¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no? Por Domingo Sanz

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Escuché la respuesta y solo pude sentir lástima por el testigo que acababa de responder al juez Marchena. Un minuto y veintisiete segundos antes era el abogado Pina quien hacía las preguntas en el juicio contra los líderes independentistas:

Abogado Pina: “Cuando usted ha calificado, a preguntas de la excelentísima señora fiscal, la actitud de los ciudadanos en el colegio como muy agresiva, ¿en que se traducía esa mucha agresividad?”

Policía testigo: “Pues estaban agitados, con lanzamiento de objetos…”

Abogado Pina: “Lanzamiento de objetos, ¿qué objetos lanzaban?”.

Policía testigo: “Pues no puede ver ninguno, pero…”.

Abogado Pina: “Lo acaba de decir usted”.

Policía testigo: “Si, lanzamiento de objetos, serían piedras…”

Abogado Pina: “No, ‘serían’ no sirve. Es si se lanzaron o no se lanzaron”.

Policía testigo: “…si, yo le estoy diciendo que eran objetos, no sé lo que eran…”.

Abogado Pina: “Yo le estoy preguntando lo que usted vio”.

Policía testigo: “Si, si, yo le estoy diciendo que vi objetos, no sé lo que eran… que daban en los escudos y en los cascos de los compañeros”.

Abogado Pina: “¿Usted no vio que hubiera lanzamientos? Es que no me aclaro”.

Policía testigo: “Sí que había lanzamientos, pero si me pregunta usted específicamente lo que eran, si eran piedras o…”.

En este momento es cuando el Juez interviene y, poniendo voz de presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, le pregunta al policía testigo: “¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no?”

Policía testigo: “No”.

Abogado Pina: “No hay más preguntas, señoría”.

Marchena interrumpió el interrogatorio porque para salvar al policía de la tortura de las preguntas no le quedaba más remedio que arriesgarse a dejarlo como un embustero.

El abogado también debió sentir pena por la persona, y no pidió al juez que se invalidara toda su declaración, ni que se investigara el falso testimonio que se acababa de evidenciar a la vista de todos.

Hoy es once de abril de 2019, pero hace casi cincuenta años aún no había cumplido los veinte y estudiaba en la Universidad Complutense.

Las dos aulas de primer curso estaban separadas del edificio principal y sus paredes cristaleras nos enseñaban el jardín breve de la Facultad, ubicada junto a la autopista de La Coruña, cerca del Palacio de La Moncloa.

El profesor de turno exponía su asignatura, pero tampoco él podía evitar miradas furtivas hacia el exterior, donde había árboles, césped y el edificio principal, pero lo que le dispersaba su atención eran los paseos vigilantes de los “grises”, los mismos policías de hoy, pero con otro color en el uniforme.

Estaban instalados, con sus microbuses, en grupos dispersos por las distintas facultades del campus para así disolver manifestaciones con mayor facilidad y, en ocasiones, incluso asambleas de alumnos en el interior de las aulas, donde cada cierto tiempo entraban a lo bestia, actuando contra la libertad de expresión exactamente igual que los que aparecen en los vídeos que Marchena se niega ahora a proyectar, en contra de lo que necesitan y piden los abogados para poder separar en tiempo real las verdades de las mentiras.

En 1970, y gracias al tiempo libre para pensar durante los largos silencios en las celdas del sótano que sucedían a las palizas y torturas aplicadas en aquella Dirección General de Seguridad que gobernaba España con el todo vale de las fuerzas represivas, uno de los alumnos interrogados consiguió descubrir que la Brigada Político Social, quizás no conforme con el “trabajo” de los grises, había infiltrado a Sánchez, uno de sus policías, en nuestro curso, matriculándolo como un alumno más.

