Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Si nos ceñimos a una de las definiciones de lo violento como aquello que está fuera de su natural estado, situación o modo; que se ejecuta con fuerza, ímpetu o brusquedad; o que se hace contra el gusto o la voluntad de la propia persona, entonces, estamos frente a un gran abanico de posibles violencias que se abre ante nuestros ojos y del que a veces no somos del todo conscientes.

La violencia de género no está ni mucho menos exenta de ser vista con la perspectiva de dicho abanico. Tras la evidente violencia física, la más castigada por su gravedad, hay otras violencias, esas que van contra la voluntad, contra el gusto, contra la condición, contra la libertad de las mujeres que las sufren y contra las víctimas más directas en la cadena, los hijos e hijas. Esas son las violencias que no dejan cardenales en la piel, ni fracturas en los huesos, que no producen golpes o gritos. Pero esas violencias duelen también, producen cardenales en la autoestima, fracturan ilusiones, golpean y matan libertades y su grito es ahogado por un mar de indiferencia colectiva.

El control, el aislamiento, el empobrecimiento económico, la invisibilidad, los micromachismos, el mal uso de la publicidad y los medios de comunicación, la segregación por razón de sexo, la brecha salarial… La lista es larga. Todo eso también es violencia de género, muchas veces ejercida de una forma tan sutil que cuando nos queramos dar cuenta, la rana ya se habrá cocido dentro de la cazuela, porque siempre es la rana, y no el sapo, quien tiene el papel de víctima.

Empecemos a darnos cuenta de nuestra responsabilidad como sociedad. La erradicación de esta violencia es tarea de todos y de todas. Ya no podemos bajar la mirada o dirigirla hacia otro lado porque miremos donde miremos alguna mujer estará sufriendo aunque no podamos percibir sus cardenales.

La indiferencia y la inacción también matan.

Teresa Santos Bernardos. CRAM

AHORA MÁS QUE NUNCA, CONSTRUYAMOS REPÚBLICA

En mayo de 2008 nacía un movimiento plural y participativo que, inspirándose en la II República y en muchos de los valores encarnados por Antonio Machado en su estancia en Segovia, comenzó a trabajar poco a poco por la construcción de una idea de república. Una idea amplia, basada en la cultura, la educación y la sanidad públicas. Presidida por la igualdad de oportunidades y el laicismo.

Porque un proyecto de futuro ha de construirse entre tod@s y para tod@s, sin dejar a nadie al margen, tod@s somos válid@s para construir la República. Si quieres conocernos, únete a la reunión virtual abierta que tendremos el próximo 3 de diciembre a las 20:00 horas. Da el primer paso y escríbenos a colectivorepublicanoamachado@yahoo.es

Es el momento de construir una sociedad más justa y tú puedes contribuir.

Colectivo Republicano Antonio Machado.

Mi amiga murio sola en su casa, diario de otra inmigrante. Eva Legido Quigley

Una mujer, de origen filipino, no contesta al teléfono. Su marido, que está con Covid en un hotel-hospital la está llamando. Los dueños de la vivienda para el servicio, donde ella y su marido habitan, van a comprobar qué pasa. Cuando viene la policia y tiran la puerta abajo, se la encuentran muerta. Sola.


Es una muerte más, por Covid, que no importa a nadie. Ella es menos que nada: una mujer filipina, inmigrante. Pero su mejor amiga, ha querido contarlo. Si las muertes por Covid, ya son trágicas de por sí, ésta, además, tiene un rasgo incluso más siniestro. Los condicionamientos culturales, económicos y sociales, con el añadido de la nula visilibilidad e importancia que se les atribuye a sus muertes, enmarcan la triste historia de Anabel. Esto es un Réquiem por una filipina española, que fallece por Covid.

