Concentración por una “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

Desde la PAH una vez conocida la intención del Gobierno de la presentación inminente de una Ley de Vivienda Estatal, se hizo un llamamiento a la sociedad civil, sindicatos, organizaciones del tercer sector y distintos colectivos, a la que han dado respuesta más de 50 de ellos de muchas partes del Estado a la cual también se ha sumado el Colectivo Republicano Antonio Machado. Todo ello ha dado como resultado la elaboración de la “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

Esta Iniciativa ha elaborado un manifiesto conjuntamente que presentaremos en Segovia el próximo día 3 de Marzo, a las 11:00h en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento.

#IniciativaLeyVivienda

Se te acabaron los cuentos, Sherezade. Aníbal Malvar

QUÉ FUE DE "EL CAMPECHANO"? | El Cadenazo

Los periódicos son librillos de historia escritos sin tiempo para pensar. O deberían. Si por La Razón fuera, dentro de unos siglos los estudiantes de Historia de España se estarán devanando el cacumen para analizar las razones por las que Pablo Iglesias exige capacidad de veto (sic) en la conformación del Consejo General del Poder Judicial. Y dejando de lado un acontecimiento secundario sobre no sé qué millones despistados de un tal Juan Carlos I, ese rey del que usted me habla, pues solo alcanza rango de segunda noticia en el diario que dirige desde las teles Francisco Marhuenda.

El Mundo también lo había planificado así, pues en su primera edición la portada nos destacaba que “Casado rompe con Sánchez para evitar las imposiciones de Iglesias”, y solo en el faldón informaba de que “Juan Carlos I regulariza solo cinco de 12 años de viajes en jet privado”. Se corrigió a tiempo Francisco Rosell en segunda edición, pues aquí ya sí nuestro emérito alcanza el cartel de prima donna en las noticias del día.

Los periódicos son librillos de historia escritos sin tiempo para pensar. O deberían. Si por La Razón fuera, dentro de unos siglos los estudiantes de Historia de España se estarán devanando el cacumen para analizar las razones por las que Pablo Iglesias exige capacidad de veto (sic) en la conformación del Consejo General del Poder Judicial. Y dejando de lado un acontecimiento secundario sobre no sé qué millones despistados de un tal Juan Carlos I, ese rey del que usted me habla, pues solo alcanza rango de segunda noticia en el diario que dirige desde las teles Francisco Marhuenda.

El Mundo también lo había planificado así, pues en su primera edición la portada nos destacaba que “Casado rompe con Sánchez para evitar las imposiciones de Iglesias”, y solo en el faldón informaba de que “Juan Carlos I regulariza solo cinco de 12 años de viajes en jet privado”. Se corrigió a tiempo Francisco Rosell en segunda edición, pues aquí ya sí nuestro emérito alcanza el cartel de prima donna en las noticias del día.

El daño reputacional que todas estas revelaciones están haciendo a la prensa española es irreversible. Y no es que los periodistas gozáramos de gran prestigio antes del borbonazo. Pero hoy ya podemos ser tildados sin aspaviento de colectivo incapaz o mentiroso, a elección del consumidor.

Poca credibilidad le queda al sector monárquico de la profesión para convencernos ahora de la honestidad del heredero, un Felipe VI que se encuentra en la misma tesitura que sus panegiristas. Si no sabía nada de las andanzas peseteras de su papi, teniendo a sus pies uno de los más loados servicios de inteligencia del planeta, poco margen le queda para convencernos de que está capacitado para asumir la jefatura del Estado.

En la otra cara de la moneda opaca, no olvidemos que Felipe VI era beneficiario de una de esas herencias turbias, al menos. La off shore Lucum, cuya existencia, como sabéis, hubo de ser desvelada por un diario británico, The Telegraph. Siempre la pérfida Albión.

Cuesta creer que tampoco supiera nada el nuevo monarca de esas tarjetas black que sus hermanas y sobrinos manejaban con soltura por los cortes ingleses de Madrid, a dos tiros de piedra de los espías de Zarzuela. Sobre todo con los antecedentes familiares que ya había sufrido en carnes propias. Desde que estallara el caso Urdangarin, nuestro rubio ex príncipe tenía el deber de vivir con la mosca detrás de la oreja.

Se le han terminado las historias a Sherezade. Hemos nacido, hemos crecido y moriremos en una monarquía parlamentaria corrupta. Y así deberíamos hacerlo constar, incluso con orgullo, en nuestra sacrosanta e inmarcesible Constitución. Y, si queréis estar informados, idos a vivir a Inglaterra, que es lo que tiene que concluir un buen patriota en estos casos.

https://blogs.publico.es/repartidor/2021/02/27/se-te-acabaron-los-cuentos-sherezade/

Jaime del Burgo Torres, de Jefe de Requetés a censor franquista. Víctor Moreno

del burgo

Jaime del Burgo (1912-2005) era hijo de Eusebio del Burgo Pascual y Paula Torres Jacoisti, naturales de Pamplona. En los años 20, el padre fue emigrante en México, curtiéndose como militante católico participando en las filas de los “cristeros”, donde la ciudadanía, acuciada por la obispada mexicana, se opuso a las reformas laicas de la Constitución impulsada por el presidente Calles, a finales de los años veinte (1926-1929).

Eusebio del Burgo regresó a España en 1930. Su hijo estudió Perito Mercantil en la Escuela de Comercio de Pamplona. Sería al final de la guerra cuando obtuvo el título de profesor mercantil en Bilbao. Casó con Mercedes Tajadura Goñi el 12 de febrero de 1939, con quien tuvo tres hijos. Uno de ellos, Jaime Ignacio, presidente de la Diputación Foral de Navarra (1979-1980 y 1984).

Este artículo responde al hecho de que uno de sus nieto, Arturo, hijo de Jaime Ignacio, presentó una querella contra el historiador Fernando Mikelarena por considerar que este había injuriado al abuelo. Para que los lectores de Nuevatribuna conozcan cuáles eran las ideas y los hechos que adornaron la vida del supuesto agraviado Jaime del Burgo Torres va dirigido este trabajo. Ya es triste constatarlo, pero parece que la única manera de saber de este Del Burgo es gracias a las querellas entabladas por su hijo y, ahora su nieto, contra historiadores y pintores. Y siempre exigiendo respeto al honor del paterfamilias. Se diría que esa es la única manera que tienen sus herederos de volver a la palestra a quien fuera jefe de requetés de Navarra y gran censor cultural, que no “caballero andante de la cultura”, como pretenciosamente se le quiso reivindicar en tiempos pasados.

Lo primero que me gustaría advertir es que nunca se comprenderá que los nietos y los hijos salgan a la palestra a defender el honor de sus antepasados negando la épica en la que estos se basaron para construir su currículo y del cual se sentían la mar de orgullosos.

Pocos gerifaltes del fascismo y del franquismo lamentaron sus hechos, bárbaros, crueles, incluso criminales, mientras vivieron; al contrario, no solo se pavonearon de ellos, sino que, para escarnio de sus víctimas, los utilizaron para ocupar cargos y sinecuras a los que nunca hubieron accedido sin esa catarata de enormidades que una ética de andar por casa jamás les habría consentido. Ni en tiempos de guerra, ni de bonanza. Dar golpes de Estado o alentarlos para cambiar un gobierno, legítimo y democrático, solo es propio de fascistas o de militaristas africanistas.

De ahí que el silencio de los hijos y de los nietos debería ser una obligación moral que ninguno de ellos debería traspasar. Pues lo más habitual en estos casos es que el muerto se revuelva en su tumba y grite desaforado: “¿Por qué no me dejáis en paz?”.

¿Ningún reconocimiento público?

Hace unos años, un cargo institucional navarro se preguntaba por qué siendo este Jaime del Burgo “uno de los hombres que más han contribuido a la historia de Navarra”, no ha recibido como historiador, novelista, dramaturgo y poeta, ningún reconocimiento público.

A lo que podría aducirse una explicación muy sencilla.

Políticamente, el citado Jaime del Burgo es una figura que produce cierta repugnancia. Habría que verificar si esta afección le corresponde por méritos propios o solo es consecuencia de los prejuicios ideológicos que él se creó a lo largo de los tiempos con relación a su hosca figura y a la que habría que la general antipatía añadida por la trayectoria política del hijo, Jaime Ignacio, recientemente coronada por su relación con el caso Bárcenas, que era ya lo que le faltaba a la familia.

Literariamente. Entiendo que su obra -novelas, dramas y poesía-, no aporta ninguna originalidad estética. Sus novelas son una instrumentación política de la literatura a la causa carlista, cuyos personajes habituales son de una pieza, de cartón piedra o como pedazo tosco de hormigón, es decir, sin matices y sin variedad en el frente. Carlistas de muy buen corazón, llenos de fe y comprometidos hasta la muerte con Dios, la Patria, los Fueros y su Rey Carlos VII. Con su pan se lo coman. Se les ve demasiado el requeté.