Recuerdo bien las caras de Álvarez, Iglesias, Fraga, Ollero, Morodo, Trías y resto de profesores, a pesar de que nunca estuve tan cerca de ninguno de ellos como de aquellas personas armadas de amenaza en gris cuando coincidíamos en esos momentos de cuerpo a cuerpo que periódicamente sucedían, a iniciativa siempre de los uniformados.

Hoy, a pesar de tanta democracia, no me queda más remedio que, también, imaginar las caras de policías y guardias civiles que están declarando en este juicio. Para conseguirlo, recurro a los gestos de fiscales, jueces y abogados, mientras los interrogados responden a las preguntas que sufren en el juicio más importante de nuestra historia.

Sí recuerdo, en cambio, que no sentía personalmente nada hacia aquellas personas que intentaban y conseguían golpearnos cuando, junto con mis compañeros, pasábamos de solo pensar en la intimidad a realizar algo que no estaba consentido por la ley, por mucho que no tuviera consecuencias de ninguna clase y a pesar de que en muchas ocasiones los jueces, hartos, quitaban la razón a la policía.

Me dan pena los testigos declarantes, que acuden acobardados a decir mentiras cumpliendo órdenes superiores o afectados por la presión de su ambiente “laboral” inmediato.

Los cobardes, en cambio, a quienes solo puedo odiar, son los Rajoy, Soraya, Zoido, Pérez de los Cobos y tantos otros, que enviaron a todos esos números a actuar contra personas que solo ofrecían la resistencia de su propio cuerpo y su deseo de incumplir una sentencia sin mayores consecuencias.

No existe nadie en España que sea capaz de acabar con el esperpento que significa este juicio, condenado a figurar en nuestra historia como un momento decisivo en el camino hacia la derrota colectiva.

Ni siquiera el color de los uniformes de hoy me parece tan diferente al gris aquel como me lo parecía en los años ochenta del siglo pasado.

¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no?

Un factor de riesgo llamado monarquía – por Domingo Sanz

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15 de junio de 1977: elecciones entre la ilusión y la confusión.

1980: el rey que lo nombró se mete en política intrigando contra un Suárez dos veces elegido por las urnas. La derecha más franquista aprovecha la ocasión para intentarlo con Armada, Tejero y otros.

Octubre de 1982: Asustados aún, los votos eligen a un PSOE monárquico de facto.

Año 1996: corrupción y cloacas en el gobierno socialista, pero es la crisis económica del 92 la que derrota a Felipe cuatro años después.

Del 11 al 14 de marzo de 2004: Aznar nos ha metido en la guerra de Irak y envenena la política con su gran mentira, pero la democracia intuye el peligro que significa y devuelve el gobierno a los socialistas.

Noviembre de 2011: se descubre que en la familia real también hay corrupción, pero de nuevo el crack mundial, iniciado cuatro años antes, saca al PSOE de La Moncloa.

Año 2018: el gobierno del PP lleva años sustituyendo política por cloacas, policías y tribunales para no negociar con la Generalitat de Catalunya, pero termina cayendo tras una sentencia por corrupción.

Año 2019: ante una derecha que promete regresar al pasado, las encuestas vaticinan la victoria del PSOE, tal como ocurrió en 1982, aunque esta vez sin mayoría absoluta. También, como hace casi cuarenta años, el rey decidió meterse en política. Es lógico pensar que no debería haber desestabilizado a Suárez entonces, ni aparecido en TVE el 3 de octubre de 2017.

Quizás las consultas populares sobre la forma de Estado que, sin apoyo de ningún partido, se están celebrando en universidades y pueblos, nacen de una sola pregunta: ¿Qué otros peligros volverán si seguimos con la monarquía?

Porque, ahora que España quiere seguir siendo Europa y que en la 2 de TVE hemos podido ver documentales como “El silencio de otros” y películas como “La conspiración” no debería ser necesario que nos preguntáramos si seguimos sometidos a peligros militares como Franco, Mola o Milans del Bosch. ¿O quizás sí, señores Abascal, Casado y Rivera, y ese miedo es el mensaje oculto de su campaña electoral?

