Avanzar en laicidad. Juan Antonio Gallego Capel

El delegado de Enseñanza de la Diócesis de Cartagena, José Ruiz, junto a el Obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes

La democracia o es laica o no es democracia; es decir, es vital acoger la pluralidad de ideologías y sistemas de valores presentes en la sociedad como fruto de la libertad de conciencia de las personas. Una de las bases fundamentales de los sistemas sociales democráticos es precisamente buscar la organización de la convivencia en común desde el pluralismo (lo cual implica no simplemente vivir en comunidad, sino la voluntad de diálogo para construir juntos) y, por tanto, no puede fundamentarse en una única religión, filosofía o ideología.

La laicidad es propia de las sociedades de mayor calidad democrática y los representantes del Estado deben estar al servicio de la laicidad de la sociedad. El Estado democrático debe ser garante de ello como servicio fundamental al bien común de la sociedad. Las instituciones sus representantes deben dar ejemplo en su conducta laica; esto es, deben ser garantes del respeto y promoción del pluralismo y, por ello, no se puede asumir como propia ninguna ideología, filosofía o religión.

En 1979, el espíritu de la Constitución dejaba atrás la España ultracatólica, el nacionalcatolicismo de la dictadura, consagrando en su artículo 16 la garantía de “libertad religiosa y de culto” y que “ninguna confesión” tendría carácter estatal. España es, por tanto, un estado aconfesional, o lo que es lo mismo, laico, simplemente por cuanto no tiene una confesión oficial.

Se tiene un concepto bastante alejado de la realidad, y fuertes contradicciones en cuanto la defensa y los principios democráticos que la socialdemocracia siempre ha defendido. La idea que tienen algunos sobre la laicidad consiste en recalcar que, por encima de todo, están las tradiciones y los eventos culturales. Se atreven al afirmar que “el PSOE es un partido laico, y, por eso, respetan y defienden al máximo el principio de laicidad y neutralidad confesional en el ámbito institucional”. Pero, ¿quién dice que no se han de respetar las tradiciones? Claro que sí, pero ello no quiere decir que desde nuestras ciudades y pueblos se deba participar como representantes del pueblo, porque el pueblo insisto, es plural.

La ponencia marco del 15 Congreso del PSRM expresa literalmente que la Región de Murcia debe avanzar hacia la laicidad que garantice los valores, derechos y libertades civiles, adecuando su legislación a las características propias de una sociedad abierta, plural y compleja, en la que se respetan las convicciones y expresiones ideológicas, religiosas, culturales y de género de todos los ciudadanos y ciudadanas. Dice también que nuestra naturaleza laica (la de los socialistas) ha de traducirse en una potenciación de la educación y en valores laicos, que se orienten a lograr que los centros educativos sean espacios de convivencia y escuelas de ciudadanía, reforzando el futuro y el valor de la democracia.

Llevamos esperando 40 años y, aunque siempre es buen momento para hablar de laicismo y laicidad, esto es, de democracia, de derechos, en especial del derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia, pero más ahora que se habla tanto del respeto al Estado de Derecho y al cumplimiento de la ley, bastaría tan sólo con cumplir la vigente Constitución. Es cierto que tenemos un panorama político muy convulso, complejo, frentista y ello ayuda poco o nada, pero pese a ello que el máximo representante del Poder Ejecutivo prescindiera de los dos habituales símbolos religiosos: la Biblia y el Crucifijo. Convirtiéndose así en el más alto representante de los poderes del Estado que promete su cargo sin connotación religiosa alguna. En coherencia su conducta porque aquella imagen nos ofrece la “foto” de la aconfesionalidad que proclama la Constitución Española, único elemento depositado en la mesita de la promesa.

El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la sociedad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia; es avanzar hacia la creación de aquellos espacios de libertad que hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o religiosas, creyentes o no. Y, puesto que el único garante de este espacio público es el Estado, laicidad significa la autonomía del Estado, de las administraciones públicas, respecto de cualquier magisterio o manifiesto religioso que pretenda imponerse como predominante.

