A 39 AÑOS DE 1978, POR J. PÉREZ GALINDO

Quienes nacimos a mediados de los años 80 del siglo pasado fuimos criados en familias profundamente marcadas por la llamada “transición democrática” en general y la Constitución del 78, como guinda, en particular. Nuestros abuelos y abuelas había vivido en sus carnes la postguerra (y la represión de los vencidos en muchos casos) y nuestros padres habían crecido en el tardofranquismo colorido y cantarín que trataba de ocultar la siniestra sombra de las torturas y las palizas en comisaría (y algún que otro asesinato) a través de propaganda y el desarrollismo. Esas dos esencias se encontraron en 1978 con la oportunidad de hacer historia cerrando la tapa del ataúd de la dictadura (O eso decía la prensa, claro) a través de algo tan subversivo y morboso como el votar libremente. Naturalmente la cosa era impresionante y no podían quedarse al margen, en un sentido u otro, del acontecimiento.

Cuando quienes vivieron ese momento nos hablan del proceso constitucional las cuentas suelen comenzar en 1975 con la muerte del dictador fascista Franco, un momento de esperanza y de alegría para la mayoría que explica el relato oficial de apoyo a la democracia naciente después de tantos años de oscuridad, pero en ese relato se obvian multitud de influencias que sólo quienes hemos nacido posteriormente podemos analizar con perspectiva.

Como si de una legislatura se tratara, si nos remontamos cuatro años a la proclamación de la constitución nos encontramos con un momento político muy distinto del que nos relata el mito constitucional. Entre julio y septiembre de 1974 Juan Carlos de Borbón asume la jefatura del estado por primera vez en su vida, tras 5 años ratificado como heredero del dictador a título de rey, debido a la enfermedad de Franco. Sin embargo meses antes de ese evento, en marzo, se produce la ejecución por garrote vil  de Salvador Puig Antich, de gran impacto social e internacional.
En 1975 se produce otro evento trascendental de cara al público. El 27 de septiembre son ejecutados por fusilamiento 3 militantes del FRAP y 2 de ETA. En octubre Juan Carlos vuelve a asumir la jefatura del estado. Franco muere el 20 de noviembre y el rey es proclamado dos días después. Comienza oficialmente la transición.
En 1976 mientras se prepara la Ley para la Reforma Política en las instituciones franquistas, la sociedad mantiene el aliento contenido enterándose de la muerte a manos de la policía de 5 trabajadores mientras realizaban una asamblea, en los llamados “sucesos de Vitoria” que demuestran que la normalidad está muy lejos de recuperarse.
Enero de 1977 trae nuevos avisos a la población; 5 abogados laboralistas son asesinados por la ultraderecha en Madrid en el primer año electoral desde 1936. En junio, las elecciones generales llevarán a la UCD del ex falangista Adolfo Suarez al poder.
Finalmente llegamos a 1978 y mientras la constitución de la “monarquía parlamentaria” se cocina, en San Fermines la policía deja otros 2 muertos y 150 heridos. En diciembre se aprueba la Constitución.

El clima de terror policial y militar que había impregnado toda la sociedad durante los cuarenta años de dictadura estaban muy presentes en el momento de elegir entre la constitución que se ofrecía amablemente y el vacío amenazador que significaba cualquier otra cosa. Ante esa perspectiva sólo núcleos de resistencia curtidos en el enfrentamiento con el régimen (comunistas y nacionalistas, básicamente) osaron articular críticas a la oferta.

Hoy, 39 años después de aquel evento, resulta que la constitución no era tan bonita como la pintaban. Resulta que lo derechos y libertades que se llevan pregonando durante décadas como esencia del texto, tenían debajo privilegios y amenazas capaces de dejar en nada los artículos inspirados en el “espíritu republicano” que nos prometían sus orgullosos padres (nació sin madre, la pobre) por lo que en lo que tarda en descomponerse una dictadura, la Constitución de 1978 ha pasado de ser una esperanza para ser una vergüenza, utilizada como arma contra quienes se atreven a moverse en la dirección “equivocada” (ahí está el Tribunal Constitucional para mantener todo atado y bien atado) y reducida a papel mojado para la mayoría de la sociedad. Resulta que los que la criticaban en 1978 tenían más razón que los que la ensalzaban entonces (muchos de los cuales hoy se han unido a las críticas)

Hoy los hijos y las hijas de la constitución (esa generación EGB que llaman ahora) tenemos la responsabilidad de construir el marco constitucional que la resaca franquista negó a nuestros mayores, realizando una restauración democrática de aquel modelo de estado que el golpe de 1936 nos arrebató a todos; un modelo abierto en el que los pueblos y naciones de España puedan sentirse parte integrante y no accesoria, un modelo en el que la clase productora no sea subalterna de quienes no crean la riqueza sino que la gestionan, un modelo democrático donde nadie tenga más derechos que otro por poseer un apellido u otro; un modelo en definitiva laico, republicano, solidario y federal. Esa es nuestra tarea y el texto del 78 no nos sirve, sino que nos frena. A trabajar.

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Madrid Laica/Europa Laica denuncia la participación de cargos públicos en la celebración litúrgica del Voto de la Villa

Efectivamente, en la mañana del 9-N la Alcaldesa de Madrid ha ajustado su agenda, antes de tomar vuelo al Vaticano para estar en otro evento, para poder tener una participación activa en la liturgia de la Misa ceremonial organizada por el Arzobispado de Madrid en la Plaza Mayor de Madrid en honor de la Virgen de la Almudena, ofreciendo el Voto de la Villa “en nombre de todas las madrileñas y madrileños, creyentes y no creyentes”, como lo viene haciendo todos los años.