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/factor-riesgo-llamado-monarquia-domingo-sanz/20190408082938090278.html

Todo vale para que nada cambie. Javier Gallego

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El poder se mueve por abajo para que no se mueva lo de arriba. Para eso sirven las cloacas. Eliminan la subversión y esconden la ropa sucia. Para eso crea el PP su policía política. Se defiende de la Gürtel o Bárcenas y ataca a los dos únicos movimientos que han amenazado la continuidad del Régimen: el independentismo y Podemos como partido surgido del 15M. Ambos ponían en jaque al Rey, a las torres bipartidistas y a los alfiles y caballos de la banca y la empresa. Había que acabar con ellos como fuera.

Primero fueron a por los políticos convergentes, viejos compañeros de la cloaca que esconden sus sombras bajo la bandera soberanista. La crisis catalana podía provocar una reacción en cadena que cuestionase todo el sistema. Si se pregunta a la gente por el modelo de Estado, van a querer decidir todo lo demás y esto va a parecer una democracia. Quita, quita. Como la policía política no funcionó, mandaron a la otra a partir caras y salió el monarca corriendo a dar la suya en la tele, consciente de que él no cabe en una república.

La unidad de España que les preocupa es la que forman la Corona, el IBEX 35 y su sistema de partidos. Si la Monarquía cae, la Corte se tambalea, así que fueron a por el partido que les llamaba “la casta”. Interviene hasta Rajoy. Una nueva grabación de la brigada política cuenta que autorizó recompensar a un ex alto cargo chavista para que mintiera sobre la financiación venezolana de Podemos. Es la segunda filtración que le señala, después de otra de Fernández Díaz. Rajoy es el señor X de este “GAL sin pistolas”, como bien lo llama Pedro Vallín en La Vanguardia. Es listo haciéndose el tonto.

La cosa es importante si hasta él mete cabeza. Y tanto que lo era. Llegaba Pablo Iglesias, se iba el rey Juan Carlos y el 15M parecía pasarle al sistema por encima. El Régimen estaba de los nervios y puso la máquina en marcha. Como tantos periodistas, viví cómo se silenció el debate sobre la república en los grandes medios. Luego la policía aplicó la ley del silencio en la calle retirando hasta las banderas tricolores. La democracia a pleno rendimiento.

Y así todo. Crean el “Podemos de derechas” que pedía el presidente del Banco Sabadell y le hacen la guerra sucia a Iglesias cuando tantea gobernar con los socialistas. Presionan a Sánchez para que no lo haga y se lo terminan cargando, aunque resucita. Le exigen una Gran Alianza o que pacte con Ciudadanos, pero como el sanchismo les sale rana y se entiende con los independentistas, empiezan a normalizar a la ultraderecha en sus medios para que gane el trifachito. Y llaman a Bertín para que les ponga la cama.

Todo vale para que nada cambie. Desde darle un préstamo público de 300.000 euros a Inda sin avales ni garantías, hasta poner al fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, a limpiar tu basura. Cuando no son las cloacas, son los hilos de las marionetas los que mueven a la opinión pública para evitar a toda costa que discutamos sobre los asuntos importantes, de la Corona a la democracia. Si todo es discutible, nos va a dar por discutirles y se les acabó el chollo de mandarnos sin que rechistemos.

Y nada cambia porque todo sigue igual. El PP se presenta a las elecciones como si tal cosa, Casado dice que sólo han tenido 2 corruptos, Fernández Díaz sigue en la ejecutiva del partido y sus periodistas de presa, en sus panfletos y tertulias. La mano que mece la cuna de los medios es también la mano que da de comer a los partidos y nadie muerde la mano que le da de comer. Por eso ni siquiera el PSOE carga contra las cloacas del PP porque las cloacas son todos. Es todo. Marlaska no puede haber cerrado las cloacas del Estado porque el Estado es una cloaca.

https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/vale-cambie_6_885121480.html

Los menores abusados por religiosos son víctimas del Estado. Domingo Sanz

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Comenzaremos con tres escenarios muy reales.