Pinturas de Rovi Salegumba

FRANCO MURIÓ, PERO EL FRANQUISMO PERDURA

El 20 de noviembre de 1975 moría el dictador tranquilamente en la cama, sin rendir cuentas por los delitos y asesinatos cometidos durante la dictadura que dirigió, tras organizar y perpetrar un golpe de Estado que sumió a España en la noche más oscura y tenebrosa que se ha vivido en años.Pero antes de morir dejaba como albacea de su legado a su sucesor Juan Carlos como rey de España.Franco había muerto, pero para desgracia de este país el franquismo persistía incrustado en la médula de España por obra y gracia de la monarquía borbónica. Se cambiaron cosas para no cambiar nada: el TOP pasó a ser la Audiencia Nacional; Manuel Fraga, el ministro franquista y encubridor del asesinato del estudiante Enrique Ruano, fundaba el partido “democrático” Alianza Popular; un franquista de pura cepa como Blas Piñar ocupaba un escaño en el Congreso; o Falange, una criminal organización, era legalizada.Esta sinrazón crecía al ritmo de la ignominia que padecían los miles de antifascistas abandonados y olvidados. Se promulgaba la Ley de Amnistía, por la cual los asesinos, verdugos y torturadores siguieron viviendo del erario público. Nos dejaron la herencia del Concordato con la Santa Sede, o las mismas empresas que se enriquecieron explotando a los presos republicanos ahora triunfaban en el IBEX 35.Por ello, la única solución para acabar con este sinsentido es una ruptura democrática, que acabe de una vez por todas con un pasado y un presente impregnado de franquismo. Es hora de justicia, es hora de República.

Colectivo Republicano Antonio Machado.

De Matesa al proceso de Burgos: la agonía del franquismo. Julián Casanova

La crisis y ocaso del franquismo se abrieron a partir de 1969, con un punto de aceleración importante en diciembre de 1973 con el asesinato de Carrero Blanco. El 21 de julio de 1969 Franco presentó a Juan Carlos como su sucesor ante el Consejo del Reino y un día después a las Cortes, que aceptaron la propuesta del dictador por 491 votos afirmativos, 19 negativos y 9 abstenciones. El 23 de julio el príncipe juró “lealtad a Su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento y las Leyes Fundamentales”. El nombramiento respondía por fin a la pregunta de “después de Franco, ¿quién?” y parecía asegurar una continuidad de los principios e instituciones de la dictadura.

Franco tenía entonces setenta y siete años y había comenzado ya a mostrar claros síntomas de envejecimiento, agravados por la enfermedad de Parkinson y muy visibles en su temblor de manos, rigidez facial y debilitamiento de su tono de voz. Ante ese panorama, Carrero Blanco, que había sustituido en septiembre de 1967 al general Muñoz Grandes como vicepresidente del Gobierno, aceleró su plan de atar la institucionalización de la dictadura con la designación por Franco de un sucesor a título de rey.

Desde comienzos de los años sesenta, y después de haber soportado múltiples presiones para que designara a don Juan, hijo de Alfonso XIII y padre de Juan Carlos, Franco lo había descartado como sucesor, así como a cualquier miembro de la dinastía carlista. Fue Carrero Blanco quien, sobre todo a partir de enero de 1968, cuando Juan Carlos cumplió los treinta años, edad establecida para poder reinar por la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947, convenció a Franco para que tomara la decisión de nombrar al “príncipe de España” como su sucesor, al frente de una “Monarquía del Movimiento Nacional, continuadora perenne de sus principios e instituciones”.

En realidad, en esos momentos era Carrero Blanco, y no tanto el príncipe, quien aseguraba esa continuidad. Sobre todo después del escándalo Matesa y de la formación de un nuevo Gobierno en octubre de 1969, los dos acontecimientos más importantes que siguieron al reconocimiento de Juan Carlos como sucesor.

El asunto Matesa, las siglas de Maquinaria Textil S.A., estalló de súbito en el verano de ese año y se convirtió en el mayor escándalo financiero de toda la dictadura. La empresa fabricaba maquinaria textil en Pamplona, y tenía sucursales y compañías subsidiarias en América Latina. Su director, Juan Vilá Reyes, conectado con el Opus Dei y los grupos tecnocráticos, logró cuantiosos créditos oficiales de ayuda a la exportación, cerca de once mil millones de pesetas, justificados con pedidos que en la práctica no existían o estaban inflados. Las irregularidades fueron denunciadas y aireadas por la prensa del Movimiento, con la ayuda desde el Gobierno de Manuel Fraga Iribarne y José Solís Ruiz, para intentar desacreditar a los ministros del Opus Dei, un pulso más de la dura batalla por el poder que libraban esos dos grupos desde principios de los años sesenta.

Los efectos políticos de ese escándalo fueron inmediatos. Carrero Blanco pidió a Franco una remodelación total del Gobierno y el 29 de octubre formó lo que ha pasado a la historia como el Gobierno monocolor. Carrero continuaba de vicepresidente, aunque con más poder que nunca, y casi todos los ministros en puestos clave eran miembros del Opus Dei, de la ACNP, o se identificaban con la línea tecnocrática-reaccionaria de López Rodó-Carrero Blanco. Manuel Fraga Iribarne y Solís Ruiz fueron cesados y aunque Carrero Blanco no asumió todavía la presidencia del Gobierno, era él quien dirigía ya la política gubernamental.

