Una vergüenza nacional. Juan Manuel Beltran

El desempleo juvenil o paro juvenil hace referencia a la cantidad de población activa de entre 15 y 24 años de edad que se encuentra sin empleo.

En España se sitúa en el 40% tras haber llegado a casi el 50% y eso es, o debería ser, el centro de cualquier política, pero todos los  partidos lo obvian y se transforma en una ofensa para todos; una lacra con la que no podemos transigir. Nuestra sociedad se encuentra aprisionada entre las dos mordazas de una tenaza asesina:el paro juvenil, que impide los proyectos vitales y el paro de los mayores de 50 que les corta la posibilidad de acabar la suya dignamente. Estos mayores representan el 25%de los parados nacionales y si introducimos en la ecuación el elemento transversal formado por las mujeres, lo que tenemos es la tormenta perfecta; la condena de una sociedad cuyo futuro queda seriamente amenazado de muerte.

Personalmente, no creo que haya nada más importante, nada que pueda desviar el foco y la atención de algo tan siniestro, tan definitorio como este cáncer que nos va a condenar a todos y condicionar el futuro de nuestro sistema entero. Todo lo que hemos pensado y considerado como normal se desmorona si los jóvenes no pueden trabajar y alimentar el sistema y si los mayores se ven amenazados por una despedida cruel que les impida aportar su experiencia y recoger el fruto de sus aportaciones.

No noto esa urgencia que sí siento entre mis amigos y conocidos cuando surge la discusión; veo una nube de humo construida de mentira, falsedad y egoísmo,pero no escucho que esta espantosa realidad nos va a condenar a todos y que es el centro de preocupación de todos los partidos.

Habrá elecciones y escuchareis muchas cosas; dirán que ellos saben lo que es importante; que saben lo que nos hace falta, pero cerrar vuestras almas y vuestras cabezas a todo lo que no sea la atención de esta desgracia colectiva. Todo lo que se salga de este foco, será ruido de confusión y furia mientras la sociedad entera se deshace de la mano de esas cifras.

https://nuevatribuna.publico.es/opinion/juan-manuel-beltran/verguenza-nacional/20210403115638186321.html

Valores en el futbol e insultos racistas. Agencia Mp3

Este pasado domingo 4 de abril, se vivió una situación desagradable en el partido de la Liga entre el Valencia y el Cádiz. El central del equipo valenciano Mouctar Diakhaby denunció haber recibido insultos por parte del jugador del Cadiz Juan Cala, que llamó a Diakhaby «negro de mierda». El partido estuvo 25 minutos suspendido, los jugadores del Valencia decidieron abandonar el campo cuando se habían disputado 29 minutos de partido, en solidaridad con su compañero y como rechazo al insulto racista, finalmente regresaron al césped después de que el árbitro del partido David Medié Jiménez «amenazara» al club con una sanción por abandonar el partido una vez ha empezado.

Tras un encontronazo en el terreno de juego entre Cala y Diakhaby, el defensa del Valencia se fue directo a por su rival tras oír unos insultos racistas. El árbitro mostró la tarjeta amarilla a Diakhaby, desencadenando un enfado mayor del jugador valencianista, que una vez más tranquilo habló un rato con el árbitro. Después, todos los jugadores del Valencia decidieron apoyar a Diakhaby salir del terreno de juego como respuesta al racismo contra el jugador del Valencia.

El Valencia utilizó sus redes sociales para aclarar que el equipo había vuelto al terreno de juego para «defender el escudo del Valencia» pero condenando al racismo en todas sus formas. Como el propio club ha desvelado, ha sido el propio Diakhaby el que pidió a sus compañeros que regresaran al terreno de juego. Diakhaby, vio el resto del partido desde la grada del Ramón de Carranza.

El insulto «negro de mierda», se puede oír en un tuit que publicaba el diario deportivo @TheSportsman, en las redes españolas ha sido publicado como respuesta a las declaraciones que realizaba el presidente de la Liga de futbol Javier Tebas, personaje del que hay que recordar su militancia fascista en Fuerza Nueva, como muy bien diría de él Alberto Perrín, exdirectivo del Fútbol Club Barcelona en la época de Joan Laporta afirmó sobre Tebas que «un nazi convencido, el holocausto le llena de orgullo y satisfacción. Es un facha repugnante»

El Cádiz Club de Fútbol ha publicado un comunicado en el que señalan: «Estamos en contra de cualquier situación de racismo o xenofobia, sea quien sea su autor, y trabajamos para su erradicación. Todos los autores de esos delitos, sean o no de nuestro equipo, deben pagar por ello».

No es la primera vez que se producen este tipo de escenas en el ámbito deportivo, sobre todo, en el mundo del fútbol, donde se han realizado ataques racistas no solo desde fuera del campo, también desde dentro e, incluso, por parte de los árbitros y jugadores.
En Valencia en el año 1992, Guus Hiddink, entrenador del Valencia, se negó a que el equipo disputara un partido hasta que no se retirase de la grada una bandera con la cruz gamada: «Nunca cerraré los ojos ante el fascismo».

Recordar también cuando en el estadio de Vallecas se llamó nazi al jugador Zozulya, algo sobradamente demostrado, el resultado fue la suspensión del partido, y un linchamiento mediático contra la afición vallecana que manifestó su digno antifascismo… Ni el «Guti maricón», ni los plátanos lanzados a Kameni o Dani Alves. Tampoco el «Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien» de los ultras del Real Betis. Por primera vez en la historia de la Liga, un partido fue suspendido por insultos hacia un jugador: «Zozulia eres un nazi» fue el causante, una vara de medir muy distinta para las ocasiones en las que hay insultos racistas.

Valores en el futbol e insultos racistas

“Dark kitchen”: El oscuro negocio que toma fuerza en los barrios. Oriol Sabata

El capital no descansa nunca. Está constantemente ideando nuevas formas de explotación para maximizar sus beneficios. Y lo hace, como siempre, a costa de la clase trabajadora. Buen ejemplo de ello son las llamadas “dark kitchen” o “cocinas fantasma”, un nuevo modelo de negocio que está desembarcando con fuerza en España y que consiste en instalar grandes cocinas industriales dedicadas exclusivamente a la producción de comida para su reparto a domicilio.

La irrupción de este nuevo modelo de negocio ha puesto en pie de guerra al movimiento vecinal. No solo por las molestias que pueden ocasionar los olores, los ruidos, los humos, la ausencia de horarios comerciales o el vaivén de bicicletas y motos que reparten. Otro de los aspectos que preocupa, y mucho, es la precariedad que hay detrás de todo esto.

¿Quién hay detrás?

Por lo general, detrás de este tipo de cocinas se encuentran las grandes empresas de reparto como DeliverooGlovoUber Eats o Just Eat, quienes ahora quieren controlar toda la cadena de negocio, desde la producción hasta el reparto de la comida. Y para ello, estas “start ups” del sector “delivery” han creado sus filiales. Deliveroo, por ejemplo, tiene “Editions” [1]; Glovo compró “Instamaki” [2] y Travis Kalanick, uno de los fundadores de Uber, ha creado “Cooklane” [3].

Estas empresas han sido denunciadas en reiteradas ocasiones por los sindicatos por tener a sus trabajadores como falsos autónomos y por lo tanto sin legislación laboral que los proteja [4]. En septiembre de 2020, el Tribunal Supremo admitió que los repartidores operan como falsos autónomos y que en realidad son trabajadores asalariados. La sentencia contra la compañía Glovo afirmaba que esta empresa no actúa como “mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores” y que es la que fija “las condiciones esenciales para la prestación del servicio”. Además, asegura que Glovo se sirve de repartidores que no tienen una organización empresarial “propia y autónoma” [5].

Este es el método que usa el capital para implantar el “trabajo bajo demanda”. El llamado “coworking” o “economía colaborativa” supone, en definitiva, un mayor grado de explotación: trabajo temporal, peor pagado y con menos derechos.

