¿Justicia garantista en España? Menos lobos, Caperucita. Domingo Sanz

nte el sospechoso archivo de la “Kitchen”, tertulianos multicolores hablan de la “justicia garantista” para salvar los muebles de un Estado cuyo Poder Judicial está, en el nivel de su Consejo General, okupado por 21 juristas adictos a unos cargos bien retribuidos, pues ya llevan tres años más de los que pone en la ley.

Como siempre que alguien dice que garantiza algo que no controla, respondo en defensa propia. Al instante me ha venido a la cabeza una comparación cualquiera, de esas tan odiosas como certeras.

¿Puede ser garantista una Justicia en la que su Tribunal Constitucional tarda más de 60 meses en comparar con la Constitución una ley de solo cinco artículos y siete disposiciones varias, la de la amnistía fiscal de Montoro y, en cambio, su Tribunal Supremo tarda solo 25 meses en condenar a 12 personas a penas de hasta 13 años de cárcel en un asunto como el del Procés?

Otra pregunta me viene a la cabeza, y tampoco puedo borrarla.

¿Qué está garantizando un Tribunal Constitucional que lleva once años sin dictar sentencia ni archivar el recurso contra una ley del aborto que afecta a millones, a la vista de que quien lo interpuso, ese PP de Rajoy y la Kitchen del que Casado dice no saber nada cuando le preguntan, no procede a retirarlo?

Lo que con eficacia absoluta garantiza la Justicia española es la inviolabilidad de Felipe VI para que haga lo que le dé la real gana, tal como estuvo haciendo su padre, alguien que, al menos desde que ganó Felipe González en 1982, se aburría mucho, tanto de cintura para arriba como de cintura para abajo.

Hay quien dice que Peñafiel dice que Felipe VI padece narcolepsia, pero, a la vista de lo muy dormido que se queda en los eventos, yo creo que son los catalanes los que no le dejan conciliar el sueño por las noches. Por tanto, debemos agradecer a esos rebeldes que el rey de ahora no se aburra tanto porque, de lo contrario, ¿quién puede asegurar que un hijo inviolable no vaya a parecerse a un padre inviolable, y más si hablamos de borbones inviolables?

Imposible, pues, evitar la monarquía cuando hablamos de la justicia española, pues no existe juez capaz de actuar contra cualquier rey o reina por muy delincuentes que sean, y todo por culpa de la tan particular como interesada manera que tienen de leer el artículo 56.3 de la Constitución.

Descartada la muy “garantista” justicia, debe actuar la política. Hay cuatro “ex” que podrían escribir al padre de Felipe VI una carta que dijera lo siguiente:

Remitentes: Felipe González Márquez, José María Aznar López, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy Brey.

Destinatario: Juan Carlos I.

Majestad, seguro que te acuerdas de nosotros.

Antes de comenzar, decirte que nos hemos enterado que tu hijo el rey, y Pablo Iglesias se tutean, y nosotros haremos lo mismo contigo. Es evidente que, entre ambos, el de Podemos ha salido perdiendo, pero nosotros no tenemos nada que perder.

Te escribimos los cuatro para decirte que nos has dejado con el culo al aire ante todos los españoles por tu maldita manía de meter la mano en la caja de todos y también entre las piernas de señoras poco discretas, y que no podemos dormir pensando en que un día a la tal Corinna, harta de tantas molestias y de que le pidas ahora unos millones que le regalaste, le dé por divulgar algún video que podría haber grabado contigo en paños menores, o sin paños, por si algún día le giraban mal las vueltas que da la vida. Como aquel de Pedro J. con Exuperancia, ¿recuerdas?

En fin, que lo nuestro es un sin vivir y se nos ha ocurrido que lo mejor, tanto para ti como para nosotros cuatro, y también para los españoles, fíjate que triple win más interesante, sería que le entregaras al Gobierno toda la pasta que tienes oculta quien sabe dónde y cómo, esa que el New York Times dijo un día que podían ser dos mil millones. Te ahorrarás, entre otras cosas, las minutas de los abogados que estás contratando para que te defiendan.

Y si, cuando devuelvas el dinero, dices que es para financiar la factura de la luz a las familias que no pueden pagarla, estupendo, porque a dos de nosotros nos están cogiendo mucha manía por eso que te imaginas.

Lo que te pedimos es justo porque, si te hubiéramos controlado de cerca, tu vida habría sido mucho más aburrida.

Piénsalo, rey nuestro, pues pronto morirás y esa es una de las pocas cosas en las que eres igual al resto de los españoles según la Constitución. Quizás por ese motivo ni lo menciona.

(Que qué listo fuiste pillín, pues la firmaste porque sabías que te convenía).

Deseando que, aunque sea lejos, lo sigas pasando tan bien como siempre, quedamos, los cuatro, a la espera de tus noticias.

Pero que no tarden.

Firman los cuatro ex presidentes aún vivos de los gobiernos de tu reino.”

(Vale, dejaré de soñar, pero al menos uno de los cuatro podría atreverse).

En Memoria de Pedro Patiño

Eran las siete de la mañana del 13 de septiembre de 1971. En su casa de Getafe, Dolores Sancho, de 26 años, miraba desde la cama cómo se vestía su marido: un pantalón blanco de albañil, camisa también blanca, sandalias y jersey marrón. Pedro Patiño Toledo se llamaba. Tenía 34 años. Había nacido en el pueblo toledano de Puebla de Almoradiel, en 1937. A los 16 años se trasladó a Getafe para trabajar en la construcción. La pareja, que militaba en el Partido Comunista (PCE) y en CC OO, se había conocido en 1966 en París, tenía dos niños pequeños y era feliz. Habían vuelto del exilio y las continuas detenciones que sufría Pedro no les preocupaban. Aquella mañana de hace 48 años Pedro no tenía que ir al tajo. El sindicato, entonces ilegal, había convocado a los trabajadores a la huelga general. Por eso repartiría octavillas informativas en las obras del barrio de Zarzaquemada, en Leganés. El matrimonio no se despidió de forma especial. En un rato volverían a encontrarse. Fue la última vez que Dolores lo vio con vida.

Poco antes de las nueve de la mañana, Patiño y sus tres compañeros se encontraban en la carretera de Villaverde a Leganés, donde estaba la última obra que visitaron. Tomaron un camino a la izquierda. A los pocos metros una furgoneta de la Guardia Civil ocupada por cuatro agentes armados se situó junto a ellos. Los obreros se pararon de inmediato al escuchar el cerrojo de los mosquetones. No hizo falta siquiera que les dieran el alto. Serían detenidos como tantas otras veces. Los guardias les rodearon. Después, el absurdo.

Nadie había hecho ni dicho cosa alguna. Un proyectil entró a la altura del hombro, por la espalda de Pedro. El albañil cayó al suelo. Los folletos que reivindicaban las 400 pesetas diarias de salario y las 40 horas de jornada laboral semanales quedaron esparcidos alrededor. Uno de los sindicalistas -más tarde se supo- interpeló al guardia (Jesús Benito Martínez) que había disparado: «¡Pero qué ha hecho usted, hombre!». El agente respondió «con palabras que denotaban confusión y perplejidad».

