ANSELMO CARRETERO JIMÉNEZ

Anselmo Carretero_1_630x630

Segovia 09/04/1908 – México DF 22/05/2002. Ingeniero industrial y escritor. Estudió el bachillerato en León, trasladándose posteriormente a Madrid para ingresar en la Escuela de Ingenieros Industriales. Se alojó en la Residencia de Estudiantes y se formó políticamente en la Casa del Pueblo de Madrid. En 1926 ingresó en la UGT y en las Juventudes Socialistas de Madrid, militando desde 1934 en la Agrupación Socialista Madrileña. Participó en la fundación de la Federación Universitaria Española. En 1932 concluyó sus estudios de ingeniero industrial. En 1933 pertenecía a la Junta Directiva del Sindicato Nacional de Arquitectura e Ingeniería (UGT) y se especializó en oceanografía ingresando como ingeniero en la Dirección General de Pesca. En 1934 estuvo becado en Alemania, donde visitó sus principales puestos pesqueros y vivió seis meses en Berlín, siendo espectador de la ascensión de Hitler al poder. A su regreso se reincorporó como ingeniero en la Dirección General de Pesca. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 le sorprendió en México donde se encontraba en viaje familiar visitando a su suegro Félix Gordón Ordás, embajador de España en la citada República. A los pocos días participó como orador en un mitin de apoyo al pueblo español organizado por los sindicatos mexicanos. Poco después regresó a España, donde se hizo cargo de la nueva oficina de claves del Ministerio de Estado. Posteriormente se le encomendó la creación del Departamento de Información Diplomática, encargado de obtener toda clase de información del exterior, tanto a través de las embajadas como por toda clase de medios, lo que le hizo mantener estrechos contactos con los servicios secretos de la Unión Soviética. Finalizada la guerra pasó a Francia y de allí marchó hacia México, donde llegó en la primavera de 1939 vía Nueva York. Su primera ocupación fue la de profesor de física y matemáticas en los centros de enseñanza fundados por los exiliados españoles: Instituto Ruiz de Alarcón, Instituto Luis Vives y Academia Hispano-Mexicana. Entre 1943 y 1945 trabajó como ingeniero en una empresa agrícola de capital norteamericano en Holcatzin (Campeche) cultivando ricino, que por entonces era considerado el mejor lubricante para los motores de avión. En 1946 se trasladó a Loma Bonita (Oaxaca) como director de una empacadora de piña perteneciente a la Sociedad Mexicana de Crédito Industrial. En 1948 regresó a la capital para trabajar en Sosa Texcoco, industria también perteneciente a la Sociedad Mexicana de Crédito Industrial que al ser nacionalizada se llamó Somex, trabajando en la misma hasta su jubilación en 1985. Perteneció a la Agrupación Socialista Española en México, de la cual fue presidente en sus últimos años. En el exilio simultaneó su actividad profesional con el estudio de la formación histórica de la nación española, fruto de lo cual es su copiosa bibliografía sobre el problema nacionalista en España. Formó parte del grupo editor de la revista Las Españas, creada en 1946 por José Ramón Arana y Manuel Andújar y que con su continuación Diálogo de las Españas fue, durante casi dos décadas, un referente cultural del exilio español. En los últimos años del franquismo y durante la transición fue miembro del Comité Nacional del PSOE, representando a la organización socialista española de México y en el cual fue uno de los principales

defensores de la configuración federal de España. Falleció en México el 22 de mayo de 2002.