Tal como desde Madrid Laica/Europa Laica habíamos anunciado, un numeroso grupo de socios/as y simpatizantes, también de la organización Rivas Laica, nos hemos personado durante esa ofrenda para manifestar de forma respetuosa, silenciosa y pacífica nuestra denuncia por la presencia de cargos públicos en condición de tales en actos religiosos, portando pancartas con textos adecuados: “NO A CARGOS PÚBLICOS EN ACTOS RELIGIOSOS”, “SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO”, “AYUNTAMIENTOS LAICOS”, sin interrumpir el acto y retirándonos al terminar el discurso de la Alcaldesa.

Esta presencia de cargos públicos vulnera la aconfesionalidad del Estado al provocar una confusión entre las creencias particulares y la simbología que las acompañan, y lo que debe ser el ejercicio de la función pública, es decir, de lo que nos une a todos en una sociedad que es plural en lo ideológico.

Madrid Laica/Europa Laica seguiremos exigiendo esta reivindicación, como valor democrático que lo es, nada antirreligiosos, en aquellos temas que conculquen el principio de Separación Iglesia-Estado.

LAS MUJERES Y LA REVOLUCIÓN QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DEL SIGLO, POR JOSEFINA L. MARTÍNEZ

El 8 de marzo de 1917, Día Internacional de la Mujer, comenzaba la Revolución Rusa

Una imagen de la manifestación del 8 de marzo de 1917, en Petrogrado

8 de marzo de 1917. En Petrogrado estaban convocadas manifestaciones y mítines de las mujeres por su día. El descontento era generalizado y se esperaban protestas masivas, pero lo que nadie sabía era que ese día iba a comenzar una revolución. Los sucesos pasaron a la historia como la Revolución de febrero, porque el calendario juliano vigente entonces en Rusia “atrasaba” 13 días. 

Las obreras de las fábricas textiles de Petrogrado, en el distrito de Vyborg, salen a la huelga y recorren en grupos las fábricas vecinas. Se dirigen especialmente hacia las empresas del metal, llamando a los trabajadores a sumarse. Las mujeres son convincentes; tiran palos, piedras y bolas de nieve contra las ventanas. Dos días después, en Petrogrado se vive ya una huelga general. “¡Abajo la guerra!”, “¡Pan para los obreros!”.

Los censos de 1897-1914 muestran que había 20 millones de mujeres en la fuerza de trabajo asalariada del Imperio ruso. Cerca de la mitad se ocupaba en tareas domésticas y un quinto (4 millones) eran obreras industriales antes de 1914 (incluyendo fábricas, servicios y transportes). Esta cifra aumentó considerablemente en la década anterior a 1917, llegando a 7,5 millones de mujeres trabajadoras en la industria.

En las ciudades escaseaba el pan y las penurias del pueblo pobre eran insostenibles. En los dos primeros años de la guerra los precios de los productos básicos habían subido un 131% en Moscú. En diciembre de 1915 las mujeres de Petrogrado hacían filas durante horas con temperaturas bajo cero para comprar azúcar y harina. Se produjeron numerosos disturbios protagonizados por mujeres, donde el reclamo principal era el precio de los alimentos. En febrero de 1917, la ira acumulada se transformó en acción.

Un editorial del Pravda,el periódico de la fracción bolchevique de la socialdemocracia, informaba una semana después que “las mujeres fueron las primeras en salir a las calles de Petrogrado en su Día Internacional. Las mujeres de Moscú en muchos casos determinaron el estado de ánimo de los soldados; iban a las barracas y los convencían de ponerse del lado de la revolución. ¡Que vivan las mujeres!”

Aleksandra Rodionova, una joven conductora de tranvías de 22 años, participa en las acciones que llevaron a la caída del Imperio de los Zares. “Recuerdo cómo marchamos por la ciudad. Las calles estaban llenas de gente. Los tranvías no funcionaban, y había coches dados la vuelta sobre las vías. No sabía entonces, no entendía lo que estaba pasando. Pero gritaba con todos los demás: ‘Abajo el Zar’. Sentía que toda mi vida familiar se estaba desmoronando, y me alegraba de su destrucción”. Su testimonio está recogido por varias historiadoras de las mujeres en Rusia.

En una semana el zarismo se derrumba, los ministros huyen y los diputados de la Duma forman un gobierno provisional, con el príncipe Lvov a la cabeza. Desde abajo, nace otro poder, el de los consejos de delegados de la clase trabajadora, al que se suman comités de campesinos y soldados. Estos organismos habían surgido por primera vez en la Revolución de 1905 como una nueva forma de autoorganización democrática desde las bases, los sóviets.

Polia trabajaba como mucama en un hospital militar, no sabía leer ni escribir, y la primera vez que participó en una votación fue cuando la eligieron para el comité ejecutivo del sóviet de los empleados del hospital. La historiadora Barbara Evans Clements cuenta que, como gran parte de las mujeres trabajadoras, Polia sentía que no tenía nada que perder y mucho que ganar con la revolución, empezando por su dignidad.

Entre febrero y octubre, la participación de las mujeres va en aumento. El 18 de marzo, una reunión de obreras de cuatro grandes fábricas resuelve llamar a sus hermanas a unirse en la lucha por sus derechos, junto a los trabajadores. A principios de abril, 40.000 mujeres se movilizan en Petrogrado, rehusando abandonar las calles hasta que se aprobara el derecho al voto. Finalmente, el 20 de julio de 1917, le arrancan al gobierno provisional de Kerensky el compromiso de permitir el voto para todas las mujeres mayores de 20 años en la futura Asamblea Constituyente.

La impaciencia por las promesas incumplidas del gobierno provisional crece sin cesar. Las viudas y esposas de soldados marchan para exigir un aumento en las pensiones, quieren que se ponga fin de una vez por todas a la guerra. En mayo, 40.000 lavanderas protagonizan la primera gran huelga contra el gobierno provisional, reclamando aumento de salarios, 8 horas de trabajo y mejores condiciones laborales. La bolchevique Goncharskaia, junto con otras militantes, recorren las lavanderías, organizando a las mujeres. Eugenia Bosh, Inessa Armand y Aleksandra Kollontai fueron algunas de las dirigentes bolcheviques que en esos meses dieron discursos ante trabajadores, trabajadoras y soldados, escribieron artículos, organizaron reuniones y colaboraron con la organización de la revolución.