Afirmar que el hecho de que los “principios democráticos” como es el proyecto laicista sigan en nuestros días en un segundo o tercer plano de prioridades políticas, mientras que se sigue siendo cómplice de los privilegios de la Iglesia Católica, e incluso se hayan aceptado y sigan vigentes (en las leyes actuales) algunos de sus dogmas, no nos conduce nada más que a la injusticia y a propiciar, en mayor o menor grado, fanatismos indeseables. Ante este panorama, muy poco alentador desde el punto de vista de la política, que espero vaya cambiando por el bien de la Democracia y el Derecho, sólo cabe generar estados de opinión favorables. Para ello, la movilización ciudadana, la formación, la denuncia… son elementos fundamentales. Y ahí estamos los que defendemos que el proyecto laicista es (debería ser), no me cabe la menor duda, un factor determinante.

https://www.eldiario.es/murcia/murcia_y_aparte/Avanzar-laicidad_6_857824216.html

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¿DÓNDE ESTÁ EL VERDADERO MAL?

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Estoy perpleja. Adoro mi ciudad, será por eso que salgo poco de ella, pero a veces me sabe tan rancia que se me pega a la garganta y me ahoga, me dan ganas de salir corriendo y no parar hasta llegar… no sé, a Nueva Zelanda, lo más cerca. Este es uno de esos días; pienso en la polémica que ha suscitado la estatuilla del diablo que el Ayuntamiento quiere colocar en la calle de San Juan y como he dicho, estoy perpleja. ¿En serio alguien piensa que con ese acto Segovia se convertirá en un centro de culto al mal? Entonces yo me pregunto ¿dónde está el verdadero mal? Es muy fácil de encontrar, salgan a la calle, pongan la radio, la televisión, visiten las redes sociales. El verdadero mal está en el casi un millar de mujeres muertas en quince años a causa de la violencia machista, en las manadas de violadores, en los casos de abusos a menores que van saliendo a la luz cuando ya las víctimas son capaces de afrontar ese horror, en las circunstancias que hacen que un padre dé una paliza a su hijo de dos meses; el verdadero mal está en quien vende alcohol a menores sin tener en cuenta que un día puede ser su hijo o su hija quien sea ingresado en el hospital con un coma etílico, en tener que abandonar tu casa por una orden de desahucio, en la falta de oportunidades de nuestros jóvenes, en quien atropella a otra persona y se da a la fuga, en el jefe que abandona en una carretera a su trabajador accidentado por que no le tiene dado de alta en la Seguridad Social; el verdadero mal está en quien envenena a los animales por considerarles molestos;  el verdadero mal es el que hace que cada vez haya más muertos flotando en nuestros mares, en que millones de personas tengan que abandonar su casa con un futuro triste e incierto… ¿quieren que siga?, la lista es interminable, todos lo sabemos. Ese es el verdadero mal, el tangible, el que duele todos los días, el que lacera nuestras espaldas y nos hace llorar de rabia y de impotencia. Espero, que al final, el sentido común gane esta batalla, que la estatuilla del diablo sea colocada, que los turistas se fotografíen a su lado (no la veo presidiendo misas negras ni bacanales);  porque si no, si después de todo, el sinsentido prospera y nos quedamos sin ella, no les extrañe que un día de estos se empiece a cuestionar la existencia de las mezquitas, que la judería vuelva a ser olvidada y que nuestra bella ciudad quede enterrada en el interior de sus murallas y con todas sus puertas bien cerradas. Y pidiendo permiso a mi querida amiga Elvira, no es Madrid, a mí, es Segovia la que me mata.

Teresa Santos.

Barcelona 1919: cien años de la jornada de ocho horas. Pedro Luis Angosto

Si hay una cosa clara a lo largo de la historia contemporánea es que el poder tiende, por naturaleza, a derechizarse, sobre todo cuando los ciudadanos consideran que los derechos que fueron arrancados por la fuerza a los poderosos, que nunca fueron concesión graciosa, gozaran eternamente de vigencia. Nada más contrario a la verdad histórica, cuando los pueblos callan, cuando se amansan, cuando creen que sus vidas, las de sus hijos y nietos discurrirán por el lindo trayecto de las conquistas conseguidas, lo que de verdad han iniciado es el camino de la esclavitud, de la explotación y de la supresión de tales derechos. Así ha sucedido con la globalización en Europa, ese pequeño territorio del mundo donde sus habitantes creían que los derechos conseguidos por sus padres y abuelos serían disfrutados por las generaciones venideras sin mayores alteraciones. Se llevaron y se están llevando la industria hacia lugares donde no existen derechos políticos, económicos ni sociales; aumentaron la jornada laboral y precarizaron los empleos hasta impedir que los jóvenes puedan desenvolver sus vidas con un mínimo de autonomía. Como es natural, la desaparición de la industria y la precarización del empleo amenaza gravísimamente al sostenimiento de la Educación, la Sanidad y las pensiones, que hasta ahora se han sostenido con los impuestos y las cotizaciones de trabajadores con buenos sueldos y estabilidad laboral. Se comienza por desconfiar de los sindicatos domesticados en vez de combatir su conformismo, por dejar de votar y al final lo que logramos es el regreso del feudalismo con Internet.