Dolores se enteró de que su marido y los compañeros «habían caído». «Una detención», pensó. En cuanto pudiera iría a verle. Le llevaría unos bocadillos. A las cuatro de la tarde se fue a trabajar, como siempre, al despacho de abogados de la madrileña calle de la Cruz. Era secretaria de una joven abogada, Manuela Carmena. Mientras ésta le dictaba una carta, sonó el teléfono. Al otro lado estaba Nicolás Sartorius. Había leído en el diario Informaciones que Pedro había muerto. Carmena se quedó pálida.»A partir de este momento mi vida fue la hecatombe», contaba Dolores en una entrevista en 1996 con motivo del 25 aniversario de la muerte de Pedro Patiño. «Me llevaron al hospital Gómez Ulla para reconocer el cadáver. Entré en la morgue. El cuerpo estaba cubierto por una sábana. Tenía la esperanza de que no fuera él. Le destapé. Sólo llevaba puestos los pantalones. Todavía tenía los ojos abiertos. En su pecho no había ningún rastro de sangre. Supe que le habían disparado por la espalda».

Los tres obreros que estaban con Patiño habían sido incomunicados. Los periódicos se plegaron, por imposición de la censura, a la versión oficial, según la cual «Patiño agredió a los agentes y a uno de ellos se le disparó el arma». El diario Pueblo ni siquiera daba la noticia.

A los pocos días, Dolores, como único regalo del destino, pudo leer en el atestado de la Guardia Civil todo lo que ocurrió, incluido el nombre del guardia que realizó el disparo. Así lo relató en 1996: «Nunca supieron cómo nos hicimos con la información. Ahora puedo contarlo. Mi abogado, Jaime Miralles, solicitó que nos entregaran el cadáver para hacerle una autopsia y enterrarlo. Fuimos una tarde al Gobierno Militar. Nos hicieron esperar en una sala. El soldado que estaba de guardia salió para dar cuenta de nuestra presencia. Miralles se acercó. No daba crédito a lo que veía: encima estaba el atestado. El PCE inundó Madrid con las fotocopias. Miralles fue encarcelado semanas más tarde».

El 15 de septiembre le comunicaron que el cadáver estaba al cementerio y que iban a buscarla para enterrarlo cuanto antes. Dolores se escapó y fue a casa de Miralles. Quería una autopsia. Decenas de personas se habían convocado frente al cementerio. El abogado llegó allí y exigió la entrega del cadáver. No fue escuchado. Cerraron las puertas y el ataúd fue introducido en un nicho. Un niño de 10 años, que fue al cementerio con su padre, un abogado laboralista de CCOO, relata lo que vio allí: «Los guardias prepararon los fusiles. El corneta tocó la segunda señal y todos sus fusiles apuntaron hacia la gente. Entonces entre gritos e insultos todos empezaron a correr perseguidos por los guardias civiles. Afortunadamente no hubo tiros. Pensaba que iba a un entierro normal. Y no vi enterrar a la persona que se había muerto. Y así acabó todo: la plaza desierta, las flores pisoteadas«.

No hubo ningún juicio. La autopsia que realizó el Gobierno apuntaba como causa de la muerte ‘hemorragia aguda-choque hipovolémico.

La familia tuvo que esperar 38 años a que, gracias a la Ley de Memoria Histórica, el Gobierno español reconociera que Pedro Patiño fue perseguido injustamente y que murió “en defensa de su actividad política”.

Demasiado teatro político-judicial. Domingo Sanz

07/09/2021 

ace más de mil días que finalizaron los mandatos en el CGPJ y, a diferencia de cualquier trabajador temporal sometido a la misma Constitución, sus miembros siguen cobrando. Es demagogia, pero mucho más caro nos cuesta el abuso.

Tan caro, que Casado se permitió decir el 2 de septiembre “que Sánchez abandone toda esperanza de renovar el CGPJ”, el día 4 que “el problema es de Sánchez, no nuestro” y, en medio, la prensa titulaba que “Casado emplaza a Sánchez a renovar el poder judicial si acepta un cambio de modelo”.

Por su parte, el Gobierno pide al PP que cumpla con la norma vigente, pues los cargos ocupados por personas han de renovarse cuando vencen, pero las leyes solo pueden reformarse si hay consenso. Si, por falta de acuerdo, las leyes decayeran en cierta fecha, la que terminaría rigiendo sería la de la selva.

En cambio, guarda silencio Abascal ante un problema que, con los escaños que tiene, también podría ayudar a resolver. Está tan contento con sentencias como la del TC contra el Estado de Alarma que no quiere molestar a quienes tanto le ayudan. Y viceversa quizás.

Y puede que también haya leído usted a expertos como Pérez Royo o Escolar recordando que el PP siempre bloqueó los nombramientos judiciales cuando gastó oposición, como ahora, algo que nunca hizo el PSOE.

Como lo que nos recuerdan los expertos es verdad, si no queremos llamar tontos a los del PSOE por regalar al adversario sus escaños durante tantos años, lo único que podemos pensar es que el PP y el PSOE son uña y carne, excepto para asuntos menores.

Estamos ante un teatro protagonizado por malos que resisten contra deficientes que no pueden, o tampoco quieren.

En tiempos dijo el PSOE que no deberían judicializarse conflictos políticos como el catalán. En cambio, el pasado 26 de mayo Sánchez declaró que “hay un tiempo para el castigo y otro para la concordia”, lo que significa que mentían, pues el “castigo” era la judicialización.

Pero, ¿qué ha ocurrido durante los últimos mil días para que, al ridículo mundial de un ex rey huido de la justicia por un pacto oculto entre un gobierno “progresista” y el rey actual, se añada la vergüenza de un poder judicial gobernado por okupas adictos al cargo?

Mil días antes se cerraba 2018, con Sánchez en La Moncloa y un T. Supremo preparando su gran juicio. ¿Quién se atrevería entonces a desestabilizar a unos jueces que están defendiendo la unidad de la patria?

Nadie, y menos que nadie, un Pedro Sánchez que se envainó en 24 horas una moción contra Soraya por las cargas del 1-O en Catalunya. ¿Conocedor de su cobardía, le puede extrañar a Sánchez que un inconstitucional Lesmes le haya acusado en público de falta de “patriotismo constitucional”?

¿Y qué político está haciendo ahora lo mismo que, ante el mismo conflicto judicial, hizo Sánchez hace 1.000, 900, 800 y 700 días?

Seguro que usted sabe que ya ha leído aquí el nombre de ese político, pues también sabe que se parecen demasiado todos los que ponen circunstancias, como las líneas de un mapa, por encima de la democracia.

Pero aún hubo más trampa en el comportamiento de este PSOE sobre la renovación de los jueces, y muy poca visión política de UP.

Hace 800 días, por ejemplo, Sánchez e Iglesias andaban negociando La Moncloa con los escaños conseguidos en las urnas del 28 de abril de 2019.

Escaños totales28 abril 201910 Noviembre2019Difer
PSOE + UP + Otros Izda.166158-8
PP + Vox + Navarra Suma92143+51
Ciudadanos5710-47
Nacionalistas y otros3539+4
TOTALES3503500

Estos números revelan que, para conseguir los 2/3 necesarios, con los escaños de abril Sánchez hubiera podido prescindir del PP pues hasta sumando los de Vox les faltaban 25 para bloquear nombramientos. Sí que hubiera necesitado de un Rivera que aún seguiría en política, pero siempre habría sido más fácil negociar con una derecha dividida en tres que contra los 143 escaños de PP más Vox hoy.

Es decir, con los mandatos del CGPJ vencidos hacía cientos de días, Sánchez e Iglesias dejaron morir un Congreso mucho más favorable para resolver un conflicto que sabían que degradaría aún más la situación política.

Esos periodos durante los que lo nuevo no acaba de nacer porque lo viejo no acaba de morir terminan derrotando a sus protagonistas principales. En las presentes circunstancias, tan inestables, recordamos los 55 meses al frente del Gobierno que duró Suárez, uno que dejó a medias su tarea, a la luz de los escasos 40 que aguanta Sánchez, este con menos escaños en el Congreso. 

