Inauguración del monolito en recuerdo de los segovianos que deportados a los campos de concentración nazis

 

img-20190128-wa0002Han tenido que pasar 73 años desde la liberación de los campos de exterminio nazis y todavía esta terrible página de nuestra historia es desconocida por buena parte de l@s segovian@s. Se sabe que 28 segovianos estuvieron en campos de concentración y solo la mitad fueron liberados. Gracias a la labor del Foro por la Memoria de Segovia, y a la iniciativa de IU de Segovia el Ayuntamiento aprobó la instalación de un monolito que honre y haga justicia a estos segovianos que perdieron su vida bajo la barbarie fascista, al cual debemos recordar dio carta blanca el régimen franquista para que procediera a la eliminación física de estos hombres, que antes habían luchado en España contra los mismos enemigos que acabaron con sus vidas.

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Verdad, Justicia y Reparación para todos ellos.

Que sus nombres no los borre el tiempo.

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MEMORIA HISTÓRICA: 42 AÑOS DEL ENERO NEGRO DE 1977. JOSÉ LUIS ÚRIZ IGLESIAS EXPARLAMENTARIO Y CONCEJAL DEL PSN-PSOE

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Memoria histórica no es un término ambiguo y retórico, tiene una carga profunda que nos obliga a recordar los elementos importantes del pasado, especialmente reciente y volverlo a situar de actualidad.

Eso debe ocurrir con el terrible enero que sufrimos justo hace ahora 42 años y que viví en primera persona. Por eso hoy como cada año los recuerdo buscando la complicidad de los medios de comunicación para ayudar a conseguirlo y lo hago en primera persona.

En el instante de escribir estas líneas tengo muy vivos en mi memoria aquellos dramáticos días. En aquel tiempo militaba en el PCE y en Comisiones Obreras; en la Universidad de Madrid donde estudiaba y en el sector de Artes Gráficas donde trabajaba.

Aquel enero se inició el domingo 23 de 1977, cuando un grupo de ultraderecha asesina al joven antifascista Arturo Ruiz en una manifestación pro amnistía en el cruce de las calles de Silva y Estrella, en la trasera de la Gran Vía (entonces avenida de José Antonio) de Madrid.

En aquel instante me encontraba cerca con los compañeros de la Universidad y aún me llegan las sensaciones de indignación, miedo y rabia contenida al ser informados de ello.

Al día siguiente muere la estudiante de sociología María Luz Nájera, por el impacto del bote de humo que recibe en la manifestación en protesta por la muerte de Arturo. Recibe el golpe en la esquina de la Gran Vía con la calle de Libreros, también cerca de donde estábamos. Impactados por ambos hechos toda la izquierda antifranquista se conmociona.

Precisamente aquel terrible 24 de Enero teníamos previsto reunirnos el PCE de Artes Gráficas en el despacho de los abogados laboralistas de Atocha, lugar que alternábamos con el de Españoleto, pero nos llamaron para suspenderla porque había otra más importante, la del Transporte que por entonces estaba en huelga. La sustituimos por una mini reunión en mi casa, que también solíamos utilizar en momentos puntuales.

Había negros nubarrones, y algo se barruntaba pero a pesar de la rabia y la indignación se nos recomendó desde la dirección del PCE tranquilidad, y en tras el debate que tuvimos decidimos acatar esa decisión.

A medianoche sonó el teléfono de mi casa. Un camarada, Eugenio, me informaba de lo de Atocha. Asesinados Enrique, Sauquillo… seis en total y heridos graves Lola, Alejandro… Pensé que podíamos haber sido nosotros. Luego una vorágine de reuniones, asambleas, contactos, y sobre todo un mensaje claro: hay que mantener la calma, no responder a la provocación.

A pesar de la rabia contenida por nuestros camaradas asesinados apretamos los dientes y tragamos el sapo. Éramos comunistas y por tanto teníamos una mayor responsabilidad, más aún en los complejos momentos que nos tocaba vivir.

Después el impresionante entierro en el que participé activamente en el «servicio de orden», con la sensación de estar viviendo momentos históricos. Incluso la anécdota nunca aclarada de aquel helicóptero que la sobrevoló, la leyenda negra se encargó de asegurar que era el propio Rey Juan Carlos I quien lo pilotaba. Luego con el tiempo entendí que aquel llamamiento a la calma de mi partido fue clave para conseguir la democracia, y desde entonces defiendo esa misma reacción en circunstancias parecidas.

Antes otro día de enero, fatídica casualidad, el 21 pero años atrás en 1969, caía asesinado por la policía franquista Enrique Ruano. Conocí a Enrique en la lucha antifascista, era de mi misma quinta, aunque en aquel tiempo yo militaba en el PCE y estudiaba en la Escuela de Telecomunicaciones.

Allí un día de enero nos enteramos de su muerte, de su asesinato, recuerdo las conversaciones con José Luis «Avinareta», Pepe Carpintero, Manolo Briso, Manolo Gamella, aunque los dos últimos eran de la FUDE teníamos una muy buena relación, nos estremecimos al pensarlo. El franquismo agonizaba, lo sabíamos, pero temíamos sus últimos coletazos, y éste fue uno de ellos.