Todo esto sucede porque hemos dejado de tener conciencia de clase, porque hemos querido buscar salidas personales, aunque todo los que nos rodee huela cada vez más a ruina, porque nuestro aburguesamiento y nuestra soberbia indolente nos lleva a despreciar las lecciones de la historia y la enorme valentía de quienes se jugaron el pellejo en otros tiempos para que hoy podamos vivir mejor, al menos hasta hace unos años.

Este año se cumplen cien años de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, dos de los más notables defensores de los derechos de los trabajadores y de la prosperidad de la Humanidad. También, un siglo de la huelga de La Canadiense, hito en la historia del movimiento obrero español y mundial que debe servirnos como ejemplo para combatir la tiranía global neoliberal que nos está machacando.

A finales de enero de 1919, los ejecutivos de La Canadiense decidieron hacer fijos a un grupo de oficinistas, pero bajando su salario de 150 pesetas mensuales a 125. La respuesta de los afectados fue fulminante, negándose a trabajar en esas condiciones en una ciudad carísima como era la Barcelona de entonces -y la de hoy- después de los inmensos beneficios acumulados por los empresarios catalanes dedicados a vender telas, maquinaria y manufacturas a las potencias en conflicto durante la Primera Guerra Mundial. Los trabajadores fueron despedidos y acto seguido todos sus compañeros de oficinas se solidarizaron y se declararon en huelga. Tras diversos intentos para llegar a un acuerdo con la empresa anglo-canadiense que suministraba energía eléctrica a Barcelona y su cinturón industrial, la patronal exigió al Gobierno Romanones protección para sus negocios y para los esquiroles que pretendían contratar. Pese a la intervención del ejército y la policía, a la detención de miles de obreros, la huelga se fue extendiendo, primero a los obreros de otras secciones de la “multinacional”, luego a los tranvías, más tarde a los ferrocarriles, a los comercios y a las empresas de toda la ciudad, llegando a quienes trabajaban en las centrales hidroeléctricas de Lérida. Barcelona quedó completamente paralizada, ni las presiones del Gobierno, ni los matones de la patronal catalana, ni el somatén armado hasta los dientes, ni la cárcel, ni las muertes -que las hubo- sirvieron para amedrentar a unos hombre y mujeres que habían decidido dar un paso adelante en la evolución humana: Paralizada la ciudad y su zona de influencia, con los jornaleros andaluces amenazando con dar fuego a las fincas de los terratenientes y la UGT dispuesta a sumarse a una huelga general en toda España, el gobierno y la patronal claudicaron admitiendo todas las exigencias de los trabajadores. Se readmitieron a todos los despedidos, se dejó en libertad a los detenidos, se prohibió el trabajo a menores y los destajos, se garantizó que no se emplearían esquiroles en caso de huelga, pero sobre todo, el gobierno firmó por primera vez en la historia mundial una ley que decreta que la jornada de ocho hora era la única vigente en toda España.

Después, ante el espectacular triunfo de los trabajadores, la patronal catalana exigió al gobierno medidas drásticas para someter al movimiento obrero, y a tal fin enviaron a Martínez Anido y Arlegui a la Ciudad Condal, dándoles carta blanca para matar sindicalistas allá donde los encontraran. Fue el momento de la Ley de Fugas, artilugio ilegal salvaje que permitía matar a cualquier obrero bajo el pretexto de no haber atendido una orden de detención. Aun así, ni Anido, ni Arlegui, ni Milans del Bosch ni, luego, la dictadura de Primo de Rivera, lograron acabar con los logros inmensos de aquella huelga que por primera vez en el mundo consiguió que la jornada de ocho horas figurase en la legislación de un país. Quienes aquello consiguieron, miles y miles de obreros de todas las clases, no eran personas ilustradas, muchos de ellos ni sabían leer, pero tenían claro que no estaban dispuestos a que sus hijos tuvieran que vivir en la esclavitud, a merced de patronos salvajes y explotadores que creían que los derechos sólo les afectaban a ellos. Fue el triunfo de la solidaridad, del tesón, de la generosidad, de la bondad y el altruismo -por encima de sus vidas- de una generación dispuesta a sacrificarlo todo por el interés general, por el bien común, por la libertad y el bienestar de la inmensa mayoría.

