Inauguración Imágenes para Poeta en Nueva York + Estreno El sudario de tiza, en La Cárcel_Segovia Centro de Creación

Este próximo Martes 30 de Abril, a las 20 horas, en La Cárcel_Segovia Centro de Creación, se inaugura Imágenes para “Poeta en Nueva York”, de Federico García Lorca, exposición de pintura de Enrique Lázaro incluida en la programación Constelación Machado, promovida por el Ayuntamiento de Segovia.

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Se acompañará con el estreno de El sudario de tiza, pieza incluida en Terror y miseria en el primer franquismo, compilación de piezas breves de José Sanchis Sinisterra, por la que recibió el Premio Nacional de Literatura Dramática en el año 2004.

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Asimismo, los días 21, 23 y 24 de Mayo se realizarán pases especiales de la pieza y coloquios con escolares.

El reconocido autor y dramaturgo José Sanchis Sinisterra, el pintor Enrique Lázaro, y el actor Anxo Rodríguez, están a vuestra disposición para la cobertura o información que consideréis adecuada.

La exposición mencionada se podrá contemplar hasta el Domingo 2 de Junio, en La Cárcel_Segovia Centro de Creación.

¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no? Por Domingo Sanz

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Escuché la respuesta y solo pude sentir lástima por el testigo que acababa de responder al juez Marchena. Un minuto y veintisiete segundos antes era el abogado Pina quien hacía las preguntas en el juicio contra los líderes independentistas:

Abogado Pina: “Cuando usted ha calificado, a preguntas de la excelentísima señora fiscal, la actitud de los ciudadanos en el colegio como muy agresiva, ¿en que se traducía esa mucha agresividad?”

Policía testigo: “Pues estaban agitados, con lanzamiento de objetos…”

Abogado Pina: “Lanzamiento de objetos, ¿qué objetos lanzaban?”.

Policía testigo: “Pues no puede ver ninguno, pero…”.

Abogado Pina: “Lo acaba de decir usted”.

Policía testigo: “Si, lanzamiento de objetos, serían piedras…”

Abogado Pina: “No, ‘serían’ no sirve. Es si se lanzaron o no se lanzaron”.

Policía testigo: “…si, yo le estoy diciendo que eran objetos, no sé lo que eran…”.

Abogado Pina: “Yo le estoy preguntando lo que usted vio”.

Policía testigo: “Si, si, yo le estoy diciendo que vi objetos, no sé lo que eran… que daban en los escudos y en los cascos de los compañeros”.

Abogado Pina: “¿Usted no vio que hubiera lanzamientos? Es que no me aclaro”.

Policía testigo: “Sí que había lanzamientos, pero si me pregunta usted específicamente lo que eran, si eran piedras o…”.

En este momento es cuando el Juez interviene y, poniendo voz de presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, le pregunta al policía testigo: “¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no?”

Policía testigo: “No”.

Abogado Pina: “No hay más preguntas, señoría”.

Marchena interrumpió el interrogatorio porque para salvar al policía de la tortura de las preguntas no le quedaba más remedio que arriesgarse a dejarlo como un embustero.

El abogado también debió sentir pena por la persona, y no pidió al juez que se invalidara toda su declaración, ni que se investigara el falso testimonio que se acababa de evidenciar a la vista de todos.

Hoy es once de abril de 2019, pero hace casi cincuenta años aún no había cumplido los veinte y estudiaba en la Universidad Complutense.

Las dos aulas de primer curso estaban separadas del edificio principal y sus paredes cristaleras nos enseñaban el jardín breve de la Facultad, ubicada junto a la autopista de La Coruña, cerca del Palacio de La Moncloa.

El profesor de turno exponía su asignatura, pero tampoco él podía evitar miradas furtivas hacia el exterior, donde había árboles, césped y el edificio principal, pero lo que le dispersaba su atención eran los paseos vigilantes de los “grises”, los mismos policías de hoy, pero con otro color en el uniforme.

