sociedad le pareció que sería suficiente para entrar en el paraíso.

Y de repente, 40 años después de aquella ilusión, aparecen en los digitales una serie de trabajos muy bien documentados en los que se denuncia que algunos de los contenidos de Historia que se imparten en ESO y Bachillerato son más que discutibles.

Sorprendido ante lo que leo, pregunto a mi alrededor. Todos tenemos cerca “contactos estrechos” que están en la edad de todo por descubrir y constituye una maldad imperdonable ocultarles las verdades importantes.

Reenvío uno de esos buenos artículos, lo lee la destinataria, profesora de Instituto y también madre de estudiante, y lo primero que me responde es que, a su hija, de 16 recién cumplidos, le ha dicho la profe de Historia que este curso les dará tiempo a estudiar el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia, pero nada de España desde la II República en adelante.

Tal cosa sería una casualidad si no fuera porque es una de las malas costumbres, ¿o las llamamos cobardías?, más extendidas de entre las que, más allá de los libros, denuncian los analistas de la realidad educativa.

Me enfado con mi propio pasado, pero, para saber lo que su hija y muchos miles se perderán este curso, decido pedirle el libro de Historia a quien será mal educada por el sistema de “democracia plena” de la que tanto presumen los presidentes de los sucesivos gobiernos del Reino de España, aunque todos ellos han contribuido decisivamente a censurar por anticipado los contenidos educativos.

¿Cómo?

Mediante la ocultación activa de detalles decisivos de la historia al mantener vigente una Ley de Secretos tan franquista por su origen como la no menor de Sucesión de 1947, y ambas vigentes, aunque esta última disfrazada dentro de la Constitución. 

El libro que utiliza, y que me ha servido para entrecomillar párrafos y sacar conclusiones, es el de Historia Universal de 4º curso de la ESO de Santillana (2) que abarca los siglos XIX, XX y XXI. También accede al libro a través de Internet, pero no parece que la famosa editorial aproveche la ventaja de poder ahorrar las siempre costosas reimpresiones en papel para actualizar contenidos y corregir errores con las versiones On Line.

Pero concretemos.

Antes del Glosario que aparece en las últimas páginas y que por méritos propios ha conquistado el título de este artículo, me paro en la página 315, una de las dos que corresponden a “La consolidación del régimen y el desarrollismo (1950-1973)”. El último párrafo dice que “En 1969 Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de rey”, un hecho cierto.

Pero es una verdad insuficiente porque en las dos páginas anteriores, las del capítulo titulado “Los primeros años del franquismo (1939-1949)”, Santillana no dice que en 1947 el DEMAEHE ordenó aprobar la antes citada “Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado” que, insisto, la Constitución actual incorporó a su título II en lo fundamental, la forma monárquica del Estado (3), hasta el punto de que aquellos a quienes recordamos como “padres de…”, ni siquiera tuvieron la decencia de negarse a incluir el nombre propio “Juan Carlos I de Borbón” en su articulado, el 57.1, pues ninguna ley de ámbito general debe mencionar a personas en particular, todas tan vulnerables y ésta más, a las tentaciones de la vida. Resulta evidente que los franquistas que se apuntaron a vivir también de la Constitución exigieron blindar, y al precio que fuera, la condición de que el nuevo jefe del Estado fuera el mismo que el DEMAEHE había nombrado en 1969 en aplicación de su ley de 1947.

También debería figurar en los libros de texto el hecho de que a Juan Carlos de Borbón lo enviara a España su padre, y no por casualidad el mismo año de la ley citada, 1947, para que el DEMAEHE se encargara de su educación. ¡¡Un niño de 9 años tutelado por semejante asesino!! ¿No le parece a usted que los adolescentes españoles de 15 y 16 años deben conocer este detalle sobre un rey de quien ya se sabían sus vicios, y también muchos de sus “incivismos” (reciente aportación de Pedro Sánchez a la historia mundial del cinismo) cuando el libro, en 2016, fue editado?

Todos estos hechos no pueden faltar en los libros de texto, pues son decisivos para explicar nuestro pasado, y también para certificar que la monarquía española es única entre las que quedan en Europa por su perfecto entendimiento con las soluciones políticas basadas en Estados criminales gobernados por dictadores.

Hay ausencias notables en los libros de texto, pero también descripciones aparentemente objetivas de hechos que, en realidad, deberían presentarse destacando el debate histórico que sigue vivo, porque ese enfoque tiene mucho más valor educativo que tomar partido por cualquiera de los relatos que se enfrentan.

Por ejemplo, en la página 313 leo lo siguiente: “Una vez acabada la guerra (mundial), las potencias vencedoras intentaron provocar la caída del franquismo. Para ello, aislaron internacionalmente a España: no fue admitida en la ONU, casi todos los países retiraron sus embajadores y Francia cerró la frontera con España”.

No me parece correcto decir a los alumnos de 4º de ESO que “las potencias vencedoras intentaron provocar la caída del franquismo”.

Santillana hubiera respetado mejor la verdad diciendo que “las potencias vencedoras aislaron durante un tiempo al régimen franquista, pero no quisieron provocar su caída” pues, de haberla “intentado” el envío de la División Azul al servicio de Hitler hubiera sido motivo suficiente para incluir a España entre los derrotados y tomar su control previa expulsión del DEMAEHE. A bien seguro que, en 1945, un ultimátum de 30 días al golpista del 18 de julio para que buscara refugio en algún Abu Dabi particular le hubieran ahorrado a España 30 años de dictadura y otros 45 de monarquía postfranquista.

También desmiente la afirmación de Santillana el hecho de que, solo ocho años después de iniciar el “aislamiento internacional”, USA firmó los acuerdos bilaterales con España, que seguía siendo la peor dictadura de Europa.

Ofende tener que recordar a Machado también hoy, pero si en un país existen dos, siempre gana el mismo empleando la violencia y la desgracia colectiva solo se relaja cuando el tiempo termina descartando el formato miedo por inútil incluso para sobrevivir, la educación no puede mantener en sus textos la versión interesada de un DEMAEHE y de sus herederos que, aunque todos niegan esa condición, muchas de sus decisiones demuestran que, en mayor o menor medida, la comparten.

Por eso, en España, los libros de texto deben dar la palabra a las dos versiones de tantos hechos que seguirán siendo irreconciliables mientras rija la citada Ley de Secretos Oficiales. Si se hubiera derogado, muchos periodistas habrían escrito verdades en lugar de especulaciones y los libros habrían enseñado más certezas, además de corregir párrafos que solo son conveniencias.

“Todo eso lo explican bien los profesores durante el curso” me contestaría cualquier portavoz de Santillana para eludir su responsabilidad, pero yo me pregunto si se sorprenderá cuando le cuente lo de la profe que, como muchos a lo largo de décadas, siempre recortan en cada curso los contenidos que pueden crear situaciones “incómodas” y que causalmente, para no ironizar, siempre hablan de España.