Paz, Pan y Tierra; por todo el viejo imperio obreros y campesinos se movilizan por estas demandas contra el gobierno provisional. Esta profunda radicalización social permite que, entre septiembre y octubre, los bolcheviques ganen la mayoría de los sóviets y se propongan tomar el cielo por asalto. Los primeros decretos del gobierno soviético fueron el llamamiento a la paz inmediata, la abolición de la gran propiedad y la entrega de la tierra a los campesinos.

La Revolución que abrió un mundo nuevo para las mujeres

El inmenso protagonismo de las mujeres en la historia de las revoluciones ha sido invisibilizado por gran parte de la historiografía, pero su papel es innegable. Fueron las mujeres quienes dieron el puntapié inicial a la Revolución Francesa, en 1789, con una marcha por el pan sobre Versalles. Sin embargo, la más importante revolución burguesa de la historia no había otorgado a las mujeres los mismos derechos que a los hombres. Las primeras pensadoras feministas denunciaron los límites del proyecto de la Ilustración. La “libertad” y la “fraternidad” no se aplicaban para las mujeres, ni para los trabajadores; los “derechos del hombre” eran “los derechos del miembro de la sociedad burguesa, es decir, del hombre egoísta”, como señaló Marx en Sobre la cuestión judía.

La Revolución Rusa de 1917, en cambio, otorgó conquistas para las mujeres que hasta entonces no se habían logrado en ningún país capitalista. En su libro La mujer, el Estado y la Revolución(Ediciones IPS, Buenos Aires), la historiadora norteamericana Wendy Goldman afirma que el Código soviético de 1918 “constituía nada más y nada menos que la legislación familiar más progresiva que había visto el mundo. Abolió el estatus legal inferior de las mujeres y creó igualdad bajo la ley.” El Código establecía el divorcio por el simple pedido de cualquiera de las partes y “barrió con siglos de leyes de propiedad y privilegios masculinos” al abolir la legitimidad y otorgar iguales derechos a todos los hijos, nacidos dentro o fuera de un matrimonio registrado.

En agosto de 1919, las militantes femeninas del partido crearon el Zhenotdel, compuesto por trabajadoras, campesinas y amas de casa, para realizar un trabajo especial entre las mujeres, en medio de las dificultades de la guerra civil. En noviembre de 1920, se legalizó el aborto en la Unión Soviética, mediante un decreto que denunciaba la legislación penalizadora de los otros países.

Alexander Goikhbarg, el jurista marxista de 34 años que redactó el Código familiar de 1918, sostenía entonces que esa legislación cumpliría una función transitoria, no para fortalecer a la familia ni al Estado, sino para colaborar con su “extinción”, tal como concebían los marxistas la transición del capitalismo al socialismo. Eran años de intensos debates y experimentación, donde la emancipación de las mujeres, la liberación sexual y la transformación de las relaciones personales se pensaban como parte de la lucha por la construcción del socialismo. Pero para llegar a ese punto, había que conquistar para las mujeres la igualdad plena, no solo ante la ley, sino, sobre todo, ante la vida.

Arrancar a las mujeres de la carga del trabajo doméstico

Wendy Goldman señala que la concepción bolchevique sobre la emancipación de las mujeres se asentaba en cuatro pilares fundamentales: “La unión libre, la liberación femenina a través del trabajo asalariado, la socialización de la labor doméstica y la extinción de la familia”. No proponían simplemente una división igualitaria del trabajo del hogar entre hombres y mujeres, sino separar esas tareas de la unidad familiar individual y transferirlas al ámbito público, socializando el trabajo en nuevas ramas de la producción. La familia, como unidad de reproducción y consumo, perdería así algunos de sus fundamentos principales.

Entre 1920 y 1922 la socialista revolucionaria alemana Clara Zetkin, amiga y camarada de Rosa Luxemburgo y destacada organizadora de las mujeres, mantiene una serie de conversaciones con Lenin en Petrogrado. En estas entrevistas aborda la cuestión femenina en la URSS y la organización de las mujeres en la III Internacional, que agrupa a los nuevos Partidos Comunistas. Zetkin registra emotivamente en sus Recuerdos sobre Lenin las opiniones de éste, quien rechaza con desprecio las actitudes patriarcales dentro de las filas comunistas:

“Desgraciadamente, también de muchos de nuestros camaradas se puede decir aquello de ‘escarbad en el comunista y aparecerá el filisteo’. Escarbando, naturalmente, en el punto sensible, en su mentalidad acerca de la mujer. ¿Se quiere prueba más palmaria de esto que la tranquilidad con que los hombres contemplan cómo la mujer degenera en ese trabajo mezquino, monótono, de la casa, trabajo que dispersa y consume sus fuerzas y su tiempo, y sumisión al hombre?”. Arrancar a las mujeres de la “esclavitud doméstica” era una de las grandes tareas de la Revolución.

La creación de guarderías, casas cuna, comedores, centros de alfabetización y otras iniciativas eran el camino acertado, según Lenin, pero en medio de las dificultades de la guerra civil y de la NEP (Nueva Política Económica), resultaban completamente insuficientes.

“Sabemos perfectamente que todo esto no es mucho, comparado con las necesidades de las masas femeninas trabajadoras, que dista mucho de ser todavía su emancipación completa y efectiva. Pero, comparado con lo que ocurría en la Rusia zarista y capitalista, representa un progreso enorme. (…) Principio que hemos de seguir desarrollando consecuentemente con toda energía. Pues cada día que pasa y se mantiene la existencia del Estado soviético viene a demostrar todavía más claramente que no podremos salir adelante sin contar con los millones de mujeres.”