Vecinos en pie de guerra

En Barcelona, los vecinos y vecinas del barrio de Sant Martí han alzado su voz contra las “dark kitchen”. En una nave de 565 metros cuadrados adyacente al mercado quieren instalar 20 cocinas industriales. Al enterarse comenzaron a correr la voz y a organizarse colectivamente [6]. En el barrio de Les Corts el vecindario también está tratando de poner freno a 40 cocinas repartidas en dos plantas que suman 1.500 metros cuadrados [7]. Detrás de estos proyectos se encuentra la compañía británica Cooklane, de Travis Kalanick, fundador de Uber, y que también está construyendo otra cocina fantasma en el madrileño barrio de La Prosperidad donde cuenta con un amplio rechazo por parte de los residentes [8].

En todas estas obras los ayuntamientos de Barcelona y Madrid han concedido la licencia argumentando que dichos proyectos se “ajustan a la normativa vigente”. Sobre las molestias que pueden ocasionar decenas de hornos encendidos las 24 horas del día, chimeneas con alturas de hasta siete pisos y el ajetreo constante de cientos de vehículos, parece que la administración no tiene nada que decir. Y sobre la precariedad laboral que se deriva de todo ello tampoco. Hace unas semanas, el Regidor de Sant Martí, David Escudé (PSC), afirmaba en una rueda de prensa que no es competencia del Ayuntamiento de Barcelona “valorar si un negocio es legítimo o no” [9]. Pues claro que lo es. Y también la de intervenir la economía si es necesario por el bienestar de la ciudadanía y de la clase trabajadora. Y más un Ayuntamiento que dice fomentar el “comercio de barrio y proximidad”.

En este sentido, la organización de los vecinos y vecinas está siendo clave. En Barcelona, las concentraciones de protesta, las caceroladas y las asambleas que se han llevado a cabo hasta ahora han forzado al Ayuntamiento a tirar adelante una ordenanza municipal para regular esta actividad. Así lo ha confirmado la teniente de alcalde Janet Sanz [10]. Sin embargo, esta es una lucha que no ha hecho más que empezar. El movimiento vecinal se enfrenta a grandes corporaciones sin escrúpulos y con enormes intereses económicos que no dudarán en presionar y corromper al poder político para alcanzar sus objetivos de mercado. Y solo la conciencia y la organización lograrán poner freno a esta nueva amenaza.

Oriol Sabata

Notas:

[1] https://foodscene.deliveroo.es/restaurantes/cocinas-exclusivas-deliveroo.html

[2] https://www.lavanguardia.com/economia/20191213/472202414614/glovo-instamaki-sushi-compra.html

[3] https://www.merca20.com/kalanick-el-ex-ceo-de-uber-y-su-startup-secreta-de-cocinas-fantasmas/

[4] https://www.expansion.com/economia/2020/10/25/5f95bd52468aeb7e5c8b45dc.html

[5] https://www.lavanguardia.com/economia/20200923/483635906954/riders-repartidores-tribunal-supremo-autonomo-glovo.html

[6] https://www.metropoliabierta.com/distritos/sant-marti/sant-marti-cocinas-fantasma_37634_102.html

[7] https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2021-03-18/cocinas-fantasma-barcelona-crisis-ayuntamiento-normativa_2996243/

[8] https://www.telemadrid.es/programas/buenos-dias-madrid-om/denuncia-vecinos-Prospe-cocinas-fantasma-9-2310758908–20210202122125.html

[9] https://twitter.com/oriolsabata/status/1369911642004283393

[10] https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20210317/barcelona-estudia-ordenanza-nuevas-macrococinas-11584062

La rendición de Madrid. María Torres

Después de tanta lucha, Madrid se rindió. Nunca fue tomada, se entregó sin resistencia.

Eran las trece horas de un frío martes 28 de marzo de 1939, en las ruinas del Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria cuando el coronel republicano Adolfo Prada Vaquero, recientemente nombrado por Casado Jefe del Ejército del Centro, junto a miembros de su Cuartel General, presentaba la rendición formal ante el coronel franquista Eduardo Losas, Jefe de la 16 División, vestido con chilaba.

Tras la rendición de la plaza, Losas ordenó que atendieran a los militares republicanos en el Hogar del Soldado instalado en la Escuela de Arquitectura, pues según confesó días más tarde, se encontraban desechos física y moralmente.

Horas después las tropas del coronel Espinosa de los Monteros, Jefe del primer Cuerpo del Ejército, entraron en Madrid. Los primeros en llegar fueron tropas moras al grito de «Viva Franco», «Arriba España».

Eran  las cuatro de la tarde cuando desde los micrófonos de Unión Radio en la Gran Vía madrileña el coronel Eduardo Losas, nombrado después Gobernador Militar de Madrid, comunicaba la noticia: «Quiero gritar con todos los españoles que me escucháis, españoles de nuestra península y españoles del mundo entero, para que se enteren todos, que en la capital de España ondea ya nuestra bandera y que con el mayor entusiasmo todos gritemos ¡Viva España! ¡Viva en Generalísimo! ¡Arriba España».

Apenas unas horas antes, la noche del 27,  el Consejo Nacional de Defensa emitía por radio su último comunicado, pidiendo a los madrileños «calma, orden y acatamiento de la autoridad«.

Lo que ocurrió después del 28 de marzo de 1939, ya lo sabemos: La huida, el miedo, el exilio, la represión, la muerte.

Vacunas: el pollo sin cabeza. David Torres

Todas las noches llamo a mis padres para charlar un rato y, entre unas cosas y otras, siempre acabo preguntándoles lo mismo: si les han avisado ya para ponerles la vacuna. La respuesta es invariablemente negativa desde mediados de enero, a pesar de que mis progenitores rebasan ampliamente las ocho décadas de vida y que mi padre, en especial, cuenta con un amplio repertorio de patologías entre las que destaca una afección pulmonar grave.

MARZO 25, 2021

Todas las noches llamo a mis padres para charlar un rato y, entre unas cosas y otras, siempre acabo preguntándoles lo mismo: si les han avisado ya para ponerles la vacuna. La respuesta es invariablemente negativa desde mediados de enero, a pesar de que mis progenitores rebasan ampliamente las ocho décadas de vida y que mi padre, en especial, cuenta con un amplio repertorio de patologías entre las que destaca una afección pulmonar grave.PUBLICIDAD

Cada semana, más o menos desde mediados de enero, llevo oyendo también la misma cantinela desde diversas instituciones, también de amigos y conocidos: deben de estar a punto de llamarles, una predicción que se está cumpliendo con precisión infalible. Hoy no se pincha, mañana sí. El mutismo de las instituciones evoca el silencio polifónico de Thelonious Monk cuando, en mitad de una entrevista, le preguntaron si le gustaba la música clásica. El periodista pensó que Monk no le había oído, repitió la pregunta y Monk tampoco abrió la boca. A la tercera interrogativa, el pianista se giró hacia su agente, que estaba sentado en una silla, ahí al lado, y comentó: “Eh, Joe, este tío está sordo”.

De lo particular no se puede hacer ciencia, pero el abandono metodológico de mis padres, por desgracia, no es la excepción sino la regla. Con este olvido, con esta demora interminable se está amasando la sustancia de muchas vidas, de ancianos que llevan un año entero sin poder salir de casa, de enfermos crónicos que se limitan a asomarse a la televisión o a una ventana, esperando el milagro de una puta inyección que no acaba de llegar por unas cosas y por otras. Se han terminado las vacunas o no acaban de llegar o hay dosis desperdiciadas. Aparte del despropósito general a todos los niveles, es sencillamente acojonante que la Unión Europea, que no se cortó un pelo a la hora de poner a Grecia de rodillas, no se atreviera a intervenir unas cuantas empresas farmacéuticas en el momento de una emergencia continental que amenaza a millones de personas.

Casi está uno por darle la razón, aunque no por los motivos que él piensa, al obispo Juan Antonio Reig Pla cuando afirma en su carta pastoral al gobierno que España se ha convertido en un “campo de exterminio”. Si no fuese porque jamás hay que despreciar la estupidez congénita como móvil supremo, la conspiranoia definitiva sería pensar que desde las altas esferas se está llevando a cabo un programa sistemático de eutanasia de viejos, una aniquilación demográfica a lo bestia para limitar la esperanza de vida en occidente y reajustar los planes de pensiones.