La doble revolución de las mujeres republicanas

1557501221_887968_1557507386_noticia_normal_recorte1

Hubo un día en que los bailes eran canteras de sindicalistas y la historia obligaba a crecer más deprisa. Entonces la revolución estaba en la boca de todos y Josefina Carpena-Amada (Barcelona, 1919 – Marsella, 2005), mejor conocida como Pepita Carpena, tenía claro que se entregaría a ella. Obrera en una fábrica textil desde los 12 años, se inició a la política de la mano de la CNT y se unió al movimiento Mujeres Libres en la época más turbulenta de la España contemporánea. Vivió el golpe de Estado, la barbarie del mayo de 1937, la Guerra Civil, la dictadura y el exilio. Siempre luchó. Lo hizo al lado de otras muchas mujeres casi invisibles para los anales, pero que lograron estrepitosos avances en igualdad peleando tanto dentro como fuera de casa. “Para ellas fue normal ir al frente, disparar balas, crear un grupo de más de 20.000 mujeres, luchar contra sus padres, la homofobia y el machismo”, resume Isabella Lorusso, que ha publicado en España el libro Mujeres en Lucha (Altamarea), 11 entrevistas realizadas a lo largo de 15 años a activistas españolas, mujeres feministas que vivieron la Guerra Civil y sus duras consecuencias en sus propias carnes.

Lorusso (Apulia, Italia, 52 años) recorrió kilómetros para dar con mujeres como Pepita Carpena, Teresa Rebull o Blanca Navarro y escribir el libro que le hubiera gustado encontrar cuando llegó a Barcelona en los años noventa. Entonces era una estudiante universitaria involucrada en el movimiento feminista y se apasionó por el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y los movimientos izquierdistas de ese período. Rascó en la historia para encontrar a las mujeres republicanas que habían luchado con uñas y dientes durante el conflicto y de las que se perdió la memoria. Mujeres anarquistas, milicianas, marxistas o comunistas, de distintas ideologías pero con el mismo denominador común: hacer escuchar su voz. “No encontré el libro, encontré a la gente real”, resume Lorusso en Madrid, donde ha presentado su obra.

Porque si la historia olvida a los perdedores, aún peor es la suerte de aquellos que son apartados dentro del mismo bando derrotado. Carpena admite en su entrevista con la autora, en 1997, que existían actitudes machistas dentro del movimiento, pese a que la Segunda República representó una de las máximas expresiones de igualdad de género de la época —reconoció el voto femenino y despenalizó el aborto, entre otras cosas—. Confiesa que lo más duro fue enfrentarse a sus propios compañeros, que tampoco entendían del todo —y llegaron a confundirlo con el libertinaje— el papel del grupo Mujeres Libres, nacido en el seno del anarcosindicalismo para lograr la liberación de las mujeres y la igualdad, y que llegó a tener más afiliados que el Partido Comunista en su momento más álgido.

“Ponían a los hombres ante una contradicción cotidiana, porque ellos mismos hablaban de cómo cambiar el mundo y luego volvían a casa y el mundo que hubieran podido cambiar no lo cambiaban”, analiza la autora. Fue así que el choque entre guerra y revolución asumió otra dimensión, más oculta, que trascendía la lucha de clase y de la cual las mujeres fueron protagonistas involuntarias. “Como los estalinistas pensaban que antes había que ganar la guerra y después hacer la revolución, muchos hombres creían que si ganaban la revolución las mujeres automáticamente se liberarían, pero no era así. Fue también una revolución en casa”, continúa. “Había una discriminación dentro del mismo grupo y había que hacer la revolución al mismo tiempo”.

 

Esta discriminación acabó sin embargo por ser interiorizada por muchas de las mujeres militantes e hizo que Lorusso se enfrentara a un doble obstáculo: a las dificultades técnicas se sumó el hecho de que ellas mismas se restaban importancia. Teresa Carbó (Begur, 1908 – Le Soler, 2010), la última persona en ver con vida al dirigente del POUM Andreu Nin, es ejemplo de ello. Inicialmente rechazó la entrevista alegando que no tenía nada que contar. Lorusso la encontró en 2010, poco antes de que falleciera, en una residencia de mayores en Francia. Tenía 102 años, la mayoría de ellos pasados en el exilio.