Históricamente, en su libro Historia de NavarraLa lucha por la libertad (1978), del Burgo se tomará la licencia de criticar a los nuevos historiadores porque, según dice, su metodología “desemboca en la utilización de la historia como instrumento de propaganda política, tan en boga hoy en día en la España de las autonomías”, aquella “charlotada de país”, que decía Aznar.

Tiene ironía la admonición. Como si la historia escrita por del Burgo no estuviera atravesada por su sumisión al legado carlista del que es incapaz de salir. Nadie está obligado a dar una versión objetiva de la historia, porque eso es desiderátum imposible, pero, al menos, convendría no presumir de lo que se carece. Acusar de la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, es mucho más que presbicia o anteojera histórica. Del Burgo se vio radicalmente incapacitado, no para contar la verdad de los carlistas, que lo hace muy bien, sino la otra verdad, la que pertenecía a quienes tenían otra idea de la vida, de la justicia, de la sociedad, de la economía, incluso, de la religión. Del Burgo nunca toleró la existencia de los rojos; decir que los respetó, sería un sarcasmo.

El mismo, en una de sus pocas confesiones con las que podríamos estar de acuerdo, reconocería en unos versos (o lo que fueran), recogido en su poemario En Pos… que “el joven poeta sabe que su vida discurre a contracorriente y por ello sufre al verse colocado / en un siglo distinto del dorado siglo de poesía y de aventura”. En efecto. Del Burgo se equivocó de siglo. Hubiera disfrutado mucho más como subalterno de Zumalacárregui llevándole el zacuto de comer.

En Conspiración y guerra civil (1970), una vez que el hombre le va viendo las orejas al lobo, aboga por “aprobar la asignatura de la historia y no abrir viejas heridas casi cicatrizadas”. Patética estampa. Que lo diga un individuo que se pasó media vida alentando a sus requetés para abrir heridas en las venas de más de 3000 familias navarras, suena a sarcasmo. Como se dice en plan coloquial: “A buenas horas, mangas verdes”. ¡Heridas casi cicatrizadas! ¿La de quiénes? Es muy fácil apelar a esta cauterización, exigiendo olvidar las mamarrachadas que uno hizo en vida. A fin y al cabo, del Burgo fue del club de los verdugos y empatizar con las víctimas nunca se le dio bien, de hecho no lo hizo públicamente mientras vivió.  Diré de pasada, y como puede apreciarse, el autor dedicó uno de estos ejemplares a Sixto de Borbón de Parma.

Al contrario, en una entrevista que aparecida en el extinto periódico Navarra Hoy, el 18 de mayo de 1986, no mostraba ningún arrepentimiento al respecto. Todo lo contrario, seguía culpando a la República de lo sucedido.

Tanto él como su hijo Jaime Ignacio jamás tuvieron ese gesto de presentar una disculpa a la sociedad navarra por su innegable responsabilidad al apoyar la preparación del Golpe en Navarra y, en especial, por las matanzas que luego se sucedieron en los comienzos de la contienda debido a sus bélicos discursos alentando la matanza de rojos como si fueran garrapatas.

En este sentido, no parece que, por este lado, del Burgo padre se mereciese un reconocimiento. Más bien, lo contrario.

En cuanto a la desafección de la ciudadanía de Navarra durante la transacción democrática, es bastante lógica. Del Burgo, ni a título póstumo, ni con carácter retroactivo, es una figura compatible con la democracia, contra la que él, no solo motejó e insultó, sino que persiguió con armas y pertrechos. Como buen carlista fanático, jamás estuvo a favor de la democracia, ni del sufragio universal.

El problema no está en que del Burgo sea bueno o mal historiador. Nadie podrá negar su dedicación a la investigación histórica con entusiasmo y su aportación al destape de cantidad de hechos desconocidos de figuras carlistas, de algunos de ellos delatando su propia barbarie y revolviéndose de gusto en ella. No. El problema está en que su ideología a lo largo de la vida fue siempre la misma ideología que alimentó el golpismo y la misma ideología con la que accedió a las balaustradas del poder, pues sin ellas no hubiera sido nada. A lo sumo, un oscuro profesor mercantil en una ciudad de provincias.

Reconocimientos públicos

Sin duda alguna, la sociedad navarra, la que empezó a ver los primeros frutos de la democracia a partir de 1978, jamás le tributó un homenaje aunque algunos lo pretendieran presentando su candidatura como Premio Príncipe de Viana. No cayó esa breva. Hubiera sido un baldón ignominioso contra las víctimas de la guerra civil, por mucha aportación a la historia de Navarra que tenga en su haber el nominado.

Conviene recordar que, desde 1939 hasta bien entrados los años 80, fue uno de los personajes que más cargos institucionales acumuló durante ese tiempo, accediendo a ellos manu militari.

Veamos.

– Fue Consejero Permanente de la Institución Príncipe de VianaDirector de la Biblioteca General de Navarra, 1939-1982;

-Teniente-alcalde del Ayuntamiento de Pamplona de octubre de 1942 a diciembre de 1944;

– Delegado provincial de Comunicaciones y Transportes (Marzo de 1943);

– Ocupó la Vicesecretaría de Educación Popular de Falange Española Tradicionalista y del las JONS (agosto de 1943):

– Consejero Nacional del Movimiento Vicepresidente del Real Consejo del Reino de Navarra de la Comunión Católico-Monárquica (carloctavista) (agosto de 1945);

– Delegado Provincial del Ministerio de Información y Turismo (1950-1964);

-Director de Turismo, Bibliotecas y Cultura Popular de la Diputación Foral de Navarra (1964-1982);

– Académico de la Real Academia de la Historia;

– Procurador en Cortes (1958-1964):

– Premio Nacional de Literatura (1967)

Y pudo haber sido ser gobernador civil de Lérida y de Lugo, pero rechazó la oferta.

Desde luego, no conozco ninguna figura pública navarra que obtuviera tantos cargos a lo largo de su vida.

Y por hacer y decir, ¿qué?

Es una evidencia que su importancia ha ido menguando y, si no fuera por “ciertos hechos” protagonizados por su hijo y, ahora, por su nieto, ya nadie se acordaría de él. ¿Leerlo? Sigue siendo una fuente para conocer la deriva de cierto carlismo. Pero sigue siendo un personaje escapado de la tercera guerra carlista de 1872 o, lo que es lo mismo, de un incendio incontrolable.

Atribuir a prejuicios ideológicos y políticos la causa de su olvido es una de las explicaciones a las que se recurre, pues, como es habitual, las izquierdas no leen a las derechas, ni las derechas a las izquierdas. Lo que interesa en este caso es comprobar si los prejuicios ideológicos que se sienten hacia del Burgo son consistentes o no. 

Para saberlo, sería necesario conocer sus hechos, que él caracterizaba como épicos y sus dichos/ideas, que tenía como la biblia del requeté

Hagamos esta aproximación. Para ello, distinguiré dos momentos: los hechos y dichos ubicados en el contexto de la República y la guerra; y los que tuvieron lugar una vez que se acomodó en las poltronas que le fue ofreciendo el régimen franquista.

Los más condescendientes con su figura pretenden salvar el honor de del Burgo  diciendo que fue “un joven comprometido de manera coherente con la causa carlista”. Y, claro, ser coherente debe ser algo formidable para pasar a la historia. ¿Acaso no lo eran, también, los socialistas contra los que él luchó a degüello? Seamos serios. La coherencia no nos salva de ser unos desalmados, sobre todo, si se es coherente con una mierda de pensamiento fascista. Ser coherente no es garantía de nada. De hecho, ¿a dónde le condujo a del Burgo ser coherente con el carlismo? ¿A que más de las tres cuartas partes de Navarra lo odiase o, nada más escuchar su nombre, a escupir sobre sus significantes?

Hitler, Franco, Mussolini y Stalin, también, fueron coherentes. Y así pasó. Así que intentemos ser un poco más precisos y preguntemos: ¿Con qué fue coherente del Burgo? ¿Con su pensamiento?

Entonces, veamos algunas de las ideas con las que fue coherente y deduzca el lector sus conclusiones.