La lucha por la emancipación femenina, en un país con un 80% de población campesina, se enfrentaba a prejuicios milenarios y el peso de la religión. Para Lenin, “el demonio más difícil de combatir” era la influencia de los curas en el campo, por lo cual había que atacar las condiciones de miseria, pobreza y falta de educación en la que se apoyaban.

Los años de la guerra civil fueron terribles, con costos humanos y materiales sin precedentes. La joven Unión Soviética fue atacada por 14 ejércitos imperialistas y logró sobrevivir por la voluntad de millones de obreros, obreras y campesinos. A este período siguieron los duros años de la NEP, con un importante aumento del desempleo que afectó especialmente a las mujeres, las primeras en ser despedidas y las últimas en ser contratadas. En el campo se vivieron hambrunas y las viudas de los soldados no lograban sobrevivir trabajando sus tierras. En estas condiciones de ruina económica y aislamiento internacional de la URSS, después de la derrota de la revolución en Europa, emergió la burocracia estalinista como una nueva casta burocrática a la cabeza del Estado.

Para los militantes del partido de Lenin, la Revolución Rusa solo podía triunfar en sus objetivos como un eslabón más de la revolución internacional. Nunca pensaron que podía lograrse la emancipación femenina y el socialismo en los estrechos marcos de un país atrasado de mayoría campesina. El estalinismo, en cambio, elaboró la teoría del “socialismo en un solo país” para justificar sus propios privilegios y se asentó sobre un régimen burocrático de partido único.

El retorno al orden del hogar

Hacia mediados de la década de 1930, se había producido un retroceso sin igual en la situación de las mujeres en la URSS. En junio de 1936, el Estado soviético decretó ilegal el aborto, como parte de una campaña para promover la “responsabilidad familiar”. Con un discurso opuesto al que defendían los bolcheviques en 1920, Stalin declaraba en 1936: “El aborto que destruye la vida es inadmisible en nuestro país. La mujer soviética tiene los mismos derechos que el hombre, pero eso no la exime del grande y noble deber que la naturaleza le ha asignado: es madre, da la vida”. León Trotsky, uno de los principales dirigentes de la Revolución que había sido expulsado del partido por Stalin, cuestionó los argumentos que esgrimía la burocracia sobre el aborto: “Filosofía de cura que dispone, además, del puño del gendarme”. La burocracia buscaba una “jerarquía estable de las relaciones sociales”, por lo que en 1930 disolvió la sección femenina del partido, el Zhenotdel, penalizó la homosexualidad y criminalizó la prostitución.

El destino que corrieron algunos de los legisladores rusos que en 1920 desarrollaban teorías de vanguardia sobre la extinción del Estado y la familia habla por sí solo. Pashukanis y Krylenko fueron arrestados y fusilados en 1937, mientras que el autor del innovador Código de 1918, Alexander Goikhbarg, fue confinado a un psiquiátrico por el estalinismo. Entre 1936 y 1939, 700.000 personas fueron fusiladas, acusadas de oposición al régimen; una contrarrevolución que consolidó la dictadura de partido único.

Andrea D’Atri, autora del libro Pan y Rosas, señala que lo trágico no fue solo que el Partido Comunista siguió presentándose como heredero de la revolución, sino que “la tragedia más grande de todas es que las generaciones subsiguientes de mujeres soviéticas, desheredadas de los pensadores, las ideas y los experimentos generados por su propia Revolución, aprendieron a llamar a esto ‘socialismo’ y a llamar a esto ‘liberación’.”

Cien años después de aquel 8 de marzo de 1917, cuando las mujeres iniciaron la Revolución que cambió la historia del siglo, la lucha por nuestros derechos sigue siendo una tarea pendiente. Rescatar la historia de aquellas mujeres, trabajadoras y campesinas, que se atrevieron a revolucionar el mundo y sus propias vidas, es clave, no sólo para reconocernos en nuestra propia historia, sino para no tener que empezar de cero cada vez.

CTXT

LEY DE DEPREDACIÓN, UN TTIP DE ANDAR POR CASA, POR ANDRÉ ABELEDO FERNÁNDEZ*

Galiza dijo no a la Ley de Depredación en una multitudinaria manifestación el domingo día 22 de Octubre. 

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Debemos denunciar las prisas del PP para aprobar esta Ley, por la vía rápida y con turbo. Suponemos que para evitar el debate y la participación por un lado, y la contestación en la calle por la otra.
La Ley de fomento de implantación de iniciativas empresariales, y una ley que facilita a las multinacionales la depredación de nuestra tierra. Es una ley aprobada en el Parlamento gallego con los únicos votos del PP aprovechando su mayoría absoluta. La nueva ley acapara el suelo agrícola, entrega la gestión de la madera a los grandes operadores.
Es una ley que lejos de empezar a hacer camino para evitar que se repitan dramas como la ola de incendios que asoló Galiza, agrava la situación y abre el camino a nuevos desastres. Una ley que saca las Competencias a los Ayuntamientos en materia medio ambiental, y de control de proyectos. Es ese uno de los muchos motivos por los que los Ayuntamientos como administración más cercana a la ciudadanía deben defender el manteamiento y el aumento de competencias. La ley también va afectar a los Ayuntamientos en cuanto a la recaudación, aquí los Ayuntamientos también pierden.
Es una ley que prepara el espolio de Galiza, una ley tramitada con  premeditación y alevosía, que el Gobierno de la Xunta de Galicia quiere tener aprobada por la vía rápida, para principios de Noviembre, aprovechando su mayoría absoluta.
Es una ley que acorta los plazos de exposición pública, para evitar las alegaciones de los vecinos. Es una ley que se carga la participación ciudadana. Es una ley que facilita la expropiación, y abre las puertas a proyectos mineros que ya tuvieron consecuencias nefastas en muchos países del tercer mundo.  Es una ley hecha a medida de las grandes multinacionales que debe de que tener una contundente respuesta en la calle.
Porque el futuro de nuestra gente y de nuestra tierra están en juego. Galiza no merece estos gobernantes. La Ley elimina muchas cautelas ambientales y atenta contra los derechos de los administrados.
Expertos y activistas alertan de los efectos perjudiciales que puede tener para el medio rural y en definitiva, para una gestión ordenada y sustentable del territorio. Esta proposición de ley profundiza en un modelo que provoca el abandono y el envejecimiento del medio rural, una cuestión que los expertos sitúan como un problema que incrementa también el riesgo de incendio.
Debemos apostar por el rural, por el sector primario, por la soberanía alimentaria de nuestro país, apostar por el futuro de Galiza. La apuesta debería ser otra. Tenemos el ejemplo en la paralización del sector eólico. La apuesta que necesitamos es por el desenvolvimiento de la industria tecnológica.
Necesitamos una apuesta por Galiza, por el futuro y por el empleo de calidad.
*André Abeledo Fernández, Concejal de EU de Narón, militante comunista  y sindicalista.