Si Sánchez pudiera recordar el miedo que impulsó aquel abrazo tras las urnas del 10N con un Iglesias hoy “muerto”, quizás comprendería que convocar ya la reforma de la Constitución es lo único que movilizará esa parte decisiva del electorado que necesita ver firmeza y osadía en la coalición gubernamental.

De lo contrario, la derrota es segura y el bipartidismo que volverá tendrá en la otra mitad, y gobernando, a franquistas sin disfraces ni complejos y apoyados por Leguinas y desde La Zarzuela. Demasiado peligro para la democracia.

Ateos y no creyentes registran su máximo histórico y rozan ya el 39% de la población. Aristóteles Moreno.

Ateos y no creyentes registran su máximo histórico y rozan ya el 39% de la población

El catolicismo pierde fuelle social, en una sangría constante desde hace décadas, que se refleja de forma inequívoca en los barómetros mensuales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El avance de resultados de julio ha vuelto a arrojar un nuevo máximo histórico de personas no religiosas en España, que ya representan el 38,7% de la población. Desde principios de año, en apenas siete meses, el segmento de no creyentes se ha incrementado en 4,5 puntos. Si persiste la intensidad de esta progresión, en poco más de un año, la sociedad española no religiosa habrá superado claramente a los creyentes y traspasará por primera vez en su historia el simbólico umbral del 50%.

El informe número 3332 del CIS también refleja un mínimo histórico de católicos practicantes, cuyo porcentaje cae por primera vez al 16,7%. El registro representa un desplome de tres puntos en solo siete meses. Los católicos no practicantes (39,9%) también retroceden con respecto a enero pasado (41,6%) pero se quedan a 1,2 puntos de su peor registro de mayo (38,7%).

Examinados en perspectiva, los datos de julio pasado revelan un deterioro imparable de la religiosidad en España. En el año 2000, el grupo de personas no religiosas apenas alcanzaba el 13,1% de la población. Es decir, el número de ateos, agnósticos o no creyentes se ha triplicado en apenas dos décadas. Los católicos entonces (83,1%) exhibían todavía un protagonismo social hegemónico, aunque, si bien, los practicantes representaban una minoría de ese grupo (21%). Diez años después, en 2010, la población no religiosa ya había experimentado un salto notable. Se incrementó en 7,1 puntos hasta situarse en el 20,2% de los españoles. Desde entonces, el descreimiento religioso no ha hecho sino aumentar de forma sostenida mes a mes.

En la franja de 18 a 34 años, los datos son particularmente abrumadores: el 60% se declara no religioso, mientras que solo el 30% dice sentirse católico. Todo indica, por tanto, que el proceso de secularización en los próximos años se intensificará notablemente. España se acerca cada vez más al perfil europeo. Un estudio de la Universidad de St. Mary de Londres, realizado entre 2014 y 2016, constató que en doce países del continente la mayoría de los jóvenes ya no eran creyentes. La República Checa lideraba entonces el ranking de los incrédulos, con una cuota del 91%. Polonia, en cambio, era el país más religioso, con tan solo un 17% de ateos y agnósticos.

El teólogo Juan José Tamayo asegura que los datos del CIS son “reveladores” del profundo cambio que afronta la sociedad en las últimas décadas. La religión ha perdido su función social y cultural. La modernidad y la ciencia la están arrinconando“, reflexiona. En su opinión, la religión se ha reducido a un “fenómeno emocional” incapaz de competir con el “carácter cognitivo” y “racional” del pensamiento contemporáneo.

A todo ello hay que añadir, abunda Tamayo, la falta de presencia de los dirigentes religiosos en los grandes problemas sociales que preocupan hoy a la humanidad. “Las instituciones eclesiásticas están dando respuestas del pasado a preguntas del presente”, argumenta de manera gráfica. “Si las religiones siguen recluyéndose en su propio ámbito”, razona el teólogo, “y no están atentas a los desafíos de hoy, su irrelevancia social será cada vez mayor. Son las propias instituciones las que se están haciendo el harakiri”.

Para el presidente de Europa Laica, Juanjo Picó, la caída de la religiosidad es “brutal” con respecto a los registros de hace tan solo dos décadas. Y avisa: “Cada año batimos la máxima histórica”. Desde su óptica, la secularización está activada por la modernidad, la adopción de nuevos hábitos sociales y el desfase del magisterio religioso, que “ya no responde a la sociedad de su tiempo“. Picó se refiere específicamente a cuestiones relacionadas con los anticonceptivos, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, la cuaresma o las bodas, cuyos preceptos “ya no cumplen ni siquiera los católicos“.

“Los elementos dogmáticos de la religión”, argumenta el presidente de Europa Laica“van contra la razón”. “Y, en la modernidad, la razón y la ciencia priman sobre la fe. La religión ya no es un código de referencia“, zanja. Otros factores también refuerzan el escepticismo religioso, según Picó, como han sido todos estos años el escándalo de la pederastia o la controversia de las inmatriculaciones, “que contravienen claramente el mensaje evangélico“.

Ahora bien: el evidente corrimiento sociológico detectado desde hace años por todos los sondeos de opinión, ¿empujará al Gobierno a profundizar en la laicidad del Estado? Tanto Tamayo como Juanjo Picó se muestran escépticos al respecto. Los hechos demuestran que ni los ejecutivos conservadores ni los progresistas han tomado decisiones de calado para acomodar la realidad social a la legislación vigente.

Estoy muy cansado ya de las promesas del PSOE”, admite sin circunloquios el conocido teólogo, autor de una prolífica obra ensayística. “Cuando está en la oposición defiende posiciones laicistas propias de su tradición política, pero luego en el Gobierno mantiene los privilegios de la Iglesia católica, que, en mi opinión, son claramente inconstitucionales y van en contra del principio de igualdad. Todos los Gobiernos han sido rehenes de la jerarquía católica“, lamenta.

El presidente Rodríguez Zapatero enterró su proyecto de Ley de Libertad de Conciencia en 2010 por temor a perder votos, según recuerda Tamayo. Y el teólogo advierte: “Esa política de concesiones a la jerarquía católica, esa pervivencia del nacionalcatolicismo no solo no le da votos sino que les hace perderlos por los sectores progresistas“.

El presidente de Europa Laica no es mucho más optimista. Juanjo Picó considera que las fuerzas políticas no tienen en su agenda “hacer efectivo lo que ya existe en la calle” para que la secularización social se convierta en ley. “El PSOE no solo ha incumplido sus continuos compromisos de derogar los Acuerdos con la Santa Sede“, lamenta, “sino que ahora en su próximo congreso habla de revisarlos en consenso con la Iglesia católica. Es decir, que va a compartir la soberanía del Estado con la cúpula eclesiástica. Y eso significa mantener sus privilegios o extenderlos a otras confesiones, en un multiconfesionalismo que va en contra de la Constitución“.