Afortunadamente, la estupidez humana lo explica todo: los retrasos en la vacunación, los obispos que se saltan el turno a la torera, los aviones cargados de extranjeros procedentes de países con altos picos de contagio, las terrazas a tope de gente sin mascarilla y los botellones por la cara. En medio de este desbarajuste demencial, la noticia de que acaban de encontrar en Italia 29 millones de dosis que la compañía AstroZeneca había escondido para enviarlas a Reino Unido casi parece una nota folklórica.

Todo, absolutamente todo en la gestión de la pandemia, es un pollo sin cabeza, igual que el pobre Mike, aquel pollo de cinco meses al que un granjero decapitó con tal destreza que el animalito sobrevivió al hachazo y estuvo un año y pico exhibiéndose y alimentándose con un gotero gracias a que mantenía las funciones vitales básicas controladas a través del encéfalo. En Almuñécar, cuando era un niño, mi padre me llevó a ver al gallo Pepe, cuyo dueño era un cantinero que tenía al animal picoteando en la barra, ansioso por beber los copazos de vino que le pagaban los clientes. Fue, durante muchos años, el pollo más famoso de España, aunque el de las vacunas le va a quitar el puesto, borracho perdido, sin pies ni cabeza.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2021/03/25/vacunas-el-pollo-sin-cabeza/

Azaña en Mountauban. Gutmaro Gómez Bravo

Pin en France

El pasado 15 de marzo se celebró una cumbre franco-española en Montauban, la localidad del sur de Francia donde descansan los restos del jefe de gobierno y presidente de la República, Manuel Azaña. Allí, como tantos otros de sus compatriotas, murió con miedo a ser detenido y repatriado a la España franquista, en la Francia vencida, ocupada y colaboracionista del Mariscal Pétain. De ahí que el homenaje de Estado que ambos países rindieron ante su tumba tenga un amplio calado y múltiples significados históricos. El primero debe ir dirigido a un colectivo tan grande y maltratado como el exilio y especialmente oculto como el que permaneció en Francia y el norte de Africa. Huían de la guerra y de una represión como la franquista que los convirtió en parias, en delincuentes comunes, dificultando su integración en una Francia dividida y polarizada social y políticamente, donde también fueron considerados indeseables, como los judíos y todas las minorías de apátridas de entreguerras.

El paso del tiempo y la huella de ese estigma, de ser tratados como criminales, tuvieron efectos devastadores sobre su imagen. La que se tenía de ellos pero también su propia percepción. La herida de la guerra, de la persecución y de la emigración, terminó marcando su vida y su propio carácter. Abrió un abismo insalvable, difícil de reparar por el anclaje y la normalización del franquismo en todos los niveles. Desde lo local, que les apartó de cualquier contacto con sus familias y vecindarios, a los que la sola correspondencia o un telegrama podía comprometer de forma grave, hasta el nivel jurídico, legal o consular, que mantuvo su exilio, su extrañamiento como parte de una necesaria asepsia impuesta a ambos lados de los Pirineos. Abismo que se tornó en acusación de abandono tras la muerte de Franco, de una generación que se extinguió viendo cómo la joven democracia española no los reivindicaba, no los ponía en el centro de la agenda de recuperación de derechos perdidos por los que ellos mismos tuvieron que exiliarse. La administración española, como había hecho en su día la francesa, les seguía sometiendo a un sinfín de trámites burocráticos en los que las marcas, los estigmas, reaparecían y volvían a hacerse visibles.

Víctimas de la guerra del exilio del ostracismo y de la amnesia que recorría Europa, llegaban al mismo destino que aquellos que habían salido de la cárcel en los años 50 y no tenían a nadie con quien hablar, nadie se les acercaba por miedo a ser identificados como uno de ellos. Compartieron con el exilio interior estación final y dirección única. El ciclo de horrores y extrañamientos que sufrieron simplemente los arrolló.

De ahí la importancia de un homenaje que supone, en segundo lugar, un cambio sustancial en el relato oficial de la historia de la resistencia francesa. Un mito fundacional del que, en buena medida, habían quedado largamente excluidos los españoles a pesar de su más que probada y documentada participación. Las palabras del presidente francés apuntaban en ese sentido: “no olvidaremos nunca a los numerosos republicanos españoles que se unieron a la Resistencia francesa y nos permitieron mantenernos libres“. Buscaban eliminar esa marca que se instaló sobre los refugiados españoles y la emigración económica después, maltratada y considerada una excesiva carga económica que mantener para el Estado. El mismo estereotipo, los mismos mantras, que resuenan hoy y siempre sobre todos los migrantes.

Por eso fue, en tercer y último lugar, una ocasión para que el mundo viera los restos de una cultura política que, a pesar de las diferencias de la guerra, mantuvo la solidaridad humana por encima de cualquier otra cosa. Una cultura que fue capaz de dar alas al antifascismo mundial en sus momentos más duros, pero también tuvo que perseverar en el tiempo y ayudar, desde distintos rincones y de formas muy diversas, a personas desconocidas, solas, humilladas, perseguidas y olvidadas después de todo. El paso del tiempo fue difuminando los vínculos con su pasado, sus raíces se fueron quedando sin tierra y, aunque la cadena del conocimiento intergeneracional no se ha roto del todo, ha dejado de transmitirse de la manera que venía haciéndose de forma grupal. Montauban, que llegó a ser cárcel y sede de un tribunal militar que persiguió a aquellos extranjeros acusados de actividades subversivas en suelo francés, sigue siendo, como Toulouse y otros tantos lugares, el símbolo de esa cultura, más que de un programa o un ideal político, que llegó a significar mucho más de lo que hoy podemos llegar a imaginar.

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Gutmaro Gómez Bravo es profesor titular de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid y director del Grupo de Investigación Complutense de la Guerra Civil y del Franquismo.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/03/19/azana_mountauban_118218_2003.html

Cómo la esclavitud construyó naciones y fortunas

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El Rijksmuseum era muy consciente de que se metía en un campo de minas cuando decidió dedicar una gran exposición a la cuestión polémica, ingrata, de la esclavitud como parte inseparable de la historia del país. El Rijksmuseum es el museo nacional de los Países Bajos, nacido, como sus hermanos el British o el Louvre, a finales del XVIII o principios del XIX para albergar las colecciones reales, pero también para exhibir la grandeza de sus imperios, unos imperios que se nutrieron de la esclavitud, crecieron, prosperaron y se modernizaron a la sombra de una práctica inhumana. Y ese pasado había que afrontarlo con algo más que una sucesión de cuadros y objetos.

Cuatro años se invirtieron en preparar una muestra histórica cuya apertura la pandemia ha retrasado varias veces y cuyo catálogo, en el que se basa este reportaje, es una fuente de documentación extraordinaria. El punto de partida es que la esclavitud no fue un fenómeno que se producía a miles de kilómetros y del que participaban únicamente los traficantes y los propietarios de las plantaciones, sino que formaba parte de la vida de las metrópolis a través de los productos que se consumían y producían, que dejó su huella en las ciudades en calles y edificios y que enriqueció no sólo a los directamente involucrados.

En los Países Bajos, un estudio demuestra que en el año 1770 el 5,2 por ciento del PIB del país y el 10,3 por ciento de la provincia más rica, Holanda, estaban directamente relacionados con la esclavitud en la región atlántica, sin contar con la asiática. Lo mismo sucedía en otros países europeos y sería ya el momento de investigarlo, como ha hecho el Rijksmuseum, para hacer justicia y curar heridas, porque como subrayan los comisarios, buena parte del racismo y de las desigualdades actuales proceden de entonces: “el pasado de la esclavitud está entretejido con el presente de todos nosotros”.