Hoy, cuando se cumple un siglo de aquella huelga histórica, de aquellas conquistas impresionantes por personas con muy escasa formación pero con la conciencia muy clara de quienes eran ellos y quien el enemigo, vemos como todo por lo que lucharon está siendo pisoteado y eliminado sin que apenas se oigan voces, sin que el país se vea sacudido por la furia, la energía y la dignidad de miles y millones de excluidos, explotados, parados incapaces de armar una acción enérgica y solidaria que les diga a los del poder hasta aquí habéis llegado. Lo que hicieron los trabajadores de La Canadiense es un ejemplo de lo que hay que hacer ahora, en caso contrario ya sabemos a dónde nos lleva la derecha y la ultraderecha que viene, que nunca se fue pero estaba, agazapada, trincando, esperando su momento. Han de saber que el camino no está expedito, que en el frente encontrarán a millones de personas, dispuestas no sólo a no dejar que se les arrebate ningún derecho, sino a recuperar los perdidos y a conseguir muchos más: El primero de ellos la reducción de la jornada laboral a 6 horas diarias, declarando el boicot a todas las empresas que deslocalicen su producción.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/barcelona-1919-cien-anos-jornada-horas/20190115145928159249.html

EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

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Ante la decisión, por parte del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de Segovia, de dirimir sobre  si se coloca o no la estatua del diablillo en la cuesta de San Juan, por lo tanto, decidir si la idea del Ayuntamiento sigue adelante o si por el contrario la obra representa un “ataque al sentimiento religioso”como alega una asociación segoviana ultra de nuevo cuño, el CRAM expone lo siguiente.

La figura del diablo, en sus diferentes formas y nombres, es muy anterior al cristianismo, de hecho, éste lo heredera de otras religiones y culturas y lo adopta a su doctrina e iconografía. Es una figura común a la gran mayoría de religiones y culturas del mundo.

Dentro de la cultura popular e incluso religiosa, en España, la figura del diablo es representada continuamente en cientos de obras artísticas, actos y celebraciones de todo tipo. En  Segovia, por ejemplo, son conocidas las diferentes representaciones del diablo en sus iglesias románicas de la capital y la provincia, o la celebración, todos los 23 de Agosto, en Sepúlveda, de la festividad de Los diablillos. Celebración, esta última, que, curiosamente, ha sido declarada recientemente como Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial, con el apoyo de todo tipo de instituciones civiles y religiosas.

Qué decir de la celebración de los carnavales, donde la figura del diablo es central conescenificaciones, disfraces, charangas o carteles. ¿Pedirá esta asociación la prohibición de los Carnavales como durante el franquismo?

Como muy bien decía Luis Peñalosa el pasado Noviembre, a propósito de este asunto, en este artículo http://www.iusegovia.org/los-prejuicios-los-carga-el-diablo-por-luis-penalosa/?fbclid=IwAR2bo-XXztaj9vSlgQd3OkESCmt7K2ThuIVZtXQqKe9n-LEdfhItgVESZr8: “…los segovianos no creyentes, que somos muchos, damos permanentes muestras de respeto y paciencia ante las innumerables muestras de fervor religioso que, con tanta frecuencia, ocupan nuestros espacios y monumentos públicos, como para que el Obispo de la Diócesis, o algunos de sus correligionarios, pretendan hacerse víctimas de acoso a sus creencias, como ocurre ahora con motivo de la colocación de un diablillo jocoso, como reclamo turístico, en las proximidades del acueducto. Se trata de recordar la popular leyenda, tan inconsistente, para mí, como tantas otras que se sustentan en tradiciones religiosas.”

