La precariedad se convierte en el caldo de cultivo ideal para el aumento de accidentes y enfermedades laborales

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Leandro García Fernández trabajaba como operario de logística en una cadena de franquicias de pizzas. Levantaba manualmente entre 5.000 y 6.000 kilos al día, a veces durante 20 horas seguidas. El 1 de julio de 2015, se le diagnosticó una hernia discal entre las vértebras L4 y L5 como consecuencia del sobresfuerzo continuo. Se sometió a inyecciones, una resonancia magnética e infiltraciones, hasta que finalmente se le cedió el grado de discapacidad, inicialmente del 36% y que subió a un 47% en la última revisión médica.

Denunció a la empresa y tramitó la petición de “recargo de prestaciones”, para que se le proporcionase el 45% restante del cobro de la baja, ya que los menores de 55 años solo reciben el 55% de la base reguladora de la Seguridad Social.

La empresa no contaba con el Informe de Prevención de Riesgos Ergonómicos, que debería regular las cargas máximas de los trabajadores y demás aspectos relativos a la protección de la seguridad y salud laboral. Inspección de Trabajo resolvió la denuncia a favor de Leandro García y multó a la empresa con 9.000 euros, la cual recurrió la denuncia con la finalidad de retrasar los trámites lo máximo posible. A día de hoy, el trabajador sigue pendiente de juicio y cobrando el 55% de la baja correspondiente.

Este es uno de los múltiples casos que reflejan que la poca atención de las empresas a los riesgos laborales puede acabar afectando de por vida a un trabajador, sin llegar a los desenlaces más trágicos que acaban en fallecimiento.

Los últimos datos del Ministerio de Empleo del primer semestre de 2017 hablan de un total de 300 muertes por trabajo, 245 durante la jornada laboral y 55 in itinere. Los accidentes suman ya un total de 657.169, con un incremento de 17.765, un 2,7%, respecto al primer semestre de 2016, con una tendencia al crecimiento desde 2012.

La postura de CCOO y UGT establece una clara relación de la reforma laboral de febrero de 2012 con este aumento. Los síntomas se manifiestan en el auge de contratos por días y hasta por horas, las extensas jornadas de trabajo y los recortes en inspectores y medidas de prevención de riesgos laborales. La mayoría de incidentes ocurren con trabajadores con contratos muy breves, que carecen de formación sobre seguridad.

Pierden extremidades, son golpeados o aplastados por objetos o maquinaria, se precipitan al vacío, trabajan horas excesivas, padecen de estrés, dolores musculares o sufren infartos: a lgunos casos son más sonados que otros, como el accidente del trapecista   del festival Mad Cool, el fallecido por  un golpe de calormientras asfaltaba en plena canícula o las   protestas  por la pésima situación laboral de “las kellys” o camareras de piso, pero la precariedad laboral es una realidad cotidiana para muchos trabajadores.

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