Estaban instalados, con sus microbuses, en grupos dispersos por las distintas facultades del campus para así disolver manifestaciones con mayor facilidad y, en ocasiones, incluso asambleas de alumnos en el interior de las aulas, donde cada cierto tiempo entraban a lo bestia, actuando contra la libertad de expresión exactamente igual que los que aparecen en los vídeos que Marchena se niega ahora a proyectar, en contra de lo que necesitan y piden los abogados para poder separar en tiempo real las verdades de las mentiras.

En 1970, y gracias al tiempo libre para pensar durante los largos silencios en las celdas del sótano que sucedían a las palizas y torturas aplicadas en aquella Dirección General de Seguridad que gobernaba España con el todo vale de las fuerzas represivas, uno de los alumnos interrogados consiguió descubrir que la Brigada Político Social, quizás no conforme con el “trabajo” de los grises, había infiltrado a Sánchez, uno de sus policías, en nuestro curso, matriculándolo como un alumno más.

Recuerdo bien las caras de Álvarez, Iglesias, Fraga, Ollero, Morodo, Trías y resto de profesores, a pesar de que nunca estuve tan cerca de ninguno de ellos como de aquellas personas armadas de amenaza en gris cuando coincidíamos en esos momentos de cuerpo a cuerpo que periódicamente sucedían, a iniciativa siempre de los uniformados.

Hoy, a pesar de tanta democracia, no me queda más remedio que, también, imaginar las caras de policías y guardias civiles que están declarando en este juicio. Para conseguirlo, recurro a los gestos de fiscales, jueces y abogados, mientras los interrogados responden a las preguntas que sufren en el juicio más importante de nuestra historia.

Sí recuerdo, en cambio, que no sentía personalmente nada hacia aquellas personas que intentaban y conseguían golpearnos cuando, junto con mis compañeros, pasábamos de solo pensar en la intimidad a realizar algo que no estaba consentido por la ley, por mucho que no tuviera consecuencias de ninguna clase y a pesar de que en muchas ocasiones los jueces, hartos, quitaban la razón a la policía.

Me dan pena los testigos declarantes, que acuden acobardados a decir mentiras cumpliendo órdenes superiores o afectados por la presión de su ambiente “laboral” inmediato.

Los cobardes, en cambio, a quienes solo puedo odiar, son los Rajoy, Soraya, Zoido, Pérez de los Cobos y tantos otros, que enviaron a todos esos números a actuar contra personas que solo ofrecían la resistencia de su propio cuerpo y su deseo de incumplir una sentencia sin mayores consecuencias.

No existe nadie en España que sea capaz de acabar con el esperpento que significa este juicio, condenado a figurar en nuestra historia como un momento decisivo en el camino hacia la derrota colectiva.

Ni siquiera el color de los uniformes de hoy me parece tan diferente al gris aquel como me lo parecía en los años ochenta del siglo pasado.

¿Usted vio lanzamiento de objetos, sí o no?

EL COMUNERO DESCONOCIDO, JUAN DE ZAPATA

FirmaJuanZapata

Juan de Zapata fue un capitán comunero durante la revuelta de las Comunidades de Castilla, nació en Madrid y fue regidor de esta villa.

Al producirse el estallido de la revuelta de las Comunidades de Castilla, en verano de 1520 se unió, acaudillando a unos 500 comuneros madrileños (400 infantes y 50 jinetes), al capitán Juan de Padilla procedente de Toledo, con el fin de auxiliar a los comuneros segovianos que en ese momento estaban siendo asediados por las tropas realistas, al mando del alcalde Ronquillo, que viéndose superado en número, abandona el sitio al que estaba sometiendo al Alcázar.

Posteriormente, entró en Medina del Campo nada más ser incendiada por los fieles al rey Carlos I y participó junto a los capitanes de Toledo, Juan de Padilla, y de SegoviaJuan Bravo, en la expulsión de Tordesillas del marqués de Denia y en las posteriores conversaciones que mantuvieron los comuneros en esta misma villa con la reina Juana de Castilla con el fin de proclamarla como tal en detrimento de su hijo, pero sin obtener éxito alguno a causa de las reticencias mostradas por la reina madre.

Estuvo presente en la fatídica retirada de las tropas comuneras de Torrelobatón, que se dirigían a Toro buscando una mejor defensa, sin lograr su objetivo, pues las tropas imperiales les dieron alcance en la localidad de Villalar, sufriendo una definitiva derrota el 23 de abril de 1521.