Y así regresamos al título, algo que no puede ser un error ni tiene perdón, pero que a nadie le costará el puesto, aunque a simple vista sea mucho más grave que lo de la risa de un día con lo de “como su abuelo”. Entre otras cosas, porque esto ha pasado, pasa y seguirá pasando por las manos de millones de estudiantes.

El Glosario del libro de Historia de 4º curso de ESO de Santillana consiste en cuatro páginas, de la 348 a la 351, con 108 términos entre los que figuran “anarquismo”, “carlismo”, “cartismo”, con “t”, y “Duma”, por citar 4 ejemplos.

También incluye, entre los 108, tres clases de monarquías, la “absoluta”, la “constitucional” y la “parlamentaria”, unas diferencias que se van desdibujando con el paso del tiempo. Pero si se trataba de crear muchos epígrafes bajo esa forma de Estado, incluir el de “monarquía corrupta” estaría justificado, y más tratándose del Reino de España.

Pero llego a la letra R, ya en la página 351, y descubro que de “Regeneracionismo” pasa a “Restauración”, y compruebo que República no aparece entre ambos, ni tampoco, por error de ubicación, en ningún otro lugar del Glosario.

Consulto en Internet, por si no soy consciente del mundo donde vivo, y los sitios más consultados hablan de unas 40 monarquías y 100 repúblicas en todo el mundo, por lo que predomina, con mucha diferencia, el modelo de Estado que Santillana ignora en su Glosario.

En este momento lo que me pregunto es si, tratándose de un libro de texto editado en 2016, pero vigente y disponible en versión On Line, es posible que nadie haya reparado en la ausencia del término República en el Glosario, sin duda consciente, aunque jamás lo reconocerán, pues los libros de texto son minuciosamente revisados antes de imprimirlos, y si, habiendo reparado alguien en ello, no lo hubiera comunicado a Santillana porque, lo que también es cierto, y más deprimente si cabe, es que la editorial tampoco se ha tomado la “molestia” de incluir “República” en la versión On Line del libro.

La muy monárquica Editorial Santillana, con tal de que el término República no aparezca en su Glosario no vaya a ser que millones de estudiantes se declaren en huelga de hambre hasta que se proclame, ni siquiera se atreve a incluir una con el apellido “bananera” que los políticos españoles, casi todos defensores de la Monarquía restaurada en 1947 y disfrazada después, nunca dejan de añadir cuando las circunstancias les obligan a pronunciar el nombre de un modelo de Estado al que desprecian tanto como a las víctimas que perdieron la guerra civil, henchidos de una maldad con la que aún envenenan contenidos y decisiones importantes en el sistema educativo.

Intentaremos consolarnos con Antonio Maestre, quien escribe hoy “bananera” para referirse a la monarquía que encabeza Felipe VI.

Mientras tanto, y tal como decía al principio, ningún mortal tira piedras sobre su tejado de manera consciente.

Por eso, porque es una Monarquía objetivamente restaurada por el DEMAEHE, este país lleva cuatro décadas incapaz de reflejar en sus libros de texto la verdad de su historia reciente. Tendría que hablar fatal de sí mismo, porque la tan cacareada Transición sin ruptura ha demostrado ser un fracaso total.

Las consecuencias del adoctrinamiento a favor de determinadas ignorancias practicado por el Reino de España son gravísimas e irreparables a corto plazo. Si se hubiera contado la historia tal como ha sido, millones de estudiantes pertenecientes a familias franquistas, pero con la mente abierta propia de la edad, habrían comentado entre ellos, y algunos también con sus familias, que los profesores les estaban diciendo cosas que nada tenían que ver con lo que ellos, sus padres, les contaban.

No resulta atrevido afirmar que, con una educación que hubiera enseñado las verdades de nuestra historia a millones de alumnos, y las dos versiones cuando las hubiera, estimulado por tanto ese espíritu crítico que uno de los objetivos que obligan al proceso educativo, el número de fascistas de la generación de los Casado y Abascal sería mucho menor. Ambos cursaron la Enseñanza Media durante los años 90 y, si no ellos dos por recalcitrantes reaccionarios que lo son sin remedio, es probable que un ambiente sin tabúes ni limitaciones en las aulas hubiera podido aconsejarles que pensaran en buscar un futuro quizás fuera de la política, donde la crispación que provocan y las amenazas que vierten contra la convivencia están siendo el pan de cada día.

Procede reparar también en el hecho de que, siendo el PP, Vox y Ciudadanos, los partidos más radicales contra los nacionalismos periféricos y que, en buena lógica, deberían concentrar los votos no nacionalistas en el País Vasco y Catalunya, sean precisamente en esas CC.AA. donde menos porcentajes suman, entre los tres, en comparación con cualquier otra de España.

Todo hace pensar que el supuesto “adoctrinamiento” practicado en las aulas de Catalunya y País Vasco ha elevado una excelente barricada intelectual y política contra la proliferación de un neofascismo que se seguirá llenando la boca de Constitución mientras no cambie la forma de Estado.

(1)  DEMAEHE son las iniciales del Despreciable Español Mayor Asesino de Españoles de la Historia de España, un acrónimo para definir a quien se lo ganó a base de violencia extrema y armada y que emplearé en recuerdo de tantos millones que se tuvieron que tragar las ganas de llamarlo por sus crueldades.

(2)  Es muy probable que Jesús de Polanco no hubiera podido construir su imperio sin el inmenso pelotazo, ilegalmente oculto a su competencia, que consiguió dar durante la dictadura. La nueva normativa sobre los libros de texto se había publicado en septiembre de 1970, pero con orden de entrada en vigor para el curso que comenzaba ese mismo mes, algo que resultaba imposible de cumplir… salvo para él, que conocía su contenido al margen de la ley y que, por tanto, tenía los libros listos para distribuir. Aquel delito, que quedó sin castigo, le permitió dominar de la noche a la mañana el mercado educativo en España, pues antes de eso Santillana solo era una editorial más y menor. Para consolidar negocios ilegales como aquel, el gobierno de Suárez aprobó en 1977 una amnistía, esta vez fiscal, otro mérito de una “Transición ejemplar”.  

(3)  Por si alguien se ofende con lo de la continuidad de la Ley de Sucesión de 1947 en el Título II de la Constitución debo recordar que la frase “de la ley a la ley” sigue siendo empleada por los defensores del “pacto constitucional” para presumir de una Transición a la que le robaron el derecho a romper con el pasado para derrotarlo de verdad y poder recordarlo sin miedo a que regresara. Mientras, esos mismos siguen siendo tan cobardes que no reconocen que, sin Monarquía, lo más probable es de que toda la ETA, y no solo la que formó EE para terminar integrada en el PSOE, hubiera dejado las armas tras perder el apoyo social de que gozaba en Euzkadi durante los años 70 y 80 del siglo pasado.

