Dignidad republicana

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La memoria del exilio republicano es un territorio de dignidad. Un espacio que habita el sacrificio y que exige tenerlo presente como una forma histórica de sanación colectiva. La buena literatura lo sabe muy bien. Lo evidenció el mismísimo Cervantes cuando puso la historia de El Quijote en boca de los recuerdos de aquel morisco llamado Cide Hamete Benengeli que nuestro novelista rememoró como una exploración inconsciente de la memoria histórica de la España medieval olvidada tras la conquista de Granada. Esto es especialmente significativo ahora: cuando afrontamos la exhumación de los restos del dictador en el Valle de los Caídos. Un momento simbólico que rescata del olvido la tragedia de la Guerra Civil y que demuestra cómo su huella sigue percutiendo sobre nuestro presente más de lo que en principio pudiera sospecharse.

En medio de este contexto de reparación democrática sería bueno ir más allá y afrontar, también, un escenario de celebración que trascienda el duelo del ayer. Nos brinda la oportunidad el recuerdo de los exiliados que, provenientes del mundo académico, encontraron espacio para sobrevivir intelectualmente en México y resignificar el mundo investigador de este país hermano. Hablamos de un colectivo de varios millares que fueron abandonando España desde el comienzo de la Guerra Civil en un goteo que culminó con la capitulación republicana en abril de 1939. Lo hicieron en oleadas que agruparon en una gran mayoría a pensadores de estirpe krausista, tanto en su variante liberal como socialista. Todos abandonaron el país amargamente. Con el dolor de la pérdida y la humillación de la derrota. Como una experiencia más dentro del sumatorio de horrores que acumuló la historia de España desde que el 18 de julio de 1936 se produjo el golpe militar contra la legalidad republicana. Pasaron a engrosar esa estirpe amarga de transterrados que desde 1492 ha configurado un drama colectivo que sigue percutiendo sobre el inconsciente español y reviviéndose una y otra vez, casi generación tras generación, a pesar del paso de la historia.

El exilio intelectual español en México es parte de esa vivencia colectiva que necesita ser revisitada con el fin de exaltar la dignidad de su gesta y que forma parte muy especial del drama de los cientos de miles de republicanos que huyeron tras el fin de la guerra camino de Europa, Estados Unidos y, sobre todo, América Latina. Desde el inicio de la guerra se produjo una emigración académica que poco a poco fue acrecentándose hasta afectar a la práctica totalidad de la ciencia y el pensamiento español. México fue, sin duda, el receptor más importante de una élite intelectual excepcional en Europa. Hablamos de un grupo de científicos, académicos, artistas y pensadores que formaron aquella edad de plata que provocó, a finales del siglo XIX y principios del XX, un resurgimiento de la cultura española inédito desde el famoso siglo de oro.

Se inició con la creación desde la Institución Libre de Enseñanza de la Junta de Ampliación de Estudios, que puso en marcha la Restauración y que dio sus frutos políticos con la Segunda República Española, que bien podría describirse como el desenlace intelectual de un krausismo que quiso instaurar, en medio de los totalitarismos del periodo de entreguerras, una República de las Letras en el siglo XX europeo. Lo mejor de aquel grupo encontró refugio en México. Entre otros, María Zambrano, Giner de los Ríos, Luis Buñuel, Rodolfo Halffter, Emilio Prados, Luis Recasens, Alberti, Enrique Díez-Canedo, Pi Sunyer, Eugenio Ímaz, León Felipe, Max Aub, Francisco Ayala, Luis Cernuda, José Gaos, Juan Comas, Margarita Nelken, Francisco Giral, Wenceslao Roces, Pere Bosch y tantos otros.

Siempre se ha mencionado el nombre del presidente Lázaro Cárdenas como promotor de esta acogida. Sin embargo, el artífice fue un intelectual mexicano profundamente comprometido con la libertad a quien la historia ha silenciado. Un humanista liberal que participó del empeño pedagógico de la revolución mexicana. Daniel Cosío Villegas fue el protagonista de aquella operación de refugio que se vivió tras el comienzo de la Guerra Civil. Comprendió la urgencia de abordar el rescate de quienes encarnaban la dignidad de un proyecto al que la historia hizo fracasar. Daniel Cosío fue la persona que tuvo la oportunidad de escuchar de primera mano el drama que en 1936 se cernía sobre la inteligencia de España. Destinado como diplomático en Lisboa ese mismo año, y profundo conocedor de la cultura española después de su estancia en Madrid en 1933, escuchó de boca de Claudio Sánchez Albornoz, entonces embajador español en Portugal, la desesperada situación que atravesaban los intelectuales de su país como consecuencia del estallido de la Guerra Civil. Conmovido por su testimonio, movió los hilos de una solidaridad que dio lugar a la creación de la Casa de España en México en julio de 1938, de la que fue su presidente Alfonso Reyes, siendo el propio Daniel Cosío su primer secretario. Dos años después, se convertiría en el Colegio de México.