En un momento de revisión con todo lo que ello tiene de aciertos y excesos, el equipo curatorial se planteó también nuevas preguntas que no son metodológicas, sino que afectan al fondo de la relación de la sociedad neerlandesa (nombre que sustituye actualmente a holandesa) de todas las europeas, con la esclavitud: ¿debemos sentirnos culpables los ciudadanos de hoy por las atrocidades pasadas? ¿están legitimadas para estudiar la esclavitud personas cuyos antepasados no la sufrieron? Gloria Wekker, nacida en Paramaribo, capital de Surinam, territorio al que los traficantes neerlandeses trasladaron a miles de esclavos, y primera mujer negra profesora en la universidad de Utrecht, zanja la cuestión: “cualquiera debe poder estudiar cualquier cosa, de lo contrario estaríamos tratando con un apartheid epistemológico”.

La esclavitud ha existido desde tiempo inmemorial; se han encontrado collares de la antigua Roma con el nombre del propietario del esclavo grabado, en Asia y África la esclavitud también adoptaba diferentes formas, podía prolongarse toda la vida o ser temporal, algo que sucedía igualmente en la antigüedad, uno podía acabar como esclavo como consecuencia de una guerra o un castigo, es decir, le podía suceder a cualquier persona, ni que fuera teóricamente. El colonialismo europeo introdujo un factor diferente a través del comercio de esclavos capturados en África, transportados a América y forzados a trabajar durante generaciones: el color de la piel.

La condición de esclavo se asociaba a la piel oscura, servía para identificarlos y evitar su huida. En Asia, donde miles de personas fueron capturadas en el subcontinente indio y transportadas a las plantaciones de Batavia, actual Yakarta, el color no era tan indicativo, por lo que se añadían prohibiciones, como la de llevar zapatos, o se imponían salvoconductos o collares identificativos, como se aprecia en pinturas de la época, entre las que el Rijksmuseum ha buceado para encontrar claves del pasado.

Porque la exposición quiere recuperar la individualidad, humanidad de los esclavos, a los que tal condición les era negada al convertirse en posesión; ni siquiera eran dueños de su cuerpo, al extremo de que en el sistema colonial holandés no se les podía considerar víctimas de malos tratos, asesinato o violación porque no eran legalmente más que una propiedad; en el proceso de cosificación los esclavos eran marcados como las reses, y cuando eran vendidos de nuevo, algo que ocurría frecuentemente, volvían a ser marcados. 

Con un sentido de la justicia hacia los seres víctimas de esta lacra, la exposición reconstruye las vidas de diez personas reales que estuvieron vinculadas a la esclavitud. No ha sido fácil, porque el esclavo, como individuo, no ha sido objeto de la historiografía. Los testimonios directos de esclavos son raros en las fuentes escritas, y las memorias de los que consiguieron la libertad son posteriores.

Tampoco tuvieron fácil los esclavos construir vínculos en un principio: capturados en territorios distantes entre sí, hablaban lenguas diferentes y les resultaba difícil comunicarse, además del régimen del terror a que los sometían los propietarios, mediante castigos inhumanos. Asentados tras varias generaciones, crearon nuevas culturas y son las tradiciones orales las que han proporcionado información valiosa, la música, las canciones, y su representación en objetos y pinturas. 

La genealogía de los esclavos hay que trazarla a través de los nombres de sus propietarios, y así es como se ha podido documentar la existencia de João Mina, capturado en algún lugar de África, vendido en el mercado de Elmina, costa de Ghana (de ahí el apellido), vendido de nuevo en Recife y huido de la plantación portuguesa a una holandesa. O de Calistra Van Bengalen, apellido compartido por muchas personas capturadas en la bahía de Bengala.

Al contrario de la mayoría de exposiciones sobre la esclavitud, la del Rijksmuseum no se inicia en las nuevas tierras, sino que rastrea en África y en Asia las vidas de quienes fueron capturados y sus consecuencias, en ellos y en sus sociedades, como en la costa oeste africana, donde las casas se empezaron a construir con varias entradas, laberintos y pequeños sótanos para disponer de vías de huida de los traficantes. Todo lo contrario de la mansión de Ámsterdam en la que vivía el matrimonio formado por Marten Soolmans y Oopjen Coppit, retratados por Rembrandt en 1634. La documentación reconstruye sus vidas adineradas. 

La fortuna de Soolmans procedía de la refinería de azúcar de su padre, Los fuegos del purgatorio, fundada en 1607, y que se nutría de la producción de las plantaciones de Brasil, en las que el trabajo de los esclavos era extremadamente duro. En 1621 se fundó la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (WIC), que jugaría un papel muy importante en el transporte de esclavos y productos, como el azúcar de los Soolmans. En la República de Holanda, Europa, no estaba permitida la importación de esclavos, pero sí era legal en sus territorios de ultramar. Si las sociedades de aquel momento eran conscientes del horror que implicaba la esclavitud en la que reposaba su prosperidad es tema de largo debate.

SOBRE LA ESTATUA DE ANTONIO LÓPEZ

Lluís Permanyer

El 4 de marzo de 2018 fue descabalgada de su monumento la figura de Antonio López, marqués de Comillas. Estaba previsto y demandado desde hacía tiempo por un determinado sector político. La primera exigencia ya fue hecha pública en 1999 por Antoni Luchetti, político de Esquerra Unida.

Denunciaba su pasado negrero en Cuba. Y tal información se fundaba sólo en lo que había contado Francisco Bru. Era cuñado del aristócrata y por tal motivo se le concedía el crédito de que sabía muy bien cuanto relataba. Lo había puesto por escrito en el libro que publicó en 1885: La verdadera vida de Antonio López y López. Era su arreglo de cuentas por disputas familiares de reivindicación económica. No se había atrevido, empero, a proclamarlo en vida, pues no salió a la luz pública hasta 1885, dos años después de la muerte del marqués.

Le acusó de “comerciante negrero” que “traficaba con carne humana”. Cierto. Cuando aseguraba que “Santiago de Cuba no había visto jamás a un negrero más duro, más empedernido, feroz y bárbaro”, ya resulta más difícil otorgarle igual credibilidad, pues a buen seguro respondía a la exageración propia del ajuste de cuentas, mediante adjetivación superlativa sin ningún dato comprobable.

Así transcurrió un tiempo, en el que se sabía, se comentaba que los Xifré, Vidal Quadras, Samá, Vidal Ribas, habían practicado el “comercio del ébano”, eufemismo significativo al estar referido a familias ya encumbradas socialmente y poderosas económicamente. Cuando se referían a mercaderes, capitanes de barco o simples marineros no se empleaban, por supuesto, metáforas tan afinadas. Todo era tradición oral, hasta ser publicados estudios académicos sobre la actividad esclavista, como por ejemplo Traficants d’ànimes, de Gustau Nerin o Negreros y esclavos. Barcelona y la esclavitud atlántica, de Martín Rodrigo y Lizbeth Chaviano (eds.). Antonio López no era destacado.

Acaba de aparecer, por fin, no sólo un estudio sobre el pasado colonial de tan importante y controvertido personaje, sino también lo que ya constituye una biografía completa: Un hombre de negocios. La controvertida historia de Antonio López, marqués de Comillas, de Martín Rodrigo y Alharilla. Es un trabajo impecable que aporta una abrumadora documentación exhaustiva. De las 326 páginas, 27 están consagradas a su comercio esclavista.

El joven López vivió en Cuba entre 1844 y 1856. Pronto se dedicó a la intermediación aún legal entre la llegada oceánica y su destino cubano. Compraba los esclavos criollos arribados a puerto para venderlos luego en diversos puntos de la isla. También era consignatario de expediciones ilegales llegadas de forma clandestina a Cuba.

El comercio de esclavos era ilegal para los españoles desde 1821 y la esclavitud no fue abolida en Cuba hasta 1886.

No fue de extrañar y es significativo que en 1872 se organizara en España la Liga Nacional para impedir la abolición de la esclavitud en Cuba. El 19 de diciembre de 1872 tuvo efecto en la Llotja de Barcelona el acto fundacional con 3.000 asistentes. Fue elegida una Junta Directiva de cien socios. Entre ellos figuraban dos obispos, cinco alcaldes, dos presidentes de Diputación, diez catedráticos de la Universidad, veinte diputados y senadores, diversos directores de grandes diarios, numerosos comerciantes, armadores y banqueros.