Ni Carbó ni Carpena se definían feministas. Suceso Portales (Zahínos, 1904 – Sevilla, 1999), quien fue vicesecretaria de Mujeres Libres, explicaba que entonces eran las mujeres de clase media, sufragistas, quienes se apropiaron del término, y que en el movimiento anarcosindicalista preferían definirse femeninas. “A nosotras nos interesaban las mujeres que luchaban dentro y fuera de las paredes domésticas”, dijo a la autora durante la entrevista. “Los compañeros no nos dieron elección y nosotras decidimos cambiar nuestras vidas antes de cambiar el mundo”. Para Lorusso, solo se trata de un tecnicismo: “Yo me defino feminista y considero que ellas eran mucho más feministas que yo”.

Ellas, mujeres ocultas en historias ocultas, lucharon con la escopeta al hombro, se organizaron, exigieron más derechos, estuvieron en la cárcel, ayudaron a sus compañeros y los vieron morir, abandonaron sus tierras y cruzaron la frontera cargando a sus hijos. “La libertad es para todos o no es”, señalaba a la autora Concha Pérez (Barcelona, 1915 – 2014), una de las pocas mujeres que combatieron en el frente durante la Guerra Civil.

De las mujeres que aparecen en el libro solo queda viva una, María Teresa Carbonell (Barcelona, 1926), antigua militante del POUM y presidenta de la Fundació Andreu Nin de Barcelona. Pero permanecen su legado y su lucha. Lorusso admite que no solo encontró barreras para reconstruir la memoria histórica de las entrevistadas, tampoco fue fácil hacer llegar su obra al gran público. “Hay que valorizarlas”, reflexiona. “Yo solo las entrevisté y escribí el libro que hubiera querido encontrar, un libro sobre el coraje del que nadie ha hablado”.

https://elpais.com/cultura/2019/05/10/actualidad/1557501221_887968.html

Inauguración del monolito en recuerdo de los segovianos que deportados a los campos de concentración nazis

 

img-20190128-wa0002Han tenido que pasar 73 años desde la liberación de los campos de exterminio nazis y todavía esta terrible página de nuestra historia es desconocida por buena parte de l@s segovian@s. Se sabe que 28 segovianos estuvieron en campos de concentración y solo la mitad fueron liberados. Gracias a la labor del Foro por la Memoria de Segovia, y a la iniciativa de IU de Segovia el Ayuntamiento aprobó la instalación de un monolito que honre y haga justicia a estos segovianos que perdieron su vida bajo la barbarie fascista, al cual debemos recordar dio carta blanca el régimen franquista para que procediera a la eliminación física de estos hombres, que antes habían luchado en España contra los mismos enemigos que acabaron con sus vidas.

img-20190128-wa0004

Verdad, Justicia y Reparación para todos ellos.

Que sus nombres no los borre el tiempo.

MEMORIA HISTÓRICA: 42 AÑOS DEL ENERO NEGRO DE 1977. JOSÉ LUIS ÚRIZ IGLESIAS EXPARLAMENTARIO Y CONCEJAL DEL PSN-PSOE

Resultado de imagen de la transicion sangrienta

Memoria histórica no es un término ambiguo y retórico, tiene una carga profunda que nos obliga a recordar los elementos importantes del pasado, especialmente reciente y volverlo a situar de actualidad.

Eso debe ocurrir con el terrible enero que sufrimos justo hace ahora 42 años y que viví en primera persona. Por eso hoy como cada año los recuerdo buscando la complicidad de los medios de comunicación para ayudar a conseguirlo y lo hago en primera persona.

En el instante de escribir estas líneas tengo muy vivos en mi memoria aquellos dramáticos días. En aquel tiempo militaba en el PCE y en Comisiones Obreras; en la Universidad de Madrid donde estudiaba y en el sector de Artes Gráficas donde trabajaba.

Aquel enero se inició el domingo 23 de 1977, cuando un grupo de ultraderecha asesina al joven antifascista Arturo Ruiz en una manifestación pro amnistía en el cruce de las calles de Silva y Estrella, en la trasera de la Gran Vía (entonces avenida de José Antonio) de Madrid.

En aquel instante me encontraba cerca con los compañeros de la Universidad y aún me llegan las sensaciones de indignación, miedo y rabia contenida al ser informados de ello.