Escenario 1. En septiembre de 1960 un niño de 8 años comienza el curso en un colegio de curas. Democracia o dictadura, no hay madre que no perciba que su hijo lo pasa mal y finalizado el primer trimestre lo matricula en otro sitio. No hubo nada sucio, que recuerde quien hoy es abuelo, pero, será casualidad, ha vuelto a pensar en aquello por las noticias sobre abusos con curas parecidos.

Escenario 2. Febrero, 2019. El partido de baloncesto infantil ha finalizado y varios familiares hablan relajados mientras esperan que sus niñas se duchen en los vestuarios. Solo se conocen de coincidir y nadie sabe quién es de izquierdas y quién de derechas, y menos si creyentes o ateos. En un momento dado, alguien pronuncia “cura” sin intención y, de repente, los gestos delatan un consenso general: cualquier cura puede ser un pederasta. Uno de los abuelos es aquel niño de 1960, su madre ya no está, y nunca sabrá porque lo sacó de aquel colegio.

Escenario 3, en la prensa. 24 de marzo de 2019. “La gran cantidad de sentencias absolutorias que últimamente está dictando la Audiencia de Palma en casos de violaciones a mujeres y de abusos sexuales a menores” es la noticia que “Llama la atención” en Diario de Mallorca. Al día siguiente, y en el mismo periódico, la autora “Susu”, en “Opinión” afirma que “Se calcula que ha habido entre ocho y nueve mil sacerdotes abusadores, y otros tantos encubridores”. Dos páginas más y, sobre un juicio que se celebra en Barcelona, leemos el siguiente titular: “Los Maristas no alertaron a las familias tras conocer los abusos de su profesor”.

Aunque en el seno de la Iglesia Católica se ha abusado en muchos países y durante muchos años, aquí solo nos referimos a España y a la “dictadura bendecida” durante cuatro décadas, pues nos preguntamos: ¿estaría apareciendo tanto cura pederasta si la II República no hubiera sido violada y asesinada?

Por las denuncias que no paran se sabe que muchos curas siguieron abusando durante la democracia, pues nuestra manera de cambiar de régimen no provocó ni que se sintieron automáticamente más vigilados, ni que sus víctimas infantiles sintieran el impulso de dar la merecida patada en los cojones al vicioso que las sobaba, ni que los padres o tutores que sospechaban se sintieran, al día siguiente de la Constitución, tan legalmente protegidos como para acudir al juzgado de guardia. No saldrían tantos casos ahora, tantos años después.

Dada la estrecha vinculación institucional entre la Iglesia Católica y el Estado totalitario, la condición de víctimas de Estado es la que procede en este caso, pues la violencia que practicaba la dictadura protegía a todo aquel que, a los ojos de los millones de débiles, formara parte del régimen. Por ejemplo, los curas, incluidos los abusadores. En cambio, las actrices de Hollywood abusadas por H. Weinstein serían víctimas adultas no del Estado, sino de un sistema que funciona a base de abusos particulares de posición dominante.

Aquí, como al finalizar la dictadura no se actuó contra los implicados, la nueva democracia “legalizó” de hecho ese pasado. A cambio, como cuando uno compra una empresa en funcionamiento, la democracia, por mucho que practicara la desmemoria, asumió el pasivo.

Pero no fue cierto. Al incumplir los políticos de la democracia esa obligación, el paso del tiempo los ha convertido también en delincuentes por omisión ante las víctimas. Nada hicieron para dar satisfacción al colectivo de niños que hubieran sufrido abusos en manos de curas pederastas. Siempre fue un secreto a voces.