Aquel primer impulso fue acompañado de otros. Cosío Villegas contribuyó a que muchos de los exiliados españoles relanzaran el trabajo del Fondo de Cultura Económica como traductores y otros ingresaran en el claustro de la UNAM. De este modo, el refugio de la dignidad huida después de la derrota ante el fascismo llevó a la inteligencia española a integrarse en las instituciones culturales que han dado fama académica e investigadora a México en todo el mundo. El encuentro de España y México cobró forma de este modo en un momento especial de la historia de ambos países. Y tuvo lugar de la mano de alguien que permanece en el olvido, a la espera de que se le reconozca el mérito de haber comprendido el valor que tiene la solidaridad ante la experiencia del dolor, también del dolor que proyecta la inteligencia cuando fracasa en su empeño pedagógico de doblegar las resistencias de la violencia y la opresión.

En la imagen superior, Daniel Cosío Villegas  economista, historiador, sociólogo, politólogo y ensayista mexicano. Fundador del Fondo de Cultura Económica, del Colegio de México y de la Escuela Nacional de Economía.

https://www.lavanguardia.com/opinion/20190420/461726074374/dignidad-republicana.html

Crónica probable de una manifestación diferente. Domingo Sanz

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Cuando aún está viva la foto de la Plaza de Colón que tan cara le puede salir a más de uno de los líderes de la derecha que decidieron posar con Abascal, recibimos el impacto de una convocatoria en las antípodas de aquella, transversal por territorial, pero también distinta a las que construyen el mapa de protestas civiles que proliferan en nuestro planeta, porque no es normal que quienes pueblan las manifestaciones políticas en una ciudad residan en otras ubicadas a 600 kilómetros de distancia, o más. Y son reincidentes, pues ya estuvieron en Bruselas

No hay que despreciar el hecho de que la manifestación se haya convocado con todas las urnas a fecha fija, lo que conduce al distanciamiento entre partidos políticos. En circunstancias normales es probable que Podemos hubiera participado por lo de dejar en libertad a los “políticos presos”, una preferencia que, no lo olvidemos, hemos oído en boca de líderes socialistas cuando tampoco se dedicaban a las listas electorales.

Un detalle también relevante procede de los medios de ámbito estatal, con muchos lectores en Madrid, ciudad anfitriona y, por tanto, única beneficiaria del gasto privado que acompañaría a tan inusual cantidad de visitantes extras. Pues bien, mientras a las 9 de la mañana del sábado 16 miles de madrileños hacían planes para ese día, ni InfoLibre, ni El Diario, ni El Mundo, ni ABC, ni OK Diario, ofrecían en sus pantallas la menor noticia titulada con la manifestación, al menos en las diez primeras pantallas que iban apareciendo tras otros tantos clics en el cursor de desplazamiento vertical.

El País fue el único que la eligió en portada, aunque con un titular que no animaba, precisamente, a acercarse al Paseo del Prado ni por curiosidad: “Más de 500 policías velarán por la seguridad en la marcha independentista de Madrid”.

En El Confidencial aparecía al tercer clic del cursor con un título informativo: “El secesionismo llega esta tarde a Madrid con el objetivo de reunir a 50.000 personas”. Zarzalejos se merece, esta vez, el premio a la profesionalidad.

La Razón, también al tercer clic, pero aprovechando para repetir un mantra habitual: “Falsa unidad secesionista en la marcha contra el Estado”.

En Público la noticia solo aparecía al cuarto clic, por lo que no se puede pensar que quisieran capitalizar el protagonismo de Patricia López, la periodista de ese digital que se encargó de presentar a los líderes que hablaron al final de la movida.

En ocasiones, los pequeños detalles redondean el argumento. Me consta que el viernes había madrileños que, aún interesados por la política, no sabían si la manifestación sería por la mañana o por la tarde del sábado.

Hubo más cosas dignas de comentario.

De los 500 autocares que viajaron a Madrid, 390 procedían de Catalunya. Solo sus ocupantes suman más personas de las que informaron los contadores de manifestantes de la Policía Nacional. Según algunos medios, hay fotos, varios autocares fueron detenidos por la Guardia Civil y registrados sus maleteros, quizás en busca de explosivos resbaladizos marca Fairy para consolar a Enric Millo, que se ha quedado sin puesto en las listas digitadas por Casado.