A este respecto también es indicativo que en 1908 fuera enriquecida sin rubor la fachada de la casa Berenguer (Diputació, 246) con un gran relieve sobre el trabajo de una joven y chiquillos a pie de telar.

Así pues, conviene reflexionar sobre la necesidad de juzgar el pasado con la óptica y principios actuales amén de valorar la trayectoria completa de cada personaje. Veremos cómo será abordada la cuestión a propósito del monumento a Colom.

Martín Rodrigo

Un hombre de negocios. La controvertida historia de Antonio López, marqués de Comillas. ARIEL. 424 PAGINAS. 19,90 EUROS

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20210313/6361813/esclavitud-rijksmuseum-exposicion.html

Ultraderecha en nuestras Fuerzas Armadas: medidas urgentes. Ciudadanos de Uniforme

La ultraderecha intenta apropiarse del ejército y la monarquía | ctxt.es

En los debates constituyentes en torno a la configuración constitucional de las Fuerzas Armadas estuvo presente, entre otros, el recuerdo del papel protagonista que estas tuvieron en el quebrantamiento del sistema constitucional de 1931, tal y como se desprende de la lectura del diario de sesiones. Esta es una de las razones por las que se las configuró con la finalidad principal de defender el orden constitucional (art. 8 CE) de un Estado social y democrático de derecho (art. 1.1 CE), en el que el reconocimiento y la garantía de los derechos fundamentales o el sometimiento de los poderes públicos a la ley, entre otras, son características definitorias.

Sin embargo, la oleada de noticias relativas a las Fuerzas Armadas a la que estamos asistiendo en los últimos meses, hace que, como mínimo, nos preguntemos por el estado democrático de las mismas. Primero fueron las distintas cartas firmadas por militares retirados y dirigidas al jefe del Estado en las que se ofrecen abiertamente para actuar contra el poder ejecutivo y atentar, así, contra la separación de poderes. A estas le sucedieron los mensajes del chat de militares retirados alentando a fusilamientos y a dar un golpe de Estado. En ambas ocasiones, desde el Ministerio de Defensa se insistió en la inexistencia de un riesgo real para la democracia al tratarse de militares ya retirados.

No obstante, unos días después se publican los mensajes de otro chat, ahora integrado por oficiales y suboficiales en activo, en la que muestran su respaldo a los mensajes de golpismo. A esto se suma la publicación de un vídeo en el que se ven a varios soldados en activo haciendo el saludo nazi y cantando una canción de la División Azul. Y continuando con esta sucesión de escándalos, hace tan solo unos días conocíamos la existencia de un informe enviado al Ministerio de Defensa que denuncia la presencia de, al menos, cuatro militares en activo relacionados con organizaciones neonazis y de extrema derecha.

Existen razones fácticas, motivos democráticos y herramientas jurídicas suficientes para adoptar medidas y reformas normativas tendentes a garantizar que el principal aparato armado del Estado esté libre de sujetos infiltrados que sirven a una ideología de odio y violenta, enemigos de los valores constitucionales de la pluralidad política y la diversidad, ya que esto supone un verdadero y progresivo riesgo para los derechos y libertades y el Estado de Derecho en España. Sobre estas últimas nos pronunciamos a continuación.

¿Qué dice el derecho español ante esta situación?

De manera general, nuestro ordenamiento jurídico tipifica la pertenencia a organizaciones que promuevan o inciten el odio, la discriminación o la violencia contra las personas. En este sentido, el Tribunal Supremo ha declarado ilícitas a varias organizaciones por difundir ideas que violan los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico y que expanden discursos de odio y violencia homófoba, xenófoba y antisemita (entre otras, las sentencias del Tribunal Supremo 3380/2011 y 9336/2011). Asimismo, nuestros tribunales han insistido en que la libertad de expresión contenida en el art. 20 de la Constitución debe respetar la dignidad humana sin que puedan protegerse, al amparo de esta, expresiones humillantes o vejatorias que animen al odio, violencia o discriminación.

Todos estos límites se ven necesariamente intensificados cuando nos situamos en el ámbito de las fuerzas armadas. Por un lado, en el ámbito internacional, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia ha insistido en que cualquier acto discriminatorio cometido en el seno de la policía y del ejército debe ser investigado. A su vez, el Convenio Europeo de Derechos Humanos permite limitar el ejercicio de algunos de los derechos de los militares para que estos no sean utilizados con el fin de destruir las libertades que se reconocen en él (arts. 11 y 17 CEDH, sentencia TEDH caso Ayoub y otros c. Francia, octubre 2020).

Por otro lado, en el ámbito estatal, la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas reconoce que la libertad de expresión de estos se encuentra limitada por “la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, el deber de reserva y el respeto a la dignidad de las personas y de las instituciones y poderes públicos” y el deber de neutralidad política. Por su parte, la Ley Orgánica 8/2014, de 4 de diciembre, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas considera que tanto la emisión o realización de actos irrespetuosos con la Constitución, como las manifestaciones de desprecio por razón de nacimiento, origen racial o étnico, género, sexo, orientación e identidad sexual, religión, convicciones, opinión, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, deben ser consideradas faltas disciplinarias leves o graves.

No obstante, nuestra democracia necesita una posición más comprometida por parte los poderes públicos con la lucha contra este tipo de manifestaciones. Esto mismo ha sido observado por la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia en su último informe sobre nuestro país (2018), en el que alentaba al legislador español a penalizar el apoyo a grupos con fines discriminatorios y la violencia racial que se cometiese en el ejercicio de un cargo público o de una ocupación de carácter público (recomendación 10).

Alemania persigue contundentemente a los nazis en su Ejército

Comportamientos de características similares son, sin embargo, perseguidos con más determinación en ordenamientos jurídicos de nuestro entorno. En el caso alemán, el artículo 55.5 de la Ley sobre el Estatuto Jurídico de los Soldados permite que un militar pueda ser despedido sin previo aviso durante los primeros cuatro años de su servicio si pone en peligro el orden militar y la reputación del Ejército o si incumple las obligaciones oficiales. Entre estas últimas se encuentra, según el artículo 8 de la misma ley, el reconocimiento y la defensa del orden constitucional a través de una conducta del militar que debe ser íntegra y ejemplar. Entre las amenazas al orden constitucional destacan, de acuerdo al artículo 86 del Código Penal alemán, la existencia de organizaciones y discursos nacionalsocialistas, así como el empleo de símbolos relacionados con estos. Por ello, la pertenencia de un militar alemán a organizaciones de extrema derecha o la difusión de ideología nacionalsocialista es motivo para que sea expulsado del ejército.

Gracias a este marco jurídico, acompañado de organismos y políticas públicas encaminadas a su efectivo cumplimiento, Alemania ha demostrado, con ciertas intervenciones impulsadas recientemente, su capacidad y decisión tanto para impedir el ingreso en las Fuerzas Armadas de sujetos que se identifican con esta ideología, como para apartarlos de su servicio si se demuestra su vinculación con organizaciones de extrema derecha o con sus discursos.

Medidas que no se deben postergar

Estas son tan solo unas breves pinceladas de todas las herramientas jurídicas nacionales e internacionales que no solo permiten, sino que incitan e incluso obligan a los poderes públicos a adoptar medidas legislativas orientadas a garantizar la defensa de los valores democráticos y constitucionales dentro de las filas de nuestras Fuerzas Armadas.

Uno de los principales aprendizajes que la experiencia de estos poco más de 40 años de democracia nos ha dejado es que mirar hacia otro lado ante cualquier amenaza a nuestras instituciones democráticas y sistema constitucional es la peor defensa que podemos realizar. Las evidencias no desaparecen por negarlas. Los mensajes golpistas o de extrema derecha no solo están viniendo desde fuera de los Ejércitos. Ya han aparecido casos que emanan de su seno. Y, en todo caso, no pueden justificarse en el posible carácter residual de las mismas.