CATALUNYA Y EL REINO DE ESPAÑA, POR MANUEL RUIZ ROBLES*

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Es una revuelta?…  No, Sire, es una revolución… Luis XVI y el duque de la Rochefoucauld (Reino de Francia, 1789)

Expongo a continuación, en calidad de portavoz del colectivo de militares demócratas, un modesto y breve análisis de la grave crisis de Estado que estamos padeciendo, así como de su posible evolución.  

El artículo 155 de la Constitución y la Ley de Amnistía

El bloque monárquico, liderado por Felipe VI, se ha quitado la careta, mostrando sus credenciales franquistas. Este régimen, escasamente democrático, nació de una metamorfosis de la dictadura y de las conquistas sociales arrancadas al dictador.

Debemos estas conquistas, hoy gravemente amenazadas, a la heroica lucha de las organizaciones obreras y ciudadanas, así como a los movimientos soberanistas de los pueblos de nuestra patria; nunca lo olvidaremos.

La aplicación del peligroso artículo 155 -que, como otros artículos de la Constitución, son deliberadamente confusos y contradictorios entre sí- ha dejado las manos libres a un Gobierno a las órdenes del rey y de sus halcones militares. Es una grave involución, de consecuencias imprevisibles.

La falsa “Ley de Amnistía” -en realidad una ley de punto final, aprobada en 1977 por el Congreso de los Diputados, con anterioridad a la aprobación de la Constitución de 1978- es otro de los pilares fundacionales del Régimen.

En los años 70 del siglo pasado -al dictado de unos generales franquistas- se insertaron desequilibrios fundamentales en los cimientos de esta democracia, cuyos efectos demoledores se están empezando a sentir.

La amenaza militar

Durante más de cuarenta años, tras la muerte del dictador militar Francisco Franco, ha permanecido incólume el poder del rey, amenazante espada de Damocles sobre el pueblo español. Es un rey Jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas; un rey ilegítimo, heredero de la dictadura, que además no se presenta a las elecciones.

Una prueba del carácter franquista del régimen es la gigantesca cruz que sirve de mausoleo al dictador, visible a muchos kilómetros en la Sierra de Guadarrama. Mientras, miles y miles de víctimas del franquismo siguen en fosas comunes o dispersas por las cunetas del territorio nacional.

Una escritora imprescindible, por su lucidez y compromiso valiente con la Memoria Democrática, es Enriqueta de la Cruz, autora de excelentes relatos novelados. En particular El Testamento de la Liga Santa, publicado en 2006, esencial para comprender algunos de los factores más importantes que están incidiendo en la actual crisis de Estado.

Lo llaman democracia y no lo es

El aparato del Estado es un instrumento hegemonizado por las élites dominantes.  Sin embargo, está atravesado por las contradicciones de la sociedad civil. Es, por tanto, la cristalización de una correlación de fuerzas en una coyuntura histórica concreta. Las importantes transformaciones de la sociedad civil en estos últimos 39 años, junto a la irrupción de la gran crisis financiera internacional, han agudizado las contradicciones del Estado y cambiado significativamente dicha correlación entre clases.

La situación actual no se corresponde, pues, con la estructura jurídico-política del régimen del 78. De ahí el nacimiento del 15M y su clamor No nos representan, lo llaman democracia y no lo es… también la emergencia de PODEMOS, Unidos Podemos y ANOVA en Galicia, junto a las llamadas mareas, etc. Y, por último, la agudización del conflicto histórico del Estado español con la Generalitat de Catalunya.

Un nuevo escenario político

La grave decisión política que implica la toma de control de las instituciones de la Generalitat por parte de un gobierno del PP -con una representación en Cataluña inferior al 9 %- y el encarcelamiento, en el día de hoy, de altos cargos electos de la Generalitat, dictado por la juez Carmen Lamela de la Audiencia Nacional, ha creado de facto un nuevo escenario político.

En dicho escenario se enfrentan dos legitimidades incompatibles: por un lado, el movimiento soberanista, de base democrática, pacífica y progresista, que engloba también a las independentistas, y que conjuntamente representan a una mayoría social, por ahora imbatible; por el otro lado, la legitimidad del régimen, representado por el bloque monárquico y sus aliados, de base franquista y violenta: ¡A por ellos!

Sin embargo, la convocatoria de elecciones autonómicas por parte del Sr. Rajoy, apoyada por el PSOE -a contracorriente de los intereses del rey y de sus halcones- abren una oportunidad histórica el próximo 21 de diciembre para la resolución del contencioso. Si éstas llegan a desarrollarse de forma democrática, su resultado será legítimo y habría de ser respetado por ambas partes en conflicto.

La pretendida reforma del Régimen de la Transición es inviable, pues habría de contar con la aprobación del PP, un partido investigado por estar implicado en el caso Gürtel.