Concentración por una “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

Desde la PAH una vez conocida la intención del Gobierno de la presentación inminente de una Ley de Vivienda Estatal, se hizo un llamamiento a la sociedad civil, sindicatos, organizaciones del tercer sector y distintos colectivos, a la que han dado respuesta más de 50 de ellos de muchas partes del Estado a la cual también se ha sumado el Colectivo Republicano Antonio Machado. Todo ello ha dado como resultado la elaboración de la “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

Esta Iniciativa ha elaborado un manifiesto conjuntamente que presentaremos en Segovia el próximo día 3 de Marzo, a las 11:00h en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento.

#IniciativaLeyVivienda

Se te acabaron los cuentos, Sherezade. Aníbal Malvar

QUÉ FUE DE "EL CAMPECHANO"? | El Cadenazo

Los periódicos son librillos de historia escritos sin tiempo para pensar. O deberían. Si por La Razón fuera, dentro de unos siglos los estudiantes de Historia de España se estarán devanando el cacumen para analizar las razones por las que Pablo Iglesias exige capacidad de veto (sic) en la conformación del Consejo General del Poder Judicial. Y dejando de lado un acontecimiento secundario sobre no sé qué millones despistados de un tal Juan Carlos I, ese rey del que usted me habla, pues solo alcanza rango de segunda noticia en el diario que dirige desde las teles Francisco Marhuenda.

El Mundo también lo había planificado así, pues en su primera edición la portada nos destacaba que “Casado rompe con Sánchez para evitar las imposiciones de Iglesias”, y solo en el faldón informaba de que “Juan Carlos I regulariza solo cinco de 12 años de viajes en jet privado”. Se corrigió a tiempo Francisco Rosell en segunda edición, pues aquí ya sí nuestro emérito alcanza el cartel de prima donna en las noticias del día.

Los periódicos son librillos de historia escritos sin tiempo para pensar. O deberían. Si por La Razón fuera, dentro de unos siglos los estudiantes de Historia de España se estarán devanando el cacumen para analizar las razones por las que Pablo Iglesias exige capacidad de veto (sic) en la conformación del Consejo General del Poder Judicial. Y dejando de lado un acontecimiento secundario sobre no sé qué millones despistados de un tal Juan Carlos I, ese rey del que usted me habla, pues solo alcanza rango de segunda noticia en el diario que dirige desde las teles Francisco Marhuenda.

El Mundo también lo había planificado así, pues en su primera edición la portada nos destacaba que “Casado rompe con Sánchez para evitar las imposiciones de Iglesias”, y solo en el faldón informaba de que “Juan Carlos I regulariza solo cinco de 12 años de viajes en jet privado”. Se corrigió a tiempo Francisco Rosell en segunda edición, pues aquí ya sí nuestro emérito alcanza el cartel de prima donna en las noticias del día.

El daño reputacional que todas estas revelaciones están haciendo a la prensa española es irreversible. Y no es que los periodistas gozáramos de gran prestigio antes del borbonazo. Pero hoy ya podemos ser tildados sin aspaviento de colectivo incapaz o mentiroso, a elección del consumidor.

Poca credibilidad le queda al sector monárquico de la profesión para convencernos ahora de la honestidad del heredero, un Felipe VI que se encuentra en la misma tesitura que sus panegiristas. Si no sabía nada de las andanzas peseteras de su papi, teniendo a sus pies uno de los más loados servicios de inteligencia del planeta, poco margen le queda para convencernos de que está capacitado para asumir la jefatura del Estado.

En la otra cara de la moneda opaca, no olvidemos que Felipe VI era beneficiario de una de esas herencias turbias, al menos. La off shore Lucum, cuya existencia, como sabéis, hubo de ser desvelada por un diario británico, The Telegraph. Siempre la pérfida Albión.

Cuesta creer que tampoco supiera nada el nuevo monarca de esas tarjetas black que sus hermanas y sobrinos manejaban con soltura por los cortes ingleses de Madrid, a dos tiros de piedra de los espías de Zarzuela. Sobre todo con los antecedentes familiares que ya había sufrido en carnes propias. Desde que estallara el caso Urdangarin, nuestro rubio ex príncipe tenía el deber de vivir con la mosca detrás de la oreja.

Se le han terminado las historias a Sherezade. Hemos nacido, hemos crecido y moriremos en una monarquía parlamentaria corrupta. Y así deberíamos hacerlo constar, incluso con orgullo, en nuestra sacrosanta e inmarcesible Constitución. Y, si queréis estar informados, idos a vivir a Inglaterra, que es lo que tiene que concluir un buen patriota en estos casos.

https://blogs.publico.es/repartidor/2021/02/27/se-te-acabaron-los-cuentos-sherezade/

Jaime del Burgo Torres, de Jefe de Requetés a censor franquista. Víctor Moreno

del burgo

Jaime del Burgo (1912-2005) era hijo de Eusebio del Burgo Pascual y Paula Torres Jacoisti, naturales de Pamplona. En los años 20, el padre fue emigrante en México, curtiéndose como militante católico participando en las filas de los “cristeros”, donde la ciudadanía, acuciada por la obispada mexicana, se opuso a las reformas laicas de la Constitución impulsada por el presidente Calles, a finales de los años veinte (1926-1929).

Eusebio del Burgo regresó a España en 1930. Su hijo estudió Perito Mercantil en la Escuela de Comercio de Pamplona. Sería al final de la guerra cuando obtuvo el título de profesor mercantil en Bilbao. Casó con Mercedes Tajadura Goñi el 12 de febrero de 1939, con quien tuvo tres hijos. Uno de ellos, Jaime Ignacio, presidente de la Diputación Foral de Navarra (1979-1980 y 1984).

Este artículo responde al hecho de que uno de sus nieto, Arturo, hijo de Jaime Ignacio, presentó una querella contra el historiador Fernando Mikelarena por considerar que este había injuriado al abuelo. Para que los lectores de Nuevatribuna conozcan cuáles eran las ideas y los hechos que adornaron la vida del supuesto agraviado Jaime del Burgo Torres va dirigido este trabajo. Ya es triste constatarlo, pero parece que la única manera de saber de este Del Burgo es gracias a las querellas entabladas por su hijo y, ahora su nieto, contra historiadores y pintores. Y siempre exigiendo respeto al honor del paterfamilias. Se diría que esa es la única manera que tienen sus herederos de volver a la palestra a quien fuera jefe de requetés de Navarra y gran censor cultural, que no “caballero andante de la cultura”, como pretenciosamente se le quiso reivindicar en tiempos pasados.

Lo primero que me gustaría advertir es que nunca se comprenderá que los nietos y los hijos salgan a la palestra a defender el honor de sus antepasados negando la épica en la que estos se basaron para construir su currículo y del cual se sentían la mar de orgullosos.