El 28 de octubre de 1522 fue exceptuado del perdón real y, aunque conservó la vida, su residencia y escudo fueron arrasados, como arrasado fue el castillo de madera construido en lo que hoy es la madrileña Puerta del Sol.

Algunos investigadores, como Joseph Pérez, le consideran autor y responsable de la propaganda generada por el movimiento a favor de la insurrección.

VILLALAR 2019

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Ya cunde en toda Castilla/ la rebelión comunera/ Comunes el sol y el viento, / común ha de ser la tierra/ que vuelva común al pueblo/ lo que del pueblo saliera.

Los versos son de Luis López Álvarez, poeta nacido en La Barosa, Carucedo, muy cerca de la frontera con Galicia, pero criado en Valladolid, y forman parte de un romance escrito en pleno siglo XX. Los Comuneros, es un rescate, de la histórica revuelta contra el rey Carlos I que levantó en armas a las ciudades de Castilla en el año 1520.

 

Dignidad republicana

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La memoria del exilio republicano es un territorio de dignidad. Un espacio que habita el sacrificio y que exige tenerlo presente como una forma histórica de sanación colectiva. La buena literatura lo sabe muy bien. Lo evidenció el mismísimo Cervantes cuando puso la historia de El Quijote en boca de los recuerdos de aquel morisco llamado Cide Hamete Benengeli que nuestro novelista rememoró como una exploración inconsciente de la memoria histórica de la España medieval olvidada tras la conquista de Granada. Esto es especialmente significativo ahora: cuando afrontamos la exhumación de los restos del dictador en el Valle de los Caídos. Un momento simbólico que rescata del olvido la tragedia de la Guerra Civil y que demuestra cómo su huella sigue percutiendo sobre nuestro presente más de lo que en principio pudiera sospecharse.

En medio de este contexto de reparación democrática sería bueno ir más allá y afrontar, también, un escenario de celebración que trascienda el duelo del ayer. Nos brinda la oportunidad el recuerdo de los exiliados que, provenientes del mundo académico, encontraron espacio para sobrevivir intelectualmente en México y resignificar el mundo investigador de este país hermano. Hablamos de un colectivo de varios millares que fueron abandonando España desde el comienzo de la Guerra Civil en un goteo que culminó con la capitulación republicana en abril de 1939. Lo hicieron en oleadas que agruparon en una gran mayoría a pensadores de estirpe krausista, tanto en su variante liberal como socialista. Todos abandonaron el país amargamente. Con el dolor de la pérdida y la humillación de la derrota. Como una experiencia más dentro del sumatorio de horrores que acumuló la historia de España desde que el 18 de julio de 1936 se produjo el golpe militar contra la legalidad republicana. Pasaron a engrosar esa estirpe amarga de transterrados que desde 1492 ha configurado un drama colectivo que sigue percutiendo sobre el inconsciente español y reviviéndose una y otra vez, casi generación tras generación, a pesar del paso de la historia.

El exilio intelectual español en México es parte de esa vivencia colectiva que necesita ser revisitada con el fin de exaltar la dignidad de su gesta y que forma parte muy especial del drama de los cientos de miles de republicanos que huyeron tras el fin de la guerra camino de Europa, Estados Unidos y, sobre todo, América Latina. Desde el inicio de la guerra se produjo una emigración académica que poco a poco fue acrecentándose hasta afectar a la práctica totalidad de la ciencia y el pensamiento español. México fue, sin duda, el receptor más importante de una élite intelectual excepcional en Europa. Hablamos de un grupo de científicos, académicos, artistas y pensadores que formaron aquella edad de plata que provocó, a finales del siglo XIX y principios del XX, un resurgimiento de la cultura española inédito desde el famoso siglo de oro.