Esa pugna por el control del proceso político entre Carrero y el Opus Dei por un lado y el sector azul del Movimiento por otro, abrió definitivamente la crisis en el interior del franquismo. Los conflictos de poder entre los propios gobernantes han sido destacados como una de las circunstancias fundamentales para la desestabilización de los regímenes dictatoriales, por encima incluso del conflicto entre los gobernantes y gobernados, y son varios los autores que, siguiendo la ya clásica interpretación de Philippe Schmitter para la crisis de la dictadura portuguesa, ponen énfasis en ese aspecto para los años finales del franquismo. Era un conflicto entre los franquistas de línea dura dispuestos a defender sus privilegios conseguidos por las armas hasta el final, siempre bajo el amparo de la dictadura, y aquellos franquistas que habían tomado conciencia de que su supervivencia quedaría mejor asegurada con una reforma gradual y moderada.

Mas no fueron sólo conflictos internos por el poder los que complicaron la vida de la dictadura en sus últimos años. Un momento especialmente tenso fue 1970. La conflictividad laboral alcanzó ese año el nivel más alto del decenio, con casi medio millón de trabajadores metidos en reivindicaciones y nueve millones de horas perdidas. Muchas de esas huelgas derivaban en enfrentamientos con la policía y con muchos huelguistas torturados y en la cárcel. La represión fue especialmente dura en el País Vasco, donde ETA había empezado a desafiar a las fuerzas armadas de la dictadura con asesinatos y atracos a bancos y empresas. La mezcla de agitación laboral, universitaria y terrorista provocó una dura reacción de militares y políticos ultraderechistas que convencieron a Franco para que respondiera con un juicio ejemplar contra dieciséis prisioneros vascos, entre ellos dos sacerdotes. El proceso comenzó en diciembre en Burgos, sede de la región militar a la que pertenecía el País Vasco, y concluyó con la condena a muerte a seis de los acusados y con 519 años de prisión para los demás.

Algunos ministros, encabezados por López Bravo, intercedieron ante Franco. Su hermano Nicolás le escribió el 6 de diciembre recomendándole que no firmara esas peticiones de sentencias de muerte por parte de los fiscales: “No te conviene. Te lo digo porque te quiero. Tú eres buen cristiano, después te arrepentirás. Ya estamos viejos. Escucha mi consejo, ya sabes lo mucho que te quiero”. En su mensaje de fin de año transmitido por televisión el día 30, Franco anunció su magnánima decisión de conmutar las penas de muerte por años de cárcel. El perdón concedido era, según el dictador, la mejor prueba de la fuerza de su Gobierno: “La firmeza y la fortaleza de mi ánimo no os faltarán mientras Dios me dé vida para seguir rigiendo los destinos de nuestra Patria”.

Pese al perdón, todo ese proceso tuvo consecuencias muy negativas para el régimen, que vio cómo un sector de la sociedad respondía con huelgas y manifestaciones, los obispos vascos pedían clemencia y en el exterior se protestaba contra Franco como no se recordaba desde los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

Los años que siguieron fueron los más agitados de la dictadura de Franco. Algunos miembros de la jerarquía eclesiástica, muy renovada tras la desaparición de los principales exponentes de la cruzada y del nacionalcatolicismo, empezaron a romper el matrimonio con la dictadura, presionados también por muchos sacerdotes y comunidades cristianas que, especialmente en Cataluña, el País Vasco y las grandes ciudades, reclamaban una Iglesia más abierta, comprometida con la justicia social y los derechos humanos.