Durante la jornada los medios informaron que “Casado y Rivera cargan contra el silencio de Sánchez ante la manifestación independentista de Madrid”, acusando el del PP a los secesionistas de venir a Madrid a exigir a Sánchez un “pago al contado”, y el de Ciudadanos a Sánchez de estar callado “por miedo a que le quiten las llaves de Moncloa”. Parece que Rivera da por perdidas las elecciones generales, pues esas llaves ya se las entregó el socialista a las urnas. A recuperar el 28 de abril.

Busco con lupa y no consigo encontrar, en La Razón tampoco, la noticia relevante que cuentan desde Catalunya, y es que al señor Bosch le ha parecido muy bien que los independentistas se manifiesten en Madrid, por lo que significa de encuentro entre dos sociedades a las que se quiere enfrentar por una simple frontera. Se trata del presidente de Sociedad Civil Catalana, entidad que convoca manifestaciones españolistas a las que siempre acuden PP, Ciudadanos y PSOE. ¿Dónde hay más división de la que se traduce en ineficacia, señor Marhuenda, entre los secesionistas o en el bloque del 155?

Pero quien se ha llevado el premio de los excesos verbales esta vez ha sido Maroto, del PP, con su ya famoso twit: “Esto está pasando ahora mismo en Madrid. Carmena en Madrid y Sánchez en La Moncloa lo permiten. ¡Con Pablo Casado esto no volverá a suceder NUNCA!”. Atención, que está negando un derecho constitucional en un texto escrito, no en una frase enardecida en un mitin ni en una respuesta nerviosa a la pregunta provocadora de algún periodista que no se llame Montesinos, Claver, u otros parecidos.

También está pidiendo a gritos un pensamiento la frase de la pancarta que una veintena de ultraderechistas paseaban por el recorrido de la manifestación poco antes de que comenzara: “Matar a España tiene un precio”, decía. Y solo cabe pensar que, o ya están dando por muerta a España y el precio habría sido el juicio, o se trata, por fin, de una primera propuesta negociadora. Solo falta que alguien ponga “el precio”, pues los independentistas se sentarían a hablar de inmediato. De hecho, lo correcto es saber primero el coste de cualquier decisión y después poner las urnas para decidir con conocimiento de causa.

Para terminar con las reacciones de unos y otros, adversarios todos de esos turistas demandantes del derecho a decidir, no faltó una nota desde La Moncloa manifestando que “la misma democracia” que protege la libertad de quienes se han manifestado es la que “juzga a quienes se saltan sus normas”. Esta manera de simplificar la política me recuerda aquella película emocionante, “Un mundo perfecto”, de Clint Eastwood, y como va fracasando todo el entramado, hasta el desastre final.

Especularemos en libertad porque, de todas formas, las sorpresas se sucederán sin descanso. Y más teniendo en cuenta que Sánchez acaba de asegurar que con el PSOE jamás habrá independencia de Catalunya, así de importante se debe sentir. Como no ofrezca lo de sacar a Felipe VI de La Zarzuela y montar una República Federal en España, y siempre que el 28 A lo gane por goleada, no creo que pueda poner condiciones que no conduzcan a un fracaso que, como mínimo, le obligará a negarse a sí mismo. De nuevo.

Mientras, los catalanes siguen a lo suyo. Podría ocurrir que la manifestación de Madrid solo haya sido el aperitivo de otra acción igual de pacífica, también masiva pero mucho más organizada y bien blindada por la fiesta de la democracia. Si sale adelante la idea de enviar apoderados desde Catalunya a todos los colegios electorales para defender las papeletas de voto de las listas independentistas en las europeas del 26 de mayo, los resultados podrían sorprender. Puigdemont y el resto de exiliados no paran de moverse por Europa, el parlamento que deberá renovarse con esas elecciones.

https://iniciativadebate.net/2019/03/17/cronica-probable-de-una-manifestacion-diferente/

Te trataré como a una reina

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Bajo el influjo violeta del día 8 de marzo y tal vez porque ambas somos mujeres, déjeme que le cuente una historia.

“Te trataré como a una reina, le dijo, si te vienes conmigo. Y ella imaginó un castillo en el aire sobre mullidas nubes, lejos del cotidiano barro que pisaban sus pies, que comenzó a ver más dignos de alfombras persas que de esteras de cuerda. Mientras, él, forjaba los barrotes de una cárcel de plata con el techo de cristal, para ella.

Qué engañoso espejismo cegó sus ojos, los de ella, qué engañoso egoísmo cegó sus ojos, los de él.

Y un día, casi sin darse cuenta, sus alas, las de ella, ya no pudieron volar, chocaron contra el cielo de cristal de su castillo de plata. Y un día, casi sin darnos cuenta, sus cadenas, las de él, habían amarrado demasiado fuerte la frágil garganta de su reina”.
¡Porque no queremos ser reinas con palacios, sino personas con derechos!