Con todo, los datos desagregados de la franja más joven despejan el horizonte no muy lejano. “La juventud de hoy son los dirigentes de mañana y serán más proclives a aceptar cambios razonables·, argumenta Picó. Aunque subraya: “No es cuestión de esperar otra generación más. De hecho, ya se han organizado funerales de Estado civiles y se ha cambiado la toma de posesión del Consejo de Ministros [sin crucifijos] y no ha pasado nada. Se podría avanzar en otras cuestiones simbólicas y en temas de fiscalidad, financiación o la religión en las escuelas. La unión del trono y el altar no debe seguir en simbiosis como en el Antiguo Régimen. Es una cuestión de democracia“.

https://www.publico.es/sociedad/catolicismo-ateos-no-creyentes-registran-maximo-historico-rozan-39-poblacion.html

Bando de guerra. Natividad Pérez

Consuelo Contreras García ingresa en la prisión provincial de Sevilla a las 11 horas del día 2 de abril de 1937. Procede de la prisión de Utrera. De 39 años, jornalera, de CNT, viuda con tres hijos. Cuando Utrera es ocupada por los golpistas el 26 de julio de 1936, Consuelo se dirige hacia la zona republicana, donde sigue luchando contra la ocupación hasta que en marzo de 1937 es detenida en Igualeja (Málaga) y trasladada a Utrera, donde la interrogan. Dos testigos adeptos al golpe la acusan de auxiliar a los ciudadanos en la defensa de Utrera desde parapetos montados en las calles. También afirman que formaba parte de un grupo de mujeres en estas tareas.

El 14 de abril de 1937, el juez José Ochoa da orden de detención de las mujeres que se supone que la acompañaban: María Borrego Torregrosa, Carmen Luna Alcázar, Carmen Romero Montero, Antonia Alfonso Romero, María Sandoval Domínguez y María Iglesias Expósito. El 18 de abril de 1937 el comandante militar de Utrera, Juan García de Lomas, informa al juez que, “según antecedentes que obran en esta Comandancia, les fue aplicado el Bando de declaración del Estado de Guerra.” (Procedimiento 478/37, p 29).

El bando firmado por Gonzalo Queipo de Llano el 18 de julio de 1936 para la segunda región militar es un escrito de seis puntos en el que se declara el estado de guerra, se suprime el derecho de huelga y el de libre circulación, y se afirma de forma reiterada que los que no cumplan lo ordenado “serán juzgados en juicio sumarísimo y pasados por las armas“. En el bando firmado por Miguel Cabanellas de 30 de julio de 1936 para el territorio nacional también se afirma que se juzgarán las actuaciones contrarias al golpe y solo posteriormente “serán pasados por las armas”.

En la práctica, cuando afirman que se le aplicó a alguien el bando de guerra, sabemos que no se le ha juzgado ni condenado, no consta su ingreso ni salida de prisión. Se les ha sacado de los centros de detención para fusilarlos en cualquier tapia. No están registrados sus fallecimientos, ni las causas de sus muertes, están enterrados sin lápida en cualquier zanja o abandonados sin identificación en las calles para su traslado a la fosa común.

En algunos procedimientos posteriores a 1936, aparecen grupos de personas de las que alguna autoridad golpista afirma tener constancia de su fusilamiento por aplicación de bando de guerra y eran amigos o compañeros del enjuiciado. María Borrego Torregrosa, Carmen Luna Alcázar, Carmen Romero Montero, Antonia Alfonso Romero, María Sandoval Domínguez y María Iglesias Expósito forman parte de estos muertos no declarados. Aunque en la provincia de Sevilla desde el mes de julio se producen procedimientos sumarísimos de urgencia que terminarán en fusilamientos, el grueso de los fusilados durante los seis meses de 1936 es por aplicación del bando de guerra. Aquellos que no aparecen en referencias de sumarios posteriores, los que no tuvieron a nadie que los buscara, desaparecieron sin engrosar las cifras de víctimas del golpe de Estado de 1936.

El 20 de octubre de 1937 el consejo de guerra especial permanente, presidido por José Alonso de la Espina y Cuñado, la condena a muerte por rebelión.

El 9 de marzo de 1938, a las 3.00 horas, mueren fusilados Consuelo Contreras García, Juan de Dios Creagh Arjona, Pablo Delgado Delgado, Salvador Domínguez Pérez, Francisco Fernández Barragán, Antonio Librero Ramos, Juan López Pérez y Cristino Saiz Moreno.

https://www.infolibre.es/noticias/club_infolibre/librepensadores/2021/08/30/bando_guerra_123731_1043.html

Mimunt Hamido, escritora, se rebela contra el velo islámico: “La izquierda, por presumir de multiculturalismo, acepta un símbolo sexista”

Mimunt Hamido Yahia, autora del ensayo "No nos taparán". EFE/Ilya U. Topper

Todo empezó en las redes sociales, hace unos diez años. Mujeres de origen musulmán, de forma anónima o dando la cara, empezaron poco a poco a cuestionar los aspectos patriarcales de estas sociedades, empezando por su elemento más visible: el velo islámico. El siguiente paso fue crear un blog, que prestó a muchas la posibilidad de expresarse y contar sus experiencias. Hasta que su responsable, la melillense Mimunt Hamido, recibió el ofrecimiento por parte de la editorial Akal de plasmar en un libro todas las ideas que se habían venido desarrollando en ese foro. El resultado tiene el mismo título que el blog, No nos taparán, y acaba de desembarcar en las librerías con el sello Akal.

“Había muy poco escrito al respecto, salvo algún ensayo de la argelina Wassyla Tamzali, a la que en España todavía no se la conoce como se debería. Pero testimonios de mujeres que vieran de España, como Siempre han hablado de nosotras de Najat El Hachmi o como No nos taparán, no ha habido hasta hace muy poco”, explica Hamido.

El primer factor que la autora subraya es el hecho de que esa “prenda tradicional”, como se la considera comúnmente, no es ni una simple prenda, ni es tan tradicional. “¿Cómo hacer que un símbolo sexista y misógino sea aceptado en Europa? Lo disfrazamos de cultura y, por tanto, nos obligamos a respetarlo. Y el símbolo se reafirma. El trueque consiste en cambiar una prenda que sí es tradicional, como la pañoleta, por un símbolo religioso. Antiguamente solo las mujeres de clase alta se cubrían, como un símbolo de estatus. Pero el hiyab [el velo que cubre completamente el cabello de la mujer, dejando solo a la vista el óvalo del rostro] no surge del Magreb, sino que vino de Europa en los años 80 y se impuso en el Magreb”.

Un islam europeo

Desde Europa, sí, pero haciendo un camino muy largo: “El velo viene de la ideología wahabí de Arabia Saudí, de los Hermanos Musulmanes de Egipto, de Irán, de corrientes rigoristas que se encontraban ausentes en el Magreb”, comenta Mimunt Hamido. “Luego empezamos a ver que lo adoptaban las mujeres migrantes que salían a España, a Francia o Bélgica, se marchaban de Marruecos sin hiyab y volvían con él puesto. Y los magrebíes pensaban: ‘Si se hace en Europa, debe ser algo bueno’. Por eso el hiyab no es la vuelta a nada, es ir adonde no hemos estado jamás”, subraya.

Para la activista, fue clave el papel de los conversos españoles. “Comunidades como aquella hippie que vivía en la Alpujarra feliz empezaron a convertirse, y adoptaron todo el kit. Una musulmana de Marruecos sabe perfectamente que nada de esto es su costumbre”.

Pero, ¿no hay problemas más acuciantes en el islam que el velo? Para Mimunt Hamido, se trata de una cuestión central: “El hiyab es la cabeza de lanza de muchos otros problemas. Ponértelo es admitir las leyes y normas de ese patriarcado. No es un trozo de tela, es el freno que impide a las mujeres ser ciudadanas de pleno derecho”, comenta. “Si eres una chica de 16 o 18 años, el hiyab es tu modo de decir al mundo que eres sumisa a las normas. Si no lo llevas, ¿cómo saber, por ejemplo, si eres virgen? Si dejamos que controlen el cuerpo de esa manera, ¿cómo podemos pretender cambiar en Marruecos o Argelia las leyes que nos oprimen, empezando por los códigos familiares?”