Al día siguiente muere la estudiante de sociología María Luz Nájera, por el impacto del bote de humo que recibe en la manifestación en protesta por la muerte de Arturo. Recibe el golpe en la esquina de la Gran Vía con la calle de Libreros, también cerca de donde estábamos. Impactados por ambos hechos toda la izquierda antifranquista se conmociona.

Precisamente aquel terrible 24 de Enero teníamos previsto reunirnos el PCE de Artes Gráficas en el despacho de los abogados laboralistas de Atocha, lugar que alternábamos con el de Españoleto, pero nos llamaron para suspenderla porque había otra más importante, la del Transporte que por entonces estaba en huelga. La sustituimos por una mini reunión en mi casa, que también solíamos utilizar en momentos puntuales.

Había negros nubarrones, y algo se barruntaba pero a pesar de la rabia y la indignación se nos recomendó desde la dirección del PCE tranquilidad, y en tras el debate que tuvimos decidimos acatar esa decisión.

A medianoche sonó el teléfono de mi casa. Un camarada, Eugenio, me informaba de lo de Atocha. Asesinados Enrique, Sauquillo… seis en total y heridos graves Lola, Alejandro… Pensé que podíamos haber sido nosotros. Luego una vorágine de reuniones, asambleas, contactos, y sobre todo un mensaje claro: hay que mantener la calma, no responder a la provocación.

A pesar de la rabia contenida por nuestros camaradas asesinados apretamos los dientes y tragamos el sapo. Éramos comunistas y por tanto teníamos una mayor responsabilidad, más aún en los complejos momentos que nos tocaba vivir.

Después el impresionante entierro en el que participé activamente en el «servicio de orden», con la sensación de estar viviendo momentos históricos. Incluso la anécdota nunca aclarada de aquel helicóptero que la sobrevoló, la leyenda negra se encargó de asegurar que era el propio Rey Juan Carlos I quien lo pilotaba. Luego con el tiempo entendí que aquel llamamiento a la calma de mi partido fue clave para conseguir la democracia, y desde entonces defiendo esa misma reacción en circunstancias parecidas.

Antes otro día de enero, fatídica casualidad, el 21 pero años atrás en 1969, caía asesinado por la policía franquista Enrique Ruano. Conocí a Enrique en la lucha antifascista, era de mi misma quinta, aunque en aquel tiempo yo militaba en el PCE y estudiaba en la Escuela de Telecomunicaciones.

Allí un día de enero nos enteramos de su muerte, de su asesinato, recuerdo las conversaciones con José Luis «Avinareta», Pepe Carpintero, Manolo Briso, Manolo Gamella, aunque los dos últimos eran de la FUDE teníamos una muy buena relación, nos estremecimos al pensarlo. El franquismo agonizaba, lo sabíamos, pero temíamos sus últimos coletazos, y éste fue uno de ellos.

También conocíamos a sus torturadores, a sus supuestos asesinos, el comisario Conesa, el temible Yagüe, y un sádico, «Billy el niño», o lo que es lo mismo Juan Antonio González Pacheco. No los conocíamos físicamente todavía pero circulaba por los círculos de lucha antifranquista su crueldad. Posteriormente la conocimos de manera directa.

En aquel tiempo se estaba discutiendo el Estatuto para la Politécnica, y la izquierda lideró esa lucha, yo era representante de Teleco, y después de una reunión clandestina en Caminos, al salir camino del autobús, paró bruscamente un Seat negro a mi lado, supe enseguida lo qué suponía aquello, bajaron dos policías de la Brigada Político Social, uno de ellos era «Billy el niño».

Creo que nunca se borrará de mi mente aquella cara. Ahora vuelven a mí los recuerdos de aquellos interminables días en la DGS, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol. Aquel tétrico edificio que aún me da escalofríos al pasar delante, por más que ahora sea la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Hoy al recordar aquellos hechos pienso que también en esa ocasión pude ser yo, cuando Billy «actuaba» y uno de sus compañeros le decía «ten cuidado que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar», resuenan esas palabras y las recuerdo como si fueran ahora, y su respuesta «no importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar».