La profunda transformación de España en esa década de desarrollo de los sesenta generó la aparición de altos niveles de conflictividad que quebraban la tan elogiada paz de Franco. En realidad, desde 1971 hasta la muerte de Franco, los conflictos se extendieron por todas las grandes ciudades y se radicalizaron por la intervención represiva de los cuerpos policiales, cuyos disparos dejaban a menudo muertos y heridos en las huelgas y manifestaciones. La violencia policial llegaba también a las universidades donde crecían las protestas y se multiplicaban las minúsculas organizaciones de extrema izquierda. La respuesta de las autoridades franquistas fue siempre mano dura, represión y una confianza inquebrantable en las fuerzas armadas para controlar la situación. Hasta la muerte del dictador, casi cuarenta años después de que él y sus compañeros de armas iniciaran un golpe de Estado y una guerra civil.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor en la Central European University de Viena.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2020/11/16/de_matesa_proceso_burgos_agonia_del_franquismo_113250_1023.html

CONCURSO DE CARTELES “NO A LA CONSTITUCIÓN MONÁRQUICA”

Bases del concurso de carteles “No a la Constitución Monárquica”

  • Plazo de presentación de los carteles del 16 de noviembre al 25 de noviembre.
  • Cada autor/autora solo podrá presentar un cartel. El nombre del autor/autora o bien del seudónimo, no podrá aparecer en el cartel. Deberá figurar en el correo, que se remita al CRAM. Junto con un teléfono de contacto.
  • Los carteles para ser admitidos deberán ir con el lema elegido por el CRAM, que será el siguiente. “6 DE DICIEMBRE NADA QUE CELEBRAR. POR UN PROCESO CONSTITUYENTE. POR LA REPÚBLICA”.
  • Una vez elegido el cartel ganador deberá incluirse en el mismo el logo y las redes sociales del CRAM.
  • Se publicarán los mejores carteles presentados a criterio del jurado en las redes del CRAM.
  • Los carteles presentados deberán estar en un formato apto para publicar en las redes sociales del CRAM.
  • El jurado estará compuesto por tres miembros del CRAM. El resultado del ganador/a, así como de los mejores a criterio del mismo será dado a conocer el 28 de noviembre, a través de las redes sociales del CRAM. Como a los/as interesados/as.

Colectivo Republicano Antonio Machado.

De las cabras de Kazajistán a la yegua de Victoria Federica. Neus Tomas

Confieso que soy incapaz de pasar de largo cuando me cruzo con la revista Hola. Este martes informaba de que la reina Letizia luce “una melena bonita con canas”. Es cierto, ya nos gustaría a muchas que las nuestras brillasen así aunque para melena plateada bien llevada la de Diane Keaton. En Vanitatis optaban por destacar lo bien que combina la ropa pese a que sean modelos repetidos. “Hace magia”, resumían para loar el estilo de la reina. De Felipe VI sabemos que ha retomado la agenda internacional para participar en la toma de posesión del nuevo presidente de Bolivia y que compartió vuelo con el vicepresidente, Pablo Iglesias. ¿Aprovecharían tantas horas de avión para hablar en algún momento del tema?

enía un profesor en la universidad que con razón afirmaba que los periodistas no deberíamos referirnos a asuntos destacados de la actualidad resumiéndolos con la palabra ‘tema’. Empobrece el lenguaje, cierto, pero en este caso la excepción estaría justificada. Porque ni el rey ni la reina, ni el rey emérito ni Sofía, que pese a todo sigue siendo su esposa, ni Elena, hermana del rey, madre de Victoria Federica, que monta a la yegua Dibelunga, nadie ha explicado a los españoles si es cierto o no que algunos de ellos utilizaban tarjetas black con dinero que no procede de la asignación que les corresponde. O si es verdad que Juan Carlos tenía varias cuentas secretas en paraísos fiscales, alguna de ellas conocida esta semana. Hacienda no siempre somos todos, aunque eso hace tiempo que lo aprendimos.

Los investigadores aseguran que Felipe y Letizia nunca han utilizado esas tarjetas opacas. Vale, de acuerdo. Pero no tenemos ni idea de si sabían de su existencia y no dijeron nada o si no tenían ni idea y se han enterado ahora porque lo ha publicado elDiario.es o si simplemente pensaban que nadie se enteraría. A lo mejor creyeron que total, con todo lo que ha hecho el padre, no vendría la cosa de unas tarjetas para que Sofía viajase a Londres. O que qué más da que la yegua preferida de Victoria Federica no la comprasen la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Cómo nos lo íbamos a imaginar si los mismos que pretenden que nos muramos de envidia por las canas de Letizia nos informaron en su momento de que Dibelunga había sido un regalo de sus padres a la joven amazona.