El sometimiento a la legalidad y el carácter democrático de los aparatos armados de nuestro Estado son una base fundamental para la continuidad de nuestra sociedad democrática. La mínima manifestación contraria hay que extirparla antes de que devenga en metástasis. Ante esta situación se hace acuciante poner en marcha una serie de medidas:

Necesitamos investigaciones internas sobre la infiltración de miembros de grupos de odio y violentos y el estado de difusión de sus ideologías dentro de las Fuerzas Armadas españolas; que se detecten, si las hay, las carencias formativas de los militares en materias como derechos humanos y Constitución española en sus escuelas y academias de formación; y que se adopten las reformas legislativas y normativas necesarias para que en nuestras Fuerzas Armadas ni accedan ni puedan permanecer militares que pertenezcan a estos grupos de odio o que defiendan entre sus compañeros ideas y prácticas que constituyen verdaderos riesgos para el orden político y la paz social reconocidas en nuestra Constitución.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/47447/ultraderecha-en-nuestras-fuerzas-armadas-medidas-urgentes/

Los españolistas en crisis: vigilen a Felipe VI. Domingo Sanz

Tiempo habrá para hablar de las elecciones madrileñas, pues el lío que se ha formado solo es para decidir quien mandará en la Puerta del Sol el día de las urnas, sea el que sea. Bien sabía Sánchez el plus que significa estar en el gobierno durante la campaña electoral, que para eso montó su moción de censura.

Pero no quiero que queden en el tintero las primeras reflexiones.

  1. La crisis se podría haber limitado a Murcia y, por tanto, Díaz Ayuso y el PP son los únicos responsables de los efectos políticos colaterales, mucho más desestabilizadores. Y, lo más grave, la irresponsabilidad de convocar elecciones en medio de la pandemia. Aunque unos y otros están interesados en ocultarlo, en breve publicaré un informe que demuestra que los jueces que forzaron las elecciones catalanas el 14F, en contra de un acuerdo de todos los partidos excepto el PSOE, pueden ser los responsables de cientos de nuevos contagios y quizás de algunas muertes.
  2. Si el mismo Sánchez que mandó al ministro de Sanidad a batirse contra los independentistas el 14F no envía a la ministra de Defensa contra la presidenta en funciones, y puede que también censurable, Pedro estará demostrando que ante “socialismo o libertad” ha elegido Isabel. El sabrá, pues cada día que pasa hace más de aprendiz de brujo que de cualquier otra cosa.
  3. Si, además de lo de Sánchez, el jarrón chino Felipe González no se define inmediatamente contra el lema de precampaña de Díaz Ayuso, tocará pensar que ambos políticos se parecen cada día más. Cuan lejos quedan los tiempos en que parecían distintos y enfrentados.
  4. Si Arrimadas no traza una estrategia para ir rompiendo todos los pactos con el PP tras escuchar a García Egea convocando a los afiliados de Ciudadanos para que se integren en el partido más corrupto de Europa, y además arruinado, Inés estará demostrando que a su partido le quedan dos telediarios.
  5. Si Errejón e Iglesias no forman una coalición electoral ante las elecciones que sí o sí se celebrarán, Íñigo y Pablo demostrarán que tampoco ellos se atreven con Madrid.

Entrando en materia, todo Madrid y media España están discutiendo si es antes el huevo o la gallina o, con otras palabras, la disolución o la moción, pero no quieren darse cuenta de que el peligro para la democracia siempre vuelve a La Zarzuela cuando los españolismos que se baten el cobre fracasan o comienzan a matarse entre ellos. Y cuando nadie vigilaba el Reino desde ese palacio, a solo 18 kilómetros se mantenía encendida, día y noche, la “lucecita de El Pardo”.

¿Decidieron, quienes se disfrazaron de demócratas en 1977, mantener al nuevo jefe del Estado tan cerca del fantasma del anterior porque sabían que algún bocazas con máster de papel higiénico tendría la tentación de decir algún día que “Felipe VI fue elegido por todos los españoles en diciembre de 1978, y no Iglesias ni Garzón”?

Inolvidable este Pablo Casado a quien Isabel Díaz Ayuso reduce a escombros cada vez que le conviene.

Puestos a especular a partir de cotilleos en torno a quien dijo qué a quién y cuándo sobre algo que terminarán decidiendo los jueces, yo prefiero recordar otros momentos de crisis que demuestran que el peligro nace de la mezcla de miedos y odios contra el pueblo respondón que se adueñan de cualquier borbón que se precie. Se trata de esas ocasiones en las que el rey ha tenido que contemplar desde su palacio el fracaso de los políticos de su misma cuerda, aquellos que están dispuestos a defender la unidad de su Reino al precio que sea, sea cual sea y sin complejos.

Recientemente hemos recordado el 23 de febrero de 1981, una fecha sobre la que las opiniones de usted, las mías, las de Pedro Sánchez y las del Papa de Roma valdrán exactamente lo mismo mientras el gobierno no abra la caja de los secretos de Estado. Todo el mundo sabe que allí se guardan las pruebas de lo muy implicado que estuvo el PSOE en las intrigas del hoy emérito y huido para acabar con un Suárez que, tras ganar dos urnas consecutivas, se creyó que había conseguido el derecho a sostenerle la mirada.

El padre del rey de ahora se dio cuenta de que el abulense conocía sus puntos débiles y optó por un golpe blando que se convirtió en asalto al Congreso y tanques por Valencia para conseguir su objetivo: consolidar su monarquía.

El siguiente fracaso, y mundial, de los partidarios de la unidad del Reino fue protagonizado por Rajoy, con Sánchez dando tumbos, y también terminó costando el puesto al presidente, esta vez gallego.

Nueve minutos por TV un 3 de octubre le sirvieron a Felipe VI para desautorizar a Rajoy en toda regla y convertir a Sánchez en su marioneta.

El 2 de octubre anunciaba el del PSOE una moción contra la vicepresidenta Soraya por las patadas y los porrazos que las fuerzas represivas del Reino habían arreado a personas de todas las edades que solo pretendían votar en las urnas más valientes de la historia reciente.

Pero llegó el día 3 y, como jefe de la oposición con 89 escaños, “si he visto violencia del Estado no me acuerdo” porque debió sentirse muy importante cuando le hicieron llegar el texto que Felipe VI leería durante los nueve minutos a las nueve de ese día. Entonces Sánchez decidió ser mucho más ambicioso que valiente y ahora deja circular la especie de que intentó que el rey dijera también “consenso”, o algo parecido, pero que no le hicieron caso.

Mentira podrida del socialista, porque lo que todos recordamos, y esto es lo que vale, es que Sánchez salió la misma noche a defender el discurso del rey con más convicción que un tal “M. Rajoy”, de quien por fin sabemos su identidad gracias a las buenas artes de un abogado llamado Gonzalo Boye.

Tanto de las intrigas de Juan Carlos I contra Suárez, como de la declaración unilateral de su hijo contra millones de catalanes, el PSOE salió beneficiado.

No podría entenderse la crisis que ha estallado en los españolismos de izquierdas y de derechas sin aquel 3 de octubre de Felipe VI.

Felipe VI destrozó a Rajoy hasta el punto de que, tras el referéndum prohibido pero celebrado, ni se atrevió a convocar elecciones generales anticipadas para dar prioridad a la reconstrucción de la política a nivel estatal, también con unos catalanes que no habrían dejado de acudir a la renovación del Congreso, ni tampoco para disolvió para bloquear la posibilidad de que un gobierno apoyado por 159 escaños fuera derrotado por una moción de censura liderada por un grupo parlamentario con 89.

Aquel discurso de Felipe VI si ayudó, en cambio, a que Rajoy tomara dos decisiones que contribuyeron a su fracaso. Por una parte, la política de “tierra quemada” que implicaba el decreto para facilitar la huida de grandes empresas de Catalunya y que contó con la participación activa de Felipe VI. Por otra, el 155 y la convocatoria de elecciones autonómicas en diciembre de 2017, que se saldó con más escaños y más votos para los independentistas en el Parlament de Catalunya.

Alguien, y solo puede ser el gobierno de coalición progresista, debe vigilar a Felipe VI. Esta vez no se trata de acabar con un Suárez a quien, a fin de cuentas, él mismo rey había nombrado, ni de reanimar el “A por ellos” que acababa de ser derrotado en toda regla en una jornada gloriosa para la democracia de verdad, la que convoca a la voluntad popular como resultado de un compromiso electoral que debe cumplirse.