Se inició con la creación desde la Institución Libre de Enseñanza de la Junta de Ampliación de Estudios, que puso en marcha la Restauración y que dio sus frutos políticos con la Segunda República Española, que bien podría describirse como el desenlace intelectual de un krausismo que quiso instaurar, en medio de los totalitarismos del periodo de entreguerras, una República de las Letras en el siglo XX europeo. Lo mejor de aquel grupo encontró refugio en México. Entre otros, María Zambrano, Giner de los Ríos, Luis Buñuel, Rodolfo Halffter, Emilio Prados, Luis Recasens, Alberti, Enrique Díez-Canedo, Pi Sunyer, Eugenio Ímaz, León Felipe, Max Aub, Francisco Ayala, Luis Cernuda, José Gaos, Juan Comas, Margarita Nelken, Francisco Giral, Wenceslao Roces, Pere Bosch y tantos otros.

Siempre se ha mencionado el nombre del presidente Lázaro Cárdenas como promotor de esta acogida. Sin embargo, el artífice fue un intelectual mexicano profundamente comprometido con la libertad a quien la historia ha silenciado. Un humanista liberal que participó del empeño pedagógico de la revolución mexicana. Daniel Cosío Villegas fue el protagonista de aquella operación de refugio que se vivió tras el comienzo de la Guerra Civil. Comprendió la urgencia de abordar el rescate de quienes encarnaban la dignidad de un proyecto al que la historia hizo fracasar. Daniel Cosío fue la persona que tuvo la oportunidad de escuchar de primera mano el drama que en 1936 se cernía sobre la inteligencia de España. Destinado como diplomático en Lisboa ese mismo año, y profundo conocedor de la cultura española después de su estancia en Madrid en 1933, escuchó de boca de Claudio Sánchez Albornoz, entonces embajador español en Portugal, la desesperada situación que atravesaban los intelectuales de su país como consecuencia del estallido de la Guerra Civil. Conmovido por su testimonio, movió los hilos de una solidaridad que dio lugar a la creación de la Casa de España en México en julio de 1938, de la que fue su presidente Alfonso Reyes, siendo el propio Daniel Cosío su primer secretario. Dos años después, se convertiría en el Colegio de México.

Aquel primer impulso fue acompañado de otros. Cosío Villegas contribuyó a que muchos de los exiliados españoles relanzaran el trabajo del Fondo de Cultura Económica como traductores y otros ingresaran en el claustro de la UNAM. De este modo, el refugio de la dignidad huida después de la derrota ante el fascismo llevó a la inteligencia española a integrarse en las instituciones culturales que han dado fama académica e investigadora a México en todo el mundo. El encuentro de España y México cobró forma de este modo en un momento especial de la historia de ambos países. Y tuvo lugar de la mano de alguien que permanece en el olvido, a la espera de que se le reconozca el mérito de haber comprendido el valor que tiene la solidaridad ante la experiencia del dolor, también del dolor que proyecta la inteligencia cuando fracasa en su empeño pedagógico de doblegar las resistencias de la violencia y la opresión.

En la imagen superior, Daniel Cosío Villegas  economista, historiador, sociólogo, politólogo y ensayista mexicano. Fundador del Fondo de Cultura Económica, del Colegio de México y de la Escuela Nacional de Economía.

https://www.lavanguardia.com/opinion/20190420/461726074374/dignidad-republicana.html

El adiós a Neus Català, una vida centenaria de lucha antifascista

Esther López Barceló. https://www.eldiario.es/cv/desolvidador/Neus_Catala-desolvidador-memoria_6_888971096.html

“La història l’han escrit els franquistes. Encara hem d’escriure la història del poble espanyol”, Neus Català.

La víspera del aniversario del advenimiento de la Segunda República ha exhalado su último aliento de vida una de esas mujeres cuyo nombre no debería borrarse jamás de la historia: Neus Català. Se ha marchado con 103 años, habiendo cumplido con creces con el sentido que marcó toda su existencia, aquel que Manuel Vázquez Montalban bautizó como el de “la Razón Democrática”.