¡Por una igualdad real!

TERESA SANTOS BERNARDOS

En defensa de la libertad de expresión y la libertad religiosa II. En respuesta, por alusiones, a M.F. Fernández.

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La recién instalada estatua del diablillo en la cuesta de San Juan sigue creando quebraderos de cabeza en la mente de sus detractores, a pesar, que en los escasos días desde su inauguración, han sido miles los segovianos y visitantes que se han acercado a verla y hacerse una foto. Un éxito del que pocas o ninguna de las esculturas de nuestra ciudad puede presumir. Es de señalar, también, que, a pesar de las alarmas de las almas pías de Segovia, no hay noticias de posesiones satánicas, ni de niñas asustadas por el ciruelo de nuestro nuevo vecino.

El pasado 15 de enero, antes de conocer la resolución del Juzgado de lo Administrativo nº 1, en favor de la colocación del diablillo y entendiendo que éste “además de una figura en el ámbito religioso, forma parte de una leyenda sobre la construcción de un emblema de la ciudad…y es un elemento cultural perteneciente al acervo segoviano”, El Adelantado publicaba en sus páginas el comunicado del Colectivo Republicano Antonio Machado a propósito del asunto, de lo cual estamos muy agradecidos.

Nuestro artículo en defensa de la libertad de expresión y la libertad religiosa parece que no ha gustado a todos los articulistas de este periódico, y el pasado 21 de enero don M.F. Fernández, en su artículo de opinión La que está liando el diablillo, o, mejor, megadiablillo, se acordaba de nuestro colectivo, de lo cual, también, estamos muy agradecidos, y vertía en él una serie de afirmaciones, que, por alusiones, pasaremos a contestar y rebatir si es el caso.

En la primera parte de su artículo don M.F. Fernández dice estar: “al cien por cien de acuerdo con la Asociación S. Miguel y S. Frutos en que dada la general opinión de desagradable y poco adecuada…”, a propósito de la escultura del diablillo. Nada que objetar por parte de este colectivo a los gustos de cada uno, tan sólo aclarar que la figura del Diablo, Satán, Lucifer o como quiera que se le llame, tiene como característica común, en todas las culturas y religiones en que es representado, incluida la católica, su fealdad, pues el sentido de su existencia es el de atemorizar al común de los mortales. Tan sólo con darse un paseo por las iglesias románicas de nuestra capital y provincia se puede comprobar.

Cabe aclarar, también, que la asociación ultra que ha promovido artificiosamente y por motivos espurios este asunto, lo hacía en base a unas supuestas ofensas religiosas, apropiándose para sí el sentir mayoritario de los segovianos como también hace este articulista: “casi unánime negativa”, “en contra de cuasi toda la ciudadanía”, pues bien, los pocos días que han pasado desde la instalación del diablillo han tirado por tierra este falso argumento, demostrando el éxito mayoritario de la estatua, y, además, como muy bien decía el juez en su resolución: “no puede impedir la ejecución de los actos administrativos, dado que el estado de opinión, o los sentimientos que puedan provocar los actos administrativos, tiene un evidente componente subjetivo”.

Nuestro colectivo entiende, a su vez, que en nuestra capital existen esculturas estéticamente más horrendas que la del diablillo, como por ejemplo la dedicada a las cofradías de nuestra Semana Santa, sita en la calle San Agustín, basta, tosca y desproporcionada, y que alguno de los miles de visitantes extranjeros que vienen a nuestra ciudad cada año, observándola, bien podría entender que en Segovia hay seguidores del Ku Klux Klan. A día de hoy, no nos consta la existencia de éstos, aunque en vista de la deriva ideológica de alguno en los últimos meses, no descartamos que en breve así sea.

Es en la segunda parte del artículo donde don M.F. Fernández nos declara a este modesto colectivo poco menos que portavoz de los designios de Belcebú, pues bien podríamos estar bajo su influencia y posesión: “…el diablo, aun de bronce, ha comenzado su acción de sembrar discordia y dar luz verde a las falsedades y hasta intolerables, gestos insultos y mofas”, al mismo tiempo, acusa al CRAM de: “descargar su diarreica munición anticlerical y su visceral odio a la iglesia…”.  Es obligación de nuestro colectivo tranquilizar al articulista, pues ninguno de nuestros miembros tenemos conocimiento haya sido poseído por el diablo ni que sufra de desajustes intestinales, también debemos aclararle, que nuestro colectivo, como buenos republicanos, acoge  diferentes creencias religiosas en su seno, porque creemos que la libertad religiosa es un valor a defender y que ninguna creencia debe estar por encima de las demás. Si fuera el caso, incluso acogeríamos a los seguidores de Satanás, pues precisamente la laicidad (que no “laicismo”, término acuñado y manipulado por la derecha española) garantiza el ejercicio en libertad de las creencias de cada uno.