Durante la II República

Desde 1930, ya era presidente la A.E.T. La a.e.t. era una organización que, según sus palabras, “además de recoger a la masa estudiantil carlista, encubría, bajo la denominación de socios protectores, a la mayor parte de los requetés de Pamplona, que bajo la bandera de la AET organizaban sus excursiones militares”. En este órgano de expresión, siempre escrito a.e.et., se pueden entresacar algunos de sus más piadosos pensamiento, que, con el tiempo, serían, ¡cómo no!, fruto de la fogosidad juvenil. Son fragmentos pertenecientes a artículos que también los publicaría en El Pensamiento Navarro.

a) “Cuando se crucifica la vida en esa cruz odiosa que engendran las dictaduras prolongadas de todos matices, es entonces cuando el espíritu de la gente joven debe ser un oleaje de pensamiento y de sangre, que venga a barrer de una manera definitiva, la causa del mal, desde sus más hondas raigambres” (artículo de Del Burgo, presentado como Presidente de la AET de Pamplona  en el número 1 de a.e.t. se publicaba el 26 de enero de 1934)

b) «¡Pamploneses, ciudadanos todos! ¡Ha llegado el momento de obrar por nuestra cuenta! Que la Justicia en España está hoy en contra del Bien. Los infortunados Lorca y Oricain es posible que no sean las últimas víctimas del odio de clase que se alimenta en las Casas del Pueblo. Quizá alguno de nosotros caiga también en el proceso de esta lucha. Pero seamos hombres, y sepamos vengar al caído, aunque sea haciendo poner por todo un año a los socialistas crespones de luto en sus centros. Porque contra esos, cualquier procedimiento es bueno: la bomba, el puñal y el incendio. A los parásitos se les destruye y se queman sus restos» (Jaime del Burgo en el número 13 de la revista a.e.t. de 20 de abril).

c) “Pudimos convencernos [de] que ha llegado el momento de actuar […]. Ha llegado un periodo de caza del hombre por el hombre, y en este deporte singular, preferible es ser cazador que cazado. Para eso, no hay que asustarse de nada. Ni de las amenazas de los indeseables, ni de las represalias de la autoridad, pues nunca nos cansaremos de repetir, que la persecución enaltece y honra cuando viene de ese lado. Mucha prudencia para no ser muertos por la espalda, y decisión en la lucha frente a frente. Pero siempre utilizando las mismas armas que el enemigo. El 1º de Mayo pasado debe servirnos de lección, para comprender que está empeñado un juego muy peligroso que debemos ganar» (Jaime del Burgo en el número 15 de a.e.t. de 4 de mayo de 1934).

Y de este modo podríamos seguir, si no hasta el infinito, sí hasta aburrir al más paciente de los lectores.

Hechos

Los méritos militantes adquiridos por del Burgo los comenzó a pulir durante la II República, donde no hubo día que no conspirase contra ella. En su libro autobiográfico, admite que ya en la primavera de 1931manejaba un buen arsenal de armas haciendo puntería para cuando llegase la hora.

El domingo del 17 de abril de 1932, la prensa lo contempla como protagonista principal en los incidentes de una lucha callejera, que terminarían en un tiroteo donde murieron dos ugetistas y un jaimista, además de ser heridas gravemente tres personas. Y ojo al dato, porque del Burgo cuenta tan sólo con 19 años.

Sería procesado y encarcelado durante nueve meses por su participación la primera estructura paramilitar de los Decurias, denominadas las Decurias, en 1932 y 1933.

Queda patente su participación más que notable como dirigente requeté en maniobras militares en los montes de Maquirriain, Ezcabarte, Mendillorri, Sierra Andía, Izaga y Urbasa, desde 1934 a 1936. En el libro Requetés… se hará constancia de estas actividades incluyendo fotografías, como la que se reproduce, en la que aparece del Burgo y Miguel Ángel Astiz, otro requeté de pro.

El 20 de julio de 1934, junto con otros requetés viajará a Italia, donde recibieron instrucción militar en julio y agosto en un campamento cercano a Roma por parte de militares del régimen fascista de Mussolini. Aunque en el futuro más inmediato se negará este hecho lo cierto es que el propio del Burgo, quien, ciertamente, no tenía pelos en las encías a la hora de contar sus bravuconadas de esta época de su vida, jamás lo desmentiría. Esto es lo bueno para un historiador: encontrarse con alguien que, a pesar de perpetrar las mayores perrerías, nunca las negaría. Lo tenía a gala.

Su libro Requetés en Navarra antes del Alzamiento, que, ya de entrada asombra por estar dedicado a un lunático, como lo fue el Excmo. Sr. General Millán Astray, pero no a Franco o a Mola, que era entonces lo preceptivo, es, cuando menos, insólito. Dado que el libro se publicó en 1939,  su autor no tendrá ningún escrúpulo en describir  el espíritu destructivo que le inspira contra la II República. Contará cómo durante los años 1935 a 1936, se impartieron clases de “formación militar” a los sargentos del Requeté, el grupo paramilitar carlista, así como a los oficiales, los martes, jueves y sábados de diez y media a doce de la noche en el Círculo Carlista para estar preparados para cuando llegase el momento de dar el golpe contra la II República 

Se trata del manual de un terrorista en el plano ideológico. Para completarlo del todo, le hubiese venido bien un apéndice dedicado a cómo construir bombas de mano.

En el mismo libro, aparece su firma como jefe del requeté de Pamplona dando órdenes para la toma militar de Pamplona por el Requeté, el 16 de febrero de 1936, día de las elecciones.

En enero de 1936, será nombrado jefe máximo del Requeté de Pamplona como  Adelantado del Requeté y ascendido en febrero del mismo año a Capitán, rango solamente compartido con Mario Ozcoidi.

En una Circular fechada el 7 de marzo de 1936, firmada como jefe del Requeté de Pamplona, dirá: “Si nuestros cuadros están perfectamente nutridos, atentos a las decisiones del Mando y dispuestos a cumplirlas con temeridad y valor, nada habrá que nos detenga, porque caeremos sobre las barricadas de la revolución y barreremos para siempre, con la punta de nuestras bayonetas, la soez raza del marxismo extranjero”. 

Cuando se dé la movilización miliciana del 18 de julio, será uno de los principales dirigentes del requeté navarro que alardeará de tomar Madrid y acabar con la República en cosa de pocos días.

Desde Somosierra, el 4 de agosto de 1936, enviará a El Pensamiento Navarro un escrito firmado como Capitán: “Requetés de Pamplona que yo formé para para este momento: habéis sabido estar a la altura de las circunstancias. En vuestros ojos leo la confianza que en mi pusisteis y que en mi conserváis y me siento pequeño (…). Podremos caer muertos en el campo del honor, pero jamás retroceder cobardemente dejando al enemigo apoderarse de España y destruir lo que más amamos sobre todas las cosas de este mundo: la religión, la Patria y nuestro hogar”.

En el mes de octubre, ostentó el cargo de Jefe de Requetés de Navarra de manera temporal durante unos diez días por designación del jefe de Requetés de Navarra, Esteban Ezcurra, por ausentarse este de Pamplona. La orden de este nombramiento se publicó en Diario de Navarra y El Pensamiento Navarro. Llevaba fecha del 16 de octubre y ya, al día siguiente, del Burgo daba su primera orden como tal jefe.

En efecto. La primera orden de del Burgo fue  referente a la asistencia del Requeté a los funerales de Alfonso Carlos, fechada el 17 de octubre, y otra  sobre la manera obligatoria con la que debían vestir los cargos militares en materia de lencería finaleguis y polainas, acordes con la naturaleza del Requeté, fechada el 24 de octubre. Y otra requisitoria, fechada el 23 de octubre, exigiendo la presencia en la secretaría del Requeté, sita en Escolapios de dos requetés, recordándoles que, “de no hacerlo, se les seguirán los perjuicios consiguientes a su no comparecencia”

Ezcurra reaparecerá firmando una orden, también publicada en El Pensamiento Navarro y Diario de Navarra, el 4 de noviembre de 1936, aunque con formato bien distinto. Mientras que El Pensamiento recalcaba la orden proveniente de la Jefatura de Requetés, Diario se limitaba a incluirla en un anuncio sin realce alguno, lo que ponía en evidencia las suspicacias de Diario con relación a los carlistas. ¿Cómo era posible que una orden dictada por el jefe de requetés de Navarra se tratara como si fuese una gacetilla de andar por casa?

Todo ello confirmaría el hecho importante de que del Burgo, desde el día 17 de octubre hasta el día 3 de noviembre, permaneció en Pamplona ejerciendo dicha jefatura de requetés.

Designado por el Mando para ostentar accidentalmente la Delegación de Requetés del Señorío de Vizcaya, publicará bajo el título “Vizcaínos” en El Pensamiento Navarro el 24 de febrero de 1937, un artículo donde, tras referirse a “barrer el mal desde su más honda raigambre [y de] cuando el esfuerzo consumado haya producido la total regeneración de la Patria”, terminará diciendo que “sobre todas las catástrofes, eternamente triunfará España».

Cuando los socialistas del semanario ¡¡Trabajadores!! lo califiquen de “matón, terrorista e incendiario” (1), del Burgo replicaría que nunca se había sentido tan halagado recibiendo tales muestras de reconocimiento. De hecho, comentaría que “al enterarme de las lindezas que me dedicaba el papelucho de la calle de la Merced no pude por menos de sonreírme compadeciendo a los que se dejan engañar por gentes tan miserables”. 

Su axioma fundamental como requeté era: “Somos intransigentes, porque somos la Verdad”. El detalle es importante. No tenemos la verdad, sino que “somos la verdad”. Como Dios. La verdad y el camino. Amén.

A ello añadía que “la legalidad es buena cuando es la aplicación de la Justicia divina a las leyes humanas”. No extrañará, entonces, que el republicano, el socialista y el ateo solamente existían para ser depurados o fusilados. Por malos. Pero no se deduzca de esta abrupta conclusión que este hombre llamado Jaime del Burgo no fuera sensible a los demás. Para nada. Hasta podía llegar a ser tan respetuoso declarando: “No nos metemos en las creencias individuales, pero, convencidos de la Verdad de nuestra religión, ninguna otra consentiríamos se manifestara públicamente”.