Pienso en Enrique, en todos los Enriques que dejamos por el camino, en aquellos camaradas, los abogados de Atocha, por eso escribo estas líneas, que son, que quieren ser un homenaje a quienes lucharon codo con codo conmigo y hoy ya no están. Mirar la vista atrás no te convierte en estatua de sal, es una obligación para mantener viva el recuerdo.

Estamos en otro tiempo, pero esta mañana de invierno recuerdo aquellos momentos, aquellos días, aquellos interrogatorios crueles, aquellas gentes, a mis camaradas caídos con sensaciones profundas, muy profundas, y alguna lágrima asomando por mis ojos.

Os recuerdo hoy, os recordaré siempre camaradas, compañeros… vuestro ejemplo me guía y guiará, sé que también vosotros no consentiríais sin alzar vuestra voz que la izquierda no se una para frenar a la derecha extrema. Os recuerdo, y a través de esta reflexión intento que os recuerden todas aquellas personas que la lean. Y no perdono a vuestros asesinos.

Lo hago precisamente hoy cuando negros nubarrones amenazan de nuevo nuestra convivencia. Porque más que nunca debemos mantener viva la llama de esa memoria colectiva.

https://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/memoria-historica-42-anos-del-enero-negro-de-1977

Concierto del cancionero popular de exiliados en Francia

foto-1-5-1392x1752

En 1939 más de medio millón de españoles pasaron la frontera hacia Francia huyendo de la guerra y de las represalias. Llegaron cansados, a pie, con frío, arrastrando sus pocas pertenencias y no encontraron el recibimiento que esperaban: Francia los confinó en campos de refugiados o de concentración, en los que se sintieron abandonados por todos, tratados como ganado y olvidados del mundo.

Los hermanos Luisa y Cuco Pérez rememoran el camino que realizó su familia por los campos de concentración franceses y lo hacen a través de las canciones que les enseñó su madre, que en aquel momento no era más que una niña refugiada. Además incluyen las canciones que han recogido a los supervivientes de aquellos campos de Francia y que han publicado recientemente en el libro-disco titulado ‘Allez, allez..!’.

Canciones como ‘Somos los tristes refugiados’, ‘Bourg Madame’, ‘A México, vida mía’ o la escrita por su abuelo en el campo de Rivesaltes ‘Cuando a Francia yo a pie me dirigí’, que reflejan no sólo el dolor, sino también el humor con el que enfrentaron su desgracia para poder sobrevivir.

Además, “acercaremos la historia de nuestra familia con fotos y anécdotas, como las referidas al entierro del poeta Antonio Machado, en Collioure, o a los objetos de la época que les acompañan en el escenario”, explica Pérez.

Recuerdos

CUCO PEREZ

Un espectáculo en el que Luisa y Cuco Pérez comparten su música, su historia y sus recuerdos con el público, al que transportarán a un viaje emocionante y necesario.
“Lo que vamos a hacer es el concierto en el que, además de contar con imágenes el recorrido de nuestra familia por distintos campos de concentración franceses, interpretamos las canciones que están en ese disco y que las hemos rescatado de la memoria de los poquitos refugiados españoles que aún viven en el Sur de Francia y que protagonizaron la retirada, al final de la guerra civil”, explica Cuco Pérez.

Luisa Pérez pondrá su voz y su hermano el acordeón. Su colección de acordeones, cercana a las 300 piezas, es una de las más importantes de Europa y se exhibe parcialmente en el Museo de la Música del Monasterio de Silos.