¿Feminismo islámico?

Frente al empuje de estas mujeres, ha surgido en los últimos tiempos un movimiento de “feministas islámicas”, concepto que para las primeras es un puro oxímoron. “No se puede ser feminista y aceptar que no podemos ir a la playa como nuestros hermanos, que heredamos la mitad o que vivimos en una sociedad que contempla la poligamia. O acatar que mis padres quieran casarme con un señor al que no conozco. Ahora, al ver que no cuela ese mensaje, han empezado a hablar de ser ‘equitativos’, es decir, nuestro papel es el de cuidadoras y el de ellos de protectores. Pero, hasta donde sabemos, el feminismo no permite el control sobre el cuerpo, y esa es la base del velo y del patriarcado islámico”.

Estas “feministas islámicas” son para Mimunt Hamido “conversas en su mayoría, entre las que hay de todo: mujeres a las que les han comido el coco, cómplices de ese patriarcado y también otras a las que les conviene engañarse, porque luchar contra el patriarcado es muy difícil, cada día más. Y es desolador ver cómo en España se consienten cosas a las musulmanas que no consentirían el resto de las mujeres. ¿No vivimos en el mismo siglo? ¿O piensan que nosotras estamos en el 1400 y ellas en el 2021?”

La autora pone el acento en el papel de la izquierda, que en su opinión “se ha olvidado del ideario, en el que figura el laicismo. Creen que es algo superado, o quieren creerlo. Y luego vivimos en un país multicultural, pero olvidan que hay dos millones de personas, que son ciudadanas españolas, que están sujetas a esta situación. La cuestión debería ser sencilla: si estamos educando en igualdad, no podemos permitir símbolos sexistas”.

Y sin embargo, se permiten. Incluso en las listas electorales de esos mismos partidos de izquierda, señala Hamido: “Como la derecha es racista y xenófoba, con el discurso de ‘moros fuera’, la izquierda replica con el ‘aquí cabemos todos’. Pero tú con tus ‘costumbres’, y nosotros con las nuestras. Así se dejan desprotegidas a miles de mujeres”, asevera. “Es un modo de decir ‘mira qué guay somos, aquí tienen cabida todos los símbolos’. Incluidos los misóginos. La Cup, Esquerra, Podemos, tienen en sus filas representantes con velo, porque si no lo llevaran, ¿cómo reconocería la gente que somos multiculturales? Es todo muy retorcido. Me parece muy bien que todos quieran llevar ahora en las listas musulmanes, negros, travestis… pero que respondan al estereotipo, claro, que se vea bien la diversidad”.

Porque cualquier crítica, agrega Hamido, puede ser repelida al grito de ¡islamofobia! “A ti nunca te habrán dicho cristianófobo por criticar la pederastia o la Semana Santa, o que la Iglesia católica condenara a las chicas en bikini. Pero aquí han copiado la fórmula de llamar antisemita a cualquier crítica a Israel”.

Un precio alto

Según la autora de No nos taparán, las consecuencias de rebelarse contra el velo pueden ser terribles. “El patriarcado islámico actúa en círculos: familia, barrio, sociedad. Ser disidente puede suponer que tu familia deje de hablarte, quedarte sola y tener que empezar desde cero”, afirma. Por no hablar de los insultos y amenazas: “En redes somos pocas las que ponemos nuestro nombre y nuestra cara, porque pueden amenazarte de muerte, o llamar a tu familia para que te pongan firme. Es un precio tan alto que muchas acaban pensando que no merece la pena. Con hiyab está todo bien, incluso te dan más libertad. ¿Por qué hacer a la gente dudar si eres decente o no?”

Las mujeres aglutinadas en torno al blog No nos taparán, desde luego, no parecen dispuestas a prestarse a ese juego. “Solemos decir con Amelia Valcárcel que lo que no le permitirías al cura, no se lo permitas al imán. Hemos recibido bastante apoyo del feminismo, pero el 8-M lanzamos un manifiesto que se suponía que le iban a entregar a Irene Montero, y no hemos tenido más noticias. En cambio, nos consta que sí ha recibido a las ‘feministas islámicas'”.

https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/mimunt-hamido-escritora-rebela-velo-islamico-izquierda-presumir-multiculturalismo-acepta-simbolo-sexista_1_7377681.html

Las religiones. Félix Santos

Las obras más ambiciosas de la creatividad humana son las religiones. Son creaciones colectivas, alambicadas, que pretenden dar respuesta a los más oscuros interrogantes que han desazonado, y desazonan, a la humanidad. Son, en consecuencia, obras pretenciosas, plagadas de errores, extravagancias, contradicciones y absurdos disparates y, por lo tanto, imperfectas, decididamente embaucadoras, pero a su vez no exentas de elevada poesía, de discreta filosofía, y siempre consoladoras frente a las penalidades e incertidumbres del vivir humano.

Los seres humanos, desde los tiempos más antiguos, se han inventado dioses con los que explicar el sentido de su existencia en la tierra y con los que hallar amparo a sus tribulaciones y sus miedos ante los fenómenos de la naturaleza que no entendían (truenos, rayos, vientos, terremotos, aguaceros e inundaciones, erupciones volcánicas, plagas, epidemias…) Han buscado también explicaciones a lo que pueda sobrevenirles después de la muerte. Y ante sus propios sentimientos de culpa han imaginado posibles premios o castigos, cielos o infiernos, a que pudiera hacerles merecedores su comportamiento. Ante todo ello, imaginaron dioses tutelares que les protegieran y ampararan en vida, a los que aplacar por las supuestas ofensas, y que les recompensaran en el más allá.

Thank you for watching

El gran poeta y filósofo latino Tito Lucrecio Caro, en su poema filosófico De rerum natura, escrito hacia el año 50 a.C. explica el origen de los dioses y del culto a los dioses, tan extendido entonces. La idea de la divinidad, dice, procede de un religioso terror enraizado en los hombres, que les hace levantar por todo el orbe de la tierra santuarios a los dioses y les impulsa a llenarlos los días de fiesta. Los humanos “observaban el sistema del cielo y su orden preciso y la sucesión de las varias estaciones del año, sin poder averiguar por qué causas se hacía. Así, no tenían otro recurso que remitirlo todo a la acción de los dioses y hacer que todo girara a una señal suya. Pusieron en el cielo las sedes y palacios divinos, porque en el cielo vemos girar el sol y la luna, el día, la noche y sus signos solemnes, las estrellas errabundas del cielo nocturno y las llamas volantes, nubes, sol, lluvias, nieve, vientos, rayos, granizo, los súbitos rugidos y amenazantes murmullos del trueno”. Y añade Lucrecio: “¡Oh, linaje infeliz de los hombres, cuando tales hechos atribuyó a los dioses y los armó de cólera inflexible! ¡Cuántos gemidos se procuraron entonces a sí mismos, cuantos males a nosotros, cuantas lágrimas a nuestra descendencia!”. 