También conocíamos a sus torturadores, a sus supuestos asesinos, el comisario Conesa, el temible Yagüe, y un sádico, «Billy el niño», o lo que es lo mismo Juan Antonio González Pacheco. No los conocíamos físicamente todavía pero circulaba por los círculos de lucha antifranquista su crueldad. Posteriormente la conocimos de manera directa.

En aquel tiempo se estaba discutiendo el Estatuto para la Politécnica, y la izquierda lideró esa lucha, yo era representante de Teleco, y después de una reunión clandestina en Caminos, al salir camino del autobús, paró bruscamente un Seat negro a mi lado, supe enseguida lo qué suponía aquello, bajaron dos policías de la Brigada Político Social, uno de ellos era «Billy el niño».

Creo que nunca se borrará de mi mente aquella cara. Ahora vuelven a mí los recuerdos de aquellos interminables días en la DGS, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol. Aquel tétrico edificio que aún me da escalofríos al pasar delante, por más que ahora sea la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Hoy al recordar aquellos hechos pienso que también en esa ocasión pude ser yo, cuando Billy «actuaba» y uno de sus compañeros le decía «ten cuidado que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar», resuenan esas palabras y las recuerdo como si fueran ahora, y su respuesta «no importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar».

Pienso en Enrique, en todos los Enriques que dejamos por el camino, en aquellos camaradas, los abogados de Atocha, por eso escribo estas líneas, que son, que quieren ser un homenaje a quienes lucharon codo con codo conmigo y hoy ya no están. Mirar la vista atrás no te convierte en estatua de sal, es una obligación para mantener viva el recuerdo.

Estamos en otro tiempo, pero esta mañana de invierno recuerdo aquellos momentos, aquellos días, aquellos interrogatorios crueles, aquellas gentes, a mis camaradas caídos con sensaciones profundas, muy profundas, y alguna lágrima asomando por mis ojos.

Os recuerdo hoy, os recordaré siempre camaradas, compañeros… vuestro ejemplo me guía y guiará, sé que también vosotros no consentiríais sin alzar vuestra voz que la izquierda no se una para frenar a la derecha extrema. Os recuerdo, y a través de esta reflexión intento que os recuerden todas aquellas personas que la lean. Y no perdono a vuestros asesinos.

Lo hago precisamente hoy cuando negros nubarrones amenazan de nuevo nuestra convivencia. Porque más que nunca debemos mantener viva la llama de esa memoria colectiva.

https://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/memoria-historica-42-anos-del-enero-negro-de-1977

Concierto del cancionero popular de exiliados en Francia

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En 1939 más de medio millón de españoles pasaron la frontera hacia Francia huyendo de la guerra y de las represalias. Llegaron cansados, a pie, con frío, arrastrando sus pocas pertenencias y no encontraron el recibimiento que esperaban: Francia los confinó en campos de refugiados o de concentración, en los que se sintieron abandonados por todos, tratados como ganado y olvidados del mundo.

Los hermanos Luisa y Cuco Pérez rememoran el camino que realizó su familia por los campos de concentración franceses y lo hacen a través de las canciones que les enseñó su madre, que en aquel momento no era más que una niña refugiada. Además incluyen las canciones que han recogido a los supervivientes de aquellos campos de Francia y que han publicado recientemente en el libro-disco titulado ‘Allez, allez..!’.

Canciones como ‘Somos los tristes refugiados’, ‘Bourg Madame’, ‘A México, vida mía’ o la escrita por su abuelo en el campo de Rivesaltes ‘Cuando a Francia yo a pie me dirigí’, que reflejan no sólo el dolor, sino también el humor con el que enfrentaron su desgracia para poder sobrevivir.

Además, “acercaremos la historia de nuestra familia con fotos y anécdotas, como las referidas al entierro del poeta Antonio Machado, en Collioure, o a los objetos de la época que les acompañan en el escenario”, explica Pérez.

Recuerdos

CUCO PEREZ

Un espectáculo en el que Luisa y Cuco Pérez comparten su música, su historia y sus recuerdos con el público, al que transportarán a un viaje emocionante y necesario.
“Lo que vamos a hacer es el concierto en el que, además de contar con imágenes el recorrido de nuestra familia por distintos campos de concentración franceses, interpretamos las canciones que están en ese disco y que las hemos rescatado de la memoria de los poquitos refugiados españoles que aún viven en el Sur de Francia y que protagonizaron la retirada, al final de la guerra civil”, explica Cuco Pérez.

Luisa Pérez pondrá su voz y su hermano el acordeón. Su colección de acordeones, cercana a las 300 piezas, es una de las más importantes de Europa y se exhibe parcialmente en el Museo de la Música del Monasterio de Silos.