Felipe VI sabe, porque es de cajón, que la crisis del españolismo proporciona nuevas fuerzas a los independentistas, y eso no está dispuesto a consentirlo, sea cual sea el precio.

Si. El gobierno debería redoblar la vigilancia sobre los movimientos de Felipe VI, de muchos ex militares y de otros que siguen en activo y que a duras penas pueden disimular sus deseos de regreso al peor pasado.

Pero no es verdad que en España exista un gobierno que sea capaz de vigilar al rey, el mayor peligro para la democracia.

Me temo que solo podemos confiar en que el destino vuelva a confundir a los perdedores, y que el máximo perdedor sea el rey, porque saldría ganando la inmensa mayoría.

Tres monarquías y cero repúblicas en un Glosario de 4º de ESO de Santillana. Domingo Sanz

Muchas personas de las que cursamos hasta “Preu” durante la dictadura supimos poco después que aquellos libros de texto, especialmente los de Historia, estaban tan llenos de mentiras que, si se celebrara un campeonato mundial de “fakes” del pasado, el Reino de España ganaría por goleada.

Supimos también que, si aquellos libros de texto hubieran intentado respetar la verdad, tal como les obligaba la pedagogía, habrían tenido que denunciar al DEMAEHE (1) y demás asesinos que gobernaban, pero ningún mortal tira piedras sobre su tejado de manera consciente. Ni tampoco ignora que está mintiendo cuando miente.

Y quienes solo buscaban sobrevivir escribiendo educativos tampoco podían colar ni micro verdades que molestaran arriba, pues la censura, además de borrarlas, terminaría abriendo ficha fatal a los autores de tales valentías.

¿Se imagina usted a alguien incluyendo en un libro de texto del franquismo algo parecido a lo de la nieta que se va al extranjero “como su abuelo”, ese pie de pantalla en TVE que tanto revuelo ocasionó hace unos días? Seguro que aquel sería despedido de su trabajo. Entre paréntesis, haga usted como si no hubiera leído esto, o le acusarán de no creer en las virtudes de la Transición.

Continuó la vida hasta conseguir la muerte natural de quien nunca debería haber nacido, pero a nadie le preocuparon las consecuencias a largo plazo de aquellas décadas de mentiras en las aulas porque, con el cambio de titular en la Jefatura del Estado, es decir, sin ruptura que limpiara la basura acumulada, a la sociedad le pareció que sería suficiente para entrar en el paraíso.

Y de repente, 40 años después de aquella ilusión, aparecen en los digitales una serie de trabajos muy bien documentados en los que se denuncia que algunos de los contenidos de Historia que se imparten en ESO y Bachillerato son más que discutibles.

Sorprendido ante lo que leo, pregunto a mi alrededor. Todos tenemos cerca “contactos estrechos” que están en la edad de todo por descubrir y constituye una maldad imperdonable ocultarles las verdades importantes.

Reenvío uno de esos buenos artículos, lo lee la destinataria, profesora de Instituto y también madre de estudiante, y lo primero que me responde es que, a su hija, de 16 recién cumplidos, le ha dicho la profe de Historia que este curso les dará tiempo a estudiar el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia, pero nada de España desde la II República en adelante.

Tal cosa sería una casualidad si no fuera porque es una de las malas costumbres, ¿o las llamamos cobardías?, más extendidas de entre las que, más allá de los libros, denuncian los analistas de la realidad educativa.

Me enfado con mi propio pasado, pero, para saber lo que su hija y muchos miles se perderán este curso, decido pedirle el libro de Historia a quien será mal educada por el sistema de “democracia plena” de la que tanto presumen los presidentes de los sucesivos gobiernos del Reino de España, aunque todos ellos han contribuido decisivamente a censurar por anticipado los contenidos educativos.

¿Cómo?

Mediante la ocultación activa de detalles decisivos de la historia al mantener vigente una Ley de Secretos tan franquista por su origen como la no menor de Sucesión de 1947, y ambas vigentes, aunque esta última disfrazada dentro de la Constitución. 

El libro que utiliza, y que me ha servido para entrecomillar párrafos y sacar conclusiones, es el de Historia Universal de 4º curso de la ESO de Santillana (2) que abarca los siglos XIX, XX y XXI. También accede al libro a través de Internet, pero no parece que la famosa editorial aproveche la ventaja de poder ahorrar las siempre costosas reimpresiones en papel para actualizar contenidos y corregir errores con las versiones On Line.

Pero concretemos.

Antes del Glosario que aparece en las últimas páginas y que por méritos propios ha conquistado el título de este artículo, me paro en la página 315, una de las dos que corresponden a “La consolidación del régimen y el desarrollismo (1950-1973)”. El último párrafo dice que “En 1969 Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de rey”, un hecho cierto.

Pero es una verdad insuficiente porque en las dos páginas anteriores, las del capítulo titulado “Los primeros años del franquismo (1939-1949)”, Santillana no dice que en 1947 el DEMAEHE ordenó aprobar la antes citada “Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado” que, insisto, la Constitución actual incorporó a su título II en lo fundamental, la forma monárquica del Estado (3), hasta el punto de que aquellos a quienes recordamos como “padres de…”, ni siquiera tuvieron la decencia de negarse a incluir el nombre propio “Juan Carlos I de Borbón” en su articulado, el 57.1, pues ninguna ley de ámbito general debe mencionar a personas en particular, todas tan vulnerables y ésta más, a las tentaciones de la vida. Resulta evidente que los franquistas que se apuntaron a vivir también de la Constitución exigieron blindar, y al precio que fuera, la condición de que el nuevo jefe del Estado fuera el mismo que el DEMAEHE había nombrado en 1969 en aplicación de su ley de 1947.

También debería figurar en los libros de texto el hecho de que a Juan Carlos de Borbón lo enviara a España su padre, y no por casualidad el mismo año de la ley citada, 1947, para que el DEMAEHE se encargara de su educación. ¡¡Un niño de 9 años tutelado por semejante asesino!! ¿No le parece a usted que los adolescentes españoles de 15 y 16 años deben conocer este detalle sobre un rey de quien ya se sabían sus vicios, y también muchos de sus “incivismos” (reciente aportación de Pedro Sánchez a la historia mundial del cinismo) cuando el libro, en 2016, fue editado?

Todos estos hechos no pueden faltar en los libros de texto, pues son decisivos para explicar nuestro pasado, y también para certificar que la monarquía española es única entre las que quedan en Europa por su perfecto entendimiento con las soluciones políticas basadas en Estados criminales gobernados por dictadores.

Hay ausencias notables en los libros de texto, pero también descripciones aparentemente objetivas de hechos que, en realidad, deberían presentarse destacando el debate histórico que sigue vivo, porque ese enfoque tiene mucho más valor educativo que tomar partido por cualquiera de los relatos que se enfrentan.

Por ejemplo, en la página 313 leo lo siguiente: “Una vez acabada la guerra (mundial), las potencias vencedoras intentaron provocar la caída del franquismo. Para ello, aislaron internacionalmente a España: no fue admitida en la ONU, casi todos los países retiraron sus embajadores y Francia cerró la frontera con España”.

No me parece correcto decir a los alumnos de 4º de ESO que “las potencias vencedoras intentaron provocar la caída del franquismo”.

Santillana hubiera respetado mejor la verdad diciendo que “las potencias vencedoras aislaron durante un tiempo al régimen franquista, pero no quisieron provocar su caída” pues, de haberla “intentado” el envío de la División Azul al servicio de Hitler hubiera sido motivo suficiente para incluir a España entre los derrotados y tomar su control previa expulsión del DEMAEHE. A bien seguro que, en 1945, un ultimátum de 30 días al golpista del 18 de julio para que buscara refugio en algún Abu Dabi particular le hubieran ahorrado a España 30 años de dictadura y otros 45 de monarquía postfranquista.

También desmiente la afirmación de Santillana el hecho de que, solo ocho años después de iniciar el “aislamiento internacional”, USA firmó los acuerdos bilaterales con España, que seguía siendo la peor dictadura de Europa.