Hace referencia Lucrecio a los crímenes a que ha inducido la religión. Narra en estremecedores versos cómo Agamenón persuadido por el adivino Calcante, inmoló a su hija Ifigenia para obtener de la diosa Diana vientos favorables a la flota congregada en Aulide:

“Cuando las ínfulas que ceñían sus virginales trenzas cayeron en

partes iguales por ambas mejillas, cuando advirtió de pié junto al

ara a su padre afligido, y los sacerdotes a su lado ocultaron el

hierro y los ciudadanos deshechos en llanto a su vista, muda de

terror caía de hinojos en tierra. ¡Desdichada! No le valían en

aquel momento fatal el haber sido la primera en dar al rey el

nombre de padre. Asida por manos de hombres, temblorosa, al ara

fue conducida, no para salir escoltada al claro son del Himeneo,

una vez cumplido el rito solemne, sino para caer, pura,

impuramente, en la misma edad núbil, lastimosa víctima inmolada

por su padre, a fin de asegurar a la flota partida feliz y

propicia”. (Lucrecio, De rerum natura, editorial Acantilado, Barcelona, 2012, pp. 83 y 84).

Los dioses de la Antigüedad eran personificaciones de los lugares, elementos y procesos que se ofrecían a la mirada humana. Geo era la madre tierra; el sol era FeboSelene era la personificación de la luna; Cronos era el dios del tiempo; Deméter era, en la mitología griega, la diosa de la agricultura, la fertilidad, protectora de los cultivos y las cosechas (en la mitología romana su equivalente era la diosa Ceres); Apolo, uno de los dioses más venerados de la Antigüedad, era el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía y de la razón, así como de la medicina y de la curación; Zeus, “padre de los dioses y de los hombres” gobernaba a los dioses del Monte Olimpo; la diosa Cibeles era madre de otros dioses, de Zeus, y al igual que Deméterera diosa de la fertilidad; el dios Neptuno gobernaba las aguas y los mares, cabalgaba las olas sobre caballos blancos (se le conocía como Poseidón en la mitología griega). Afrodita era la diosa de la belleza, de la sexualidad y de la reproducción: Atenea era la diosa griega de la sabiduría (el Partenón era el templo, bellísimo, dedicado a esta diosa griega); Diana era la diosa virgen de la caza, protectora de la Naturaleza; Ares era el dios Olímpico de la guerra; y un largo etcétera.

Esos dioses, sus enredadas andanzas y peripecias venían a ser una proyección deslumbrante o sórdida de las pasiones que impulsaban a los humanos. Los grandes relatos míticos que describen la actuación de los dioses tratan de explicar los grandes enigmas que inquietaban al ser humano: la creación del mundo, el origen y el destino del hombre, la angustia de la muerte, la incertidumbre ante lo que pueda haber en el más allá…

Durante tres mil años la creencia en los dioses y en los relatos míticos fue asumida y defendida por las multitudes en Egipto, en Grecia, en Roma. Hoy esos dioses y esos mitos han devenido en objetos literarios que muestran las antiguas exploraciones de la imaginación humana en la búsqueda de respuestas a los enigmas que les inquietaban. Pero, como recuerda el escritor francés Alain Nadaud, “no olvidemos que mientras que los templos de Luxor y del Partenón, hoy, carentes de sus sacerdotes, no son visitados sino por turistas, durante más de tres mil años para los primeros y casi mil para los segundos, estos santuarios atraían a muchedumbres de creyentes, tan sinceros y convencidos de su buena fe como quienes hoy rezan ante el muro de las lamentaciones, se reúnen en la plaza de San Pedro en Roma o se dirigen en peregrinación a la Meca” (Alain Nadaud, Dieu est une fiction. Essai sur les origines litteraires de la croyence, editorial Serge Safran, 2014, p. 43.).

Félix Santos es periodista y exdirector de Cuadernos para el diálogo

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/08/15/las_religiones_123524_2003.html

Mujeres solas o divorciadas, las que más temen ahora a los talibanes: “Ya no tenemos dónde ir”

Hay un viejo dicho en Afganistán que ejemplifica la mirada sobre el divorcio en el país: “Una mujer solo se va de la casa de su padre con un vestido blanco de novia, y solo puede regresar a ella en una mortaja del mismo color.”

En esta sociedad profundamente conservadora y patriarcal, las mujeres que desafían las convenciones y buscan el divorcio suelen ser rechazadas por sus familias y por la sociedad afgana. Deben luchar por sus derechos básicos en soledad, como alquilar un apartamento, que requiere la participación o garantía de parientes hombres.

A pesar del estigma social y las barreras a su independencia, hoy hay mujeres divorciadas que viven en Afganistán. Mujeres como Roqia* y Tahira*, que se divorciaron hace siete y ocho años respectivamente, y ahora comparten un apartamento. Juntas, Roqia y Tahira han atravesado muchas tormentas y se han apoyado mutuamente, unidas por la similitud de sus experiencias.

Las dos mujeres nacieron como refugiadas en Irán.

Rechazo familiar

Roqia, de 30 años, regresó a Afganistán en 2009, cuando el futuro del país parecía brillante y lleno de esperanza. “Cuando cumplí 20, mi familia me desposó con un hombre que no conocíamos bien. Pero no encajábamos, y nos divorciamos siete años más tarde,” dice.

Al poco tiempo de la separación, Roqia se dio cuenta de que se estaba divorciando no solamente de su marido, sino también de su familia y de su comunidad. “Me rechazaron. No tenía nada, ni lugar adonde ir,” dice. “Con mi hijo de cinco años, acudí a mi padre, pero estaba en su lecho de muerte. No tenía otros hombres en mi vida que me ayudaran. Mi hermano murió hace unos pocos años,” dice.

Los hombres y mujeres en la vida de Roqia se distanciaron de ella. “Mi madre y otros parientes me rechazaron, diciendo que no había seguido sus consejos sobre el divorcio. Se habían opuesto, así que ya no tenía lugar en sus hogares,” dice.

Roqia y su hijo pasaron un invierno frío en un refugio para mujeres en Kabul. “Cuando me di cuenta de que no podría alimentar a mi hijo durante días, decidí entregarlo a la familia de mi marido,” dice. En la mayoría de los divorcios en Afganistán la custodia de los niños mayores de cinco años es otorgada al padre.

Tahira, que viene de la ciudad occidental de Herat, comparte una historia similar. “Mi familia me desposó cuando tenía 19. Pero no llegué a convivir dos años con él y me divorcié,” dice. Su familia la rechazó poco después.

“No comían en la misma mesa conmigo, ni tocaban la comida que yo preparaba. Me decían: ‘eres una mujer divorciada y lo que cocinas es impuro’”, dice. Al final, cansada de la tensión emocional y mental, Tahira decidió irse. “Fue de madrugada, un día, el sol todavía no había salido del todo, y dejé a mi familia solo con la ropa que llevaba puesta. Me subí en un taxi a Kabul y nunca miré hacia atrás,” dice.

Ahora, tras haber fundado vidas nuevas e independientes en Kabul, Roqia y Tahira y miles de mujeres más en situaciones similares, se enfrentan a otros desafíos. Unos días antes del asalto de Kabul, ya temían lo peor.

“Si los talibanes toman Kabul, no nos permitirán llevar las vidas independientes que tenemos hoy. Ni siquiera podremos salir de nuestras casas porque no tenemos mahrams [protectores masculinos]”, decía Roqia unos días antes de que sucediera.

Restricciones contra las mujeres

Sus temores están fundados en el horror que se desarrolla por todo el país. En muchos distritos capturados por los talibanes, ya han impuesto nuevas reglas, incluyendo las restricciones al movimiento de las mujeres. No tienen permitido dejar sus casas si no están acompañadas de un protector masculino y cubiertas completamente con el burqa tradicional.

La violencia creciente ha obligado a muchos afganos a huir de sus hogares, pero las mujeres divorciadas que viven solas se encuentran aisladas, sin lugar adonde escapar.