Ahora que ya ni siquiera es esa clase de “secreto” y el Vaticano no huye del problema, si la izquierda gana las próximas elecciones debería lanzar un ambicioso proyecto que permita medir la verdadera dimensión que alcanzó la pederastia vinculada a la Iglesia, pues muchas de las víctimas aún están en condiciones de recordar. Estoy hablando de sociología, no de tribunales, al margen de las reformas legales necesarias para facilitar esa acción a todos los que se atrevan a denunciar. Cuando por fin se pueda dibujar el mapamundi de la pederastia eclesial, se sabrá la posición de España tras responder a la pregunta formulada tras la descripción de los escenarios.

Es imprescindible acabar con el deterioro continuo que acompaña una realidad insufrible que cada día engordan las noticias. Pero me temo que esta democracia monárquica volverá a demostrar su amoralidad original, dejando pendiente para la república que viene la cancelación de esta deuda histórica.

https://www.lasrepublicas.com/2019/03/27/los-menores-abusados-por-religiosos-son-victimas-del-estado/

República o Monarquía sí que importa, pero lo ocultan Domingo Sanz. Domingo Sanz

FELIPE_ELEGIR

La clase política heredera y defensora del 78 niega cada día que la forma de Estado sea un problema que preocupe en España. En cambio, sus actos delatan el miedo cerval que tienen a que ese debate pueda plantearse, algo que ha crecido con fuerza a partir de la Catalunya republicana que reivindican los independentistas.

De hecho, fue pocos meses después de la consulta celebrada el 9N de 2014, aquella que impulsó un Artur Más que fue inhabilitado y también embargado su patrimonio, cuando el gobierno de Rajoy decidió que el CIS dejara de preguntar sobre la monarquía. ¡¡Qué casualidad!! Hoy en La Moncloa está Sánchez, pero seguimos sin conocer la valoración que nosotros mismos, los contribuyentes, le adjudicamos a esa institución del Estado. Y algo sucedió un 3 de octubre de 2017.

Pero hoy tenemos Internet, que es como un océano infinito donde cada segundo desembocan millones de contenidos que corresponden a todo lo que se dice y a quien lo dice, y que los algoritmos capturan para destripar. Después, si necesitamos saber algo, los buscadores nos proporcionan las respuestas que les pedimos.

La búsqueda en bruto de información en La Red tiene la ventaja de disponer de una muestra inmensa, lo que normalmente permite que se cumpla aquello de que “cuando el río suena, agua lleva” con una fiabilidad muy superior a la de cualquier encuesta.

Por eso, y como no nos dejan saber si a los españoles les interesa la forma de Estado, por ejemplo, he decidido investigar sobre lo qué hablan los líderes políticos, o lo que los medios se hacen eco de lo que esos líderes hablan. Parto de la idea, difícilmente reprochable, de que aquello de lo que más habla alguien coincide con lo que más le preocupa o, al menos, lo que está más de moda. Y si ese “alguien” son los representantes elegidos democráticamente, lo correcto es considerar que esas preocupaciones son también las de la sociedad. Salvo que pensemos que las urnas no sirven para nada.

He elegido los cuatro líderes principales de ámbito estatal: Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. No se ha incluido Abascal porque, entre otras cosas, parece que le gustan más las armas que las formas de Estado y, por tanto, solo deberíamos tratarlo como el peligro que significa y, además, con elevadas probabilidades de contagio hacia terceros.

Y también tres bloques de problemas: Laboral, Forma de Estado y Catalunya. Seguro que a usted no se le escapa que el bloque “Laboral” se ha elegido como prueba del algodón, pues los mismos que insisten que la Monarquía no preocupa o que Torra no gobierna, presumen de que ellos sí que se ocupan de resolver nuestros problemas reales.

Para la búsqueda de resultados mediante Google he seleccionado tres palabras distintas para cada bloque. Para el Laboral, las palabras han sido “Salarios”, “Pensiones” y “Desempleo”. Para Forma de Estado, “Rey”, “Monarquía” y “República”. Y para Catalunya, “Independentismo”, “Soberanismo” y “Cataluña”.