Reconozcámoslo. Era un fascista que, al menos, avisaba.

El cinematógrafo

Baile y cine fueron los dos espacios culturales más importantes durante esta época. Gracias a ellos, la población disfrutaba de algunas horas de esparcimiento en sus vidas. Las autoridades no se fiaban de ninguno de ellos, pues, si no era el demonio quien los había creado, seguro que lo fue un súcubo. Tanto el baile como el cine fueron catalogados como corruptores de las costumbres.

La pauta, cómo no, ya la había marcado la Iglesia. Pío XI en su carta encíclica Vigilanti cura de junio de 1936 ya alertaba sobre la necesidad de velar por la moralidad y la conveniencia de calificar las películas según edades y, por otro lado, valoró el cine como un medio de hacer el bien y transmitir valores cristianos. En seguida, la prensa se hizo eco de la encíclica. Un ejemplo recurrente es el artículo que publicó Diario de Navarra el 3 julio de 1936 comentando en extenso dicha encíclica. (En la imagen: Diario de Navarra, 3.7.1936)

En septiembre de 1957, Pío XII repetiría el discurso en su encíclica Miranda Prorsus, esta vez perorando sobre el cine, la radio y la televisión.

El franquismo fue tiempo de censores e inquisidores. Nadie, ni los más furibundos franquistas, podrá negarlo. Ahí están las hemerotecas y archivos para comprobarlo. Y lo peor no fue la censura en sí sobre libros, cine, radio y demás medios de comunicación. Lo terrible sería el control censorio previo instalado en la sociedad por la moral de guerra establecida militarmente. En ese proceso, la censura interior, la que el propio creador se aplicaba a sí mismo, so pena de sufrir los varapalos de la inquisición franquista, sería la peor herencia que el intelectual se impondría a lo largo de un largo invierno. No era lo peor que te censurasen; muchísimo peor era que tú mismo castrases tu lenguaje.

Existió un “Ilmo. Sr. Director General de Cinematografía y Teatro” quien, con su camarilla de censores, dictaba desde Madrid qué se podía ver y qué no. En cada provincia, existía un largamano de esa dirección que cumplía de forma espartana lo que la Dirección General establecía. En Navarra, la encargada de hacer efectiva esa censura se denominaba Delegación Provincial de Educación Popular.

¿Y saben quién se encontraba al frente de ella? Exacto. Jaime del Burgo Torres.

Paradójicamente, después de haber sido un requeté redomado, no tuvo ningún escrúpulo en subirse al carro del franquismo y convertirse en el conducto principal de la censura de libros -también fue Director General de Bibliotecas de Navarra-, bailes, películas y toda clase de espectáculos y movimientos más o menos cadenciosos.

Era ni más ni menos que el encargado burócrata de administrar la censura de películas, de libros y de espectáculos en la provincia que le ordenaban desde Madrid. Todo un regalo de la santa Inquisición. Hay que reconocer que su labor purgativa fue sobresaliente cum laude. Ningún libro que figuraba en el Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia, tuvo acomodo en las bibliotecas públicas de Navarra. Y aquellos libros censurados y encontrados en casas de republicanos pasaron a engrosar bibliotecas particulares franquistas, y no las llamas del fuego purificador. Vox pópuli dixit.

Las películas que llegaban a los pueblos tenían su correspondiente tarjeta de censura. En ella se especificaba claramente si estaba tolerada para menores de 14 años o lo era para mayores con reparo. Si una película, como ocurrió con Pobre mi madre querida, de Cifesa, llegaba a los salones de cine sin la correspondiente tarjeta, al momento, el sátrapa del Burgo remitía a los dueños del cinematógrafo su particular aviso de que “era para mayores de catorce años”.

El control pretendía ser estricto, riguroso, militar. Cada mes transcurrido, la empresa debía remitir a la Delegación Provincial la programación cinematográfica pasada por el escenario con las observaciones del inspector correspondiente.

Sin embargo, en algún caso, más de uno desde luego, Del Burgo, motu proprio, se quejaría ante la autoridad municipal “de no haber recibido en lo que va de año ningún parte de programación, por lo que rogamos nos indique las causas de esa omisión. Estos partes deberán obrar en nuestro poder antes del día cinco de cada mes.”

A medida que pase el tiempo, en lugar de producirse cierto relajo y distensión en la aplicación de la censura, se hizo mucho más intensiva.

De hecho, en 1951, la Delegación Provincial, acuciada por la de Madrid, envió una circular a los municipios marcando las atribuciones del llamado “Inspector de espectáculos”. Del Burgo, aplicado como era, distribuyó entre los municipios esta orden sin inmutarse lo más mínimo. Las obligaciones de estos inspectores eran las siguientes:

“VIGILARÁ sobre la NO ASISTENCIA DE MENORES a las películas no autorizadas expresamente para ellos. En caso afirmativo deberá levantar acta que suscribirán junto con el Inspector, el delegado de la autoridad y el empresario o gerente de la sala, y remitirla inmediatamente a esta Delegación Provincial de Educación Popular.

COMPROBARÁ si la película viene acompañada de la guía correspondiente; en caso negativo no debe permitirse la proyección de la película en cuestión, como tampoco si el documento no es original y solo fotocopia o copia del mismo, que deberá retirarse y enviar a esta delegación.

COMPROBARÁ igualmente si en la película se han observado o realizado ya los CORTES que vengan reseñados al dorso de la guía correspondiente. No podrá en absoluto el inspector INTRODUCIR nuevos cortes aunque los estimase convenientes.

COMPROBARÁ asimismo si efectivamente la calificación que figura en las Carteleras coincide literalmente con la que figura en la guía de censura, teniendo en cuenta que puede ser distinta de la calificación que se le haya dado por otras entidades no estatales.

Agradeceremos que cualquier duda que pudiera surgir en el desempeño de su misión, la exponga sin dilación para la mayor eficacia de este delicado servicio. Al alcalde Inspector de Espectáculos de la localidad.”

A lo dicho, Del Burgo añadió de su particular cosecha: “La película cuyo número de expediente no venga consignado en la casilla respectiva, se entenderá que se ha proyectado sin él, por lo que se seguirá la responsabilidad que determinan las disposiciones vigentes. Las calificaciones a consignar son las que constan en la misma hoja de censura y no las que adoptan otras entidades no estatales. Los partes deberán obrar inexcusablemente poder antes del día cinco de cada mes. Los partes deberán venir firmados y sellados con el de la Empresa si los tuviere”.

Las intromisiones de la censura y sus ramificaciones serán continuas e irán más allá del marco específicamente cinematográfico. En 1951, la Delegación Provincial remitirá a todos los alcaldes que “a partir de las veinticuatro horas del próximo miércoles 21 hasta las doce horas del Sábado de Gloria queda terminantemente prohibido todo espectáculo teatral y cinematográfico que no tenga por tema la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.” (2)

A esto lo llamaron libertad de expresión y libertad religiosa. Una libertad que se prolongará hasta la muerte del Dictador.

La lista de películas prohibidas fue interminable y su relación ocuparía varias páginas. Los partes de del Burgo nunca daban explicaciones de por qué se prohibían, por lo que no es posible calcular la potencia del pensamiento moral de los censores de esa época. Una pena.

Solo un ejemplo de los miles que se pueden encontrar en cualquier archivo municipal a lo largo de varias décadas. 

Para dar mayor vistosidad a la ciénaga del espanto en que había caído la libertad de expresión durante este tiempo, recordaré el distinto tratamiento que la obra de Luigi Pirandello, Seis personajes en busca de autor, recibiría, no ya en la II República, sino durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).

En 1924, los pamploneses pudieron contemplar su representación en el teatro Gayarre sin ningún contratiempo, ni condena por parte de la censura. Incluso, al pudoroso Diario de Navarra solo se le ocurrió decir que Pirandello, al lado de “nuestro Jacinto Benavente, era autor menor”.

Olvidaba este periódico que en 1905, cuando se estrenó en Pamplona la obra de Benavente, Los malhechores del bien, el periódico se la quitó de encima diciendo que “el único malhechor era el propio Benavente”. Vueltas mareantes que da la vida. Y es que Benavente, en 1936, era un conspicuo franquista.

El 26 de abril de 1951, la censura franquista prohibió que la obra del dramaturgo italiano se viera en los cines de Navarra, como en los de toda España.

Todo lo dicho confirma plenamente lo que Dionisio Ridruejo cuando, al frente de la Dirección General de Propaganda fascista, afirmaba que “el ejército cobraba el poder más decisivo y ejecutivo. La Iglesia se volvía invasora. Todo era insatisfactorio: el Partido era una comparsería; la Jefatura del Estado y el Partido -una en la persona- nada tenían que ver entre sí; 1os sindicatos deberían ser una ficción; el Ejército imponía su poder; la Iglesia tiranizaba la política cultural con criterios calomardianos (3) y proyectaba una autoridad ejecutiva inaceptable sobre la sociedad laica.” (4)

Más claro, agua de manantial.