Lo que más aterroriza a las mujeres es la práctica de los casamientos forzados de niñas, jóvenes y viudas con combatientes talibanes. “Estamos muy preocupadas por los casamientos forzados con los talibanes. Si vienen por nosotras de ese modo, acabaremos con nuestras vidas. Será nuestra única opción”, dice Tahira.

Aunque no hay estadísticas sobre el número de divorciadas, viudas y mujeres solteras, se cree que hay miles de mujeres viviendo de esa manera en todo el país, especialmente en las ciudades. Sus destinos penden de un hilo con el avance de los talibanes.

En la provincia de Parwan, al norte de Kabul, vive Sanobar*, de 35 años, con su hermana. Sus padres murieron poco después de la caída de los talibanes, y su único hermano murió en un accidente automovilístico hace 10 años. Las hermanas tuvieron que valerse de sus propios recursos.

Huérfanas y solas, las dos hermanas no pudieron ir a la escuela. “Yo quería ser doctora y ayudar a mi comunidad. Había tantas cosas que quería hacer, pero las tragedias y la pobreza nos encadenaron”, dice Sanobar. Como viven en una zona donde las creencias locales dictan que las personas no deberían vincularse con una familia si no hay un hombre en la casa, fueron abandonadas. “Nuestros vecinos cortaron cualquier vínculo. Estamos solas”, agrega, triste.

A pesar de ser rechazadas por su comunidad conservadora por no tener un protector masculino, las hermanas emprendedoras se garantizaron un ingreso cosiendo en su casa. Su trabajo las ayudó para conseguir un contrato con la fiscalía de Parwan, y ahora hacen uniformes para los presidiarios. Con los 6.000 afganis (63 euros) que ganan al mes, han podido sobrevivir en una pequeña casa derruida.

Pero con la aproximación de los talibanes a su provincia, Sanobar y su hermana están extremadamente preocupadas. Ya han perdido trabajo en los últimos meses como resultado de los ataques de los talibanes. Con el deterioro de la situación, una sensación de profunda incertidumbre pesa sobre ellas.

“No tenemos adonde ir, ni dinero para gastar, no podemos siquiera costear un mes más de alquiler. No podemos dormir por la noche por el miedo a que los talibanes entren en nuestra casa”, dice Sanobar.

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de estas mujeres

Edición en inglés por Ruchi Kumar

Traducción al castellano de Ignacio Rial-Schies

​Ahora más que nunca, las mujeres afganas necesitan una plataforma para hablar por sí mismas. Cuando el regreso de los talibanes acecha en Afganistán, la supervivencia de Rukhshana Media depende del aporte de los lectores. Para seguir haciendo periodismo en el próximo año, intentan recaudar 20.000 dólares. Si puede ayudar, vaya a esta página de financiamiento colectivo.

https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/mujeres-solas-divorciadas-temen-ahora-talibanes-no_1_8221599.html

Soportamos una monarquía sucia por culpa de la lavadora. Domingo Sanz

ramos cuatro cerca del mar el viernes 6 de agosto por la tarde hablando de la Monarquía, aunque las portadas estaban llenas de Messi, Laporta y sus rupturas. Pero no todos los días se cumple el primer aniversario de la fuga de un rey del que muchas personas, sepan o no de futbol, piensan que ha robado mucho.

La justicia española va más lenta que nunca porque sabe que mientras viva no podrá declararlo inocente ni culpable, y después a olvidarlo. No obstante, necesita guardar las apariencias y contribuye a que se multipliquen los millones de “mal pensados” que, una vez más, aciertan, confirmando el valor de la sabiduría popular. Y más si se trata de un rey de España.

La inviolabilidad constitucional está ensuciando el corazón de la sociedad y, quienes deberían suprimirla, manteniéndola porque les conviene.

Mientras tanto, en Europa se hunde la reputación de un pueblo que se deja despreciar por sus reyes, hijo y padre, y por sus representantes elegidos en las urnas, colaboradores necesarios de tanto engaño.

Seguimos los cuatro, bien sentados y a la sombra. Alguien dice que Felipe VI terminará abdicando el día que le abrase alguna de las chispas que desprende cada día el incendio de su padre, a pesar del cortafuegos que, para defenderlo, han construido todos los poderes del Estado, incluido el “cuarto”.

Como si desde la “nube” nos hubieran escuchado, acto seguido recibo en el móvil esta portada: “’The Telegraph’ también incluye al rey Felipe en la red de comisiones millonarias saudíes”.

Era la del sábado 14 de marzo de 2020 y al día siguiente, seguro que esto usted sí lo recordará, Felipe VI emitió su famoso comunicado, del que se dijo que había aprovechado el shock del Estado de Alarma para que no se convirtiera en la noticia del día. Yo tampoco recordaba los del Telegraph.

Un comunicado Real que comenzaba con una doble mentira:

«Ante las informaciones referidas a S.M. el Rey Don Juan Carlos, aparecidas hasta la fecha en distintos medios de comunicación, la Casa de S.M. el Rey quiere hacer constar:”.  

En realidad, lo que provocó ese comunicado no fueron las “informaciones referidas a Juan Carlos I”, pues esas habían estallado cuando lo del elefante en 2012 y en absoluto llenaban las portadas en 2020. El comunicado responde a la noticia del rotativo inglés acusando a Felipe VI de lucrarse como su padre.

Al menos tres detalles del comunicado de Felipe VI lo demuestran.

·         Su texto, de casi 900 palabras, solo pretende exculpar a Felipe VI de la acusación publicada en UK.

·         También incluye el imposible legal, denunciado por varios expertos, de la renuncia por parte de Felipe VI a una parte de la herencia sin que su padre haya fallecido.

·         Y también confirma que, al menos desde marzo de 2019, Felipe VI conocía las irregularidades de su padre.

La urgencia por emitir el comunicado en menos de 24 horas a partir de la “bomba Telegraph” podría explicar que un texto asesorado para un rey incluya tantas inconveniencias. Volviendo a pensar mal, cuando se pretende la cuadratura del círculo todo son tropiezos, que se multiplican si te sabes tan inviolable que podrías cometer cualquier delito sin recibir castigo.

Regresamos los cuatro al emérito fugado y comentamos un titular del miércoles en Infolibre: “El fiscal suizo imputa al presidente del banco Mirabaud por no alertar de los 65 millones relacionados con el rey emérito”.

Entonces reparamos en el capítulo 14 de “El rey al desnudo”, de Ekaizer, aún fresco en la memoria, donde se reproducen textualmente las declaraciones que el 9 de octubre de 2018 prestaron Arturo Fasana, Dante Canonica y Luc Thévenoz, este último en representación del banco Mirabaud & Cie SA ante el mismo fiscal Yves Bertossa, de Suiza, quien pasará a la historia por sacar a la luz y perseguir algo que en España nadie se hubiera atrevido jamás.

La sensación de crisis es total cuando lees en un libro de papel actuaciones judiciales que han tenido lugar hace casi tres años y te tropiezas en la prensa del día con las decisiones derivadas de aquellas actuaciones.

Pensábamos que cambiaríamos de tema cuando nos pusimos a hablar de un Tribunal Constitucional que está de moda por sentenciar, en menos de lo que dura un embarazo y por 1 voto de diferencia, contra el Gobierno y el Congreso a cuenta del Estado de Alarma declarado en marzo de 2020. Mientras, ese mismo Tribunal tiene pendientes recursos sobre leyes como la del aborto (11 años) o la prisión permanente revisable (5 años).

Y dentro de poco alguien presentaré recurso contra la de Memoria Democrática. ¡¡Cuánto peligro este TC para las víctimas del franquismo!!