Esta pútrida situación ha sido denunciada valerosamente por el ex Teniente del Ejército de Tierra D. Luis Gonzalo Segura.  En su obra más reciente –El libro negro del Ejército español– aporta datos concretos con nombre y apellidos

Conclusión

El rey Felipe VI está gobernando ilegítimamente España, como quedó patente en su discurso dirigido al pueblo español, e indirectamente al Presidente electo Sr. Rajoy, en la noche del 3 de octubre de 2017.

Los derechos, tan duramente conquistados, están hoy amenazados por una Constitución ilegítima. Una Constitución que da poderes ilimitados a un Gobierno en minoría, con el apoyo tristemente incomprensible de la actual dirección del PSOE.

Sin embargo, la convocatoria de elecciones el próximo 21 de diciembre contradice, por primera vez, la obediencia ciega del Gobierno a los dictados del rey y de sus halcones, abriendo un resquicio a la esperanza (cuídese de ellos, Sr. Rajoy).

Sin República no hay salida a esta crisis. Una república federal que acoja a todos y acabe de una vez por todas con el histórico conflicto soberanista, de forma democrática y pacífica. Es necesaria una democracia real ya, porque mañana será tarde.

Madrid, 2 de noviembre de 2017.

*Manuel Ruiz Robles, capitán de navío de la Armada, portavoz del colectivo de militares demócratas Anemoi, miembro de ACMYR.

@colectivoanemoi

A SUMAJESTAD, EL REY DE ESPAÑA, POR MARTIN CAPARRÓS*

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Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, rey de España:

Señor Sumajestad (disculpe, no sé si hay que llamarlo así; no sé qué dice un protocolo que, por suerte, ya vamos olvidando), perdonará que lo moleste ahora, pero es que estos días usted sale mucho en los papeles, está en su gran momento: los jefes de los partidos lo van a ver uno por uno y usted los recibe y les sonríe mayestático y al final le dice al que los españoles más o menos eligieron, Mariano Rajoy, que por qué no va y gobierna. Si usted no se lo dijera lo haría igual, claro, porque esto se llama democracia; así que lo suyo no es gran cosa, lo sabemos, pero es su trabajo y trata de hacerlo lo mejor posible.

También sabemos, señor Sumajestad, que usted tiene una vida rara. Para empezar, nunca debió ganársela: tiene, desde antes de nacer, sus necesidades básicas —y muchas otras— satisfechas. Tiene, desde antes de nacer, por un sistema caprichoso que solo se le aplica a usted, su vida más o menos definida. Y le tocó, en esa extraña lotería personal, un trabajo rumboso pero bastante rutinario.

No debe ser fácil, señor Sumajestad. Nunca es fácil ser un heredero: ser ese que debe todo a los esfuerzos —políticos, económicos, públicos, ocultos— de papá. Y la monarquía es la quintaesencia de la herencia. No solo por eso es una institución tan extraña, tan de otros tiempos, de otras sociedades.

Le escribo con las mejores intenciones: no me confunda, señor Sumajestad. Es cierto que mi idea de España tiene mucho más que ver con la república —que mi abuelo Antonio apoyó y por cuya derrota yo nací en Buenos Aires— que con la monarquía. Pero no soy tan necio como para ignorar que a millones de españoles no les molesta ver coronas en escudos y banderas. Así que, lejos de prejuicios o rencores, puedo decírselo tranquilo: debería pensar en renunciar.

(O como quiera que se diga: su trabajo es tan raro que no se puede renunciarle; ustedes los reyes no renuncian: abdican del trono, son depuestos, hacen cosas).

Renunciar, abdicar, señor Sumajestad: conseguirse una casa, irse a su casa, buscarse un buen empleo. Se lo digo, repito, sin rencores. He escuchado decir que usted es más o menos buena gente, tolerante, incluso moderno para rey; alguien me ha llegado a decir que le van los sociatas. Serán, supongo, esos infundios que las personas como usted están acostumbradas a esquivar o, mejor, a desdeñar como merecen.

Así que no es nada personal. Al contrario, creo que es por su bien, por eso se lo digo. Su trabajo es aburrido y un poco rancio y bastante cómodo —no tiene jefes, no lo pueden echar, no hay quién le mida los horarios, no pueden amenazarlo con una reducción de personal— pero tiene una exigencia fuerte: debe usarlo, señor Sumajestad, para buscar su lugar en los libros de historia. Y no es fácil: su papá, señor, hizo lo más difícil. Reinstauró su monarquía, colaboró –dentro de un orden– con el restablecimiento de la democracia, se hizo querer, hizo mucho dinero. Usted, con todo respeto, no tiene mucho nuevo por hacer. Si acaso repetir y conservar, sin aspavientos, lo que él ya dejó hecho. No es gran cosa para los manuales.

Así que su única opción para no ser una nota al pie, señor Sumajestad, un párrafo perdido, es abdicar. Imagínese el golpe: usted en la pantalla anunciando que quiere ser un ciudadano como todos, vivir como uno más, hacer las cosas por su propio esfuerzo, porque entendió que privilegios como el suyo, por puro mérito de cuna, ya no tienen ningún sentido en estos tiempos; que todos los españoles deben ser iguales y que eso lo incluye y que por eso declara caduca y caducada la institución que representa, y propone acabarla.

Imagínese, señor, la sorpresa, el respeto. La renuncia siempre tiene buena prensa: alguien que, sin presiones, por convicción y propia decisión, deja algo que tenía. Y su renuncia sería única: no habría sucedido nunca antes. Por una vez, el adjetivo más devaluado de nuestro léxico de adjetivos devaluados, el adjetivo “histórico”, estaría justificado. Usted se habría ganado, en buena ley, el lugar que precisa en los libros de historia y fundado algo distinto, algo que podría durar siglos. Usted, entonces, ya no sería un capítulo más: sería un nuevo comienzo. Quizá le parezca que no es para tanto: yo imagino que sí. En una sociedad donde nadie tenga privilegios por motivos tan bobos como su ascendencia, es más fácil postular que nadie debe tenerlos por su dinero o su poder: que si alguien engaña o roba debe ir preso, sea quien sea, tenga lo que tenga; que si alguien necesita comida o salud o educación debe obtenerlas, sea quien sea, sin diferencias de poder o dinero, y todos viviríamos mejor.