La cita, que tiene carácter gratuito, será este viernes 2 de noviembre a las 20.30 horas en el Teatro Canónigos de La Granja.

http://www.eladelantado.com/provincia-de-segovia/concierto-del-cancionero-popular-exiliados-francia/

“LA MITAD DE LOS EMIGRANTES ESPAÑOLES SE FUERON SIN CONTRATO DE TRABAJO”

Dos millones de españoles emigraron en los años 60, la mitad sin contratos de trabajo y el 80% analfabetos. El documental “El tren de la memoria” alumbra un episodio desconocido de nuestra historia reciente con demasiados paralelismos con la actualidad.

Fotograma del documental “El tren de la memoria”

Las luces se encienden y los aplausos van surgiendo poco a poco, con pausas entre una y otra palmada, hasta que el estruendo se hace con la sala. Muchas de las asistentes superan los cincuenta y los sesenta años de edad y la mayoría tienen los ojos demasiado brillantes para poder conversar entre ellas. Acaban de viajar a su pasado, a sus paisajes y a sus preocupaciones, pero también han reconocido en la vivencias de ellas y sus padres, la vida de miles de inmigrantes que hoy viven en España. Acaban de asistir a la proyección del documental “El tren de la memoria” de Marta Arribas y Ana Pérez en un acto organizado por la asociación Tertulia Feminista Les Comadres.

Este documental de hora y media, obra de dos periodistas forjadas en el programa de reportajes en profundidad Treinta Minutos de Telemadrid, hasta que la cadena cayó en la propaganda partidista, ha conseguido reconstruir un pasaje olvidado y desconocido hasta ahora, el de los emigrantes españoles que se fueron a Europa a principios de los años sesenta. Las tasas de paro crecían por día por lo que Franco prohibió el pluriempleo y muchas personas que trabajaban en varios sitios para subsistir pasaron a ser pobres. Pero Europa necesitaba mano de obra para sus factorías y el franquismo eliminar potenciales focos de conflictividad social, es decir, mucha gente que pasaba hambre en este país.

Dos millones de personas partieron, según los registros del Régimen, la mitad de ellos sin contrato de trabajo, y el 80 % analfabetos. Muchos no sabían dónde estaba en el mapa ese lugar llamado Alemania o Suecia; se desnudaron en público por primera vez en Hendaya para un examen médico en el que se sintieron “ganado, nos miraban incluso los dientes”; los que tenían menos miedo incluso llegaron a protestar, aunque nadie les entendiese, cuando llegaron a su destino y les pusieron un cartón con un número para repartirlos por las factorías. Y los que lograron formarse y entrar en contacto con los sindicatos, aprovechar la libertad para organizarse y mejorar sus condiciones a principios de los setenta. “El tren de la memoria” recupera a través de imágenes de archivos, muchas no habían sido vistas desde aquellos años o nunca, y del testimonio de aquellos inmigrantes las condiciones, los sentimientos y la vida de una generación que lo dejó todo para que los suyos estuvieran mejor, que en muchos casos nunca contaron a su entorno la soledad, los sacrificios, las humillaciones, el frío y el tremendo esfuerzo físico que conllevaba aquellas condiciones de trabajo marcadas por lamonotonía del trabajo en cadena y las horas extras acumuladas. Dos millones de personas que con sus divisas contribuyeron decisivamente a la recuperación económica de España.

Tras la proyección, se inicia un coloquio con una de sus directoras, Marta Arribas. Los asistentes, la mayoría mujeres, están aún demasido emocionadas y les cuesta hablar, pero poco a poco van alzando los brazos. No preguntan, conversan. Comparten imágenes, sentimientos, contradicciones. Mencionan a los vecinos que volvieron tras décadas como emigrantes y se compraron un piso y cómo nunca se habían planteado los sacrificios que les había costado, pero rápidamente vuelven al presente y hablan de nuestros nuevos vecinos. Porque “El tren de la memoria” trata sobre la vida de los emigrantes que se fueron a Europa, en los trenes que salían dos veces por semana hacia Francia, Suiza, los Países Bajos y, en el caso de este documental Alemania, en concreto Nuremberg. E incluso, para estas personas de edad avanzada les resulta incomprensible cómo la historia se repite de una manera tan fiel e injusta.

Periodismo Humano

27 de septiembre de 1975: “Mañana, cuando me maten…” Por Rosa García, miembro de La Comuna.

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Eran poco más de las nueve de la noche del 26 de septiembre de 1975 cuando el ministro de Información y Turismo de Franco, León Herrera Esteban, anunciaba el “enterado” del Consejo de Ministros de cinco penas de muerte que serían ejecutadas al día siguiente. Tres militantes del FRAP, Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, y dos militantes de ETA, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui Etxeverria, caerían ante los pelotones voluntarios de guardias civiles y policías armadas al día siguiente.

Estalló la rabia y el dolor en todos los hogares de las gentes de bien. También en las cárceles llenas de presas y presos políticos. En la sala de la televisión de la cárcel de Yeserías, el dolor y la impotencia se apoderó de las prisioneras ¡Se habían atrevido! Se atrevían a matar a cinco jóvenes antifranquistas, luchadores por la democracia y la libertad del pueblo oprimido por una dictadura sanguinaria y cruel que ya duraba 39 años.