Este artículo surge de la necesidad de contribuir modestamente a dejar sellada su historia en nuestro recuerdo. Hace meses dejé inacabada la redacción de un artículo sobre ella por razones mundanas. Esta tarde la noticia de su muerte me ha sacudido como si, a pesar de su extrema ancianidad, fuera algo inesperado, como si Neus Català, después de haber sobrevivido a la barbarie, ya no se fuera a morir nunca. Trabajando en el reportaje, tuve la oportunidad de hablar con su biógrafa personal, Elisenda Belenguer, y con su querida hija, Margarita Català. Ambas me transmitieron la profunda emoción de formar parte de la vida de una mujer irrepetible. Para documentarme, leí tres obras fundamentales: “Testimoni d’una supervivent” de la propia Neus Català, “Neus Català, memòria i lluita” de Elisenda Belenguer y “Noche y niebla. Los catalanes en los campos nazis” de la desaparecida Montserrat Roig.

Certificado de deportación de Neus Català.

Certificado de deportación de Neus Català.

Neus Català nació el 7 de octubre de 1915 en Guiamets, un pequeño pueblo de la comarca del Priorat que no ha tenido nunca más de 500 habitantes. En su casa eran “pagesos de tota la vida (…) Vivíem de trossos i bocins”. Su padre regentaba una barbería y, a diferencia del resto de hombres que nunca debatían con sus hijas, ellos dos hablaban constantemente y, de entre las historias que le contaba, su preferida era la de Espartaco, el gladiador que se enfrentó a Roma en defensa de los esclavos oprimidos. En su pequeño pueblo la proclamación de la II República impulsó la politización de la gente. La organización llegó con la guerra y Neus no lo dudó; en cuanto supo de la creación de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña (JSUC), se dijo: “Aquesta és la meva organització. Sempre he estat a favor de la unitat de totes les forces de l’esquerra. Sols no farem mai res”.

Durante la guerra trabajó en la que ella definió como su verdadera vocación: enfermera. Se ocupó de una colonia de niños con quienes cruzó la frontera hacia el exilio en 1939, esforzándose en encontrar la mejor protección para cada uno de ellos. Una vez en Francia pasó a convertirse en miembro de la resistencia, como harían tantos españoles y españolas huyendo del franquismo. Luchar contra el nazismo se convirtió en el segundo objetivo de su corta vida. En 1942 se casó con un francés, Albert Roger, pero incluso su matrimonio tuvo un objetivo militante y estratégico, ya que al obtener la nacionalidad francesa gozaba de mayor libertad de movimiento y así podía cumplir mejor con las misiones que se le encomendaban: “El nostre viatge de noces va ser buscar un lloc per a poder reunir els primers ‘maquisards’!”.

Neus fue detenida en 1943 y deportada al campo de concentración de Ravensbrück en enero de 1944. Como ella misma cuenta en su autobiografía, fue entonces cuando pasó de tener identidad propia a ser considerada un número, “menys que un gos o un cavall”. Ella fue la prisionera 27.534 de Ravensbrück.  Allí coincidió con otras combatientes antifascistas. Margarita, la hija de Neus, recuerda que muchas le contaron que la certeza de saber por qué estaban allí les daba la fuerza necesaria para seguir viviendo. Su principal objetivo fue sabotear su propio trabajo en la fábrica de armamentos donde eran explotadas. De unos 10.000 obuses que debían fabricarse a la semana solamente salían unos 5.000. Mientras organizaban los sabotajes tenían que convivir con situaciones humillantes y vejatorias como las revisiones de los médicos de las SS ante los cuales tenían que pasear sus cadavéricos cuerpos desnudos. Las sometían a revisiones ginecológicas sin las necesarias condiciones higiénicas y, tal y como recoge su testimonio, si eran del agrado de algún oficial podían acabar en el prostíbulo del campo, del que ninguna mujer logró salir con vida. En mayo del 45 llegó por fin su liberación gracias a las tropas soviéticas. El marido de Neus no logró regresar con vida del campo de Bergen Belsen.

De vuelta a Francia, Neus Català consiguió recuperarse psicológicamente uniéndose inmediatamente a la militancia activa. Sin embargo, su estado físico sí requirió de cuidados de una casa de reposo, en la que conoció a quien sería su segundo marido y padre de sus hijos, Félix Sancho Lorón, con el que le unía la misma experiencia de compromiso y lucha. Pero ella siempre tuvo un papel político independiente, “era feminista ya antes de que existieran organizaciones feministas, era algo natural en ella”, me contó Margarita Català. Siendo una adolescente, Neus ya había participado en una huelga de mujeres y ese instinto de sororidad la acompañó durante su estancia en Ravensbrück, donde todas se trataban como hermanas.