Pocos gerifaltes del fascismo y del franquismo lamentaron sus hechos, bárbaros, crueles, incluso criminales, mientras vivieron; al contrario, no solo se pavonearon de ellos, sino que, para escarnio de sus víctimas, los utilizaron para ocupar cargos y sinecuras a los que nunca hubieron accedido sin esa catarata de enormidades que una ética de andar por casa jamás les habría consentido. Ni en tiempos de guerra, ni de bonanza. Dar golpes de Estado o alentarlos para cambiar un gobierno, legítimo y democrático, solo es propio de fascistas o de militaristas africanistas.

De ahí que el silencio de los hijos y de los nietos debería ser una obligación moral que ninguno de ellos debería traspasar. Pues lo más habitual en estos casos es que el muerto se revuelva en su tumba y grite desaforado: “¿Por qué no me dejáis en paz?”.

¿Ningún reconocimiento público?

Hace unos años, un cargo institucional navarro se preguntaba por qué siendo este Jaime del Burgo “uno de los hombres que más han contribuido a la historia de Navarra”, no ha recibido como historiador, novelista, dramaturgo y poeta, ningún reconocimiento público.

A lo que podría aducirse una explicación muy sencilla.

Políticamente, el citado Jaime del Burgo es una figura que produce cierta repugnancia. Habría que verificar si esta afección le corresponde por méritos propios o solo es consecuencia de los prejuicios ideológicos que él se creó a lo largo de los tiempos con relación a su hosca figura y a la que habría que la general antipatía añadida por la trayectoria política del hijo, Jaime Ignacio, recientemente coronada por su relación con el caso Bárcenas, que era ya lo que le faltaba a la familia.

Literariamente. Entiendo que su obra -novelas, dramas y poesía-, no aporta ninguna originalidad estética. Sus novelas son una instrumentación política de la literatura a la causa carlista, cuyos personajes habituales son de una pieza, de cartón piedra o como pedazo tosco de hormigón, es decir, sin matices y sin variedad en el frente. Carlistas de muy buen corazón, llenos de fe y comprometidos hasta la muerte con Dios, la Patria, los Fueros y su Rey Carlos VII. Con su pan se lo coman. Se les ve demasiado el requeté.

Históricamente, en su libro Historia de NavarraLa lucha por la libertad (1978), del Burgo se tomará la licencia de criticar a los nuevos historiadores porque, según dice, su metodología “desemboca en la utilización de la historia como instrumento de propaganda política, tan en boga hoy en día en la España de las autonomías”, aquella “charlotada de país”, que decía Aznar.

Tiene ironía la admonición. Como si la historia escrita por del Burgo no estuviera atravesada por su sumisión al legado carlista del que es incapaz de salir. Nadie está obligado a dar una versión objetiva de la historia, porque eso es desiderátum imposible, pero, al menos, convendría no presumir de lo que se carece. Acusar de la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, es mucho más que presbicia o anteojera histórica. Del Burgo se vio radicalmente incapacitado, no para contar la verdad de los carlistas, que lo hace muy bien, sino la otra verdad, la que pertenecía a quienes tenían otra idea de la vida, de la justicia, de la sociedad, de la economía, incluso, de la religión. Del Burgo nunca toleró la existencia de los rojos; decir que los respetó, sería un sarcasmo.

El mismo, en una de sus pocas confesiones con las que podríamos estar de acuerdo, reconocería en unos versos (o lo que fueran), recogido en su poemario En Pos… que “el joven poeta sabe que su vida discurre a contracorriente y por ello sufre al verse colocado / en un siglo distinto del dorado siglo de poesía y de aventura”. En efecto. Del Burgo se equivocó de siglo. Hubiera disfrutado mucho más como subalterno de Zumalacárregui llevándole el zacuto de comer.

En Conspiración y guerra civil (1970), una vez que el hombre le va viendo las orejas al lobo, aboga por “aprobar la asignatura de la historia y no abrir viejas heridas casi cicatrizadas”. Patética estampa. Que lo diga un individuo que se pasó media vida alentando a sus requetés para abrir heridas en las venas de más de 3000 familias navarras, suena a sarcasmo. Como se dice en plan coloquial: “A buenas horas, mangas verdes”. ¡Heridas casi cicatrizadas! ¿La de quiénes? Es muy fácil apelar a esta cauterización, exigiendo olvidar las mamarrachadas que uno hizo en vida. A fin y al cabo, del Burgo fue del club de los verdugos y empatizar con las víctimas nunca se le dio bien, de hecho no lo hizo públicamente mientras vivió.  Diré de pasada, y como puede apreciarse, el autor dedicó uno de estos ejemplares a Sixto de Borbón de Parma.

Al contrario, en una entrevista que aparecida en el extinto periódico Navarra Hoy, el 18 de mayo de 1986, no mostraba ningún arrepentimiento al respecto. Todo lo contrario, seguía culpando a la República de lo sucedido.

Tanto él como su hijo Jaime Ignacio jamás tuvieron ese gesto de presentar una disculpa a la sociedad navarra por su innegable responsabilidad al apoyar la preparación del Golpe en Navarra y, en especial, por las matanzas que luego se sucedieron en los comienzos de la contienda debido a sus bélicos discursos alentando la matanza de rojos como si fueran garrapatas.

En este sentido, no parece que, por este lado, del Burgo padre se mereciese un reconocimiento. Más bien, lo contrario.

En cuanto a la desafección de la ciudadanía de Navarra durante la transacción democrática, es bastante lógica. Del Burgo, ni a título póstumo, ni con carácter retroactivo, es una figura compatible con la democracia, contra la que él, no solo motejó e insultó, sino que persiguió con armas y pertrechos. Como buen carlista fanático, jamás estuvo a favor de la democracia, ni del sufragio universal.

El problema no está en que del Burgo sea bueno o mal historiador. Nadie podrá negar su dedicación a la investigación histórica con entusiasmo y su aportación al destape de cantidad de hechos desconocidos de figuras carlistas, de algunos de ellos delatando su propia barbarie y revolviéndose de gusto en ella. No. El problema está en que su ideología a lo largo de la vida fue siempre la misma ideología que alimentó el golpismo y la misma ideología con la que accedió a las balaustradas del poder, pues sin ellas no hubiera sido nada. A lo sumo, un oscuro profesor mercantil en una ciudad de provincias.

Reconocimientos públicos

Sin duda alguna, la sociedad navarra, la que empezó a ver los primeros frutos de la democracia a partir de 1978, jamás le tributó un homenaje aunque algunos lo pretendieran presentando su candidatura como Premio Príncipe de Viana. No cayó esa breva. Hubiera sido un baldón ignominioso contra las víctimas de la guerra civil, por mucha aportación a la historia de Navarra que tenga en su haber el nominado.

Conviene recordar que, desde 1939 hasta bien entrados los años 80, fue uno de los personajes que más cargos institucionales acumuló durante ese tiempo, accediendo a ellos manu militari.