El caso de Segovia y su diablillo no es un caso aislado y se suma a la oleada de denuncias “contra los sentimientos religiosos” de la ultraderecha católica española con el objetivo de atacar los principios más básicos de la libertad de expresión y libertad religiosa: el caso de La Cofradía del Coño Insumiso de Sevilla, el caso de Willy Toledo, el caso de la comparsa Hontzak en Bilbao, el caso del joven de Jaén multado por poner su cara en una foto de Jesucristo o el caso del cartel del Carnaval de A Coruña, son sólo los más conocidos de entre las decenas de casos en toda España.

Cuando hablamos del auge de la extrema derecha en España no se escapa que ésta se aglutina, fundamentalmente,en torno al discurso de la ultraderecha religiosa de la Conferencia Episcopal, sus medios de comunicación y sus instituciones educativas.

Siendo graves, estas situaciones no son más que la punta de iceberg de los privilegios, en este caso legales, que la iglesia, en especial la católica, posee en España, derivados  de la falta de división real entre la Iglesia y el Estado (principio básico de cualquier democracia) heredada del periodo de la Transición y apuntalada durante  estos 40 años por el vergonzante e incumplido (autofinanciación) acuerdo con el Vaticano de 1.979.

¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando nuestros alcaldes se postran ante San Roque cada año? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando nuestra patrona se pasea bajo palio con las armas de nuestros cadetes? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando todos los años dedicamos miles de millones a la iglesia por el mero hecho de existir? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando la iglesia ha expoliado y expolia nuestro patrimonio impunemente? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando la iglesia posee privilegios fiscales de todo tipo? ¿A quién le puede sorprender lo del diablillo cuando el falangista abad del Valle de Los Caídos impide la exhumación de Franco y demiles asesinados por él?

Es necesario romper con este círculo vicioso derogando ese acuerdo y que, de una vez por todas, el estado español se convierta en una institución laica, sin vinculación con ninguna confesión religiosa. Esta situación sólo se podrá conseguir a través de la vía republicana.

ColectivoRepublicano Antonio Machado.

Pero el problema son las feminazis. Javier Gallego

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Mientras miramos el brazo alzado de los ultras que señala a las feministas y los inmigrantes como causa de todo mal, no hablamos de nuestros problemas reales y sus verdaderos culpables. Trabajadores de Alcoa, Amazon, Cacaolat, Ryanair o el taxi están en pie de guerra por despidos, explotación o falta de protección. La burbuja del alquiler provoca ya más desahucios que las hipotecas. Las empresas españolas  no prevén recuperar los sueldos de antes de la crisis hasta 2025. Pero, oye, el problema son las feminazis.

Pongamos, por ejemplo, el caso de Alcoa que quiere despedir a 700 personas después de ganar 184 millones de dólares el año pasado. En 1998, José María Aznar vendió a precio de saldo la industria estatal del aluminio a esta multinacional estadounidense que ha recibido 1000 millones de euros en ayudas públicas en estos 20 años. Hoy hemos sabido que Aznar recibió 6 millones de euros del gobierno de Rajoy en plena crisis para financiar FAES, la fundación desde la que defiende privatizar lo público subvencionándolo y liberalizar el mercado laboral. Para que te despidan como en Alcoa. Pero el problema son las feminazis.

Sigamos. Los precios del alquiler en el centro de ciudades como Madrid han subido hasta un 30%.  Los desahucios de alquilados superan los 115 al día, más que los hipotecarios. Los bancos que se quedaron con miles de casas y los fondos buitreque compraron viviendas a precio de crisis, los han retenido para disparar los alquileres y ahora les suben hasta un 40% a sus inquilinos. Ana Botella (otra vez “La familia”) ha sido condenada estas Navidades por fomentar estas prácticas, malvendiendo pisos de protección social a los carroñeros. Pero el problema son las feminazis.

Nos cuenta el Instituto Nacional de Estadística que las españolas no tienen más hijos por problemas económicos y dificultades para conciliar. Lógico, las empresas no han dejado de  bajar sueldos desde que empezó la crisis y de pagar menos a los nuevos contratados. En resumen, sueldos insuficientes, alquileres excesivos, paro y precariedad, conflictividad laboral, dificultades para llegar a fin de mes, jóvenes que no pueden emanciparse y mujeres que no se plantean formar una familia. Pero el problema son las feminazis. Lo que no sé es cómo no salimos a la calle como los chalecos amarillos.