En Zarzuela se impone el silencio mientras el rey emérito es protagonista ya de tres investigaciones judiciales. Él sigue en Emiratos Árabes y nosotros, sin saber quién paga su estancia ni cuánto nos cuesta porque el Gobierno se niega a facilitar esta información. No hace falta que pierdan el tiempo solicitándolo al portal de Transparencia porque el ministerio de Presidencia les responderá que la familia real no está sometida a los preceptos de la ley que obliga al resto de cargos a rendir cuentas. Enfádense lo justo no vaya a ser que tengan un problema puesto que hace poco más de una semana el PSOE, PP, Ciudadanos y Vox impidieron que se despenalicen “las injurias a la Corona”. Y eso que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reprendido a España en varias ocasiones por las disposiciones sobre las injurias al rey y los ultrajes a España por considerarlas desfasadas y contrarias a la Convención Europea de Derechos Humanos. Por eso aún tiene más gracia escuchar hace dos días a Felipe VI reivindicar la libertad de expresión en un acto. No es la primera vez que lo hace, pero sigue teniendo gracia.

Mientras, el goteo de escándalos prosigue. A las investigaciones sobre nuevas cuentas en paraísos fiscales se suman cacerías en las que, según uno de los testimonios presentes, los trofeos más preciados no serían las cabras de Kazajistán sino los maletines con dinero, en concreto, cinco millones en dólares. En la Casa Real nunca se informó de los viajes privados de Juan Carlos. Si no había respuesta se daba por hecho que se habían acabado las preguntas. No era un mal método porque durante muchos años le ha funcionado.

“Mi propósito más firme es acercarme a la realidad y a los problemas de nuestro pueblo. La Corona, cuyo sentido y función encarno, me instituye en custodio de los intereses de todos los españoles y como tal me hago eco de ellos”, proclamó Juan Carlos al poco de acceder al cargo en una España que se asomaba a la democracia. Han pasado más de cuatro décadas de ese discurso en el balcón de Puertollano y a estas alturas muchos intuimos con poco riesgo de equivocarnos que los intereses que custodió fueron los de las cuentas que nada tenían que ver con esa realidad a la que prometió acercarse.

https://www.eldiario.es/opinion/cabras-kazajistan-yegua-victoria-federica_129_6405061.html

Poner coto al Ibex. David Bollero

España partía de una situación de precariedad absolutamente intolerable antes de la pandemia de COVID-19 y ésta no ha hecho más que agravarla. Según los datos del INE, tasa de exclusión cronificada se sitúa por encima del 20% de la población. Mientras, el Ibex-35 repartía dividendos por valor de más de 9.500 millones de euros y 740 de sus filiales operan en paraísos fiscales. ¿Puede existir mayor mezquindad?

Lo peor está por llegar. Los niveles de pobreza extrema se disparan en España; la desigualdad galopante pone a una parte del país -cada vez mayor- contra las cuerdas y demanda emprender acciones contundentes, recurriendo para ello a un endurecimiento de la legislación dado que ya ha quedado más que probado que la ética no cotiza al alza en el Ibex.

Los más de 9.500 millones de euros en dividendos son difíciles de encajar pero aún se atraganta más que los altos directivos ganen 121 veces más que sus empleados. Son datos del último informe presentado por Oxfam Intermón, que vuelve a sonrojar al Gobierno, puesto que sacar los colores al Ibex se antoja tan remoto como que sus empresas demuestren un mínimo de empatía con quienes más sufren.

Las diferencias entre los sueldos de los altos directivos y los empleados y empleadas son tan abultadas que no sorprende que la pobreza alcance, incluso, a quienes tienen empleo. A la cabeza de estas desviaciones, ACS, con Florentino Pérez ganando 531 veces el sueldo medio; le siguen Acciona (275 veces) y la vanagloriada Inditex (272 veces). Ya no es sólo que se explote de este modo a la clase trabajadora, sino que estas compañías ejercen esta presión a la baja en los salarios de proveedores, subcontratas y actividades deslocalizadas.

Urge que el Gobierno se plante y tome medidas de justicia social, limitando por ley la diferencia salarial entre la base y la cima de la pirámide laboral. Cuando Alberto Garzón era candidato a la presidencia por IU en 2015, el ahora ministro de Consumo defendió reformar el Estatuto del Trabajo de manera que esa brecha salarial se rompiera, que el mejor sueldo no fuera más de 10 veces el peor. ¿Dónde quedó aquel propósito, considerando que la situación de pobreza y desigualdad ha empeorado de manera muy significativa?