Entre las 16:00 y las 16:30 horas del 23 de marzo he realizado las 72 búsquedas, 36 más 36. La primera en el formato sin restricciones y la segunda en el más restrictivo, entrecomillando cada grupo de tres palabras de las combinaciones resultantes. Y dentro de cada paquete de 36 búsquedas, 12 para cada uno de los tres bloques, combinando cada palabra con el nombre y primer apellido de cada líder. Se obtuvo lo siguiente, en cada caso:

36 búsquedas sin restricciones: 432.598.000 resultados. Desglose:

Laboral 64.415.000 14,9%
Forma de Estado 167.453.000 38,7%
Catalunya 200.730.000 46,4%

36 búsquedas con los textos entrecomillados: 39.249 resultados. Desglose:

Laboral 4.732 12,1%
Forma de Estado 14.918 38,0%
Catalunya 19.599 49,9%

Tal como Buenafuente, entre las carcajadas de la concurrencia, finaliza en “Late Motiv” uno de sus monólogos más divulgados, el de los precios del agua y la cerveza en el bar del Congreso de los Diputados, “no hay más preguntas, señoría”. Pero no puedo resistirme a terminar esto gritando que los políticos del 78 mienten sobre este asunto, y lo saben.

Cuando de dos muestras tan dispares en tamaño resultan porcentajes tan similares es que estamos tocando realidad. A partir de aquí seguiremos desglosando, cruzando datos, investigando más y obteniendo todas las derivadas que podamos conseguir. Por eso, continuará… aunque, si a usted le ha entrado el gusanillo, puede hacer lo mismo. Nunca conseguirá cifras idénticas, pues buceamos en el “océano” más vivo de todos, pero sí serán parecidas.

Sánchez, Iglesias y Puigdemont son curvas hacia la República. Domingo Sanz

Pedro-Sánchez-República

En breve votaremos para renovar todas las instituciones, a excepción de los llamados parlamentos de Euzkadi, Catalunya y Galicia, tan vigilados de cerca, como todo lo demás, por los magistrados del Constitucional, verdadero dique de contención contra los cambios, como si con ello estuvieran ganando trienios para mejorar su sueldo.

Tampoco se renovará el de Andalucía, donde hay “susanistas” que por fin comprenden el lamentable estado en que se encuentran por no obligar a su lideresa a emigrar a Madrid para ponerse a las órdenes de Sánchez al día siguiente de su derrota en aquellas primarias que, convocadas bajo su particular “estado de excepción”, tuvieron lugar el 21 de mayo de 2017.

Las anteriores autonómicas de las tres citadas al principio también siguen proyectando su sombra. En primer lugar, las catalanas. Las últimas tuvieron lugar el 21 de diciembre de 2017 y se celebraron también en la situación excepcional creada tras la aplicación del 155. Al igual que las primarias del PSOE, las ganaron quienes habían sido desplazados de los liderazgos que habían ganado a base de democracia. Pocos electores me recuerdan más a los catalanes que consiguieron votar en su referéndum, dando la cara contra las porras de los policías, que los afiliados al corriente de pago que apostaron por Sánchez, defendidos en su caso por el secreto electoral, valga la paradoja. Y que no se quejen los socialistas de piel fina, porque con la comparación no salen perdiendo en un momento histórico que será recordado por la valentía de quienes se atrevieron a ser rebeldes.

Las últimas elecciones en Galicia y Euzkadi tampoco fueron “inocentes” en el camino hacia la actualidad. Se celebraron muy pocos días antes del Ferraz más conflictivo que se recuerda y sus resultados aceleraron aún más a quienes se habían confabulado para defenestrar al hoy presidente del Gobierno.

Otros hechos confluyen para aportar mayor emoción al momento que vivimos.