No le gustó al señor Fernández que defendiéramos el derecho de manifestarse libremente, ni el ejercicio a la libertad de expresión de Willy Toledo o La Cofradía del Coño Insumiso. Desde este colectivo debemos aclarar que siempre defenderemos el ejercicio de esos derechos fundamentales, sin entrar a valorar si estamos de acuerdo o no en lo que se defienda. Este es un principio básico de cualquier demócrata, pero parece que el articulista no lo entiende así, y se suma a la oleada de “indignaditos” que recorre España, aunque en este caso, y a diferencia de otros, le ampara la ley en su indignación, pues por pertenecer a una determinada creencia religiosa dispone de ese privilegio legal.

Al columnista le molesta nuestra referencia a la sumisión de nuestros alcaldes a San Roque de cada verano, porque considera él que este acto es: “muestra de agradecimiento de todo un pueblo que así lo prometió al ser salvado de la peste en el 1.599”. Aquí, el señor Fernández confunde sus creencias en leyendas con la historia y la realidad, como también lo hacía cuando hablaba sobre la leyenda antisemita de nuestra patrona. Desde este colectivo debemos aclarar que una imagen no nos puede proteger de la peste, más al contrario, esta misión está garantizada por las autoridades sanitarias, por los profesionales de la salud y por la ciencia, y en la misma nada tiene que ver este tipo de supersticiones.

Tampoco le gustó nuestra referencia a los miles de millones de dinero público que la Iglesia Católica, a través de su Conferencia Episcopal y otras instituciones, recibe cada año: “cuando no percibe ayuda estatal alguna”. En esto, por obvio y pornográfico, el CRAM no va a dedicar ni una línea a aclarar lo que todo español sabe y que el propio acuerdo con el Vaticano de 1.979 reconoce en su texto al hablar de la “autofinanciación” de la Iglesia Católica, cosa que en 40 años parece que no ha tenido el más mínimo interés en conseguir,  más al contrario, cada año que pasa, es un lastre mayor para las cuentas públicas, por subvención directa o por exenciones fiscales de todo tipo.

Y, por último, el Colectivo Republicano Antonio Machado quiere denunciar el uso que, de nuevo, hace este opinador de las páginas de El Adelantado para hacer apología del genocidio franquista con sus alusiones y defensa del Valle de Los Caídos como: “lugar de oración, perdón y abrazo”. Desde nuestro colectivo volvemos a denunciar la existencia de ese homenaje vergonzoso al dictador, que retrata al estado monárquico español como continuador del franquismo, a la iglesia católica española y a todo aquel que lo defienda, y que, como no, nos cuesta cada año varios cientos miles de euros de dinero público, incluyendo la manutención de su abad falangista.

Desde el CRAM deseamos que el TSJ de Burgos desestime el recurso planteado por la asociación ultra de San Miguel y San Frutos a la colocación del diablillo  y no ahonde en el desprestigio de la  justicia española.

¡Viva la libertad ¡Viva la República!

Colectivo Republicano Antonio Machado

Barcelona 1919: cien años de la jornada de ocho horas. Pedro Luis Angosto

Si hay una cosa clara a lo largo de la historia contemporánea es que el poder tiende, por naturaleza, a derechizarse, sobre todo cuando los ciudadanos consideran que los derechos que fueron arrancados por la fuerza a los poderosos, que nunca fueron concesión graciosa, gozaran eternamente de vigencia. Nada más contrario a la verdad histórica, cuando los pueblos callan, cuando se amansan, cuando creen que sus vidas, las de sus hijos y nietos discurrirán por el lindo trayecto de las conquistas conseguidas, lo que de verdad han iniciado es el camino de la esclavitud, de la explotación y de la supresión de tales derechos. Así ha sucedido con la globalización en Europa, ese pequeño territorio del mundo donde sus habitantes creían que los derechos conseguidos por sus padres y abuelos serían disfrutados por las generaciones venideras sin mayores alteraciones. Se llevaron y se están llevando la industria hacia lugares donde no existen derechos políticos, económicos ni sociales; aumentaron la jornada laboral y precarizaron los empleos hasta impedir que los jóvenes puedan desenvolver sus vidas con un mínimo de autonomía. Como es natural, la desaparición de la industria y la precarización del empleo amenaza gravísimamente al sostenimiento de la Educación, la Sanidad y las pensiones, que hasta ahora se han sostenido con los impuestos y las cotizaciones de trabajadores con buenos sueldos y estabilidad laboral. Se comienza por desconfiar de los sindicatos domesticados en vez de combatir su conformismo, por dejar de votar y al final lo que logramos es el regreso del feudalismo con Internet.