Del mismo modo, que empresas como Banco Santander, con 176; ACS, con 98; Repsol, con 62; o Ferrovial y Arcelor Mittal, con 55, lideren el ráking de filiales en paraísos fiscales debería imposibilitarlas para acceder a cualquier contrato y ayuda del Estado. Eludir impuestos debería tener un precio, dado que nuestra política fiscal sigue siendo muy laxa con esta práctica execrable.

Mientras un@s lo llaman intervencionismo o, incluso, agitan los fantasmas del peor comunismo, otr@s lo llamamos justicia social y acudir a la raíz del problema. Podemos seguir articulando ayudas millonarias que, por lo general, no son más que parches que contienen los guetos; podemos seguir aplaudiendo las donaciones de turno de quienes fomentan la desigualdad, pero mientras no se ataje el origen del problema, no lo resolveremos. ¿Veremos alguna vez a un gobierno con el coraje suficiente para ello?

https://blogs.publico.es/david-bollero/2020/11/10/oxfam-ibex/

Donald Trump y nuestros malos perdedores. Domingo Sanz

Aún no ha ganado Biden pero no puedo dejar de pensar en Trump y su amenaza de recurrir a los jueces para buscar la victoria que le habrían negado los votos. Por culpa de lo mal que le sientan las derrotas al aún presidente, es probable que tampoco pueda saber usted el nombre del vencedor antes de terminar esta lectura.

Entonces es cuando regresa el recuerdo de tantos políticos españoles que llevan toda la vida demostrando su cobardía más vil a la hora de enfrentarse a los avatares de su “trabajo” pues eligen, como Trump, el camino fácil de los juzgados como treta contra el adversario ganador, o contra quien propone negociar un futuro en el que no quieren ni pensar.

Se han convertido, estos líderes de nuestra derecha que jamás han criticado a Trump por muchas burradas que dijera, en el clásico vecino picapleitos, sobre todo cuando no están gobernando. Se consideran los máximos defensores de la iniciativa privada, pero si fueran directivos de empresas de las que se ganan la vida compitiendo y su estrategia fuera presentar demandas judiciales para ejercer presión contra clientes o proveedores, no durarían ni una semana en el despacho.

Se trata de la judicialización de la política que, para “triunfar”, necesita de unos jueces que se consideran llamados a bloquear, con tecnicismos, las ilusiones que dibujan los cambios que el progreso necesita para hacerse realidad.

Como no recordar a Pablo Casado impidiendo la renovación del Consejo General del Poder Judicial cuando vemos a Trump nombrando jueces del Tribunal Supremo de USA hasta conseguir seis de nueve, la última a cuatro días de las elecciones.

Y como no recordar también a un juez Marchena sin la decencia de rechazar cualquier destino que pudiera dar pábulo al mensaje que Ignacio Cosidó envió al resto de senadores del PP informando que con él tendrían “controlada por detrás” la Sala que más les interesa del Tribunal Supremo. ¿Algún juez de guardia llamó al senador para pedirle explicaciones? Tampoco.

Y tampoco es posible olvidar a Mariano Rajoy llevando al Tribunal Constitucional una ley aprobada por un Parlamento autonómico, por el Congreso de los Diputados y en un referéndum absolutamente legal. A un TC al que se le recusó uno de sus miembros para asegurar el dictamen que buscaba el PP demandante, que no fue sino una decisión política envenenada por doce togados que lo que terminó consiguiendo fue cultivar todos los odios que caben en el grito de “¡¡A por ellos!!” animando a miles de policías y guardias civiles que, armados de violencia, embarcaban para ejercerla contra cientos de miles de personas que solo pretendían dejar constancia del futuro que querían.   

Mientras pienso en nuestros malos perdedores, en este pueblo donde vivo son las cuatro de la tarde del 5 de noviembre y está nublado, pero no llueve. Tampoco lo llamaría viento, aunque las hojas de los árboles se mueven. Y la temperatura es tan cómoda que puedo elegir entre ponerme una chaqueta de entretiempo o ir en manga corta.

He salido a pasear y hay poca gente por la calle. Bicicletas infantiles regresando de la escuela o acudiendo a extraescolares. He olvidado el maldito móvil, un error imperdonable. Me quito las gafas empañadas por culpa de la mascarilla y me siento en la terraza del bar de una de las esquinas.

Pienso en lo lejos que vivo de las calles donde algunos comercios a ras del suelo han elevado barreras contra los tumultos que veo en las pantallas. En la prensa de papel leo que Biden y su mensaje de regresar a la decencia está consiguiendo derrotar al miedo cultivado por Trump con su última amenaza, la increíble de no aceptar la derrota. No cabe duda de la clase de voto que ha buscado el presidente.