Por una parte, la deriva imparable de una derecha dividida y, por tanto, imprevisible y ultra competitiva, que muchas personas intuyen peligrosa, pues manifiesta un autoritarismo que no se avergüenza ni de parecer totalitario. Podrían perder votos, y aún más escaños, porque sus mensajes están teñidos de violencia desde el poder, ese y no otro es el significado del fichaje de militares franquistas para encabezar listas de Abascal, la otra versión del ejército como garante de la unidad de España que insistía la de Cospedal en cada desfile, no es necesario matizar que a cualquier precio. Las tres derechas de ahora estaban dentro de la que perdió la batalla de la ética contra su mentira más odiosa, y también siguen sin comprender que detrás de aquel masivo “No a la guerra” también había gente de derechas, pero civilizada. Tal como ocurre ahora con muchas mujeres no izquierdistas que se suman a la ola feminista, por mucho que lo nieguen.

Por otra parte, algo distinto tendrá que decir Pablo Iglesias el próximo sábado, 23 de marzo, si quiere regresar de verdad al centro del tablero mediático. No tengo información sobre lo que haya mascullado, pero seguro que no ha concedido vacaciones a sus neuronas durante la baja por paternidad.

Solo se me ocurre que señalar como objetivo político prioritario el final del tiempo monárquico en España le permitirá dar la nota que necesita. De esa forma obligaría a definirse a más de uno, se colocaría a una distancia imposible para Errejón y, además, podría robarle a Sánchez algunos de los votos anti franquistas que espera conseguir gracias a la exhumación de nunca acabar. Además, subiría a Podemos al tren del republicanismo emergente que se está construyendo con las sucesivas movidas locales que se promueven desde grupos juveniles que no sufren de prejuicios hacia los catalanes pero que, para suerte de Podemos y del PSOE, no han tenido tiempo de madurar una candidatura republicana potente y unitaria a las elecciones generales.

Relacionando con Catalunya, este golpe de timón de Iglesias sería la única manera de capitalizar la fuerza argumental de lo que todos saben, pero nadie reconoce: que solo la posibilidad de una república en España tendría hoy la fuerza necesaria para hacer dudar a un porcentaje mínimo, pero quizás bastante, de independentistas. Tal como le ocurrió a Sánchez tras aquel Ferraz, aunque de momento por otros motivos, nada tiene que perder ante el retroceso que anuncian las encuestas. Además, todo tiene un límite, y las incoherencias de Iglesias sobre la monarquía también, y más en alguien que sacó la “cal viva” del antiguo González contra el moderno Sánchez. Que mal suena hoy recordar aquel pleno del Congreso, pero quizás peores fueron sus consecuencias. Para Podemos.

Por si sirve para convencer, la cotización de la monarquía en España baja cada día. Pies de plomo antes de iniciar cualquier movimiento y ya no hay ni quien le quiera comprar a la naviera Balearia ese muerto llamado “Fortuna”, que quizás compró bajo presión y que tantas veces pisó Felipe durante sus veraneos en Mallorca, cuando aún no era sexto.

En otra de las curvas hacia la república, el conflicto territorial con Catalunya no para de complicarse porque es político, y política es lo que nadie ha querido hacer jamás desde “Madrid”, salvo que nos sumemos a quienes defienden que “la justicia es la política por otros medios”. Resulta deprimente constatar que, en este país, el único avance que hemos conseguido en el arte de buscar soluciones a los conflictos políticos haya sido cambiar la palabra “guerra” por “justicia”, en aquella famosa y cruel sentencia de von Clausewitz.

Sánchez ha definido su programa electoral: hablar, por una parte y, por otra, asegurar que, con el PSOE, Catalunya no conseguirá la independencia. Su primer compromiso solo depende de él, porque lo único que tiene que hacer es no callarse y tampoco dejar “vacía” su silla. En cambio, el segundo son palabras mayores, con muchos más actores implicados, comenzando por su “otro yo”. Por mucho que P.S. siga huyendo ahora de aquella “España plurinacional” que se sacó del baúl de los recuerdos cuando el referéndum del 1 de octubre aún no molestaba, sabe que eso le permitió conseguir muchos votos de andaluces también catalanes contra Susana. Y también que se trata de un concepto que no cabe en esta Constitución.