La solución de Vox curiosamente es la misma de FAES, esto es, privatización subvencionada, rebajas fiscales a las rentas altas, ayudas públicas a quien tenga hijos y España, España, España. Cómo se nota que Abascal ha vivido toda la vida de las mamandurrias del PP. A todo esto, Cuatro anuncia la eliminación de los telediarios más progresistas de la tele privada, justo cuando más se necesita la información frente a los bulos de la extrema derecha. Pero el problema son las feminazis.

Cuando más se la necesita, la izquierda también está desaparecida. Seguirá recluida en sus chaletes de invierno, qué sé yo. Cada día tenemos que tragarnos una nueva parida del inagotable y agotador, Pablo Casado, o la siguiente barbaridad del facho de turno porque al otro lado no hay nadie que le replique. No es difícil, sólo hay que salir ahí y hablar de los problemas reales de la gente, que no son ni el feminismo ni los inmigrantes. Pero sí lo es una izquierda que ni siquiera se presenta a la pelea y un electorado progresista que no se moviliza a votar ni cuando amenazan sus derechos.

https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/problema-feminazis_6_855374474.html

El fin de los telediarios. David Torres

Noticias Cuatro

En Cuatro han decidido prescindir de los telediarios porque con First Dates ya dan suficiente información de cómo va el mundo. Entre los consejos aúlicos de Carlos Sobera instruyendo a las futuras parejas sobre rituales de apareamiento y los psicoanálisis de urgencia del camarero argentino, la audiencia puede darse con un canto en los dientes. Un día de estos podrían llevar al restaurante a Moreno y Marín (o Marín y Moreno, tanto monta) para que arreglasen cenando sus diferencias sobre el futuro gobierno de Andalucía, con el ex juez Serrano de Vox escondido debajo de la mesa, dando patadas y haciendo manitas.

Por lo demás, hace ya mucho que los telediarios sucumbieron a la cultura del espectáculo, desde que decidieron incluir al lado del habitual cargamento de noticias amplios reportajes sobre pases de moda y resúmenes de media hora sobre la jornada futbolística del domingo, sin olvidar jugosos avances de los próximos fichajes y un repaso a los mejores chistes en twitter sobre el finiquito de Mourinho. Un periodismo que habla de Florentino Pérez exclusivamente como presidente del Real Madrid en lugar de como anomalía de la justicia ya ha dicho todo lo que tenía que decir sobre Florentino Pérez, sobre el Real Madrid, sobre la justicia y sobre el periodismo.

Sospecho que la decadencia de los telediarios empezó a mediados de los ochenta, en el momento exacto en que obligaron a Felipe Mellizo, al final del informativo de la segunda cadena, a presentar un video de gilipolleces, tropezones y caídas tontas de jugadores de la NBA. Felipe Mellizo, que era un locutor genial de la vieja escuela, con gafas repletas de dioptrías y cara de científico loco, se ajustó la corbata y dio paso al video con estas palabras u otras parecidas: “Y ahora uno de esos videos que tanto les gustan a los americanos, donde se ve a gente adulta cayéndose por el suelo y haciendo el tonto. Vean, vean qué bonito”. No sé si fue por eso que los desterraron de la televisión o por el modo en que anunció el estado de salud del Papa Juan Pablo II unas semanas después del atentado que casi le cuesta la vida: “El Papa mejora. Ya toma alimentos semisólidos. O semilíquidos, según se mire”.

A fuerza de meter con calzador estupideces en los telediarios para tratarlas con el rango de noticias serias, las noticias serias han acabado por ser tratadas como estupideces. Puede que esta tendencia no sea más que un reflejo de la realidad actual, devorada por especímenes como Donald Trump, Pablo Casado, Matteo Salvini o Santiago Abascal, que parecen sacados de un tebeo de Mortadelo. O quizá sea que a la realidad le ha dado por imitar a los telediarios. El otro día, en mitad de uno, una locutora dijo muy seria “Ahora presten atención” para anunciar un video casero del incendio de Badalona en que se veía a una pobre mujer precipitándose desde el quinto piso. No fuese a ser que nos perdiéramos la jugada. Difícilmente el periodismo puede caer más alto.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2019/01/09/el-fin-de-los-telediarios/