Hablando de los amigos de Trump, leo entre paréntesis que el hijo mayor de Bolsonaro, Flavio, no debe ser gay, pues su padre declaró que en ese caso preferiría verlo muerto. En cambio, la fiscalía lo está investigando por cuatro delitos, todos los cuales riman con corrupción. Si además pierde Donald, a Jair más le valdrá no intentarlo de nuevo. Y aún quedan fiscales, como uno de Suiza de apellido Bertossa y cuyo trabajo está sobrevolando Alpes y Pirineos.

Cierro Brasil y nuestra monarquía corrupta para pensar también en lo peligrosa que podría ser una segunda y última legislatura de Trump por lo mucho que lo han sido otras. Por ejemplo, cuando, siendo candidato, Aznar se comprometió a solo dos intentos para parecer más demócrata que nadie. Soy de los que piensan que si hubiera tenido que competir en las urnas de 2004 se habría pensado mucho más lo de embarcarnos en la guerra de Irak pues demasiados millones estábamos activamente en contra, incluido un tal Pedro J desde las portadas de “El Mundo”. No obstante, soy partidario de la limitación de mandatos y muchos otros cambios contra el siempre peligroso bipartidismo.

Recuperada la conexión leo que a Trump le faltan 50 votos electorales más que a Biden para conseguir los 270, pero nunca se sabe. Desde este momento hasta que termine el recuento, más todo el tiempo que el peor de los peores perdedores que recuerdo quiera seguir enredando con sus jueces siempre lentos, pensaré que en Europa y en España los peligrosos seguidores del peligroso Donald, confesos o no, tendrán que volver a inventar miedos de su propia cosecha para asustar lo suficiente.  

Gobernar en tiempos revueltos es difícil. Por eso, la política que sigue la derecha española consiste en delegar ciertas obligaciones en los jueces porque saben que con ello irán encarcelando la democracia dentro de la legalidad vigente, sin necesidad de golpes de Estado ni guerras civiles, pero también cerrando cualquier posibilidad a que sus víctimas puedan romper los nuevos grilletes y recuperar la libertad.

Julio Álvarez del Vayo: La resistencia antifranquista despreciada

Difundimos la nota emitida por el Centro de Estudios Históricos Fernando Mora de Vallecas en torno a la figura de Julio Álvarez del Vayo, Ministro de Estado en la II República y fundador del FRAP:

Desde el Centro de Estudios Históricos Fernando Mora, de Vallecas, condenamos el injusto y moralmente obsceno olvido y menosprecio a que ha sido sometida la figura de Julio Álvarez del Vayo. Sus restos de insigne exiliado y luchador antifascista se hallan en Ginebra, Suiza, desde donde serán trasladados a una fosa común ante la más absoluta indiferencia y apatía del Gobierno español. Una deliberada negligencia con raíces profundamente ideológicas, como a continuación tendremos oportunidad de apreciar.

Julio Álvarez del Vayo es un personaje incómodo para muchos todavía hoy, por razones muy variadas. En el conflicto de hegemonía (y de línea estratégica) entre el ala largocaballerista, revolucionaria, del PSOE, y el PCE, a partir de 1936, por encabezar la lucha de los trabajadores españoles contra la reacción y el fascismo internacional, la tensión política entre ambas formaciones fue en aumento, y el resultado fue que el dirigente político-partidario por antonomasia del proletariado español, Largo Caballero, llegó a acusar a Álvarez de agente comunista infiltrado que pretendía desbaratar su Gobierno. Una acusación tan injusta como carente de fundamento real y sólido. En su importante puesto como Comisario General de Guerra, Álvarez organizó el comisariado político del ejército republicano, cuya misión era la concienciación político-ideológica antifascista de los combatientes. Largo Caballero, presidente a la sazón del Gobierno de hegemonía obrera organizado contra la reacción y el fascio, le acusó de favorecer en exceso a los comunistas.