La cita, que tiene carácter gratuito, será este viernes 2 de noviembre a las 20.30 horas en el Teatro Canónigos de La Granja.

http://www.eladelantado.com/provincia-de-segovia/concierto-del-cancionero-popular-exiliados-francia/

“LA MITAD DE LOS EMIGRANTES ESPAÑOLES SE FUERON SIN CONTRATO DE TRABAJO”

Dos millones de españoles emigraron en los años 60, la mitad sin contratos de trabajo y el 80% analfabetos. El documental “El tren de la memoria” alumbra un episodio desconocido de nuestra historia reciente con demasiados paralelismos con la actualidad.

Fotograma del documental “El tren de la memoria”

Las luces se encienden y los aplausos van surgiendo poco a poco, con pausas entre una y otra palmada, hasta que el estruendo se hace con la sala. Muchas de las asistentes superan los cincuenta y los sesenta años de edad y la mayoría tienen los ojos demasiado brillantes para poder conversar entre ellas. Acaban de viajar a su pasado, a sus paisajes y a sus preocupaciones, pero también han reconocido en la vivencias de ellas y sus padres, la vida de miles de inmigrantes que hoy viven en España. Acaban de asistir a la proyección del documental “El tren de la memoria” de Marta Arribas y Ana Pérez en un acto organizado por la asociación Tertulia Feminista Les Comadres.

Este documental de hora y media, obra de dos periodistas forjadas en el programa de reportajes en profundidad Treinta Minutos de Telemadrid, hasta que la cadena cayó en la propaganda partidista, ha conseguido reconstruir un pasaje olvidado y desconocido hasta ahora, el de los emigrantes españoles que se fueron a Europa a principios de los años sesenta. Las tasas de paro crecían por día por lo que Franco prohibió el pluriempleo y muchas personas que trabajaban en varios sitios para subsistir pasaron a ser pobres. Pero Europa necesitaba mano de obra para sus factorías y el franquismo eliminar potenciales focos de conflictividad social, es decir, mucha gente que pasaba hambre en este país.

Dos millones de personas partieron, según los registros del Régimen, la mitad de ellos sin contrato de trabajo, y el 80 % analfabetos. Muchos no sabían dónde estaba en el mapa ese lugar llamado Alemania o Suecia; se desnudaron en público por primera vez en Hendaya para un examen médico en el que se sintieron “ganado, nos miraban incluso los dientes”; los que tenían menos miedo incluso llegaron a protestar, aunque nadie les entendiese, cuando llegaron a su destino y les pusieron un cartón con un número para repartirlos por las factorías. Y los que lograron formarse y entrar en contacto con los sindicatos, aprovechar la libertad para organizarse y mejorar sus condiciones a principios de los setenta. “El tren de la memoria” recupera a través de imágenes de archivos, muchas no habían sido vistas desde aquellos años o nunca, y del testimonio de aquellos inmigrantes las condiciones, los sentimientos y la vida de una generación que lo dejó todo para que los suyos estuvieran mejor, que en muchos casos nunca contaron a su entorno la soledad, los sacrificios, las humillaciones, el frío y el tremendo esfuerzo físico que conllevaba aquellas condiciones de trabajo marcadas por lamonotonía del trabajo en cadena y las horas extras acumuladas. Dos millones de personas que con sus divisas contribuyeron decisivamente a la recuperación económica de España.

Tras la proyección, se inicia un coloquio con una de sus directoras, Marta Arribas. Los asistentes, la mayoría mujeres, están aún demasido emocionadas y les cuesta hablar, pero poco a poco van alzando los brazos. No preguntan, conversan. Comparten imágenes, sentimientos, contradicciones. Mencionan a los vecinos que volvieron tras décadas como emigrantes y se compraron un piso y cómo nunca se habían planteado los sacrificios que les había costado, pero rápidamente vuelven al presente y hablan de nuestros nuevos vecinos. Porque “El tren de la memoria” trata sobre la vida de los emigrantes que se fueron a Europa, en los trenes que salían dos veces por semana hacia Francia, Suiza, los Países Bajos y, en el caso de este documental Alemania, en concreto Nuremberg. E incluso, para estas personas de edad avanzada les resulta incomprensible cómo la historia se repite de una manera tan fiel e injusta.

Periodismo Humano