La mujer de Sánchez Bravo, detenida en Yeserías, consiguió que la trasladaran a la cárcel de Carabanchel donde estaba su marido para poder acompañarle en su última noche. La compañera de Xosé Humberto, igualmente presa, no obtuvo el permiso. No estaban casados. ¡Tamaña crueldad! En su última noche, Xosé Humberto, escribió una emotiva y maravillosa carta que comienza con la frase: “Mañana, cuando me maten…”

Concepción Tristán López y María Jesús Dasca Penelas, las dos mujeres sobre las que pesaba una petición de pena de muerte, conmutada en última instancia por treinta años de reclusión, recibieron la noticia en las celdas de aislamiento donde llevaban varios días. Apenas habían salido de esas celdas desde que entraron, procedentes de la Dirección General de Seguridad. Habían sido detenidas a finales de agosto y salvajemente torturadas. En poco más de dos semanas se había montado el consejo de guerra sumarísimo sin tiempo para nada, ni para sus abogados, que apenas tuvieron contacto con los procesados y que acabaron siendo expulsados de la sala de injusticiamilitar. Las dos militantes del FRAP han fallecido prematuramente, sin posibilidad de obtener justicia ni reparación.

El resto de los procesados en los consejos de guerra sumarísimos de El Goloso: Manuel Blanco Chivite, Pablo Mayoral Rueda, Vladimiro Fernández, Fernando Sierra y Manuel Cañaveras, también recibieron la noticia en las celdas de incomunicación de la cárcel de Carabanchel.

El verano de 1975 había comenzado pronto, una ola de calor recorrió las tierras de España a primeros de julio. El agobio canicular agudizó aún más, si fuera posible, la crispada situación que se vivía. Franco se moría y los franquistas y sus aliados andaban apresurados asegurándose la poltrona.

La crisis económica que se había desatado en 1973 a consecuencia del embargo de petróleo dictado por la OPEP a los países que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kipur, estaba afectando gravemente a la dependiente economía española y el régimen se empeñaba en ocultarlo. La inflación, la subida de precios, la congelación de salarios y los despidos habían desatado largas luchas obreras. No era novedad en estas tierras asoladas por la dictadura. El llamado “milagro económico español”, que tanto cacarean los franquistas de viejo y nuevo cuño, se realizó en base al sacrificio de la clase obrera a quien se sometió a salarios paupérrimos y a pésimas condiciones laborales, sin posibilidades de protesta, soportando la opresión constante de la dictadura que declaraba el estado de excepción en cuanto veía mínimamente en peligro su paz social. La “paz” franquista, otro infundio.

Las cifras son claras: en 1975 medio millón de trabajadores participaron en algún tipo de lucha y las horas de trabajo perdidas fueron unas diez millonesi. El detonante solían ser las reivindicaciones laborales, pero también se iban añadiendo las políticas, tales como la lucha por las libertades democráticas, el derecho a huelga, libertad sindical y libertad de expresión. Además, otros sectores sociales como el movimiento estudiantil, que había comenzado a despuntar en 1967-1968, unían sus fuerzas con el movimiento obrero en la lucha por la democracia. A lo largo del curso 1974-1975 se llevaron a cabo en las universidades de toda España varias jornadas de lucha, saltos y manifestaciones estudiantiles que fueron reprimidos por la policía y los rectores, que declararon el cierre de las universidades en varias ocasiones.

En los barrios, el movimiento vecinal que había comenzado en la época de las grandes emigraciones del campo hacia la ciudad y la extensión de los suburbios de chabolas y barrios-dormitorio, estaba ganando peso peleando por la mejora de las condiciones de vida, del transporte, de la educación y de la sanidad. Cualquier mínima reclamación, se convertía en una lucha política.

Otras reivindicaciones se iban añadiendo, como la lucha de las mujeres por la igualdad, contra la discriminación laboral, por el derecho al puesto de trabajo, por la despenalización del aborto, por el derecho al divorcio… Amplios sectores de la cultura, se atrevían a mostrar su apoyo a la lucha contra la dictadura, a pesar de ser objeto de represión política. Un ejemplo fueron los actores que, en 1974, realizaron una huelga de amplia repercusión pidiendo la función única.

La presión popular sobre la dictadura iba en aumento y el régimen se defendía de la única forma que sabía y estaba dispuesto a hacer: con el palo y tente tieso. Desde el año 1973 se dispara la represión, como lo atestigua el número de sentencias dictadas por el Tribunal de Orden Público, que aumentaron considerablemente, pasando de 325 en 1972, a 506 en 1973; 567 en 1974 y 527 en 1975.

El 2 de marzo de 1974 fue asesinado Salvador Puig, por garrote vil. La dictadura seguía matando. En abril de 1975 se declaró el estado de excepción en Guipúzcoa y Vizcaya, durante tres meses, que desencadenó un nuevo ataque de terror policial y de grupos de ultraderecha contra la población. Incluso se llegó a habilitar, brevemente, la plaza de toros de Bilbao para encerrar a los detenidos.

