8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Indagando sobre cuestiones de género

La desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral es incuestionable y se hace patente ante palabras como las que profirió en octubre del año pasado la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, al señalar que “prefería contratar a mujeres mayores de 45 o menores de 25 para evitar embarazos”. La señora Oriol escenifica la óptica patriarcal imperante en nuestra sociedad.

Las mujeres no sólo recibimos un menor salario ante el mismo empleo que los varones, sino que tenemos que hacer frente a otros muchos obstáculos como el de ostentar mayores tasas de contrataciones a tiempo parcial; lo que posteriormente redundará en tener más dificultades a la hora de acceder a la jubilación. ¿Pero cómo se gestan este tipo de perspectivas sesgadas donde la posición de los varones se sitúa por encima de la de las mujeres? ¿Qué intereses se esconden detrás de que no se reflexione sobre cuestiones de género evitando así que se realicen acciones en pos de abolir este tipo de jerarquías?

Las preguntas son ciertamente complejas y en cierto modo incómodas, porque cuestionan lo aprendido y nos hacen enfrentarnos a incongruencias. No obstante, es de vital importancia realizarlas. Las desigualdades y discriminaciones imperantes en nuestra sociedad, al igual que términos como el género y el sexo, son un producto socio-cultural producido por las interacciones de múltiples factores causales. Factores entre los que se hallan la diferente educación que reciben niños y niñas desde pequeños en función su sexo y que ayuda a perpetuar diferencias.

Por poner un ejemplo, ya desde pequeños/as se nos infieren patrones de conducta como la agresividad o el conformismo adaptados en función de la categoría a la que pertenezcamos. Pues bien, si a las mujeres se nos infiere el ser conformistas, el ser más empáticas o el tener más dotes a la hora de ejercer labores de cuidados, yo, como mujer me rebelo. Deconstruyamos este tipo de cuestiones entre las que perdura el que los varones sean los idóneos proveedores de recursos en la familia. Deconstruyamos también el que las mujeres tengamos que ser madres-esposas abnegadas, que esto se quede sólo en el ámbito fantasías irrealizables de mentes como las del señor Gallardón, porque las mujeres debemos tener la libertad para elegir sobre cualquier aspecto de nuestras vidas, incluido el de ser madres o no; el de establecer relaciones con personas del mismo sexo; o el de decidir que el matrimonio no representa una opción para nosotras.

El Estado debe adoptar una mirada amplia y rica en lo que se refiere a cuestiones de género. La transversalidad, definida por el Consejo de Europa como “la organización (la reorganización), la mejora, el desarrollo y la evaluación de los procesos políticos, de modo que una perspectiva de igualdad de género se incorpore en todas las políticas, a todos los niveles y en todas las etapas, por los actores normalmente involucrados en la adopción de medidas políticas”, y que está recogida en la Ley 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, se ha demostrado ciertamente insuficiente.

Una de las medidas a tener en cuenta es la de crear centros enteramente públicos que suplan las labores de cuidados que normalmente ostentan las mujeres; como por ejemplo la creación de más guarderías. Existen otras opciones que pueden ir hacia medidas realmente eficaces en pos de la conciliación de la vida laboral y familiar que haría más ecuánime las relaciones entre mujeres y hombres. No obstante, el paso indispensable y primigenio a realizar es la reflexión; cavilaciones que espero que hayan ido surgiendo a lo largo de la lectura de este pequeño artículo.

Segovia, marzo de 2015.

Cristina V. (Federación Republicanos)

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