Todo esto sucede porque hemos dejado de tener conciencia de clase, porque hemos querido buscar salidas personales, aunque todo los que nos rodee huela cada vez más a ruina, porque nuestro aburguesamiento y nuestra soberbia indolente nos lleva a despreciar las lecciones de la historia y la enorme valentía de quienes se jugaron el pellejo en otros tiempos para que hoy podamos vivir mejor, al menos hasta hace unos años.

Este año se cumplen cien años de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, dos de los más notables defensores de los derechos de los trabajadores y de la prosperidad de la Humanidad. También, un siglo de la huelga de La Canadiense, hito en la historia del movimiento obrero español y mundial que debe servirnos como ejemplo para combatir la tiranía global neoliberal que nos está machacando.

A finales de enero de 1919, los ejecutivos de La Canadiense decidieron hacer fijos a un grupo de oficinistas, pero bajando su salario de 150 pesetas mensuales a 125. La respuesta de los afectados fue fulminante, negándose a trabajar en esas condiciones en una ciudad carísima como era la Barcelona de entonces -y la de hoy- después de los inmensos beneficios acumulados por los empresarios catalanes dedicados a vender telas, maquinaria y manufacturas a las potencias en conflicto durante la Primera Guerra Mundial. Los trabajadores fueron despedidos y acto seguido todos sus compañeros de oficinas se solidarizaron y se declararon en huelga. Tras diversos intentos para llegar a un acuerdo con la empresa anglo-canadiense que suministraba energía eléctrica a Barcelona y su cinturón industrial, la patronal exigió al Gobierno Romanones protección para sus negocios y para los esquiroles que pretendían contratar. Pese a la intervención del ejército y la policía, a la detención de miles de obreros, la huelga se fue extendiendo, primero a los obreros de otras secciones de la “multinacional”, luego a los tranvías, más tarde a los ferrocarriles, a los comercios y a las empresas de toda la ciudad, llegando a quienes trabajaban en las centrales hidroeléctricas de Lérida. Barcelona quedó completamente paralizada, ni las presiones del Gobierno, ni los matones de la patronal catalana, ni el somatén armado hasta los dientes, ni la cárcel, ni las muertes -que las hubo- sirvieron para amedrentar a unos hombre y mujeres que habían decidido dar un paso adelante en la evolución humana: Paralizada la ciudad y su zona de influencia, con los jornaleros andaluces amenazando con dar fuego a las fincas de los terratenientes y la UGT dispuesta a sumarse a una huelga general en toda España, el gobierno y la patronal claudicaron admitiendo todas las exigencias de los trabajadores. Se readmitieron a todos los despedidos, se dejó en libertad a los detenidos, se prohibió el trabajo a menores y los destajos, se garantizó que no se emplearían esquiroles en caso de huelga, pero sobre todo, el gobierno firmó por primera vez en la historia mundial una ley que decreta que la jornada de ocho hora era la única vigente en toda España.

Después, ante el espectacular triunfo de los trabajadores, la patronal catalana exigió al gobierno medidas drásticas para someter al movimiento obrero, y a tal fin enviaron a Martínez Anido y Arlegui a la Ciudad Condal, dándoles carta blanca para matar sindicalistas allá donde los encontraran. Fue el momento de la Ley de Fugas, artilugio ilegal salvaje que permitía matar a cualquier obrero bajo el pretexto de no haber atendido una orden de detención. Aun así, ni Anido, ni Arlegui, ni Milans del Bosch ni, luego, la dictadura de Primo de Rivera, lograron acabar con los logros inmensos de aquella huelga que por primera vez en el mundo consiguió que la jornada de ocho horas figurase en la legislación de un país. Quienes aquello consiguieron, miles y miles de obreros de todas las clases, no eran personas ilustradas, muchos de ellos ni sabían leer, pero tenían claro que no estaban dispuestos a que sus hijos tuvieran que vivir en la esclavitud, a merced de patronos salvajes y explotadores que creían que los derechos sólo les afectaban a ellos. Fue el triunfo de la solidaridad, del tesón, de la generosidad, de la bondad y el altruismo -por encima de sus vidas- de una generación dispuesta a sacrificarlo todo por el interés general, por el bien común, por la libertad y el bienestar de la inmensa mayoría.