Llegados a ese punto comentábamos que el Gobierno, si quiere, puede conseguir la mayoría necesaria de 176 escaños para modificar el artículo 90.1 de la LOTC 2/1979, de tal manera que al TC se le exija unanimidad de sus doce miembros en las sentencias que pretendan declarar inconstitucional cualquier ley aprobada en el Congreso o en los Parlamentos autonómicos. Qué menos, para conciliar la separación de poderes con el respeto al sufragio universal desde un poder que no nace directamente de las urnas, sin las cuales no hay libertades ni democracias.

Vale, pero lo más gracioso es que la suciedad de la monarquía rompió también ese debate, esta vez desde una exclusiva de “Público” del día 4.

“Juan Carlos I intercedió con el Constitucional para librar a ‘Los Albertos’ de prisión el año que recibió 100 millones en una cuenta opaca”.

Eso decía la portada, que corresponde a la cuarta entrega de la serie “El verdadero origen de la fortuna del rey emérito” en la que, a modo de resumen, se afirmaba que “La caída en desgracia de Juan Carlos I se fraguó en 2008, justo cuando todos sus negocios con ‘Los Albertos’ parecían haber llegado a buen puerto, porque las operaciones que efectuaron ese año acabaron por activar las investigaciones de la Audiencia Nacional sobre el bróker suizo Fasana y condujeron a la cuenta ‘Soleado’.”

Nos despedimos de la tarde habladora siendo ya, casi, de noche, y de regreso a casa, conduciendo, pensaba en los nombres de tantas corrupciones políticas que han nacido y engordado durante los últimos 40 años.

Son cuatro décadas que han coincidido con la corrupción que, desde antes de la muerte del dictador, ha sido el oro de cada día para la monarquía española, restaurada en 1947. Lo certifican informaciones que van apareciendo a pesar de esa ley franquista de Secretos Oficiales que ningún gobierno quiere romper.

¿Qué traumas y confusiones dominan el inconsciente colectivo de la sociedad española para que sea incapaz de limpiar tanta suciedad?

El franquismo tuvo tanta suerte como criminal fue su trayectoria. No solo le perdonaron la vida los vencedores de la Segunda Guerra Mundial tras derrotar a los nazis y al resto de sus aliados, sino que, años después, coincidió con la etapa de expansión de la Sociedad de Consumo, un fenómeno del que ningún país europeo podía quedar al margen.

Fue en 1966, nueve años antes de aquella muerte, cuando Balay lanzó la primera lavadora automática en España y en millones de mentes, que solo querían pensar en clave NO-DO por si acaso, quedó grabada una vinculación necesaria entre la voluntad del dictador y un invento tan liberador.

La voluntad de un dictador que, por la gracia de dios, un año creaba lavadoras y tres después elegía a Juan Carlos de Borbón para que reinara España. Unas lavadoras que fueron la coartada para que la suciedad que nunca podrán lavar siga produciendo, solo para los elegidos, pingües y oscuros beneficios.

Derecho a Morir denuncia problemas en muchas comunidades para aplicar la eutanasia

avier Velasco, presidente de la asociación, enfatiza que “la situación es caótica y penosa” por la lentitud de las tramitaciones, la falta de información a los profesionales o la imposibilidad de acceder a los documentos para demandar la ayuda.

La ley que despenaliza la eutanasia entró en vigor hace algo más de un mes, pero “la situación es caótica y penosa” y las entre 70 y 100 personas que han solicitado o intentan pedir ayuda para morir en España se están encontrando con dificultades “sangrantes”, según el presidente de Derecho a Morir DignamenteJavier Velasco.

En una entrevista con Efe, Velasco apunta a la lentitud de algunas comunidades autónomas que ni siquiera han puesto en marcha las comisiones encargadas de evaluar las solicitud, a la falta de información de los médicos, la imposibilidad de acceder a los documentos necesarios para demandar esta ayuda e incluso el impacto del periodo vacacional en los centros sanitarios.”Son muy pocas las solicitudes; calcualmos que son entre 70 y 100 las que se encuentra en trámite de presentarse”

“Aunque toda ley cuesta ponerla en práctica, las comunidades autónomas tenían que haberlo previsto. Son muy pocas las solicitudes; calculamos, por los datos que tenemos, que son entre 70 y 100 las que se encuentra en trámite de presentarse”, apunta el responsable de una asociación que luchó durante décadas por la legalización de la ayuda a morir en España.

A su juicio, dilatar la espera “tremendamente injusto e inhumano porque las personas que solicitan ayuda para morir están viviendo situaciones de extremo sufrimiento”. “Es verdad que son muy pocos los casos, pero eso hace más sangrante que muchos se enfrenten a dificultades incluso para encontrar la solicitud de su derecho a morir”, continúa.

Problemas para ejecutar la ley

Cuarenta días después de la entrada en vigor de la ley de la eutanasia, sólo se ha conocido el caso de una mujer de 86 años que ha recibido ayuda para morir en el País Vasco, un caso que se realizó en menos de un mes y por el que Velasco da la enhorabuena a la administración de Euskadi, por su agilidad, prontitud y buen hacer. Sin embargo, el ejemplo vasco no cunde, asegura el presidente de Derecho a Morir Dignamente, quien lamenta la lentitud de las administraciones autonómicas a la hora de poner en marcha los mecanismos necesarios para poder hacer efectivo este derecho, incluido en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud.Hay un déficit de información por parte de las administraciones sanitarias autonómicas a los profesionales

Para empezar, según sus datos, Asturias, La Rioja, Andalucía y Navarra aún no han constituido sus comisiones de garantía y evaluación, que han de estar compuestas por personal médico, de enfermería y juristas y que son las responsables en última instancia de autorizar cada proceso de eutanasia. Además, continúa, hay un déficit de información por parte de las administraciones sanitarias autonómicas a los profesionales, con comunidades que aún no han colgado en sus páginas web los documentos necesarios para solicitar la ayuda a morir -Andalucía, Cantabria, Castilla-La Mancha, La Rioja y la Comunitat Valenciana-.Muchos profesionales dicen no saber nada de la ley, por tanto no se tramita. A eso se suma los objetores de conciencia

Los problemas más comunes que se están encontrando los solicitantes de la eutanasia es que muchos profesionales les dicen no saber nada de la ley y por tanto no recogen la solicitud ni la trasladan a su superior, a los que hay que sumar los objetores de conciencia. “Lo que debería hacer el médico es recibir la solicitud; comunicarle al solicitante que él no va a hacerlo, pero trasladársela a su superior. (…) Conocemos casos de personas que han tenido que hacer tres intentos diferentes con distintos profesionales sanitarios. En otros casos se ha aducido que el superior no está disponible porque es periodo vacacional y faltan muchos profesionales o por la presión de la quinta ola de covid”, asevera.

Velasco incide en que las cosas deben normalizarse, en que hay que aceptar que la muerte es algo que todos han de vivir: “Aceptar que hay personas que quieren que se las ayude a morir y si cumplen los requisitos, hay que hacerlo sin más, que para eso están las leyes”, subraya.El paciente podría recibir la eutanasia unas cinco semanas después de solicitarla

La ley de la eutanasia establece que pueden solicitar ayuda para morir personas mayores de edad con una enfermedad grave e incurable y que padezcan un sufrimiento “constante e intolerable”. Si se cumplen los plazos fijados en la norma, el paciente podría recibir la eutanasia unas cinco semanas después de solicitarla, tras ser informado de las distintas alternativas y de los cuidados paliativos disponibles y después de confirmar su voluntad de morir al menos en cuatro ocasiones a lo largo de todo el proceso.