Veamos.

– Fue Consejero Permanente de la Institución Príncipe de VianaDirector de la Biblioteca General de Navarra, 1939-1982;

-Teniente-alcalde del Ayuntamiento de Pamplona de octubre de 1942 a diciembre de 1944;

– Delegado provincial de Comunicaciones y Transportes (Marzo de 1943);

– Ocupó la Vicesecretaría de Educación Popular de Falange Española Tradicionalista y del las JONS (agosto de 1943):

– Consejero Nacional del Movimiento Vicepresidente del Real Consejo del Reino de Navarra de la Comunión Católico-Monárquica (carloctavista) (agosto de 1945);

– Delegado Provincial del Ministerio de Información y Turismo (1950-1964);

-Director de Turismo, Bibliotecas y Cultura Popular de la Diputación Foral de Navarra (1964-1982);

– Académico de la Real Academia de la Historia;

– Procurador en Cortes (1958-1964):

– Premio Nacional de Literatura (1967)

Y pudo haber sido ser gobernador civil de Lérida y de Lugo, pero rechazó la oferta.

Desde luego, no conozco ninguna figura pública navarra que obtuviera tantos cargos a lo largo de su vida.

Y por hacer y decir, ¿qué?

Es una evidencia que su importancia ha ido menguando y, si no fuera por “ciertos hechos” protagonizados por su hijo y, ahora, por su nieto, ya nadie se acordaría de él. ¿Leerlo? Sigue siendo una fuente para conocer la deriva de cierto carlismo. Pero sigue siendo un personaje escapado de la tercera guerra carlista de 1872 o, lo que es lo mismo, de un incendio incontrolable.

Atribuir a prejuicios ideológicos y políticos la causa de su olvido es una de las explicaciones a las que se recurre, pues, como es habitual, las izquierdas no leen a las derechas, ni las derechas a las izquierdas. Lo que interesa en este caso es comprobar si los prejuicios ideológicos que se sienten hacia del Burgo son consistentes o no. 

Para saberlo, sería necesario conocer sus hechos, que él caracterizaba como épicos y sus dichos/ideas, que tenía como la biblia del requeté

Hagamos esta aproximación. Para ello, distinguiré dos momentos: los hechos y dichos ubicados en el contexto de la República y la guerra; y los que tuvieron lugar una vez que se acomodó en las poltronas que le fue ofreciendo el régimen franquista.

Los más condescendientes con su figura pretenden salvar el honor de del Burgo  diciendo que fue “un joven comprometido de manera coherente con la causa carlista”. Y, claro, ser coherente debe ser algo formidable para pasar a la historia. ¿Acaso no lo eran, también, los socialistas contra los que él luchó a degüello? Seamos serios. La coherencia no nos salva de ser unos desalmados, sobre todo, si se es coherente con una mierda de pensamiento fascista. Ser coherente no es garantía de nada. De hecho, ¿a dónde le condujo a del Burgo ser coherente con el carlismo? ¿A que más de las tres cuartas partes de Navarra lo odiase o, nada más escuchar su nombre, a escupir sobre sus significantes?

Hitler, Franco, Mussolini y Stalin, también, fueron coherentes. Y así pasó. Así que intentemos ser un poco más precisos y preguntemos: ¿Con qué fue coherente del Burgo? ¿Con su pensamiento?

Entonces, veamos algunas de las ideas con las que fue coherente y deduzca el lector sus conclusiones.

Durante la II República

Desde 1930, ya era presidente la A.E.T. La a.e.t. era una organización que, según sus palabras, “además de recoger a la masa estudiantil carlista, encubría, bajo la denominación de socios protectores, a la mayor parte de los requetés de Pamplona, que bajo la bandera de la AET organizaban sus excursiones militares”. En este órgano de expresión, siempre escrito a.e.et., se pueden entresacar algunos de sus más piadosos pensamiento, que, con el tiempo, serían, ¡cómo no!, fruto de la fogosidad juvenil. Son fragmentos pertenecientes a artículos que también los publicaría en El Pensamiento Navarro.

a) “Cuando se crucifica la vida en esa cruz odiosa que engendran las dictaduras prolongadas de todos matices, es entonces cuando el espíritu de la gente joven debe ser un oleaje de pensamiento y de sangre, que venga a barrer de una manera definitiva, la causa del mal, desde sus más hondas raigambres” (artículo de Del Burgo, presentado como Presidente de la AET de Pamplona  en el número 1 de a.e.t. se publicaba el 26 de enero de 1934)

b) «¡Pamploneses, ciudadanos todos! ¡Ha llegado el momento de obrar por nuestra cuenta! Que la Justicia en España está hoy en contra del Bien. Los infortunados Lorca y Oricain es posible que no sean las últimas víctimas del odio de clase que se alimenta en las Casas del Pueblo. Quizá alguno de nosotros caiga también en el proceso de esta lucha. Pero seamos hombres, y sepamos vengar al caído, aunque sea haciendo poner por todo un año a los socialistas crespones de luto en sus centros. Porque contra esos, cualquier procedimiento es bueno: la bomba, el puñal y el incendio. A los parásitos se les destruye y se queman sus restos» (Jaime del Burgo en el número 13 de la revista a.e.t. de 20 de abril).

c) “Pudimos convencernos [de] que ha llegado el momento de actuar […]. Ha llegado un periodo de caza del hombre por el hombre, y en este deporte singular, preferible es ser cazador que cazado. Para eso, no hay que asustarse de nada. Ni de las amenazas de los indeseables, ni de las represalias de la autoridad, pues nunca nos cansaremos de repetir, que la persecución enaltece y honra cuando viene de ese lado. Mucha prudencia para no ser muertos por la espalda, y decisión en la lucha frente a frente. Pero siempre utilizando las mismas armas que el enemigo. El 1º de Mayo pasado debe servirnos de lección, para comprender que está empeñado un juego muy peligroso que debemos ganar» (Jaime del Burgo en el número 15 de a.e.t. de 4 de mayo de 1934).

Y de este modo podríamos seguir, si no hasta el infinito, sí hasta aburrir al más paciente de los lectores.

Hechos

Los méritos militantes adquiridos por del Burgo los comenzó a pulir durante la II República, donde no hubo día que no conspirase contra ella. En su libro autobiográfico, admite que ya en la primavera de 1931manejaba un buen arsenal de armas haciendo puntería para cuando llegase la hora.

El domingo del 17 de abril de 1932, la prensa lo contempla como protagonista principal en los incidentes de una lucha callejera, que terminarían en un tiroteo donde murieron dos ugetistas y un jaimista, además de ser heridas gravemente tres personas. Y ojo al dato, porque del Burgo cuenta tan sólo con 19 años.

Sería procesado y encarcelado durante nueve meses por su participación la primera estructura paramilitar de los Decurias, denominadas las Decurias, en 1932 y 1933.