Y no se deje arredrar por quienes dicen que usted es necesario como prenda de unidad, símbolo de este país siempre en cuestión. Es cierto que las naciones —esos inventos caprichosos y frágiles— usan símbolos, necesitan símbolos; las naciones tienen banderas, memorias, himnos, grandes relatos, odios, camisetas. Son símbolos con cierto grado de abstracción, desencarnados: unos colores, unos dibujos, unas palabras, unos versos con su musiquita. Que una nación necesite simbolizarse en un jefe vitalicio —sintetizarse en un señor, en carne— es un gesto de tan poca abstracción que suena pobre. Permita que su nación consiga símbolos mejores: más contemporáneos.

Piénselo, señor Sumajestad: se lo digo yo, que no soy nadie, casi un extranjero. Pero quizá muchos más estén de acuerdo. No le digo que lo haga ahora mismo, porque podría parecer una capitulación. Quién sabe dentro de un par de años, cuando acaben de juzgar a su cuñado fraudulento, cuando su padre ya no suene a elefantes difuntos o arribistas de revistas, cuando esos episodios se hayan difuminado en las memorias. Cuando ya no parezca que el problema de su institución son sus errores y excesos sino la propia institución; cuando todos puedan apreciar la grandeza inmarcesible de su gesto. Piénselo, señor: hay páginas y páginas que esperan sus palabras. Piénselo, si le parece, y conmigo no tenga cuidado: si llega a decidirlo, puede decir que se le ocurrió solo, en la ducha, una mañana, porque no terminaba de estar cómodo en esta vida tan ajena que le tocó en la lotería.

NEWSWEEK: “EL REY FELIPE DEBE ABDICAR PARA DAR SOLUCIÓN A LA CRISIS CONSTITUCIONAL EN ESPAÑA”

KING FELIPE SHOULD ABDICATE TO SOLVE SPAIN’S CONSTITUTIONAL CRISIS, by José Buscaglia.

ruptura

(en español mas abajo) Recent events point to the possibility that Catalonia, one of Spain’s most prosperous regions, could declare independence within the next few weeks.

This would be a dangerous scenario for Spain, where regions with similar qualms with the central government in Madrid, most prominently the Basque nation, could soon follow suit, leaving the country significantly diminished if not irreparably broken as a viable nation-state.

The prospects of a successful breakup of Catalonia from Spain poses challenges to almost all the principal countries in Europe where, both inside the EU and beyond, there are over eighty separatists movements big and small.

To be sure, the breakup of the first Western modern nation state to surface in 1492 united under one crown and one religion, and the fourteenth largest economy in the world today, would have serious repercussions around the globe.

Clearly there are aspects to nationalism that respond to our primal tribal instincts as primates as well as to emotions that defy reason. In the Catalan case, however, the growing number of people who have joined the pro-independence movement in recent years is inversely proportional to the systematic undermining of Catalan freedoms by the central government in Madrid over the past two decades.

In 2005, the Catalan parliament passed a territorial bill that recognized Catalonia as a distinct nation under the Spanish state, giving it greater fiscal control over its economy. That bill was dismissed by the Constitutional Court in Madrid.

What came after were successive requests by the government in Barcelona to have Madrid agree to an open vote on the question of Catalonia remaining in Spain or going independent. To this day Madrid has refused to engage in that conversation forcing the Catalans to hold several plebiscites on the question.

This October 1, notwithstanding a major crackdown and the type of police brutality the likes of which had not been seen in Spain since the days of the Francoist dictatorship (1939-1975), 43 percent of eligible voters went to the polls and 90 percent of them voted for independence.

The central government called the vote illegal and unconstitutional warning Barcelona that it would not tolerate a “unilateral declaration of independence”.

The terminology employed by Madrid makes no sense. When has a declaration of independence been anything but unilateral?

Faced with an issue that could lead to the breakup of the country, the current conservative prime minister, Mariano Rajoy, has responded with the typical Spanish Quixotesque attitude, appearing totally nonchalant in the face of impending doom.

He would attend to the Catalan question next week, he said, whenever he could find some time. Next week is now and the head of the Catalan parliament, Charles Puigdemont, has just declared that Catalonia is unequivocally moving towards independence in response to the results of the October 1 referendum. He has asked his backers to give Madrid one last chance to come to the negotiating table.

Rajoy responded by threatening to take control of the government in Catalonia and his chief deputy is already hinting of the possibility of sending in the military.

Like Rajoy, the other two leaders of major political parties in Madrid appear equally unwilling to come to the table. Pedro Sánchez, head of the liberal Socialist Party, excels in speaking at length without saying much. To the left of him, Pablo Iglesias, leader of Podemos Party, simply thinks of the Catalan Question as a way to destabilize the government in preparation for a putsch.

Meanwhile, in Barcelona, the governing pro-independence coalition is composed of a handful of shrewd strategists. Their coalition is also a truly workable national movement in that it incorporates all sectors of society, from the pro-business conservatives, passing through the leftist republican coalition to the anti-system radicals as well as major institutions in civil society.

Following the vote on October 1, King Felipe VI made a rare appearance on national TV. He called on the Catalan government to return to constitutional legality and made no apologies for the terror campaign launched by the national police. Neither did he address his Catalan subjects in their own language.

At that point Felipe stopped being the king of all Spaniards. As relations between Madrid and Barcelona continue to deteriorate, he would do well to consider making the ultimate sacrifice to save his country from itself.

