RPS (Republicanos) reivindica a las puertas de la Catedral a “los otros mártires”

Ciudad Rodrigo al Día

La Catedral de Santa María acogió en la mañana del domingo una Eucaristía en acción de gracias por el testimonio de fe de los dos mártires naturales de Sobradillo que a esa misma hora estaban siendo beatificados en Tarragona, dentro de una masiva ceremonia de beatificación de mártires de la Guerra Civil Española.

Los que fueron a la Catedral mirobrigense se encontraron tanto a la entrada como a la salida del templo a varios miembros del colectivo RPS (Republicanos) de Ciudad Rodrigo y comarca que llevaron a cabo un acto simbólico donde reivindicaron la figura de “los otros mártires” de la Guerra Civil.

Desde su punto de vista, mártir no significa morir por Dios, sino morir por una causa determinada, por lo que las víctimas en el bando republicano también son mártires. En ese punto instalado a las puertas de la Catedral, se expusieron además carteles con información sobre 4 personas asesinadas durante la Guerra Civil en la comarca mirobrigense: Alfredo Miguel Plaza, Eduardo Aparicio Fernández, Avelino Martín Cascón y Olegario Niño Caballero.

RPS (Republicanos) llevó a cabo una iniciativa similar a la de Ciudad Rodrigo por toda Castilla y León. Para este colectivo, la beatificación de la mañana del domingo en Tarragona es “una doble muerte: la primera fue la que les arrebató la vida al margen de toda ley y todo derecho, y la segunda, la que una acción e irresponsable de la jerarquía católica española” les da con la citada beatificación.

Desde el punto de vista de RPS, hacer un homenaje a un religioso “pretendiendo su santidad, al tiempo que se calla miserablemente sobre cómo se utilizó la religión y el nombre de Cristo para matar a miles y miles de personas y para humillar a cientos de miles, es una contradicción de tal grado que no podrá ser ocultada”.

En un manifiesto hecho público durante los últimos días, RPS expresa que “la Iglesia Católica Española fue cómplice en los crímenes contra la humanidad que el franquismo llevó a cabo”, enterrando o negando “aquellas voces y conciencias que de entre el mundo de valores católicos pudieron alzarse”.

Finalizada la dictadura, “la Iglesia Española, su jerarquía, ha callado, no siete, sino mil veces sobre su complicidad con el franquismo, a quién le brindó su legitimidad moral pese al baño de sangre y odio en el que sumió al país durante años; poco importa que el mayor asesino de católicos fuera Franco”.

En su duro manifiesto, Republicanos añade que la Iglesia Española “ha sido incapaz de preguntarse por las razones de tanto odio, del que se llevó por delante tantas vidas de sus religiosos, en un número y proporción que ciertamente sorprenden; ¿fue sólo odio ciego a Cristo?”.

El colectivo RPS recuerda que hubo muchos “verdaderos hombres de fe que se jugaron la vida por salvar a los débiles y a los perseguidos”, y hoy siguen “negados, olvidados, borrados de la historia de la Iglesia Española”, como los sacerdotes vascos fusilados o los casos documentados en Mallorca y Galicia de “párrocos ejecutados por los fascistas por haber protegido a las personas perseguidas”.

Para los Republicanos, “los religiosos asesinados en la Guerra Civil no merecen un homenaje hipócrita y falso”. Además, ponen sobre la mesa que esas muertes “fueron crímenes para la Ley republicana y representan un horror surgido desde abajo, en ningún caso fueron resultado de órdenes del gobierno republicano”, recordando que las fuerzas de seguridad que les podrían haber protegido se encontraban inmersas “en una lucha desesperada contra las unidades militares sublevadas que practicaban una guerra de exterminio realmente atroz”.

De igual forma resaltan que “si no se hubiera producido el golpe de estado de julio de 1936, esos miles de religiosos nunca hubiera sido perseguidos y hubieran salvado sus vidas, pero la Iglesia Católica Española se ha mostrado incapaz de condenar el golpe”.

Por último, RPS critica que la beatificación de Tarragona contara con una amplia representación de autoridades y de cobertura de medios de comunicación “en una inmensa operación de propaganda; una intoxicación completa en la que se va a usar el nombre y el recuerdo de víctimas inocentes, consideradas como tales por la Ley Republicana, para infamar el nombre de la República”. El acto de beatificación es “un triste epílogo para muertes tan injustas”.

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