Ofende tener que recordar a Machado también hoy, pero si en un país existen dos, siempre gana el mismo empleando la violencia y la desgracia colectiva solo se relaja cuando el tiempo termina descartando el formato miedo por inútil incluso para sobrevivir, la educación no puede mantener en sus textos la versión interesada de un DEMAEHE y de sus herederos que, aunque todos niegan esa condición, muchas de sus decisiones demuestran que, en mayor o menor medida, la comparten.

Por eso, en España, los libros de texto deben dar la palabra a las dos versiones de tantos hechos que seguirán siendo irreconciliables mientras rija la citada Ley de Secretos Oficiales. Si se hubiera derogado, muchos periodistas habrían escrito verdades en lugar de especulaciones y los libros habrían enseñado más certezas, además de corregir párrafos que solo son conveniencias.

“Todo eso lo explican bien los profesores durante el curso” me contestaría cualquier portavoz de Santillana para eludir su responsabilidad, pero yo me pregunto si se sorprenderá cuando le cuente lo de la profe que, como muchos a lo largo de décadas, siempre recortan en cada curso los contenidos que pueden crear situaciones “incómodas” y que causalmente, para no ironizar, siempre hablan de España.

Y así regresamos al título, algo que no puede ser un error ni tiene perdón, pero que a nadie le costará el puesto, aunque a simple vista sea mucho más grave que lo de la risa de un día con lo de “como su abuelo”. Entre otras cosas, porque esto ha pasado, pasa y seguirá pasando por las manos de millones de estudiantes.

El Glosario del libro de Historia de 4º curso de ESO de Santillana consiste en cuatro páginas, de la 348 a la 351, con 108 términos entre los que figuran “anarquismo”, “carlismo”, “cartismo”, con “t”, y “Duma”, por citar 4 ejemplos.

También incluye, entre los 108, tres clases de monarquías, la “absoluta”, la “constitucional” y la “parlamentaria”, unas diferencias que se van desdibujando con el paso del tiempo. Pero si se trataba de crear muchos epígrafes bajo esa forma de Estado, incluir el de “monarquía corrupta” estaría justificado, y más tratándose del Reino de España.

Pero llego a la letra R, ya en la página 351, y descubro que de “Regeneracionismo” pasa a “Restauración”, y compruebo que República no aparece entre ambos, ni tampoco, por error de ubicación, en ningún otro lugar del Glosario.

Consulto en Internet, por si no soy consciente del mundo donde vivo, y los sitios más consultados hablan de unas 40 monarquías y 100 repúblicas en todo el mundo, por lo que predomina, con mucha diferencia, el modelo de Estado que Santillana ignora en su Glosario.

En este momento lo que me pregunto es si, tratándose de un libro de texto editado en 2016, pero vigente y disponible en versión On Line, es posible que nadie haya reparado en la ausencia del término República en el Glosario, sin duda consciente, aunque jamás lo reconocerán, pues los libros de texto son minuciosamente revisados antes de imprimirlos, y si, habiendo reparado alguien en ello, no lo hubiera comunicado a Santillana porque, lo que también es cierto, y más deprimente si cabe, es que la editorial tampoco se ha tomado la “molestia” de incluir “República” en la versión On Line del libro.

La muy monárquica Editorial Santillana, con tal de que el término República no aparezca en su Glosario no vaya a ser que millones de estudiantes se declaren en huelga de hambre hasta que se proclame, ni siquiera se atreve a incluir una con el apellido “bananera” que los políticos españoles, casi todos defensores de la Monarquía restaurada en 1947 y disfrazada después, nunca dejan de añadir cuando las circunstancias les obligan a pronunciar el nombre de un modelo de Estado al que desprecian tanto como a las víctimas que perdieron la guerra civil, henchidos de una maldad con la que aún envenenan contenidos y decisiones importantes en el sistema educativo.

Intentaremos consolarnos con Antonio Maestre, quien escribe hoy “bananera” para referirse a la monarquía que encabeza Felipe VI.

Mientras tanto, y tal como decía al principio, ningún mortal tira piedras sobre su tejado de manera consciente.

Por eso, porque es una Monarquía objetivamente restaurada por el DEMAEHE, este país lleva cuatro décadas incapaz de reflejar en sus libros de texto la verdad de su historia reciente. Tendría que hablar fatal de sí mismo, porque la tan cacareada Transición sin ruptura ha demostrado ser un fracaso total.

Las consecuencias del adoctrinamiento a favor de determinadas ignorancias practicado por el Reino de España son gravísimas e irreparables a corto plazo. Si se hubiera contado la historia tal como ha sido, millones de estudiantes pertenecientes a familias franquistas, pero con la mente abierta propia de la edad, habrían comentado entre ellos, y algunos también con sus familias, que los profesores les estaban diciendo cosas que nada tenían que ver con lo que ellos, sus padres, les contaban.

No resulta atrevido afirmar que, con una educación que hubiera enseñado las verdades de nuestra historia a millones de alumnos, y las dos versiones cuando las hubiera, estimulado por tanto ese espíritu crítico que uno de los objetivos que obligan al proceso educativo, el número de fascistas de la generación de los Casado y Abascal sería mucho menor. Ambos cursaron la Enseñanza Media durante los años 90 y, si no ellos dos por recalcitrantes reaccionarios que lo son sin remedio, es probable que un ambiente sin tabúes ni limitaciones en las aulas hubiera podido aconsejarles que pensaran en buscar un futuro quizás fuera de la política, donde la crispación que provocan y las amenazas que vierten contra la convivencia están siendo el pan de cada día.

Procede reparar también en el hecho de que, siendo el PP, Vox y Ciudadanos, los partidos más radicales contra los nacionalismos periféricos y que, en buena lógica, deberían concentrar los votos no nacionalistas en el País Vasco y Catalunya, sean precisamente en esas CC.AA. donde menos porcentajes suman, entre los tres, en comparación con cualquier otra de España.

Todo hace pensar que el supuesto “adoctrinamiento” practicado en las aulas de Catalunya y País Vasco ha elevado una excelente barricada intelectual y política contra la proliferación de un neofascismo que se seguirá llenando la boca de Constitución mientras no cambie la forma de Estado.

(1)  DEMAEHE son las iniciales del Despreciable Español Mayor Asesino de Españoles de la Historia de España, un acrónimo para definir a quien se lo ganó a base de violencia extrema y armada y que emplearé en recuerdo de tantos millones que se tuvieron que tragar las ganas de llamarlo por sus crueldades.

(2)  Es muy probable que Jesús de Polanco no hubiera podido construir su imperio sin el inmenso pelotazo, ilegalmente oculto a su competencia, que consiguió dar durante la dictadura. La nueva normativa sobre los libros de texto se había publicado en septiembre de 1970, pero con orden de entrada en vigor para el curso que comenzaba ese mismo mes, algo que resultaba imposible de cumplir… salvo para él, que conocía su contenido al margen de la ley y que, por tanto, tenía los libros listos para distribuir. Aquel delito, que quedó sin castigo, le permitió dominar de la noche a la mañana el mercado educativo en España, pues antes de eso Santillana solo era una editorial más y menor. Para consolidar negocios ilegales como aquel, el gobierno de Suárez aprobó en 1977 una amnistía, esta vez fiscal, otro mérito de una “Transición ejemplar”.  

(3)  Por si alguien se ofende con lo de la continuidad de la Ley de Sucesión de 1947 en el Título II de la Constitución debo recordar que la frase “de la ley a la ley” sigue siendo empleada por los defensores del “pacto constitucional” para presumir de una Transición a la que le robaron el derecho a romper con el pasado para derrotarlo de verdad y poder recordarlo sin miedo a que regresara. Mientras, esos mismos siguen siendo tan cobardes que no reconocen que, sin Monarquía, lo más probable es de que toda la ETA, y no solo la que formó EE para terminar integrada en el PSOE, hubiera dejado las armas tras perder el apoyo social de que gozaba en Euzkadi durante los años 70 y 80 del siglo pasado.