La actuación policial en la represión de las protestas siguió causando muertos, destacando los casos de Miguel Roldán Zafra, asesinado por disparos de la guardia civil, el 1 de agosto de 1974, en Carmona (Sevilla), durante una manifestación por el agua; Víctor Manuel Pérez Elexpe, asesinado por disparos de la guardia civil, el 20 de enero de 1975, en Portugalete, cuando repartía octavillas en solidaridad con los trabajadores de la empresa Potasas de Navarra; y Jesús García Ripalda, asesinado por disparos de un sargento de la policía armada, el 31 de agosto de 1975, en Donostia, durante una manifestación contra las penas de muerte para luchadores antifranquistas. Sólo en ese año 1975, se produjeron más de una docena de asesinatospoliciales por repartir propaganda, pegar carteles, hacer pintadas, o simplemente debido al gatillo fácil de las fuerzas armadas represivas que se sabían (y continúan sabiendo) impunes.

A pesar del aumento de la represión, la descomposición del régimen se hacía evidente y los sustentadores del poder andaban en componendas para realizar una transición controlada que supusiera el menor cambio posible y les asegurara la reinstauración monárquica decidida por Franco. Llevaban tiempo entablando conversaciones con dirigentes de organizaciones de la oposición, incluyendo los del PCE. Al parecer, a estos dirigentes, se les había olvidado que sus propios militantes lucharon con tesón y heroicidad contra el franquismo desde el primer momento y habían sido víctimas de asesinatos, fusilamientos, torturas y cárcel.

Entre los prebostes destacados del régimen destacaba el exministro franquista Fraga Iribarne, que andaba enredando desde la embajada en Londres para intentar vender una imagen remozada y “aperturista” de la dictadura, a pesar de su estrepitoso fracaso en el mismo empeño unos años antes, justamente cuando, en 1963, firmó el “enterado” de los fusilamientos de Julián Grimau (dirigente del PCE) y de los anarquistas Francisco Granados y Joaquín Delgado. Sus contactos con los demócrata-cristianos alemanes y los conservadores británicos le habían asegurado una aceptación sin fisuras del sucesor de Franco, Juan Carlos de Borbón, al que los antifranquistas apellidaban “El Pelele”. Ya tenían el apoyo del gobierno estadounidense, necesitado de estabilidad y seguridad para seguir manteniendo sus bases militares y sus negocios en nuestro país.

Ante este panorama político-económico convulso, la dirección del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), un grupo abiertamente de izquierdas que luchaba por una República democrática y por el desmantelamiento de las bases norteamericanas, llamaba a la lucha armada contra el régimen. Había que dar un paso más, la estaca estaba podrida, como decía la famosa canción de Lluis Llach, y era preciso darle un último empujón. Con más entusiasmo que fuerza se hizo realidad la consigna.

La respuesta represiva no se hizo esperar. Cientos de militantes y simpatizantes de esta organización y de otras organizaciones de izquierdas, como LCR (Liga Comunista Revolucionaria) y de la izquierda nacionalista, fueron detenidos, brutalmente torturados y encarcelados. Continuando con el afán del régimen de legalizar la represión, el 26 de agosto de 1975 las Cortes franquistas aprobaron el Decreto-Ley 10/75, de Prevención del Terrorismo, conocido como Ley Antiterrorista que, en parte, sigue vigente. Tenía carácter retroactivo y reeditaba artículos de la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939; es decir, era una vuelta a la dura represión de postguerra.

El 27 de septiembre de 1975, en el madrileño pueblo de Hoyo de Manzanares se consumó la última infamia del asesino dictador Franco, que murió dos meses después. La enorme movilización internacional y nacional (ferozmente reprimida) no había podido conseguir que este felón traidor depusiera su deseo de morir matando.

El régimen fascista/franquista quedó, de nuevo, retratado como lo que era. Las pinceladas de “renovación” que se habían empeñado en dar los oligarcas que habían sustentado al régimen se borraron de golpe. El mundo entero pudo ver la verdadera calaña de la dictadura franquista. Les estalló la burbuja que habían intentado crear sobre una dictadura renovada con “espíritu de febrero” incluido.

Las últimas ejecuciones del franquismo movilizaron a los pueblos del mundo exigiendo a sus gobernantes una denuncia clara y contundente contra la dictadura. Y el pueblo español recibió esa enorme ola de solidaridad a pesar de la censura. Estos acontecimientos ¿alteraron los planes de la oligarquía franquista? Seguro. No se lograron muchos de los objetivos de ruptura democrática por los que tantas y tantos lucharon, pero las élites dirigentes tuvieron que ceder en algunas cosas a las que no se habían mostrado dispuestas, aunque mantuvieron en activo las mismas fuerzas represivas, leyes y judicatura, para asegurarse el éxito de su maniobra en la transición. El resultado lo conocemos: 188 muertos por la acción policial y parapolicial entre 1975 y 1983iii, que se añadieron a la larga lista del franquismo.