¿Censor o servil, o ambas cosas?

¿Qué llevó a las personas con un intelecto más o menos desarrollado, el de del Burgo lo era, a aceptar una situación que, incluso, a un conspicuo falangista como Ridruejo, el llamado Mirlo Blanco, le daban arcadas?

Del Burgo sabía muy bien cuál era la respuesta. En su interior seguro que se sentía más que satisfecho cooperando con la censura siguiendo, obedeciendo ciegamente los dictámenes de la superioridad franquista. Nunca interpuso frente a ellos sus propios criterios derivados de su autonomía intelectual y reflexiva, antaño formidable barricada ideológica contra los otros, incluso gentes de la misma camada carlista. ¿Cómo era posible que una persona como él, que presumía de  poseer una indomable voluntad para hacer siempre lo que le dictaba su conciencia carlista, que tenía, incluso, como modelo de comportamiento al indómito Espartaco, aceptara sin rechistar todas y cada una de las órdenes de la censura suscrita por sus superiores, para colmo franquistas o falangistas, nunca carlistas?

Quizás, la respuesta se encuentre en su obra Requetés de Navarra antes del Alzamiento. En ese texto, es posible hallar una explicación a una manera de actuar impropia de alguien que se consideraba tener criterios propios en todos los órdenes de la vida. ¿Cómo él, siendo escritor, novelista y poeta, podía soportar tanta inmundicia represora sobre la actividad intelectual que él tan bien conocía?  

Del Burgo mostrará de un modo repetitivo y con verbo agresivo su odio radical a los tipos que llamaba serviles, y serviles eran, cómo no, los socialistas de Pamplona y los rojos de la II República, porque se dejaban llevar como papanatas que eran por las consignas de sus partidos.     

Ante semejante consideración, uno se pregunta si la tarea que del Burgo realizó como largamano de la censura franquista, tanto en el terreno cinematográfico, teatral y libresco, no era, en esencia y en la forma, una tarea asignada a sujetos serviles, que aceptan sin chistar cada una de las órdenes de sus superiores, en su caso, franquistas. Tendría puñetera gracia que, después de su recorrido vital, lo coronase convirtiéndose en un personaje que era lo más aborrecible y repugnante de este mundo: un hombre servil. Como contrapeso, se dirá que del Burgo estaba conforme con tales órdenes y mandatos que atentaban contra la libertad de expresión. No hay modo de saberlo. Pero si se leen sus reflexiones en torno al hombre servil que vienen a continuación, uno no puede sino aceptar que del Burgo renunció a su libertad, para convertirse en uno de ellos:

 “Con frecuencia hallamos en la sociedad civil seres incapaces o aduladores que en política humillan su testa al dictado de los fuertes y poderosos, y, en el transcurso de las relaciones sociales siguen ciegamente las opiniones y conducta de quienes están en situación de arrojarles un mendrugo de pan o de satisfacer sus ansias inmoderadas de mesa o vanagloria, concediéndoles la deferencia de figurar a su ladoSon los hombres servilesque abdican de dos facultades del individuo la de pensar y la de actuar”.

Una reflexión que remataba con la siguiente estocada mortal:

El hombre servil no piensa por sí mismoobedece todo lo que se le ordena, sin reflexionar si la orden es justa o injusta, y en política es un odioso instrumento de los que dominan, dispuesto siempre a realizar los actos más reprobables con tal de obtener, a la postre, una sonrisa de sus amos. Detesto al servil. Por eso, cuando observo a los que arrastran por tierra su dignidad en un desbordamiento de adulación, en un grado de bajeza espiritual, acude a mi mente, entre muchos, el nombre insigne de Espartaco, de aquel gran espíritu rebelde que floreció en la roma de hace dos mil años”.

Ante lo que no cabe sino aceptar que el hombre sabía muy bien de lo que hablaba y que se conocía muy bien a sí mismo.


(1) ¡¡Trabajadores!!, 23.4.1934.
(2) Circular del Ilmo. Sr. Director General de Cinematografía y Teatro (15.3.1951).
(3) Tadeo Calomarde (1773-1842). Ministro de Gracia y Justica durante la restauración absolutista de Fernando VII. , ministro Según Larra, «Calomarde fue el prototipo del sistema que podríamos llamar de los apagadores políticos, pues que sólo tendía a sofocar la inteligencia, la ciencia, las artes, cuanto constituye la esperanza del género humano. Él cerró las Universidades y abrió en cambio una escuela de tauromaquia, sangrienta burla, insolente sarcasmo político que caracteriza él todo un sistema»
(4) Dionisio Ridruejo, Escrito en España, Buenos Aires, Losada, 1962.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/memoria-jaime-burgo-torres-jefe-requetes-censor-franquista/20210221113727184851.html

Este 23F Pablo Iglesias no debe ser cómplice de tanto secreto – por Domingo Sanz

Franco, 38; Juan Carlos, 49; Felipe, -1 - Reino de Corazones

Este 23F Pablo Iglesias no debe ser cómplice de tanto secreto – por Domingo Sanz, politólogo

Para el 23F de cuarenta años después se ha organizado en el Congreso un evento al que asistirán Felipe VI y otros que ocuparán sus escaños, pero no los de ERC, ni los de Bildu, ni los de Junts, ni los del PdCat, ni los del BNG ni los de la CUP.. Ni los del PNV.

Demostrado que los gobiernos nacidos de las urnas desde 1982 no se han atrevido a abrir la caja que sigue conteniendo nombres y apellidos aún no conocidos, pero sí implicados en los prolegómenos del golpe de Tejero, los que solo miramos la política desde fuera tenemos derecho a pensar que quienes acudan al Congreso a celebrar un misterio no aclarado serán cómplices del delito de mantener oculta a la sociedad una parte decisiva de su historia.

Y como también somos malpensados cuando pensamos en maldades, estamos convencidos que quien algo oculta es porque sabe que, si se desvela, saldrá mal parado.

Pero el tiempo todo lo pudre, lo que se pudre, huele, y lo que huele, se descubre.

Siempre olió mal el 23F, pero incluso Santiago Carrillo esperó a escribir sus memorias para contarnos que en la reunión que los líderes mantuvieron con el rey, hoy huido, tras el golpe de Estado, éste les pidió que la investigación judicial se ciñera a los golpistas conocidos. Para todos aquellos líderes, unos aún acojonados y el resto implicados, el deseo de un borbón borboneando era una orden de obligado cumplimiento. Como hace cientos de años.

Otros no han soltado prenda. Por ejemplo, ese jarrón chino hablador que, por citar uno de sus “éxitos”, no paró de intrigar hasta que consiguió cargarse a Pedro Sánchez en 2016. En cambio, mira por donde, se había negado a colaborar con el Jordi Evole que le buscó para que a su “Operación Palace” no le faltara de nada, aquella ficción sobre el 23F que estrenó en 2014. ¿Tenía miedo Felipe González, con 72 años entonces, a que el ego que siempre le ha llenado la cabeza le traicionara y delante de terceros se le escapara algún secreto de los que aún ocultan él mismo y el gobierno de su enemigo íntimo? Imposible olvidar el encuentro entre Alfonso Armada y Enrique Múgica antes del 23F de 1981. 

También tenemos a José Antonio Zarzalejos concediendo entrevistas para promocionar su libro y a su rey de ahora, pero fracasando hoy mismo ante Marta Nebot, de Público, cuando las preguntas no le gustan, que qué gusto, afirmo, lo de ver como terminan errando hasta los más inteligentes defensores de una Monarquía que nos ha ensuciado la vida.

Hasta lo del “Elefante blanco”, tantas veces mencionado en busca de Armada o el propio Juan Carlos I, se ha caído del pedestal de los enigmas. Antonio J. Candil dice en su libro “23 F. El golpe del rey” que tal paquidermo era, en realidad, el nombre de un bar de citas eróticas al que el capitán Cortina llevaba de incógnito al “salvador de la democracia” cuando aún era príncipe. Se lo he leído a Partal, de Vilaweb.

Mientras el gobierno mantenga la Ley de Secretos oficiales negando a la sociedad su derecho a conocer los momentos más importantes de sí misma, cualquier concesión, como la de contribuir al cinismo de un evento que, si nos atenemos al resultado de lo que conmemora, solo podemos concluir que consiguió lo que los golpistas, todos, estaban buscando: consolidar a su titular en un trono atado y bien atado por el innombrable que lo nombró.

Y, desde una inviolabilidad doblemente blindada, por la Constitución y por su condición de jefe máximo de los Ejércitos, a ese Juan Carlos I no le dio vergüenza lo de intrigar con militares peligrosos, dispuestos a todo y añorantes de la dictadura, contra un Adolfo Suárez que había ganado dos elecciones generales.