“La católica le dijo a Neus: Me das pena, nosotras tenemos a Dios, que es nuestra esperanza. Pero vosotras no tenéis nada, debéis ser muy desdichadas.

¿Cómo que no tenemos nada? Te tenemos a ti, y a aquella, y a la otra. ¿Te parece poco?”

(Del relato de Neus Català en Noche y niebla. Los catalanes en los campos nazis, de Montserrat Roig).

Neus Català, en 1957, en Las Ramblas de Barcelona, con Margarita y su sobrina Rosanna.

Neus Català, en 1957, en Las Ramblas de Barcelona, con Margarita y su sobrina Rosanna.

Margarita me contó cómo, tras la liberación, prosiguió la labor incansable de su madre, dedicada a recoger los testimonios de las supervivientes del campo para que formaran parte de los archivos del futuro: “Fue una de las fundadoras del Comité Internacional de Ravensbrück (1965) y después de 30 años de lucha logró obtener una celda dedicada a las mujeres españolas en la prisión del campo, transformada en un lugar conmemorativo, ya que al haber sido detenidas en Francia eran consideradas hasta entonces como prisioneras francesas. Desde la publicación de su libro ‘De la resistencia y la deportación: 50 testimonios de mujeres españolas’, no dejó de difundir la memoria antifascista dando charlas, escribiendo y apoyando la labor de investigadoras como Montserrat Roig y Elisenda Belenguer”.

Neus Català siguió siendo toda su vida una activa militante feminista y comunista, comprometida con la realidad social de su país. Icónica fue su imagen votando en el referéndum del 1 de octubre de 2017. La Razón Democrática la guió pues hasta los últimos momentos. Nos deja un legado bibliográfico y documental amplísimo en el que queda constancia de lo que supuso la lucha contra la barbarie durante el siglo XX. Decía Vázquez Montalbán que “la dreta moderna vol una història sense culpables” pero no sólo los hubo sino que sus herederos están ampliando los márgenes de su influencia social a una velocidad inusitada. Por eso es fundamental contar a los cuatro vientos que existieron referentes democráticos como el de Neus, que supo adaptar su musculatura a la coyuntura cruel de su tiempo para combatir el fascismo en todas sus representaciones posibles. Tenemos que contar la historia de Neus en las aulas, en los foros sociales, en los medios de comunicación de masas y también, por qué no, en los bares. Hemos de difundir la historia de esa mujer nacida en un pueblo humilde que eligió el difícil bando de la defensa de la justicia social y de los nadie, que cruzó la frontera durante la guerra a cargo de un centenar de niños como enfermera, que se casó en Francia con su pareja para aprovechar la nacionalidad y así refugiar a guerrilleros más fácilmente, que fue detenida y deportada a un campo de concentración nazi en el que sabotéo los obuses que debía fabricar para continuar con vida, que fue liberada y siguió luchando por la democracia en su país, que recopiló las historias de sus compañeras del campo de Ravensbrück para que sus memorias no fueran olvidadas, que consiguió vencer al destino sobreviviendo a sus verdugos, superando los límites casi físicos de la vida, muriendo después de más de un siglo de lucha mientras cantaba canciones revolucionarias ¿No creen que es esta una historia digna de ser leída y recordada como la de una de las mujeres más importantes del siglo XX? Yo estoy convencida de que sí, porque nos permite aprender una lección muy importante: que para ser demócrata hay que ser antifascista.

Fins sempre, companya. Mai deixarem que el teu nom s’esborre de la història.

Para más información sobre Neus Català:

– Roig, Montserrat (1978): “Noche y niebla. Los catalanes en los campos nazis”. Ed. Península.

– Català, Neus (1984): “De la resistencia y la deportación: 50 testimonios de mujeres españolas”. Ed. Península, 2005.

– Català, Neus (2006): “Testimoni d’una supervivent”. El Periódico, Barcelona.

– Elisenda Belenguer (2006): “Neus Català, memòria i lluita”. Fundació Pere Ardiaca (actualment Fundació Revolució Democràtica).

– Bloc de Neus Català.