Además Álvarez apoyó a toda costa, desde su puesto de Ministro de Estado (hoy Asuntos Exteriores), la política de Juan Negrín de resistencia hasta el final contra la facción armada de los militares rebeldes y contra la agresión reaccionaria y fascista internacional. Ello le enfrentó con numerosos elementos del propio PSOE que se situaron del lado de la facción golpista de Casado que entregó Madrid a Franco. Además, después de la Guerra, Indalecio Prieto atacó activamente a los negrinistas y puso en marcha una estrategia de suplantación de los cuadros del Partido en el exilio, que destruyó gran parte de la organización, e incluso se orientó a un acercamiento con Don Juan de Borbón, en oportunista renuncia al republicanismo del Partido. El resultado final de estas políticas fue el encumbramiento de la línea pro-occidental y anticomunista de Rodolfo Llopis, que enlazaba con las posiciones norteamericanas de la Guerra fría, y constituyó una antesala histórica de la renuncia al marxismo por la dirigencia de Felipe González.

Los negrinistas expulsados del PSOE, liderados por figuras como el mismo Álvarez del Vayo y el ex secretario general del Partido, Ramón Lamoneda, fundarían en 1951 la Unión Socialista Española (USE), que pretendía continuar la línea consecuente de clase de Pablo Iglesias, así como reivindicar la resistencia antifascista de Negrín. Entretanto, Álvarez mostró, además, una abierta simpatía por los movimientos antiimperialistas de liberación nacional, y por la Revolución China, a la que incluso dedicó dos libros: China vence y Reportaje en China.

Álvarez ha sido readmitido póstumamente en el PSOE en su XXXVII Congreso, pero, a lo que se puede apreciar, tal readmisión ha sido absolutamente retórica, nominal. En otra ocasión anterior (2016), ha sido la AAGEF-FFI, asociación de viejos partisanos españoles de la Resistencia francesa antinazi, la que ha debido salvar la tumba de este insigne personaje con aportaciones de sus miembros, de nuevo ante la total apatía del Partido que había dicho rehabilitar su memoria.

Consecuente hasta el final con sus posiciones marxistas, antifascistas y antiimperialistas, se situó siempre a la contra de la línea impuesta desde dentro de su propio Partido: cercano a los comunistas en pleno conflicto estratégico de Largo Caballero con ellos; negrinista ante el avance del antinegrinismo o política de la capitulación respaldada fundamentalmente por el ala socialdemócrata de Besteiro; como después contrario a las posiciones oportunistas de Prieto y Llopis. A ello hay que agregar que, cuando ya las grandes organizaciones antifranquistas españolas como el PCE habían abandonado la lucha armada y preconizaban la política de la “reconciliación nacional” tras la derrota de la guerrilla del maquis, Álvarez seguiría propugnando el derrocamiento popular de la dictadura, única vía que consideraba realmente posible y necesaria para acabar con el régimen militar y restablecer la República democrática. Por esta razón, algunos le han apellidado con mordacidad “el último optimista”. Fundó dos organizaciones armadas antifranquistas: primero, el Frente Español de Liberación Nacional (FELN), y más tarde, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), en que se integró el propio FELN junto con Vanguardia Socialista y el Partido Comunista de España (marxista-leninista), entre otros grupos. El FRAP llegaría a desempeñar un papel de gran importancia en el antifranquismo, y Álvarez del Vayo fue su presidente.

Su significación en la diplomacia republicana fue, además, crucial. Otro de sus grandes logros, nunca lo bastante reconocido, fue obrar un estrecho acercamiento diplomático entre la República Española y México en el primer bienio de la II República (1931-1933), superando el previo distanciamiento y enrarecimiento de las relaciones hispano-mexicanas en época de Alfonso XIII. Por lo tanto, en gran medida le debemos el apoyo incondicional de México a la República Española, y la acogida fraterna y ejemplar del país azteca a tantos refugiados españoles.

Célebre es su discurso antifascista contra la agresión a la II República y contra la cobarde política occidental de no intervención, pronunciado ante la Comisión Política de la Sociedad de las Naciones en 1937. Machado elogió con gran entusiasmo este discurso en el diario La Vanguardia: «La voz de España ha sonado serena, cortés, y varonil en boca de Álvarez del Vayo».

Así pues, el Centro de Estudios Históricos Fernando Mora, consagrado a la memoria obrera, popular y antifascista, considera un deber moral ineludible exigir la conservación del sepulcro de Álvarez del Vayo y honrar su memoria, como ejemplo de ese exilio antifranquista que nunca jamás se rindió en su lucha por la libertad. Recordar es vencer a la muerte y al olvido: reivindicar la memoria es, además, hacer justicia.

Centro de Estudios Históricos Fernando Mora
Vallecas, 4 de noviembre de 2020