Ninguna de las condenas dictadas por los jueces franquistas contra los luchadores antifranquistas pueden mantenerse, ni las del Tribunal de Orden Público (TOP), ni las pronunciadas en juicios sumarísimos y, menos aún, las que impusieron penas de muerte, que en realidad fueron asesinatos legalizados. Fueron dictadas por jueces franquistas con leyes franquistas y en juicios-farsa, sin posibilidad alguna de ejercer el derecho de defensa.

Nada se consigue para siempre, pero el recuerdo de estos cinco jóvenes asesinados el 27 de septiembre de 1975 es un acicate para seguir peleando por acabar con la impunidad de los crímenes del franquismo y para lograr lo que ellos soñaron: ¡Una República democrática!

Franco: datos frente a la demagogia negacionista. Carlos Hernández

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Este agosto debería pasar a la Historia como el mes en el que los franquistas se quitaron definitivamente la careta y trataron de manipular la realidad para blanquear la dictadura. Si en el mundo hay una corriente marginal e incluso perseguida de revisionistas que niegan el Holocausto, en nuestro país contamos con un grupo mucho mayor de negacionistas de los crímenes del franquismo que, además, actúan con total impunidad. Los hemos visto buscar pelea dialéctica en el barro, en el que lo mismo vale hablar de Franco que de Venezuela o de Catalunya. Ellos lo mezclan todo, lo tergiversan todo con el único objetivo de legitimar una etapa tan oscura como fue el franquismo. Atónito ante lo que he visto y he oído, solo se me ocurre contestar con datos. Sé que corro el riesgo de aburrir a los lectores, pero creo que tenemos que repetir machaconamente la verdad para evitar que consigan su objetivo.

Franco dio un golpe de Estado contra un régimen democrático. No hay más. La derecha franquista ha ido cambiando de versión, falseando la realidad, para intentar legitimar aquella sublevación contra el orden constitucional.

Es falso que lo diera por el asesinato de Calvo Sotelo.

-El golpe estaba preparado y la fecha programada desde meses antes de ese atentado.

Es falso que lo diera por una amenaza comunista.

-El PCE apenas tenía 3.000 afiliados en 1936.

-El PCE sacó solo 16 diputados en las elecciones de febrero de 1936.

-El PCE se hizo fuerte durante la guerra, debido a que las democracias occidentales no ayudaron a la República y el único apoyo exterior llegó de la Unión Soviética.

-Franco tuvo 40 años para buscar las pruebas de un supuesto complot comunista contra la República y no encontró nada… porque nada había.

Es falso que lo diera porque «la guerra la inició la izquierda en el 34».

-La derecha gobernaba la República en 1934 y siguió haciéndolo hasta que en febrero de 1936 perdió las elecciones.

-Quien conspiró desde el primer día contra la República fue buena parte de la derecha. Hubo varios intentos de golpe de Estado, el más importante el liderado por el general Sanjurjo en 1932. Sanjurjo fue también el cabecilla de la rebelión de julio de 1936. Si siguiésemos el absurdo razonamiento de los revisionistas franquistas que no paran de hablar del 34, podríamos afirmar (no lo haremos por dignidad y puro equilibrio mental) que la guerra la inició la derecha en el 32.

Es falso que lo diera porque “hubo pucherazo en las elecciones del 36”:

-La derecha y los servicios secretos alemanes ya vaticinaban el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero. El resultado, usando términos coloquiales, estaba cantado.

-La sublevación había empezado a fraguarse mucho antes de esas elecciones

-Ya en los años 80 diversos historiadores, tras analizar académicamente los resultados electorales, concluyeron que no había habido irregularidades destacables ni, mucho menos, determinantes en el reparto final de escaños. De hecho, donde más irregularidades se detectaron y más presiones se ejercieron sobre los electores fue en circunscripciones controladas por la derecha.

-Recientemente se publicó una obra que hablaba de un supuesto pucherazo en el 36. El trabajo se basó, principalmente, en datos y argumentos que el propio régimen franquista había utilizado 79 años atrás y que carecían de cualquier rigor académico.

-Franco provocó una guerra que destruyó el país y llevó a la muerte a 300.000 combatientes y decenas de miles de civiles.

-Los apoyos internacionales de Franco en la contienda fueron Hitler y Mussolini. Tropas italianas fascistas, asesores militares nazis y aviones de la Legión Cóndor alemana combatieron, codo con codo, con los soldados franquistas. En la España “nacional” ondeaba la bandera con la cruz gamada, se veneraba al Führer y a Mussolini, se propagaba el odio contra los judíos y era obligatorio realizar el saludo fascista.

-Franco asesinó a 150.000 hombres y mujeres por motivos ideológicos.

Los crímenes de Franco no fueron una reacción a la violencia “del bando republicano”, sino una estrategia premeditada.

-Tres meses antes de la sublevación, en abril de 1936, el general Mola dictó unas órdenes secretas para todos sus compañeros de rebelión en las que decía, entre otras muchas cosas: «La acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo (…) aplicando castigos ejemplares (…) para estrangular movimientos de rebeldía o huelga». «Eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones, etc.».