Queda patente su participación más que notable como dirigente requeté en maniobras militares en los montes de Maquirriain, Ezcabarte, Mendillorri, Sierra Andía, Izaga y Urbasa, desde 1934 a 1936. En el libro Requetés… se hará constancia de estas actividades incluyendo fotografías, como la que se reproduce, en la que aparece del Burgo y Miguel Ángel Astiz, otro requeté de pro.

El 20 de julio de 1934, junto con otros requetés viajará a Italia, donde recibieron instrucción militar en julio y agosto en un campamento cercano a Roma por parte de militares del régimen fascista de Mussolini. Aunque en el futuro más inmediato se negará este hecho lo cierto es que el propio del Burgo, quien, ciertamente, no tenía pelos en las encías a la hora de contar sus bravuconadas de esta época de su vida, jamás lo desmentiría. Esto es lo bueno para un historiador: encontrarse con alguien que, a pesar de perpetrar las mayores perrerías, nunca las negaría. Lo tenía a gala.

Su libro Requetés en Navarra antes del Alzamiento, que, ya de entrada asombra por estar dedicado a un lunático, como lo fue el Excmo. Sr. General Millán Astray, pero no a Franco o a Mola, que era entonces lo preceptivo, es, cuando menos, insólito. Dado que el libro se publicó en 1939,  su autor no tendrá ningún escrúpulo en describir  el espíritu destructivo que le inspira contra la II República. Contará cómo durante los años 1935 a 1936, se impartieron clases de “formación militar” a los sargentos del Requeté, el grupo paramilitar carlista, así como a los oficiales, los martes, jueves y sábados de diez y media a doce de la noche en el Círculo Carlista para estar preparados para cuando llegase el momento de dar el golpe contra la II República 

Se trata del manual de un terrorista en el plano ideológico. Para completarlo del todo, le hubiese venido bien un apéndice dedicado a cómo construir bombas de mano.

En el mismo libro, aparece su firma como jefe del requeté de Pamplona dando órdenes para la toma militar de Pamplona por el Requeté, el 16 de febrero de 1936, día de las elecciones.

En enero de 1936, será nombrado jefe máximo del Requeté de Pamplona como  Adelantado del Requeté y ascendido en febrero del mismo año a Capitán, rango solamente compartido con Mario Ozcoidi.

En una Circular fechada el 7 de marzo de 1936, firmada como jefe del Requeté de Pamplona, dirá: “Si nuestros cuadros están perfectamente nutridos, atentos a las decisiones del Mando y dispuestos a cumplirlas con temeridad y valor, nada habrá que nos detenga, porque caeremos sobre las barricadas de la revolución y barreremos para siempre, con la punta de nuestras bayonetas, la soez raza del marxismo extranjero”. 

Cuando se dé la movilización miliciana del 18 de julio, será uno de los principales dirigentes del requeté navarro que alardeará de tomar Madrid y acabar con la República en cosa de pocos días.

Desde Somosierra, el 4 de agosto de 1936, enviará a El Pensamiento Navarro un escrito firmado como Capitán: “Requetés de Pamplona que yo formé para para este momento: habéis sabido estar a la altura de las circunstancias. En vuestros ojos leo la confianza que en mi pusisteis y que en mi conserváis y me siento pequeño (…). Podremos caer muertos en el campo del honor, pero jamás retroceder cobardemente dejando al enemigo apoderarse de España y destruir lo que más amamos sobre todas las cosas de este mundo: la religión, la Patria y nuestro hogar”.

En el mes de octubre, ostentó el cargo de Jefe de Requetés de Navarra de manera temporal durante unos diez días por designación del jefe de Requetés de Navarra, Esteban Ezcurra, por ausentarse este de Pamplona. La orden de este nombramiento se publicó en Diario de Navarra y El Pensamiento Navarro. Llevaba fecha del 16 de octubre y ya, al día siguiente, del Burgo daba su primera orden como tal jefe.

En efecto. La primera orden de del Burgo fue  referente a la asistencia del Requeté a los funerales de Alfonso Carlos, fechada el 17 de octubre, y otra  sobre la manera obligatoria con la que debían vestir los cargos militares en materia de lencería finaleguis y polainas, acordes con la naturaleza del Requeté, fechada el 24 de octubre. Y otra requisitoria, fechada el 23 de octubre, exigiendo la presencia en la secretaría del Requeté, sita en Escolapios de dos requetés, recordándoles que, “de no hacerlo, se les seguirán los perjuicios consiguientes a su no comparecencia”

Ezcurra reaparecerá firmando una orden, también publicada en El Pensamiento Navarro y Diario de Navarra, el 4 de noviembre de 1936, aunque con formato bien distinto. Mientras que El Pensamiento recalcaba la orden proveniente de la Jefatura de Requetés, Diario se limitaba a incluirla en un anuncio sin realce alguno, lo que ponía en evidencia las suspicacias de Diario con relación a los carlistas. ¿Cómo era posible que una orden dictada por el jefe de requetés de Navarra se tratara como si fuese una gacetilla de andar por casa?

Todo ello confirmaría el hecho importante de que del Burgo, desde el día 17 de octubre hasta el día 3 de noviembre, permaneció en Pamplona ejerciendo dicha jefatura de requetés.

Designado por el Mando para ostentar accidentalmente la Delegación de Requetés del Señorío de Vizcaya, publicará bajo el título “Vizcaínos” en El Pensamiento Navarro el 24 de febrero de 1937, un artículo donde, tras referirse a “barrer el mal desde su más honda raigambre [y de] cuando el esfuerzo consumado haya producido la total regeneración de la Patria”, terminará diciendo que “sobre todas las catástrofes, eternamente triunfará España».

Cuando los socialistas del semanario ¡¡Trabajadores!! lo califiquen de “matón, terrorista e incendiario” (1), del Burgo replicaría que nunca se había sentido tan halagado recibiendo tales muestras de reconocimiento. De hecho, comentaría que “al enterarme de las lindezas que me dedicaba el papelucho de la calle de la Merced no pude por menos de sonreírme compadeciendo a los que se dejan engañar por gentes tan miserables”. 

Su axioma fundamental como requeté era: “Somos intransigentes, porque somos la Verdad”. El detalle es importante. No tenemos la verdad, sino que “somos la verdad”. Como Dios. La verdad y el camino. Amén.

A ello añadía que “la legalidad es buena cuando es la aplicación de la Justicia divina a las leyes humanas”. No extrañará, entonces, que el republicano, el socialista y el ateo solamente existían para ser depurados o fusilados. Por malos. Pero no se deduzca de esta abrupta conclusión que este hombre llamado Jaime del Burgo no fuera sensible a los demás. Para nada. Hasta podía llegar a ser tan respetuoso declarando: “No nos metemos en las creencias individuales, pero, convencidos de la Verdad de nuestra religión, ninguna otra consentiríamos se manifestara públicamente”.