Dijo un sabio antiguo que somos esclavos de nuestras palabras, pero sin duda lo somos mucho más de nuestros actos. Y un acto evidente de Iglesias y los suyos es contribuir, con su presencia en el Congreso, a que siga la confusión sobre un golpe de Estado al que nada deben. La continuidad de la dictadura era imposible, y el primero en saberlo era el propio Juan Carlos I por ser rey de todos los potenciales golpistas con el aval definitivo de un dictador asesino.

Eso sí, salvo que él mismo hubiera decidido asumir la doble condición de rey y dictador a través de un general Armada presidiendo un gobierno de concentración.

¿Por qué será que ahora me vienen a la cabeza Alfonso XIII y el general Primo de Rivera?

Quizás era lo que Juan Carlos I tenía previsto, pero la dimisión de Suárez, un mes antes, le rompió los planes. En cualquier caso, me temo que la historia no le habría concedido tanto tiempo como a su abuelo.

Me temo que, a Iglesias, a Garzón y a todos los suyos, tanta complicidad y tan notoria con la ocultación de nuestro pasado inmediato les terminará dañando.

Quizás los de UP deberían mirar la lista de los partidos que este 23F dejarán vacíos sus escaños del Congreso: todos han conseguido más votos en las últimas elecciones. Algunos muchos más, y bastantes se los han “robado” a Unidas Podemos con la justa ley de las urnas en la mano.

Tal como dice el propio Pablo Iglesias, esta democracia deja mucho que desear. Por eso mismo, cualquier acto que pueda ser interpretado, por un electorado contrario a la mala política, como aval de un sistema podrido terminara pasando factura.

Por mucho que estés en el Gobierno, Pablo Iglesias, la libertad de conciencia es causa justa contra vientos, mareas e incluso formalismos y protocolos que parecen obligaciones incluidas con las posiciones de privilegio legalmente conseguidas.

Por cierto, hablando de mantener los principios, no se pierda “Una vida oculta”, la historia de un campesino austriaco durante la Segunda Guerra Mundial que Terrence Malick nos regaló en 2019. Mantener la dignidad sale hoy mucho más barato, y por eso es lógico desconfiar de quien actúa como si la vendiera.

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/23f-pablo-iglesias-debe-ser-complice-tanto-secreto-domingo-sanz/20210223072951109642.html

A Don Manuel Marchena Gómez… (¿o es Gómez Marchena?). Lluís Ignasi Pastrana Icart

Don Manuel, me dirijo a usted con todo el “cariño” del mundo. Sin roces, eso sí, pero con “cariño”, o sea sin miradas de odio, ya me entiende. Y lo digo para que quede claro y no nos confundamos y vayamos a tener algún problema, que ya sabemos cómo las gastan ustedes en la Corte Suprema.

Aunque por deferencia a usted he empezado esta carta en castellano, vaya, en español como dicen ustedes, la lengua de Jesucristo, que de todos es sabido que nació en Chamberí y hablaba en español, aunque no era su lengua materna, porque creo que su madre y su padre eran judíos y hablaban el arameo, continuaré este escrito en mi lengua oficial (art. 3.2 CE) que ya se puede imaginar por mi acento (creo que se me nota incluso cuando escribo) que es el català, mi lengua materna. No así la paterna, pues mi padre era de Écija, “Ciudad del Sol”, “sartén de Andalucía”, “Ciudad de las once Torres” y “Ciudad de los siete niños”, ahí es ná. De eso me viene ese poco de salero y es que, como dice su refrán, “de casta le viene al galgo”.

Pero pensándolo bien, como quizás esta humilde carta se publique también en Madrid, y para que usted no tenga excusa para no leerla, continuaré en versión “castellanoespañol” y solucionamos el problema.

Pues miré Don Manuel, los cuatro meses que duró el “circo” que ustedes montaron en Madrid, ¿recuerda?, me los pasé en la calle Génova, frente al Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, quiero decir el Tribunal Supremo. Desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde cruzando continuamente el semáforo en verde, con un cartel en el que pedíamos que jueces, fiscales y policías se rebelasen contra la injusticia, cosa que, dicho sea de paso, es una extraña reivindicación, porque esta tendría que ser, precisamente, la razón de su trabajo. Por eso, nunca llegué a entender que tantas personas, algunas de ellas con pistola y otras con traje negro, saludadas por policías que se cuadraban cuando pasaban ante ellos, me susurraran al oído, desde “te voy a pegar un tiro en la nuca” (concretamente a este se le veía la pistola o la enseñaba y vestía de paisano), hasta muchos otros que “a grito pelao” hacían referencia a mi madre, la cual, que yo sepa, nunca viajó a Madrid y aún no entiendo cómo la conocía tanta gente, con lo discreta que era.

Y así cada día mientras duró el juicio, con una pausa para comer, durante la cual compartíamos espacio con algunos de ustedes en el “Restaurante Bar Supremo” o en otros bares de los alrededores. Todavía recuerdo aquel “Señores… ¡Viva la República!” que me salió del alma, antes de marcharnos del comedor del “Restaurante Bar Supremo” y lo mal que se lo tomaron “Madre del amor Hermoso”. Pero eso sí, me contestaron con tanto ímpetu con gritos de “Viva España” y “Viva el Rey”, que yo ya me esperaba los de “Viva Franco”, pero no, en honor a la verdad tengo que decir que sus colegas, señor Marchena, se reprimieron.

Durante esos cuatro meses, tuve ocasión de cruzarme repetidamente con el Magistrado Juez de la Audiencia Don Félix Alfonso Guevara, siempre con ese porte, con esa elegancia, con sus trajes de colorines haciéndole la competencia al mismísimo Sala i Martin, y con sus sombreros con la “banderita española”; también me cruzaba con la Abogada del Estado, Doña Rosa María Seoane, con quien mantuve algunas breves conversaciones y con la que, por cierto, aún tengo un café pendiente; en cambio a usted, Don Manuel, no hubo forma de encontrármelo: o era de los que salían por la puerta de atrás, o era de los que pasaban por la otra acera, o tal vez no me fijé bien, porque eso sí que lo tengo, soy muy despistado. Y quizá se preguntará a qué viene todo esto. Pues se lo diré: necesitaba “vaciar el buche”. Quería decirle unas cosillas, y a veces las cosas si no se dicen se enquistan y entonces todo es ya más complicado. Vaya, como el históricamente llamado “problema catalán”, que más bien tendría que llamarse “problema español”, porque tal como dijo Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia en el año 1990 en un discurso en el Parlament de Catalunya “Catalunya es lo que los catalanes quieren que sea”, vaya, que su rey Felipe VI tendría que ir al espacio social okupa y autogestionado “La Ingobernable” a apoyar a Madrileños por el Derecho a Decidir.

A ver, Don Manuel, ¿cree que a estas alturas hay alguna duda de que usted se llama Manuel Marchena Gómez y no Gómez Marchena? Pues hombre, tampoco se cree nadie que haya cantantes y políticos presos, ni políticos fugados, sino que, y usted lo sabe perfectamente, lo que hay son presos políticos y exiliados. “¡Perdón, perdón, perdón!”, fugado sí que hay uno, de sangre azul, pero no sé si el azul de la sangre le viene de familia o de tanta viagra.

Y dejando por un momento el “salero andaluz”, quiero decirle que si se diera el caso, que espero que se dé tarde o temprano, de que en el Estado Español se persiguieran todos los delitos, que la justicia fuera igual para todos y que se imputara por igual a todos los presuntos delincuentes aunque fuesen jueces, fiscales o policías, entonces sí que, probablemente, tendríamos que hablar de jueces, fiscales y policías presos, porque estarían condenados no por su ideología, como en el caso de los presos políticos catalanes a los que ustedes condenaron, sino por haber cometido un delito, como el de prevaricación o el de la omisión del deber de impedir o perseguir delitos (perpetrados por funcionarios de justicia). Y si uno de los condenados por prevaricación, por haber dictado conscientemente una sentencia manifiestamente injusta fuera usted, Don Manuel, y “Dios no lo quiera”, pero quizá todo llegará, usted sí que sería un simple preso común y esto lo digo con todos los respetos por los presos comunes. Y es que esto ya parece “el cuento del Rey desnudo”, quiero decir que, aunque usted y sus colegas del CGPJ quieran vestir muy bien las sentencias, en realidad no es que las vistan mal, es que ustedes y sus sentencias van como decimos en Catalunya “de pèl a pèl“, o sea “de pelo a pelo”, vaya, desnudas dirían ustedes y se les ven todas las vergüenzas. Don Manuel, solo es una opinión personal y ahora no se me ofenda, que son cosas de la democracia y de la libertad de expresión.

Para acabar, me despediría con un ¡Viva la República Catalana!, pero en reconocimiento a mis compañeros republicanos de Madrid y como muy bien dice el recientemente premiado con el Memorial per la Pau Josep i Liesel Vidal, el riojano Ernesto Sarabia Alfaro, lo haré en plural ¡Vivan las Repúblicas!, y en honor a Ernesto diré “y la de La Rioja más”.