Hoy, cuando se cumple un siglo de aquella huelga histórica, de aquellas conquistas impresionantes por personas con muy escasa formación pero con la conciencia muy clara de quienes eran ellos y quien el enemigo, vemos como todo por lo que lucharon está siendo pisoteado y eliminado sin que apenas se oigan voces, sin que el país se vea sacudido por la furia, la energía y la dignidad de miles y millones de excluidos, explotados, parados incapaces de armar una acción enérgica y solidaria que les diga a los del poder hasta aquí habéis llegado. Lo que hicieron los trabajadores de La Canadiense es un ejemplo de lo que hay que hacer ahora, en caso contrario ya sabemos a dónde nos lleva la derecha y la ultraderecha que viene, que nunca se fue pero estaba, agazapada, trincando, esperando su momento. Han de saber que el camino no está expedito, que en el frente encontrarán a millones de personas, dispuestas no sólo a no dejar que se les arrebate ningún derecho, sino a recuperar los perdidos y a conseguir muchos más: El primero de ellos la reducción de la jornada laboral a 6 horas diarias, declarando el boicot a todas las empresas que deslocalicen su producción.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/barcelona-1919-cien-anos-jornada-horas/20190115145928159249.html

María Luisa Suarez, una abogada valiente y pionera en la defensa de los trabajadores. Héctor Maravall

Fue la única mujer en su promoción de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, en los primeros años de la posguerra. Una carrera clasista, machista, dominada por un profesorado fuertemente depurado por el régimen y vinculado ideológicamente al pensamiento mas reaccionario. Si todavía a mediados de los años 60 pervivían esas características en la Facultad Derecho, podemos imaginar lo que debía ser estudiar la carrera en 1941.

María Luisa fue una de las primeras mujeres que se afilió al Partido Comunista de España a mediados de los años 50, manteniendo su compromiso político durante más de 60 años.

María Luisa fue la primera mujer laboralista de España, la primera que empezó a defender trabajadores de las nacientes Comisiones Obreras y la primera mujer que empezó a defender represaliados políticos y muy en especial a los militantes comunistas. Y en esos años, finales de los 50 y principios de los 60, conllevaba, además de un absoluto sacrificio económico, una evidente identificación a cara descubierta con los enemigos de la dictadura.

María Luisa colaboró estrechamente en la defensa del dirigente comunista Julián Grimau, ejecutado por la dictadura, apoyando al defensor militar, Alejandro Rebollo, ya que en los Tribunales Militares no se admitía la presencia de abogados civiles.

María Luisa contribuyó al impulso del Grupo de Abogados Jóvenes del Colegio de Abogados de Madrid, origen de la potente oposición democrática en el mismo y germen de la colaboración de las fuerzas políticas democráticas al principio de la Transición.

María Luisa fue la primera mujer que creo un despacho laboralista en 1965, junto con otros tres abogados comunistas, José Jiménez de Parga, José Esteban y Antonio Montesinos, dedicándose exclusivamente a la defensa de los trabajadores y de procesados por los Tribunales Militares y después por el Tribunal de Orden Público.

Seguramente hoy no nos podemos hacer cabal idea de lo que en aquellos años de dura represión suponía que una mujer abogado se enfrentara a jueces franquistas en el Tribunal de Orden Publico o en la Magistraturas de Trabajo, que defendiera con tesón a los trabajadores frente a los abogados de la patronal o a los fiscales del TOP, o su frecuente presencia en cárceles y comisarias con funcionarios y policías, chulos y machistas, que odiaban y despreciaban a los presos de izquierdas

Su despacho en la Calle Cruz, constantemente vigilado por la policía, fue una escuela de laboralistas, entre ellas nuestra alcaldesa Manuela Carmena, Cristina Almeida o el magistrado Juanjo del Águila.

La firma de María Luisa era habitual en los escritos, manifiestos y peticiones públicas de intelectuales y profesionales democráticos de los años 60 y 70; leer su nombre era una garantía de que detrás y al lado de esa declaración estaban los comunistas. Por el contrario, su nombre siempre aparecía destacado en los panfletos que la extrema derecha abogacil nos mandaba a toda la profesión, denunciando a lo que ellos consideraban agitadores comunistas.

A pesar de su abierto y conocido compromiso político con el PCE, reforzado por su elección como miembro de su Comité Central en el VII Congreso, María Luisa era profundamente querida, valorada y respetada por abogados y otros profesionales de ideas democráticas, aunque alejadas de las posiciones comunistas.

María Luisa era cariñosa y afable, hasta un poco “clásica” a los ojos de las nuevas promociones de jóvenes laboralistas influidos ya por el Mayo francés y la California hippie.

El gobierno socialista reconoció su gran aportación a la defensa de clase obrera con la Medalla de Oro al Trabajo. Y recibió otros homenajes y reconocimientos, realizando un interesantísimo libro de Memorias.