Reconozcámoslo. Era un fascista que, al menos, avisaba.

El cinematógrafo

Baile y cine fueron los dos espacios culturales más importantes durante esta época. Gracias a ellos, la población disfrutaba de algunas horas de esparcimiento en sus vidas. Las autoridades no se fiaban de ninguno de ellos, pues, si no era el demonio quien los había creado, seguro que lo fue un súcubo. Tanto el baile como el cine fueron catalogados como corruptores de las costumbres.

La pauta, cómo no, ya la había marcado la Iglesia. Pío XI en su carta encíclica Vigilanti cura de junio de 1936 ya alertaba sobre la necesidad de velar por la moralidad y la conveniencia de calificar las películas según edades y, por otro lado, valoró el cine como un medio de hacer el bien y transmitir valores cristianos. En seguida, la prensa se hizo eco de la encíclica. Un ejemplo recurrente es el artículo que publicó Diario de Navarra el 3 julio de 1936 comentando en extenso dicha encíclica. (En la imagen: Diario de Navarra, 3.7.1936)

En septiembre de 1957, Pío XII repetiría el discurso en su encíclica Miranda Prorsus, esta vez perorando sobre el cine, la radio y la televisión.

El franquismo fue tiempo de censores e inquisidores. Nadie, ni los más furibundos franquistas, podrá negarlo. Ahí están las hemerotecas y archivos para comprobarlo. Y lo peor no fue la censura en sí sobre libros, cine, radio y demás medios de comunicación. Lo terrible sería el control censorio previo instalado en la sociedad por la moral de guerra establecida militarmente. En ese proceso, la censura interior, la que el propio creador se aplicaba a sí mismo, so pena de sufrir los varapalos de la inquisición franquista, sería la peor herencia que el intelectual se impondría a lo largo de un largo invierno. No era lo peor que te censurasen; muchísimo peor era que tú mismo castrases tu lenguaje.

Existió un “Ilmo. Sr. Director General de Cinematografía y Teatro” quien, con su camarilla de censores, dictaba desde Madrid qué se podía ver y qué no. En cada provincia, existía un largamano de esa dirección que cumplía de forma espartana lo que la Dirección General establecía. En Navarra, la encargada de hacer efectiva esa censura se denominaba Delegación Provincial de Educación Popular.

¿Y saben quién se encontraba al frente de ella? Exacto. Jaime del Burgo Torres.

Paradójicamente, después de haber sido un requeté redomado, no tuvo ningún escrúpulo en subirse al carro del franquismo y convertirse en el conducto principal de la censura de libros -también fue Director General de Bibliotecas de Navarra-, bailes, películas y toda clase de espectáculos y movimientos más o menos cadenciosos.

Era ni más ni menos que el encargado burócrata de administrar la censura de películas, de libros y de espectáculos en la provincia que le ordenaban desde Madrid. Todo un regalo de la santa Inquisición. Hay que reconocer que su labor purgativa fue sobresaliente cum laude. Ningún libro que figuraba en el Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia, tuvo acomodo en las bibliotecas públicas de Navarra. Y aquellos libros censurados y encontrados en casas de republicanos pasaron a engrosar bibliotecas particulares franquistas, y no las llamas del fuego purificador. Vox pópuli dixit.

Las películas que llegaban a los pueblos tenían su correspondiente tarjeta de censura. En ella se especificaba claramente si estaba tolerada para menores de 14 años o lo era para mayores con reparo. Si una película, como ocurrió con Pobre mi madre querida, de Cifesa, llegaba a los salones de cine sin la correspondiente tarjeta, al momento, el sátrapa del Burgo remitía a los dueños del cinematógrafo su particular aviso de que “era para mayores de catorce años”.

El control pretendía ser estricto, riguroso, militar. Cada mes transcurrido, la empresa debía remitir a la Delegación Provincial la programación cinematográfica pasada por el escenario con las observaciones del inspector correspondiente.

Sin embargo, en algún caso, más de uno desde luego, Del Burgo, motu proprio, se quejaría ante la autoridad municipal “de no haber recibido en lo que va de año ningún parte de programación, por lo que rogamos nos indique las causas de esa omisión. Estos partes deberán obrar en nuestro poder antes del día cinco de cada mes.”

A medida que pase el tiempo, en lugar de producirse cierto relajo y distensión en la aplicación de la censura, se hizo mucho más intensiva.

De hecho, en 1951, la Delegación Provincial, acuciada por la de Madrid, envió una circular a los municipios marcando las atribuciones del llamado “Inspector de espectáculos”. Del Burgo, aplicado como era, distribuyó entre los municipios esta orden sin inmutarse lo más mínimo. Las obligaciones de estos inspectores eran las siguientes:

“VIGILARÁ sobre la NO ASISTENCIA DE MENORES a las películas no autorizadas expresamente para ellos. En caso afirmativo deberá levantar acta que suscribirán junto con el Inspector, el delegado de la autoridad y el empresario o gerente de la sala, y remitirla inmediatamente a esta Delegación Provincial de Educación Popular.

COMPROBARÁ si la película viene acompañada de la guía correspondiente; en caso negativo no debe permitirse la proyección de la película en cuestión, como tampoco si el documento no es original y solo fotocopia o copia del mismo, que deberá retirarse y enviar a esta delegación.

COMPROBARÁ igualmente si en la película se han observado o realizado ya los CORTES que vengan reseñados al dorso de la guía correspondiente. No podrá en absoluto el inspector INTRODUCIR nuevos cortes aunque los estimase convenientes.

COMPROBARÁ asimismo si efectivamente la calificación que figura en las Carteleras coincide literalmente con la que figura en la guía de censura, teniendo en cuenta que puede ser distinta de la calificación que se le haya dado por otras entidades no estatales.

Agradeceremos que cualquier duda que pudiera surgir en el desempeño de su misión, la exponga sin dilación para la mayor eficacia de este delicado servicio. Al alcalde Inspector de Espectáculos de la localidad.”

A lo dicho, Del Burgo añadió de su particular cosecha: “La película cuyo número de expediente no venga consignado en la casilla respectiva, se entenderá que se ha proyectado sin él, por lo que se seguirá la responsabilidad que determinan las disposiciones vigentes. Las calificaciones a consignar son las que constan en la misma hoja de censura y no las que adoptan otras entidades no estatales. Los partes deberán obrar inexcusablemente poder antes del día cinco de cada mes. Los partes deberán venir firmados y sellados con el de la Empresa si los tuviere”.

Las intromisiones de la censura y sus ramificaciones serán continuas e irán más allá del marco específicamente cinematográfico. En 1951, la Delegación Provincial remitirá a todos los alcaldes que “a partir de las veinticuatro horas del próximo miércoles 21 hasta las doce horas del Sábado de Gloria queda terminantemente prohibido todo espectáculo teatral y cinematográfico que no tenga por tema la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.” (2)

A esto lo llamaron libertad de expresión y libertad religiosa. Una libertad que se prolongará hasta la muerte del Dictador.