-En las regiones en que triunfó inmediatamente el golpe de Estado y, por tanto, ni hubo guerra ni hubo víctimas de derechas, la represión fue igual o más brutal que en las zonas que caerían meses o años más tarde en manos franquistas.

Canarias: Entre 2.600 y 3.000 asesinados

Navarra: 3.500 asesinados

Baleares: 2.000 asesinados

Si tomamos Galicia como ejemplo:

-Al igual que en las citadas con anterioridad, no hubo guerra, la región cayó en manos franquistas en apenas dos días, no hubo víctimas de derechas.

-Y aun así: 4.700 republicanos asesinados (3.233 “paseados” y 1.466 ejecutados).

-Asesinados los 4 gobernadores civiles, el capitán general de la región militar, el gobernador militar de La Coruña, el contralmirante de la base de Ferrol, los alcaldes de, al menos, 38 localidades (incluidas Santiago de Compostela, Ferrol, La Coruña, Orense y Vigo) y centenares de concejales.

Una vez iniciada la guerra, las órdenes de los generales sublevados fueron: asesinar y violar. No lo digo yo, lo decían ellos mismos:

-Francisco Franco: «En una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática de territorio, acompañada por una limpieza necesaria, a una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje al país infectado de adversarios»

-General Juan Yagüe: «Al que resista, ya sabéis lo que tenéis que hacer: a la cárcel o al paredón, lo mismo da. Nosotros nos hemos propuesto redimiros y os redimiremos, queráis o no queráis. Necesitaros no os necesitamos para nada; elecciones, no volverá a haber jamás, ¿para qué queremos vuestros votos? Primero vamos a redimir a los del otro lado; vamos a imponerles nuestra civilización, ya que no quieren por las buenas, por las malas».

-General Gonzalo Queipo de Llano: «Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen».

-General Emilio Mola: «¿Parlamentar? ¡Jamás! Esta guerra tiene que terminar con el exterminio de los enemigos de España (…) Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad que es la vuestra y para aniquilarlos».

Los generales sublevados utilizaron a las tropas “indígenas” marroquíes como arma para sembrar el terror y la muerte.

-Periodistas internacionales constataron en sus crónicas cómo las “tropas moras” les ofrecían “orejas de comunistas” como souvenir.

-Franco perdonaba a los “moros” que practicaban violaciones alegando que había que tener en cuenta «la psicología del Indígena Marroquí en campaña».

-Hasta algunos alcaldes franquistas elevaron quejas por los saqueos generalizados, las violaciones y demás atropellos que provocaron los “moros”.

-Franco provocó el exilio de 250.000 españoles.

-Franco encerró a más de un millón de hombres y mujeres en cárceles y campos de concentración.

Franco montó un régimen fascista que apoyó a Alemania y a Italia en la II Guerra Mundial.

-Franco quiso entrar en la guerra y así lo dejó firmado en el protocolo secreto que firmó en Hendaya tras reunirse con Hitler: «En cumplimiento de sus obligaciones como aliada, España intervendrá en la presente guerra al lado de las Potencias del Eje contra Inglaterra, una vez que la hayan provisto de la ayuda militar necesaria para su preparación militar, en el momento en que se fije de común acuerdo por las tres Potencias, tomando en cuenta los preparativos militares que deban ser decididos», podía leerse en ese protocolo.

-Franco, a través de Ramón Serrano Suñer, pactó con Hitler la deportación a los campos de concentración nazis de miles de españoles y españolas. 7.500 de ellos acabarían pereciendo en lugares como Mauthausen, Buchenwald, Dachau, Auschwitz o Ravensbrück.

-Franco rechazó la oferta de Hitler de repatriar a “sus judíos” antes de poner en marcha la “Solución final”. Esa inacción del dictador español provocó que al menos 40.000 hombres, mujeres y niños de origen sefardí acabaran en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

-Franco envió a 50.000 hombres a combatir con el uniforme del Ejército nazi y a luchar bajo la bandera de la esvástica.

-Franco solo maquilló su fascismo a partir de 1943, cuando Hitler empezó a perder batallas en Europa y temió que el Führer le arrastrara en su caída.

-Franco secuestró las libertades de los españoles durante 40 años

-Durante el régimen de Franco hubo, al menos, 30.960 bebés robados. Inicialmente pertenecían a familias republicanas y los robos se practicaron para que los niños fueran educados en los “valores de la Nueva España”. El robo ideológico acabó convirtiéndose en un robo por motivos económicos, es decir, en un puro negocio.

Franco tuvo su propio doctor Mengele.

-Franco nombró jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares al doctor Antonio Vallejo-Nágera. Sus teorías, que cautivaron al dictador, apuntaban a que el marxismo era fruto de la existencia de un “gen rojo”. Este “doctor” hizo experimentos con los prisioneros de diversos campos de concentración, entre ellos con los miembros de las Brigadas Internacionales cautivos en San Pedro de Cardeña. Su racismo ideológico, supuestamente científico, legitimó el robo de bebés y la eliminación de los enemigos contaminados por el imaginario gen.