Keeping Catalonia in Spain by taking Spain out of Catalonia is therefore directly tied to making Felipe a regular citizen of the country like everybody else. His abdication would lead to the proclamation of the Third Spanish Republic, to new governments in Madrid and Barcelona, and to a constitutional assembly that could result in the creation of a multi-national federal state where Andalusians, Basques, Canarians, Castilians, Catalans and others could reconcile with their past as they look to reclaim and refashion the old notion of the many Spains, or Las Españas.

Any other alternatives at this point would seem to lead nowhere but to saying goodbye to Spain.

Dr. José Buscaglia is the Chair of Cultures, Societies and Global Studies at Northeastern University.

Newsweek

Traducción de Google

Los acontecimientos recientes apuntan a la posibilidad de que Cataluña, una de las regiones más prósperas de España, pueda declarar su independencia en las próximas semanas.

Este sería un escenario peligroso para España, donde las regiones con problemas similares con el gobierno central en Madrid, principalmente la nación vasca, pronto podrían seguir su ejemplo, dejando al país significativamente disminuido si no roto irreparablemente como un Estado-nación viable.

Las perspectivas de una separación exitosa de Cataluña de España plantea desafíos a casi todos los principales países de Europa donde, tanto dentro de la UE como más allá, hay más de ochenta movimientos separatistas grandes y pequeños.

Sin duda, la ruptura del primer estado-nación moderno occidental que emergería en 1492 unida bajo una corona y una religión, y la decimocuarta economía más grande en el mundo de hoy, tendría graves repercusiones en todo el mundo.

Claramente hay aspectos del nacionalismo que responden a nuestros instintos tribales primarios como primates y también a emociones que desafían a la razón. En el caso catalán, sin embargo, el creciente número de personas que se han unido al movimiento independentista en los últimos años es inversamente proporcional al socavamiento sistemático de las libertades catalanas por parte del gobierno central en Madrid en las últimas dos décadas.

En 2005, el parlamento catalán aprobó un proyecto de ley territorial que reconocía a Cataluña como una nación distinta bajo el Estado español, dándole un mayor control fiscal sobre su economía. Ese proyecto de ley fue desestimado por el Tribunal Constitucional de Madrid.

Lo que sucedió después fueron solicitudes sucesivas del gobierno de Barcelona para que Madrid aceptara una votación abierta sobre la cuestión de si Cataluña quedaba en España o se independizaba. A día de hoy, Madrid se ha negado a participar en esa conversación obligando a los catalanes a celebrar varios plebiscitos sobre la cuestión.

Este 1 de octubre, a pesar de una gran ofensiva y el tipo de brutalidad policial que no se había visto en España desde los días de la dictadura franquista (1939-1975), el 43 por ciento de los votantes elegibles acudieron a las urnas y el 90 por ciento de los votantes elegibles. ellos votaron por la independencia.

El gobierno central calificó de ilegal el voto e inconstitucional advirtiendo a Barcelona de que no toleraría una “declaración unilateral de independencia”.

La terminología empleada por Madrid no tiene sentido. ¿Cuándo una declaración de independencia ha sido algo más que unilateral?

Enfrentado a un problema que podría llevar a la desintegración del país, el actual primer ministro conservador, Mariano Rajoy, ha respondido con la típica actitud quijotesca española, apareciendo totalmente indiferente frente a la inminente perdición.

Él atendería la pregunta catalana la próxima semana, dijo, siempre que pudiera encontrar algo de tiempo. La próxima semana es ahora y el jefe del parlamento catalán, Charles Puigdemont, acaba de declarar que Cataluña se está moviendo inequívocamente hacia la independencia en respuesta a los resultados del referéndum del 1 de octubre. Les ha pedido a sus patrocinadores que le den a Madrid una última oportunidad para llegar a la mesa de negociaciones.

Rajoy respondió amenazando con tomar el control del gobierno en Cataluña y su jefe adjunto ya está insinuando la posibilidad de enviar al ejército.

Al igual que Rajoy, los otros dos líderes de los principales partidos políticos en Madrid parecen igualmente reacios a sentarse a la mesa. Pedro Sánchez, jefe del Partido Socialista liberal, sobresale al hablar extensamente sin decir mucho. A su izquierda, Pablo Iglesias, líder del partido Podemos, simplemente piensa en la cuestión catalana como una forma de desestabilizar al gobierno en preparación para un golpe de estado.

Mientras tanto, en Barcelona, ​​la coalición gobernante proindependentista está compuesta por un puñado de estrategas astutos. Su coalición es también un movimiento nacional verdaderamente viable en el sentido de que incorpora a todos los sectores de la sociedad, desde los conservadores pro negocios, pasando por la coalición republicana de izquierda hasta los radicales antisistema y las principales instituciones de la sociedad civil.

Tras la votación del 1 de octubre, el rey Felipe VI hizo una aparición excepcional en la televisión nacional. Hizo un llamamiento al gobierno catalán para que volviera a la legalidad constitucional y no se disculpó por la campaña terrorista lanzada por la policía nacional. Tampoco dirigió sus temas catalanes en su propio idioma.

En ese momento, Felipe dejó de ser el rey de todos los españoles. A medida que las relaciones entre Madrid y Barcelona sigan deteriorándose, haría bien en considerar hacer el último sacrificio para salvar a su país de sí mismo.

Mantener a Cataluña en España sacando a España de Cataluña está por lo tanto directamente relacionado con hacer de Felipe un ciudadano regular del país como todos los demás. Su abdicación llevaría a la proclamación de la Tercera República Española, a nuevos gobiernos en Madrid y Barcelona, ​​y a una asamblea constituyente que podría resultar en la creación de un estado federal multinacional donde andaluces, vascos, canarios, castellanos, catalanes y otros podrían reconciliarse con su pasado mientras buscan reclamar y remodelar la vieja noción de las muchas Españas, o Las Españas .

Cualquier otra alternativa en este punto parece no conducir a otra cosa que despedirse de España.

El Dr. José Buscaglia es la Cátedra de Culturas, Sociedades y Estudios Globales en Northeastern University.