Hoy, cómodamente “atrapado por su pasado”, Sánchez sabe que el 28A viene cargado de respuestas pendientes de inventar, muchas más que todas las alegrías que puedan caber en una noche electoral. El líder del PSOE, una vez renovado su grupo parlamentario con una mayoría clara de afines, estará obligado a plasmar su “España plurinacional” en el proyecto de una nueva Constitución de la que quiere ser el líder principal, y con la que se asegurará cientos de portadas durante años, recortando de paso el privilegio mediático que se ha ganado a pulso el independentismo catalán.

No creo que Sánchez desaproveche la oportunidad si el PP más los de Abascal no llegan a un tercio de los diputados del Congreso, cosa que algunas encuestas no descartan. Aunque solo lanzara esa reforma en modo globo sonda, sabe que podría ser la única manera, si aún existe, para confundir a muchos catalanes, lo que para él ya sería un éxito importante.

Pero que la reforma constitucional pueda tocar la forma de Estado dependerá también de la ronda de urnas del 26 de mayo, de unas nuevas autonómicas en Catalunya que fortalezcan al independentismo y de muchos imponderables más, no solo dentro de nuestras fronteras.

Porque, a diferencia de cualquier izquierda de las de toda España hasta la fecha, para Puigdemont, Junqueras y los suyos, tan diversos como convencidos de lo que buscan, “República” es siempre una palabra que suma.

https://diario16.com/sanchez-iglesias-y-puigdemont-son-curvas-hacia-la-republica/

El pucherazo liberal. David Bollero

Ciudadanos vuelve a saltar a las primeras planas por su funcionamiento interno. En esta ocasión, le ha tocado a Valladolid y su proceso de primarias, que se ha saldado con mas votos que votantes. ¿Pucherazo? No piensen mal, será democracia liberal.

Hace falta ser muy torpe para cometer un pucherazo y terminar contando más votos para l@s candidat@s que los que realmente han sido emitidos; 81 votos de diferencia, nada menos. La elección de Silvia Clemente huele muy mal. Lo peor no es que las sospechas de fraude se disparen en torno a la candidata del aparato, la tránsfuga del PP; lo peor es que los dedazos y las primarias descafeinadas en Ciudadanos se han convertido en una práctica habitual desde hace años.

Cuando Albert Rivera saltó a la escena nacional en la anterior legislatura, no dudó en armar un partido político a contrarreloj con líderes de todo pelaje: Ya en su día Público lo denunció: la lista de imputados, tránsfugas, falangistas, xenófobos… se agolpaban en la casa naranja. Aquello no podía terminar bien, aunque el ascenso en los resultados electorales es cierto que no se puede cuestionar. ¿Qué ha pasado internamente? Que si pusiéramos en fila a todos los cargos electos de Ciudadanos dimitidos, a las personas expulsadas por díscolas, a quienes han denunciando prácticas irregulares en el seno del partido, con luchas de poder y dosis de autoritarismo a partes iguales… igual Rivera tenía otra foto de Colón.

Pareciera que Ciudadanos ha conseguido encandilar a buena parte del electorado y, previamente, a personas que quisieron ir más allá y contribuir activamente al proyecto, que posteriormente se topan con la realidad interna. Y ese funcionamiento de puertas para adentro, que de un tiempo para acá comienza a vislumbrarse en el exterior, es el que lleva a una hemorragia de afiliad@s sobre la que se aplica el torniquete de nuev@s que se arriman al sol que más calienta.

La gran pregunta es: ¿confiaría el Gobierno de España a un partido en el que ni siquiera se pueden llevar con normalidad unas elecciones con apenas un censo de 1.000 personas?

https://blogs.publico.es/david-bollero/2019/03/11/ciudadanos-valladoli