-Franco condenó a las mujeres españolas al papel de siervas de sus padres, maridos e hijos. Lo que pensaba el régimen de las mujeres no lo digo yo,  lo decía la líder femenina designada por Franco, Pilar Primo de Rivera: «Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho (…) «La única misión asignada a la mujer en las tareas de la Patria es el hogar».

Franco asesinó la inteligencia, tal y como anunció Millán Astray en la Universidad de Salamanca, delante de Miguel de Unamuno.

-Lo hizo literalmente, asesinando a intelectuales de talla internacional como Miguel Hernández o Federico García Lorca

-Lo hizo literalmente, matando a centenares de maestros de escuela y depurando a todos los demás

-Lo hizo quemando libros, siguiendo la doctrina verbalizada por el rector franquista de la Universidad de Zaragoza: «el fuego purificador es la medida radical contra la materialidad del libro».

Franco fue un corrupto y creó un régimen en el que imperó la corrupción desde arriba hasta abajo

-Su fortuna, poco después de acabar la guerra, ya alcanzaba los 400 millones de euros  según se ha desvelado en investigaciones recientes.

-Montó un emporio empresarial, gracias a su infinito poder político, que hoy siguen controlando sus herederos.

Franco siguió matando y reprimiendo hasta el último día.

-En 1970 aún había presos políticos y comunes realizando trabajos forzados.

-Los últimos fusilamientos se perpetraron en septiembre de 1975. Solo dos meses antes de morir, el dictador hizo oídos sordos a las peticiones de clemencia que llegaron desde Estados Unidos, Europa y el mismísimo Vaticano.

-El día de su muerte quedaban miles de presos políticos en sus cárceles.

Necesitaría 1.000 artículos como este para incluir todos los datos. Solo he aportado una pequeña muestra de lo ocurrido. ¿De verdad hay que seguir debatiendo sobre esto? ¿De verdad es democrático dar voz en los medios de comunicación a quienes tratan de ocultar la realidad, justifican los asesinatos e insultan a las víctimas? ¿De verdad creen que este artículo sería necesario en un país normal?

https://www.eldiario.es/zonacritica/Franco-datos-frente-demagogia-negacionista_6_809179092.html

Respuesta de un militar democrático al desafío franquista

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Hace algunos días un grupo numeroso de militares en la reserva, de los tres ejércitos,  emitió un manifiesto en defensa y desagravio del general Francisco Franco. Es evidente que su objetivo es presionar al gobierno para que los restos del dictador no sean retirados del Valle de los caídos. Su segundo objetivo, y no menor, es amedrentar a la sociedad española, estableciendo de algún modo una línea roja que no se debe cruzar.

Los ciudadanos de mi edad, más de setenta años, hemos vivido muchas veces situaciones como esta. Situaciones que desgraciadamente han tenido efectos perversos para el desarrollo de una sociedad plenamente democrática e igualitaria.

Las Fuerzas Armadas, o al menos sus miembros con más poder e influencia, a veces los galones no lo son todo, se han considerado con el derecho y el deber de señalar líneas rojas a la sociedad: línea roja a la República; línea roja a los partidos marxistas; línea roja a la separación Iglesia Católica, Estado; línea roja a todo lo que conduzca a una igualdad económica entre los ciudadanos; línea roja a un proceso de memoria histórica y de determinación de responsabilidades por los crímenes perpetrados durante el golpe de estado de 1936, la guerra civil, y la dictadura de cuarenta años; y línea roja a uno de los objetivos más irrenunciables de un Estado, tener una política exterior soberana, sin estar en la estela obligada por el Imperio.

Es inútil, y por tanto no tiene sentido alguno, entrar en controversia con los firmantes del manifiesto, sobre cuál fue la historia de España durante los 40 años de poder absoluto franquista. Cualquier europeo con formación escolar obligatoria lo sabe:

Golpe de Estado de los ejércitos españoles contra la legítima y legal II República Española.

Eliminación física inmediata de todas las personas que se opusiesen o no colaborasen con el golpe de estado, empezando, entre otros por sus compañeros de armas leales a la República.

Régimen político fascista-católico, similar a los de Hitler y Musolini durante 40 años.
Imposición de un sucesor obligatorio del régimen, el rey Juan Carlos I.

Todo esto, y más que no se detalla para no aburrir, es el legado de Franco.

Los militares franquistas, alejados por instinto de cualquier sociedad democrática, se permiten ahora amenazar a la ciudadanía, poner una línea roja al Estado, y ofrecernos en bandeja de acero y pólvora su perniciosa receta: apología del fascismo, elogio al dictador, y honor calderoniano, “Detrás de mí, Dios”.

Y Dios solo existe en las conciencias de sus fieles, pero no en la sociedad civil. Esta se rige por otros principios: Respeto a la soberanía del pueblo, respeto a la ley, respeto a los valores democráticos y respeto a los derechos humanos.

Señores militares franquistas, ¡Bájense del caballo, lean por las noches, y respeten a los ciudadanos! No den ejemplo, no nos hace falta.

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Respuesta-militar-retirado-manifiesto-franquista_6_805679449.html