COMUNICADO: EN APOYO DEL ACTO “POR NUESTRO TEJIDO SOCIAL Y COMERCIAL”

La crisis económica, la pandemia y la falta de ayudas y protección necesaria por parte del Estado están golpeando duramente a muchos sectores sociales.

Empezando por la clase obrera, pero también a los pequeños comerciantes, bares, restaurantes, y a la pequeña y mediana empresa, en general. Estos últimos ven cómo tienen que cerrar o echar antes la persiana, llevando a muchos a la ruina, sin que haya para ellos una cobertura económica adecuada.

Al calor de la crisis, avanzan el discurso y las fuerzas fascistas. Vox en Cataluña es un claro ejemplo. Ayudados por la impunidad que les ofrece el Estado y promocionados por medios de comunicación, se aprovechan mezquina y demagógicamente de la penuria y angustiosa situación de estos sectores sociales para atraérselos, ellos, que siempre han sido firmes defensores del gran capital, responsable de estado en que se encuentran la pequeña y mediana empresa.

Recientemente hemos visto en Segovia una movilización del sector de la restauración con una destacada presencia de Vox.

Cualquier acción o campaña que obstaculice, frene, el avance del fascismo y vaya en defensa de los intereses de aquellos que viven de su trabajo contará con el apoyo de nuestra Asamblea. Es por ello que apoyamos el acto que Acción Ciudadana de Segovia bajo el lema “Por nuestro tejido social y comercial” ha convocado para este sábado 20 de febrero, a las 18 h., en José Zorrilla.

Pero es preciso señalar la salida, las alternativas, si de verdad queremos superar la situación de ruina económica de estos sectores sociales:

– Una Banca pública, que financie a la pequeña y mediana empresa.

– Fuerte fiscalidad progresiva: Reducción de cuotas e impuestos a los pequeños comercios y empresas, e importante aumento de los impuestos a las grandes fortunas y grandes corporaciones empresariales, que puedan destinarse a la cobertura de comercios de barrio, bares y restaurantes.

– Un potente desarrollo de tejido productivo, que de empleo seguro y poder adquisitivo a los trabajadores, y clientes y trabajo a las pequeñas empresas.

– Nacionalización de las empresas energéticas, para, entre otras cosas, reducir el precio de la luz.

– Un Banco Central propio, para tener soberanía monetaria como instrumento anticrisis.

– Un nuevo marco político, que no puede ser el de una monarquía que sirve a los grandes magnates y multinacionales, que haga realidad estas medidas.

Segovia, 18 de febrero de 2021.

Contacto: apr.segovia@gmail.com

Decadencia y caída del juez. Elisa Beni

“Tan elevada es la misión del juez y tan necesaria la confianza en él, que las debilidades humanas que se perdonan en cualquier otro parecen inconcebibles en un magistrado (…) Cada uno de ellos tiene que ser un ejemplo de virtud, si no quieren que los creyentes pierdan la fe”

Piero Calamandrei

He tenido la fortuna de conocer jueces. Jueces de verdad, de esos que Calamandrei dibujaba. De los que sentían el peso de la toga sobre sus espaldas, de los que sabían que para juzgar debían de estar “libres de afectos humanos” y, por tanto, conformarse con una peculiar forma de soledad. Jueces y juezas que habían abrazado las consecuencias de la gravedad de su ejercicio incluso en su vida privada, incluso jugándosela. Yo he tenido la fortuna de admirar a muchos jueces y de aprender de ellos cómo algunas profesiones no son meramente una forma más o menos segura y afortunada de obtener unos ingresos sino que conllevan toda una entrega ética y personal que a veces amenaza con desplomarte. Tan dura y pesada es la dignidad y la relevancia de lo que haces. 

He conocido jueces y he vivido de cerca los tiempos en los que la sociedad sentía un respeto reverencial hacia ellos. Esos años en los que el magistrado no ganaba, tampoco lo hace ahora, acorde al peso de su función y a los sacrificios que conlleva, pero que recibía a cambio otro tipo de retribución social que era esa asunción de cierta preeminencia moral de quien vestía la toga. No dudaba un banco de que un juez les devolvería lo prestado. No se le ocurría a un casero que un magistrado le fuera a hacer una pirula en sus bienes. Pequeños e inocuos óbolos de respeto basados en la confianza de la sociedad en quienes estaban llamados a decidir sobre sus vidas y sus haciendas. No hace tanto de esto. Eran los años ochenta y los noventa, con inicio de la pendiente a principios de este siglo. No es cierto pues que el descrédito y la vergüenza a la que ahora muchos de sus miembros arrastran a la judicatura y a la Justicia tenga nada que ver con el franquismo. Son otros vientos los que han soltado las togas y las lenguas y están convirtiendo al Poder Judicial y a sus miembros en un problema. Algo que ellos mismos, sobre todo la mayoría silenciosa que poco tiene que ver, no deberían consentir. 

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-León, José Luis Concepción, un personaje cuya trayectoria se ha cocido en los hornos populares, se despachó afirmando en una tele que: “con el Partido Comunista en el Gobierno, la democracia está en solfa”. Un magistrado denostando a un miembro del primer poder -lo que tiene prohibido tanto como alabarlo- y diciendo sin despeinarse que la entrada de un partido legal y con representación en las Cortes en el Gobierno, un partido que fue actor clave de la Transición, pone en peligro la democracia. Vocales del CGPJ lo pusieron en conocimiento de Lesmes y Concha Sáez le llegó a pedir que actuara de oficio en un escrito que, al parecer, se estudiaba llevar a la Comisión Permanente de hoy. Todo parece indicar que la tónica va a ser la de dejar correr la cosa. Dejarlo correr, porque la atmósfera parece ser proclive a aceptar acríticamente todo movimiento y sus declaraciones mientras sean del bando correcto y, no nos engañemos, Concepción así lo hizo. Recuerden a Lesmes y a su CGPJ haciendo comunicados oficiales para reprocharle al vicepresidente Iglesias su forma de referirse a los jueces ¿van a reprocharle ahora a un juez la forma en que habla del vicepresidente?

Otro caso, Manuel Ruiz de Lara, el juez de lo mercantil de Madrid que ya no sabe cómo medrar y que intentó irse de “ayudante” a la Audiencia Nacional en lo de Villarejo. Antes daba conferencias con Arrimadas. En sus redes sociales colgó una foto suya comiendo con Macarena Olona en la que afirma: “Orgullo enorme. Una mujer de principios y honor, defensora a ultranza del Estado de Derecho. Comida en La Ancha”. Olona, que unos días antes alabó la figura de Rodríguez Galindo, condenado por los compañeros de Ruiz de Lara a 75 años de cárcel por su relación con el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala. Terrorismo de Estado, honor y un miembro de la APM buscando desesperadamente apoyos. ¿Deben los jueces comer con políticos? ¿Deben hacerlo cuando ni siquiera tienen ningún cargo institucional de representación? El comportamiento impropio de un juez se traslada en el imaginario social a toda la judicatura. La apariencia de imparcialidad es imprescindible para generar confianza y contribuir a la estabilidad del sistema político y jurídico. 

Alfonso Villagómez, que escribe un artículo afirmando que la Comunidad de Madrid hace un uso trilero de la Justicia, justo cuando ha resuelto que revoca la prohibición de fumar en las calles llevada por Ayuso. El magistrado Luis Ángel Garrido, que se mofa de los epidemiólogos en la radio el día anterior a que conozcamos su resolución en la que desprecia su dictamen y permite abrir los bares. Una tras otra. Magistrados en Twitter que se desmandan y dejan claras sus coincidencias ideológicas y que luego acusan los reproches afirmando que hay una estrategia para desprestigiarlos.

Es muy posible, pero de haber tal conspiración para cargarse su prestigio, la han puesto en marcha ellos mismos. Lo saben porque ya notan que ese don que antes les regalaban con respeto, ahora tienen que arrancarlo con soberbia, porque leen y reparan en el descontento y el pasmo con el que la sociedad contempla sus coqueteos con el poder, sus genuflexiones ante éste, que a ratos son tan evidentes como las de Enrique López y que es consciente de la pérdida de su sensibilidad moral. Eso no se consigue con un examen ni hay oposición que conteste a la pregunta que se hacía Jorge Malem en un buen artículo: ¿Pueden las malas personas ser buenos jueces? 

De algunos de los vendavales que se ciernen sobre nuestra democracia tienen la culpa los jueces que no se comportan como tales y también los que callan. ¡Ay, los que callan! Ese pecado es bien horrible ya que, como bien decía Perfecto Andrés Ibáñez, “no puede desconocerse que el rol judicial impone, en la forma en que tradicionalmente se concibe, un plus de rigor y de autocontrol generalmente superior al que se da en el común de las personas”.

Es necesario revertir esta pendiente de decadencia entre los miembros del tercer poder. Vamos ya muy tarde. Otros van a aprovechar tales miserias como palanca para reventar el sistema. Es obligación del juez reforzar la confianza de los ciudadanos y con ella la de la democracia. 