María Luisa Suarez debe ser un motivo de orgullo para la democracia española, para las clases trabajadoras de nuestro país, para quienes lucharon contra la dictadura, un motivo de orgullo también para los abogados laboralistas y desde para los militantes comunistas. Descanse en paz.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/maria-luisa-suarez-abogada-valiente-pionera-defensa-trabajadores/20190106114405158983.html

EN MEMORIA DEL HISTORIADOR JOSEP FONTANA. ARTÍCULO APARECIDO EN EL DIARIO CTXT.ES

Prólogo al ‘Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978’, de Pedro L. Angosto
JOSEP FONTANA.
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La forma en que se produjo en España el pacto de la “transición” contribuyó a que se hiciera el silencio sobre la historia del franquismo, puesto que no se podían airear las responsabilidades de los mismos con quienes se pactaba, ni depurar las culpas de miembros de la jerarquía militar o judicial que seguían desempeñando sus cargos.

Y aunque ha habido en las últimas décadas un volumen considerable de investigación que ha permitido conocer a fondo la realidad de los crímenes y desmanes de la dictadura, se sigue manteniendo desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación una especie de neutralidad que ha favorecido la aparición de un revisionismo histórico que pretende demostrar que la guerra civil no fue más que un enfrentamiento entre dos bandos igualmente culpables.

La confusión creada por esa indefinición explica escándalos intelectuales como el del Diccionario Biográfico Español, publicado por la Real Academia de la Historia entre 2009 y 2013, o la confusión que ha hecho posible que se difundiera recientemente por los medios la desgraciada ocurrencia de Daron Acemoglu de comparar la transición española con la “primavera árabe”.

Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros.

Pero así deben pensar quienes alientan esta ola de revisionismo, apoyada por autoridades tan dudosas como la de Stanley Payne, dispuesto siempres a apadrinar cualquier engendro contra la República y en defensa del franquismo.

Conocí a Payne en los años sesenta, en una ocasión que pasó por Barcelona y se reunió con un grupo de jóvenes historiadores. Era por entonces un autor de moda. Había publicado en 1962 Falange. A history of Spanish fascism, que Ruedo Ibérico tradujo en París tres años más tarde. Nos estuvo describiendo a los falangistas de los años de la Segunda república como un grupo de jóvenes intelectuales amantes de la poesía. Se me ocurrió preguntarle cuál era en aquellos años la fuente de ingresos de que vivía José Antonio y me contestó: “Eso no lo sé”. Me pareció poco serio que montase todo un tinglado interpretativo prescindiendo de asentarlo sobre la realidad y perdí desde aquel momento la confianza en la calidad de su investigación.

Pero es que la calidad de la investigación no cuenta en las valoraciones del revisionismo. Podemos verlo en la forma en que reaccionan contra quienes les contradicen. Uno de los objetos de su furor es, por ejemplo, Ángel Viñas, un investigador que tiene una obra posiblemente tan copiosa como la de Payne, pero que se distingue netamente de la de éste por la ingente cantidad de nueva documentación que ha sacado a la luz y ha publicado.

En un reciente alegato contra Viñas, Carlos González Cuevas, cuya interpretación del régimen franquista se expresa en afirmaciones como “Franco era, como aparecía en las monedas de la época, ‘Caudillo por la Gracia de Dios’; lo que suponía unos límites claros a su capacidad de decisión” o “el pluralismo inherente al régimen político nacido de la guerra civil”, se dedica sistemáticamente a la tarea de denostar las obras de Viñas, sin argumentos sólidos para fundamentar la crítica. Un ejemplo de ello lo tenemos en la condena de que haya publicado las memorias de Francisco Serrat Bonastre, “con el solo objetivo de fundamentar sus prejuicios antifranquistas”. Pero Serrat era un embajador al servicio de la República, que abandonó su puesto en Varsovia para unirse al régimen franquista, que le nombró Secretario de Relaciones Exteriores. Si tenemos en cuenta, además, que sus memorias no estaban destinadas a la publicidad, sino que permanecían en manos de la familia, para descalificarlas, y para criticar a Ángel Viñas por haberlas publicado, se necesita cuando menos aportar evidencias que lo justifiquen.

Lo que realmente necesitamos es más documentación y más conocimiento. De ahí que me parezca oportuno celebrar la publicación de este diccionario bibliográfico del franquismo que Pedro L. Angosto ha realizado con un notable esfuerzo de documentación. Si los grandes nombres cuentan con una bibliografía más o menos accesible, es difícil encontrar información de otros muchos cuya trayectoria vital se recoge en estas páginas. Será, en suma, una nueva herramienta que nos ayude a conocer mejor la historia de una época.

http://ctxt.es/es/20180516/Politica/19628/memoria-franquismo-josep-fontana-stanley-payne-dictadura-transicion.htm