La lista de películas prohibidas fue interminable y su relación ocuparía varias páginas. Los partes de del Burgo nunca daban explicaciones de por qué se prohibían, por lo que no es posible calcular la potencia del pensamiento moral de los censores de esa época. Una pena.

Solo un ejemplo de los miles que se pueden encontrar en cualquier archivo municipal a lo largo de varias décadas. 

Para dar mayor vistosidad a la ciénaga del espanto en que había caído la libertad de expresión durante este tiempo, recordaré el distinto tratamiento que la obra de Luigi Pirandello, Seis personajes en busca de autor, recibiría, no ya en la II República, sino durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).

En 1924, los pamploneses pudieron contemplar su representación en el teatro Gayarre sin ningún contratiempo, ni condena por parte de la censura. Incluso, al pudoroso Diario de Navarra solo se le ocurrió decir que Pirandello, al lado de “nuestro Jacinto Benavente, era autor menor”.

Olvidaba este periódico que en 1905, cuando se estrenó en Pamplona la obra de Benavente, Los malhechores del bien, el periódico se la quitó de encima diciendo que “el único malhechor era el propio Benavente”. Vueltas mareantes que da la vida. Y es que Benavente, en 1936, era un conspicuo franquista.

El 26 de abril de 1951, la censura franquista prohibió que la obra del dramaturgo italiano se viera en los cines de Navarra, como en los de toda España.

Todo lo dicho confirma plenamente lo que Dionisio Ridruejo cuando, al frente de la Dirección General de Propaganda fascista, afirmaba que “el ejército cobraba el poder más decisivo y ejecutivo. La Iglesia se volvía invasora. Todo era insatisfactorio: el Partido era una comparsería; la Jefatura del Estado y el Partido -una en la persona- nada tenían que ver entre sí; 1os sindicatos deberían ser una ficción; el Ejército imponía su poder; la Iglesia tiranizaba la política cultural con criterios calomardianos (3) y proyectaba una autoridad ejecutiva inaceptable sobre la sociedad laica.” (4)

Más claro, agua de manantial.

¿Censor o servil, o ambas cosas?

¿Qué llevó a las personas con un intelecto más o menos desarrollado, el de del Burgo lo era, a aceptar una situación que, incluso, a un conspicuo falangista como Ridruejo, el llamado Mirlo Blanco, le daban arcadas?

Del Burgo sabía muy bien cuál era la respuesta. En su interior seguro que se sentía más que satisfecho cooperando con la censura siguiendo, obedeciendo ciegamente los dictámenes de la superioridad franquista. Nunca interpuso frente a ellos sus propios criterios derivados de su autonomía intelectual y reflexiva, antaño formidable barricada ideológica contra los otros, incluso gentes de la misma camada carlista. ¿Cómo era posible que una persona como él, que presumía de  poseer una indomable voluntad para hacer siempre lo que le dictaba su conciencia carlista, que tenía, incluso, como modelo de comportamiento al indómito Espartaco, aceptara sin rechistar todas y cada una de las órdenes de la censura suscrita por sus superiores, para colmo franquistas o falangistas, nunca carlistas?

Quizás, la respuesta se encuentre en su obra Requetés de Navarra antes del Alzamiento. En ese texto, es posible hallar una explicación a una manera de actuar impropia de alguien que se consideraba tener criterios propios en todos los órdenes de la vida. ¿Cómo él, siendo escritor, novelista y poeta, podía soportar tanta inmundicia represora sobre la actividad intelectual que él tan bien conocía?  

Del Burgo mostrará de un modo repetitivo y con verbo agresivo su odio radical a los tipos que llamaba serviles, y serviles eran, cómo no, los socialistas de Pamplona y los rojos de la II República, porque se dejaban llevar como papanatas que eran por las consignas de sus partidos.     

Ante semejante consideración, uno se pregunta si la tarea que del Burgo realizó como largamano de la censura franquista, tanto en el terreno cinematográfico, teatral y libresco, no era, en esencia y en la forma, una tarea asignada a sujetos serviles, que aceptan sin chistar cada una de las órdenes de sus superiores, en su caso, franquistas. Tendría puñetera gracia que, después de su recorrido vital, lo coronase convirtiéndose en un personaje que era lo más aborrecible y repugnante de este mundo: un hombre servil. Como contrapeso, se dirá que del Burgo estaba conforme con tales órdenes y mandatos que atentaban contra la libertad de expresión. No hay modo de saberlo. Pero si se leen sus reflexiones en torno al hombre servil que vienen a continuación, uno no puede sino aceptar que del Burgo renunció a su libertad, para convertirse en uno de ellos:

 “Con frecuencia hallamos en la sociedad civil seres incapaces o aduladores que en política humillan su testa al dictado de los fuertes y poderosos, y, en el transcurso de las relaciones sociales siguen ciegamente las opiniones y conducta de quienes están en situación de arrojarles un mendrugo de pan o de satisfacer sus ansias inmoderadas de mesa o vanagloria, concediéndoles la deferencia de figurar a su ladoSon los hombres servilesque abdican de dos facultades del individuo la de pensar y la de actuar”.

Una reflexión que remataba con la siguiente estocada mortal:

El hombre servil no piensa por sí mismoobedece todo lo que se le ordena, sin reflexionar si la orden es justa o injusta, y en política es un odioso instrumento de los que dominan, dispuesto siempre a realizar los actos más reprobables con tal de obtener, a la postre, una sonrisa de sus amos. Detesto al servil. Por eso, cuando observo a los que arrastran por tierra su dignidad en un desbordamiento de adulación, en un grado de bajeza espiritual, acude a mi mente, entre muchos, el nombre insigne de Espartaco, de aquel gran espíritu rebelde que floreció en la roma de hace dos mil años”.

Ante lo que no cabe sino aceptar que el hombre sabía muy bien de lo que hablaba y que se conocía muy bien a sí mismo.


(1) ¡¡Trabajadores!!, 23.4.1934.
(2) Circular del Ilmo. Sr. Director General de Cinematografía y Teatro (15.3.1951).
(3) Tadeo Calomarde (1773-1842). Ministro de Gracia y Justica durante la restauración absolutista de Fernando VII. , ministro Según Larra, «Calomarde fue el prototipo del sistema que podríamos llamar de los apagadores políticos, pues que sólo tendía a sofocar la inteligencia, la ciencia, las artes, cuanto constituye la esperanza del género humano. Él cerró las Universidades y abrió en cambio una escuela de tauromaquia, sangrienta burla, insolente sarcasmo político que caracteriza él todo un sistema»
(4) Dionisio Ridruejo, Escrito en España, Buenos Aires, Losada, 1962.

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