Si no son capaces ellos mismos -y a las pruebas de las reacciones de sus representantes y del CGPJ me remito- si no conocen la forma de comportarse “con prudencia y moderación”, como ordena su código deontológico, habrá entonces que marcarles las líneas exactas que sobrepasan esa compostura que les es debida. 

No se puede tener todo el poder, todo el control sobre el resto de poderes y ningún control más que el de los pares y a la par pretender la plenitud de todos los derechos (libertad de expresión, huelga, etc) que otros colectivos a los que controlan disfrutan. Los militares tienen limitaciones porque tienen las armas. Los jueces tienen armas tanto más poderosas. O se comportan o esta democracia debe obligarles a hacerlo. Nos jugamos demasiado.

https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/decadencia-caida-juez_129_7228437.html

HOMENAJE A ANTONIO MACHADO 22-2-2021

Lamentablemente este año no vamos a poder estar con vosotr@s homenajeando al insigne poeta y republicano Antonio Machado, lo cual no significa que nos olvidemos del día 22 de febrero, un triste día, en el que el poeta falleció enfermo y triste después de abandonar su querida España, a consecuencia del fascismo. Por ello os dejamos el poema de nuestra amiga Cristina Gallego.

Hasta Colliure caminando versos.

Huellas de exilio,

pretérito aliento,

sepulcro inmortal.

Cada alborada flores frescas,

colores de República

laten sobre la piedra,

palpitan sobre la senda

de una historia por andar.

Vida.

Libertad.

Legado de caminos,

caminos sin camino,

versos

que florecen al caminar.

Científicas silenciadas por una historia escrita por hombres. Sandra Guaita

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Durante la dura pandemia que nos ha tocado vivir en el 2020 y que aún seguimos viviendo en el 2021, han sido numerosos los expertos que han aparecido en los medios de comunicación para hablar de la pandemia, de cómo salir de ella o de la vacuna… y sí, he dicho expertos y no lo he acompañado del femenino porque, básicamente y en pleno siglo XXI, se considera que los expertos por defecto son hombres.

Un ejemplo claro, una de las vacunas contra el covid fue descubierta por un matrimonio, y aun leemos en algunos periódicos que se habla de ellos como Ugur Sahin y su esposa, Özlem Türeci, ella viene nombrada como su esposa, pero a nadie se le hubiera ocurrido que fuera al contrario.

He escuchado con atención noticias y debates, y en la mayoría de casos son los hombres los que han hablado del conocimiento, los que nos han transmitido los avances, los que han explicado las vacunas, como si el papel de la mujer científica en el campo sanitario no fuera crucial, como sino estuvieran representadas.

Porque no nos olvidemos, incluso en aquellos casos en que una niña o una mujer quiera ser científica, también existe sesgo de género, porque por lo que se ve, podemos ser unas buenas biólogas, enfermeras o psicólogas, pero no unas buenas ingenieras informáticas, astrónomas o físicas.

Cuando Elizabeth Blackwell decidió que quería ser médica, se le negó el acceso en diez universidades, pero ella perseveró y fue pionera en su campo, fue la primera mujer licenciada en medicina. Hoy en día, en las facultades de medicina el número de estudiantes mujeres es alto, pero para llegar hasta aquí hemos necesitado mujeres pioneras. Pero las pioneras tienen que ser las primeras, después como sociedad tenemos que ser capaces de normalizar la situación, porque ser pioneras constantemente nos agota y nos debilita. No tenemos que justificarnos cada día por ser mujeres y querer ejercer como tales.

Nombres como Metrodora, Florence Nightingale, Marie Curie, Margaret Sanger, Rosalind Franklin, Merit-Ptah, Gertrude Belle Elion o Francoise Barré-Sinoussi son prácticamente desconocidos por una amplia parte de la sociedad, pero ellas tuvieron un papel clave para que la medicina avanzara hasta llegar a ser lo que es hoy en día. Por el contrario, si nombramos a Hipócrates, Fleming, Watson, Crick, Freud, Pasteur o Galeno a todo el mundo les suenan sus nombres. Las primeras fueron médicas o trabajaron en el ámbito médico, igual que sus compañeros, pero una vez más la sociedad las invisibilizó, las borró de la historia.

Cuanto conocimiento escondido y robado, escondido al no reconocer la autoría real del trabajo de muchas científicas y robado porque se ha asignado sistemáticamente a sus compañeros.

Además, cuando las científicas acceden a su carrera profesional, ellas de nuevo se quedan atrás por la imposibilidad de conciliar su proyecto laboral y vital, por el desequilibrio aun existente en las tareas de cuidado, fenómeno conocido como cañería que gotea y lamentablemente las gotas que se van perdiendo son las mujeres científicas. Por lo que no tan solo llegan menos, sino que las que llegan se las van expulsando a lo largo de su carrera profesional. Y para acabar, aquellas que llegan al final del trayecto se encuentran con que están infrarrepresentadas en los ámbitos de decisión, siendo por ejemplo solo el 8% de las rectoras en el 2016, según datos del Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación.

No nos queda más remedio que continuar reivindicándonos y luchando cada 11 de febrero, 8 de marzo, 25 de noviembre y el resto de días del año. Hemos venido para quedarnos, para investigar, para generar conocimiento, para dar respuesta a los problemas de las personas, pero ya no lo haremos desde el silencio de nuestros laboratorios, si hace falta gritaremos a voces lo que hacemos, lo publicaremos y lo reivindicaremos. Porque el 11 de febrero seguirá siendo el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia. Cada 11 de febrero daremos voz a todas aquellas científicas que han sido silenciadas por una historia escrita con los ojos de los hombres.

Sandra Guaita, diputada por Tarragona, portavoz adjunta de la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades del Grupo Socialista.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/02/11/cientificas_silenciadas_por_una_historia_escrita_por_hombres_116575_2003.html

Vacúneme usted a ese obispo. David Torres

Puesto que los primeros serán los últimos en el reino de los cielos, obispos, arzobispos y sacerdotes se han puesto a vacunarse como locos, saltándose los turnos correspondientes en el sistema sanitario para ceder su puesto en las filas celestiales a los agraciados que van a ir mucho más pronto que ellos, tosiendo y con los pulmones hechos un Cristo. No cabe mayor muestra de sacrificio y humildad que canjear una silla a la vera de Dios Padre por los siglos de los siglos a cambio de unos cuantos años más de achaques en este valle de lágrimas. Sin embargo, no deja de ser una operación arriesgada, ya que desde una perspectiva mundana, lo que parece realmente es que a estos ministros de la iglesia la vida eterna les importa tres pimientos y lo que pretenden es quedarse un rato más a disfrutar del pan, el vino y lo que venga.

Sí, muchos mal pensados creen que las altas instancias del clero están tirando por la borda todas las enseñanzas y doctrinas cristianas, como si en vez de una vacuna fuesen a recibir un jamón. Cuando de lo que se trata es precisamente de lo contrario, igual que esos banqueros y millonarios que no paran de ir a misa, rezando de rodillas y dándose golpes en el pecho, sin soltar ni un céntimo, acumulando riquezas y pecados uno detrás de otro, con católica abnegación, para que las ingentes masas de pobres sigan siendo pobres como ratas y que les abran de par en par las puertas de los cielos.

La modestia de estos siervos de Dios llega al extremo de quitarse la tiara y hacerse pasar por un peatón con sotana, como el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, que fingió que era un capellán en el registro de la Consejería de Salud para no distraer al personal. Anda que no es humildad, disfrazarse de capellán pudiendo haberse vacunado de obispo. Otro tanto hizo la plana mayor de la diócesis (su secretario personal, Maximiliano Caballero; el arzobispo emérito de Burgos, Franciso Gil Hellín; el canónigo de la catedral, Tomás Cascales; y el obispo auxiliar, Sebastián Chico), que acompañó al obispo en el mal trago como un solo hombre, un solo brazo y una sola casulla. Después comentaron que en ningún momento pensaron estar actuando mal y que creían que había vacunas suficientes. Dicho de otra manera: Dios proveerá.

En los primeros días de la pandemia se observó a ciertos mariscales del clero llamando a la oración, mientras que algunos sacerdotes se atrevían a luchar contra el coronavirus a fuerza de hisopos, bendiciendo poblaciones enteras montados en un coche o un helicóptero. En esto, como en tantas otras cosas, España señala al mundo el camino, demostrando que seguimos siendo la reserva espiritual de Occidente. Hay un par de medicamentos en pruebas, uno de ellos un antiviral made in Spain, que prometen una terapia exitosa contra la enfermedad, pero lo verdaderamente español es rezar mucho y confiar en los santos, que para eso tuvimos un ministro del Interior que condecoraba a la Virgen y usaba a su ángel de la guarda para que le ayudara a aparcar el coche. A Agustín de Foxá le preguntaron una vez por dónde andaba un ministro de Exteriores que era beato hasta extremos recalcitrantes. “Se habrá ido de curas”, respondió. Al César lo que es del César y a Dios también lo que es del César.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2021/02/11/vacuneme-usted-a-ese-obispo/